5. Mindfulness en acción

Material elaborado a partir de la traducción, edición y comentarios de  María Mercedes Márquez del libro Mindfulness in Action de Chogyam Trungpa Rimpoché.

Caracas 2019

 

La experiencia del espacio abierto no contaminado

C. Para comenzar la primera sesión de meditación de hoy, durante cinco minutos vamos simplemente a sentarnos y tomar conciencia de la respiración normal sin modificarla, vamos a estar conscientes de que el cuerpo está respirando, que el aire entra y luego sale por la nariz.

Sesión de 5 minutos.

Ahora bien, una vez que nos sentimos algo familiarizados con el proceso natural de la respiración, sin esforzarnos demasiado vamos a colocar la atención en el aliento que sale. Fíjense bien, sólo en el aliento que sale, es decir, en la expiración. Al colocar la atención en el aliento que sale podemos ver claramente que el cuerpo y la mente trabajan juntos. El cuerpo lo hace a través de la actividad fisiológica de la respiración y la mente a través de la atención, que es una actividad mental. Ambos salen juntos en cada expiración, y lo que sucede al hacerlo, es que nos ayudan a soltar tensión, aflojamos estrés y de manera natural, la mente y el cuerpo se relajan.  

Sesión inicial de 25 minutos.

 

Con el tiempo también podremos ver que al terminar de salir el aire hay una pausa antes de la siguiente inspiración, y que esto es algo que se da de manera natural. Sin embargo, como no estamos acostumbrados a la sencillez de tan solo mantener la mente centrada en meditación sin agregarle nada más, una vez que estamos manteniendo la posición y siguiendo la respiración, nuestro hábito mental de estar pensando, de estar elaborando algo todo el tiempo,  comienza a evidenciarse al plantear preguntas, al hacer comentarios. Es decir, comenzamos a pensar nuevamente.

Es importante tener presente que en la meditación no hay contenidos, que simplemente estamos con la respiración sin elaboraciones mentales, de modo que el parloteo interior es la típica reacción a tener que desacelerarnos y permitir que la mente se muestre tal cual es: libre de contenidos y eso es estar en meditación.

Trungpa Rimpoché nos explica que siendo el proceso meditativo algo a lo que todavía no estamos acostumbrados, el que surjan elaboraciones mentales, el que comencemos a pensar nuevamente significa que estamos reaccionando a tener que escuchar el sonido del vacío, el sonido de la vacuidad resonando en la mente, es decir que tengamos que relacionarnos con la esencia de la propia mente. Esto es algo extraño y nuevo para nosotros por lo que siendo así, nos sentimos incómodos en presencia del silencio interior porque no estamos acostumbrados a estar en él. El llegar a sentirnos plenamente cómodos en el silencio es cuestión de tiempo y calidad de práctica.

Si somos honestos podemos ver con claridad que simplemente no estamos habituados a ninguna clase de silencio porque muy rara vez nos sentimos realmente a gusto en su presencia y nos la pasamos hablando por hablar tratando de llenar “silencios”, ya sea en un ascensor, alrededor de la mesa, subiendo o bajando unas escaleras, cuando estamos caminando en compañía de alguien, cuando estamos cocinando, etc. Me parece importante aclarar que esto no tiene necesariamente que ver con el tiempo que llevamos practicando. Es más bien un asunto de “calidad” de la práctica y no de “cantidad”.

C. Este es el punto que queremos enfatizar, este es el punto fundamental, porque en la medida que practiquemos veremos que esta simple práctica de meditación es la que nos abre el camino a la posterior experiencia de la vacuidad y hace posible la budeidad o iluminación.

Ahora bien, los invito a que nos preguntemos con toda honestidad ¿realmente quiero desacelerarme? Esta pregunta surge porque en el comportamiento de la mayoría de los practicantes no se evidencian muchos signos de haber estado trabajando por trascender el hábito del parloteo innecesario y a desacelerarse. No hay quietud, no hay sosiego, no hay tranquilidad interior y mucho menos exteriormente. Es en beneficio de todos que nos parece que debemos detenernos en este punto antes de seguir adelante.

Lo que Rimpoché plantea como desacelerarnos involucra muchos aspectos que comienzan siendo internos y luego se evidencian exteriormente. Pensando en esto me da la impresión de que puede suceder que estamos tan acostumbrados a ser como somos, estamos tan habituados a nuestras personalidades que sintiéndonos cónsonos y cómodos en ellas, nos resulta muy difícil identificar aquellos aspectos en los que tendríamos que trabajar por bajar el tono, el ritmo, el paso.

Otras personas podrían preguntarse ¿bueno y por qué no puedo continuar siendo como soy? No le encuentro nada “malo” a mi personalidad y nadie me ha señalado que tengo problemas con ella. Como hasta ahora no hemos tenido un “espejo” para vernos con claridad y muy probablemente nadie se ha atrevido a decirnos las cosas de frente, no tenemos puntos de referencia a menos que trabajemos muy duro en los procesos de introspección analítica.

La meditación nos brinda un perfecto retrato de nuestro estado mental. Cuando estamos en meditación formal y también cuando estamos en la calle ocupándonos de nuestras vidas, por eso es conveniente llevar la atención de la meditación con nosotros dondequiera que vayamos.  

Ahora regresando a las enseñanzas de Rimpoché, nos dice que el propósito de la meditación consiste en experimentar esos espacios de los que hemos venido hablando. Esencialmente no hacemos nada y vemos lo que esto aporta –incomodidad o alivio, sea cual sea el caso. El punto de partida para la práctica de meditación es la disciplina de la atención consciente de desarrollar paz, y la paz que experimentamos en meditación es simplemente este estado de hacer nada -interna y externamente-, lo cual constituye la ausencia de aceleramiento.

Personalmente, me alegré muchísimo cuando me tocó traducir esto porque al fin tenía frente a mí, de manera clara y precisa lo que sucede en la mente en presencia de la experiencia de lo que llamamos paz. Estando en paz, la mente no tiene necesidad de hacer nada.

Con frecuencia, continúa diciendo Rimpoché, al considerar la práctica de meditación, surge la pregunta de sobre qué estamos meditando.

Buscando ampliar la comprensión de este comentario de Rimpoché, se trata claramente de una posición occidental debido principalmente a la forma como hemos venido entendiendo, explicando y traduciendo la palabra meditación. En occidente, meditación está relacionada con “pensar en algo detenidamente”, es decir que hay un objeto en el cual meditar.

Por el contrario, en el enfoque meditativo dice Rimpoché, la meditación no tiene un objeto y añade enfáticamente: ustedes trabajan con su cuerpo, con sus pensamientos, con su respiración, pero eso es diferente a estar concentrados totalmente en una cosa. Aquí, ustedes no están meditando sobre algo específico, ustedes simplemente están presentes de manera sencilla.

Estar presentes de manera sencilla”… vuelvo a leer esto y me digo ¡Qué privilegio! ¿Qué más podemos querer para ser felices???

La práctica funciona con lo que esté inmediatamente disponible para usted, dice Trungpa Rimpoché. Usted tiene su experiencia de estar vivo; tiene una mente y tiene un cuerpo, de modo que trabaja con esas cosas. También trabaja con lo que sea que pase por su mente, sea cual sea el contenido, se trate de lo que se trate, ya sean dolorosos o agradables. Cualquier cosa que esté experimentando, allí es donde usted comienza.

También utiliza la respiración, la cual forma parte del cuerpo y de paso, también se ve afectada por la mente. Respirar expresa el hecho de que usted está vivo. Usted está vivo y respira. La técnica es básica y directa: usted presta atención a la respiración. No trata de utilizar la atención consciente de la mente para entretenerse, sino que más bien utiliza la atención consciente de la respiración para simplificar las cosas.

“Simplificar las cosas”… “Estar presentes de manera sencilla”… ¡Esto es música celestial!!!

Usted desarrolla mindfulness –atención y conciencia plenas- del surgimiento y de la disolución de la respiración. Usted va junto con el proceso de respirar. En particular, va junto con cada expiración. Al salir el aliento, usted sale con él y cuando la expiración se disuelve, usted siente que también se está disolviendo. La expiración, un intervalo, un espacio, y luego respira nuevamente, de modo que siempre hay una sensación constante de ir hacia afuera  y de aquietarse.

Al comienzo, la técnica puede que sea algo fascinante, pero pronto se torna aburrida. Usted se cansa de sentarse y respirar, de hacer nada una y otra y otra vez y otra vez. Puede que se sienta torpemente tonto porque lo encuentra poco interesante. Puede que resienta el haberse metido en esta situación. También puede que resienta también a la gente que lo entusiasmó para hacer esto. Puede llegar a sentirse completamente tonto, como si el universo se estuviese burlando de usted.

Luego, a medida que se relaja un poquito, comienza a evocar experiencias pasadas, recuerdos de su vida así como también a sus emociones, a su rabia y su pasión. Ahora tiene un show cinematográfico privado, y puede revisar su autobiografía mientras está sentado. Después de un rato, usted pudiese regresar a su respiración pensando que debería tratar de “portarse bien” y aplicar la técnica.

En meditación tenemos la oportunidad de encontrarnos con nosotros mismos, de vernos claramente por primera vez. Nunca antes nos habíamos visto de manera apropiada ni tampoco habíamos pasado el tiempo con nosotros de esta forma. Claro que pasamos tiempo con nosotros mismos, nos vamos a la playa o a la montaña de vacaciones, pero siempre encontramos cosas que hacer en vacaciones. Hacemos manualidades, o nos aplicamos a experimentar nuevas recetas, a leer algún libro, conversamos, caminamos un poco o nadamos. Pero nunca simplemente nos sentamos con nosotros. Es algo difícil de hacer.

Sin embargo, la práctica de meditación no trata solamente de pasar un rato en nuestra propia compañía. Estamos llevando a cabo algo al estar ahí de manera apropiada dentro del marco de la técnica, la cual es lo suficientemente simple como para no entretenernos. De hecho, puede que llegado cierto momento, la técnica comience a desdibujarse.  A medida que nos sentimos más cómodos y desarrollamos más comprensión de nosotros mismos, nuestra aplicación de la técnica se torna menos pesada. Da la impresión de que la técnica pareciese innecesaria. Al comienzo necesitamos de la técnica, como utilizar un bastón para ayudarnos a caminar cuando estamos impedidos, pero una vez que podemos andar sin él, ya no lo necesitamos más. Es algo similar con la meditación. Al principio estamos muy enfocados en la técnica, pero eventualmente pudiésemos darnos cuenta de que simplemente estamos ahí, simplemente ahí.

Llegado este punto, también pudiésemos pensar que el eficiente sistema que hemos organizado alrededor de nuestra práctica se está desmoronando. Puede llegar a ser desconcertante, pero también es refrescante. Comenzamos a ver que hay algo más en nosotros que nuestros simples patrones habituales. Hay más en nosotros que nuestros montones de pensamientos, emociones y altibajos. Hay algo detrás de toda esta fachada… y de pronto descubrimos el reservorio de suavidad en nosotros.

Llegado ese punto, comenzamos realmente a hacernos amigos de nosotros mismos, lo cual nos permite vernos con mucha más honestidad. Podemos ver ambos aspectos, no sólo la parte luminosa de la imagen, cuán fascinantes y buenos somos, sino también lo terribles que somos. Bueno y malo de alguna manera no hacen mayor diferencia en este punto. Todo tiene el mismo sabor. Lo vemos todo.

A medida que la simpatía hacia usted se expande, usted comienza a apreciar y a disfrutar del simplemente estar con usted, de estar solo. ¡O al menos no está tan bravo con usted mismo como solía estarlo! A medida que se familiariza más con usted, encuentra que puede aguantarse a sí mismo sin quejarse, algo que nunca antes había hecho. Sus patrones mentales, el cotorreo subconsciente, y toda la chácara mental se tornan mucho menos interesantes. De hecho, usted comienza a encontrarlos muy aburridos.

Sin embargo, esto es ligeramente diferente de su experiencia normal y corriente de aburrimiento porque detrás del aburrimiento, o incluso dentro del mismo, usted siente algo refrescante: estupendo aburrimiento. Está aburrido a morir, aburrido hasta las lágrimas, pero ya no es algo claustrofóbico. El aburrimiento es refrescante, alivia, como el agua de un frio manantial de montaña.

El aburrimiento cálido por el contrario, es algo como estar encerrado en una celda aislada. Usted está aburrido, se siente miserable e irritado. Probablemente experimente bastante de eso en su práctica de meditación. Sin embargo, más allá de eso, con el refrescante aburrimiento, usted no se siente prisionero. El refrescante aburrimiento es bastante espacioso y crea aún más suavidad, gentileza  y simpatía hacia nosotros mismos. En ese espacio, ya no tememos permitirnos a nosotros mismos la experiencia del intervalo, del espacio. En otras palabras, nos damos cuenta de que la existencia no depende de estar constantemente estar lidiando con nuestra egocéntrica y malhumorada máquina. Que hay otra forma de existir.

Para mí, esta es sin duda una de mis favoritas enseñanzas sobre meditación porque no sólo tiene algo del tecnicismo involucrado, sino que también toca esos aspectos tan sutiles y delicados como lo son la soledad, nuestra falta de gentileza y suavidad y lo alejados que estamos de nosotros mismos, y nos deja ver claramente eso, que hay otra forma de existir, y hasta ese momento ¡ese es el mayor descubrimiento! Nuestra máxima felicidad, alegría, liberación, tranquilidad, seguridad, alivio y contento. Y no tenemos palabras para agradecer al Buda y a sus maestros el habernos ayudado a estar allí en ese momento en que realizamos eso, que hay otra forma de existir, ¡que es cierto, que no es un mito, que realmente podemos ser felices!

Que nuestros bien intencionados esfuerzos contribuyan a liberar a todos los seres de cualquier forma de sufrimiento.