Aburrimiento lleno y aburrimiento vacío
Chogyam Trungpa Rimpoché
Traducción y edición: María Mercedes Márquez
Entre los objetivos que persigue la práctica básica de vipáshyana está el de permitirnos acceder a lo que se llama el conocimiento de la ausencia de ego. El darse cuenta, que se produce con la experiencia de la vipáshyana nos lleva a percibir nuestra propia inexistencia y, el hecho de empezar a entender que no existimos nos da mayor libertad para relacionarnos con el mundo de los fenómenos, o sea, con ese ambiente, atmósfera o entorno del que hemos estado hablando.
Pero no podremos tener la experiencia de la vipáshyana a menos que deje de existir ese centro básico. En lo concreto, para el que practica, la experiencia de vipáshyana equivale a captar el entorno, a sentir el espacio. Esto se llama darse cuenta y se contrapone al prestar atención, que es muy detallado y directo. El darse cuenta, por el contrario, es panorámico y abierto; incluso al practicar técnicas de atención, como fijarse en la respiración, uno está consciente no sólo de la respiración, sino también del clima que ha creado en torno a ella.
En cuanto a la relación con los pensamientos más densos, o emociones, no es posible destruirlos ni superarlos mientras no se perciba el punto de referencia que contienen. Al principio, el punto de referencia que se percibe es el entorno, el ambiente. Si de partida ya se está consciente de la atmósfera, entonces existe la posibilidad de tener una relación menos intensa con esos pensamientos más densos. Éste es un punto clave.
Al estar conscientes del ambiente, nos empezamos a dar cuenta de que los pensamientos no son tan tremendos; podemos simplemente dejar que se disuelvan en la atmósfera. Por lo demás, el tipo de atmósfera que estamos describiendo es una experiencia continua que tenemos en la vida, pero a veces estamos tan metidos en nuestro jueguito, en nuestra pequeña manipulación, que nos perdemos la totalidad.
Por eso el estudiante necesita comenzar por shámata, que le ayuda a percibir los detalles de esas erupciones o manipulaciones, los detalles del juego. Más adelante, cuando haya establecido una relación con todo eso, podrá empezar a percibir la totalidad fundamental.
En el fondo, la vipáshyana consiste en tener una comprensión de la totalidad. Uno podría preguntar: < ¿Qué es la totalidad?>. Bueno, en realidad no es nada en especial. La totalidad es lo que acoge todas las actividades que ocurren. Es la receptividad básica, fundamental, que el practicante normalmente percibe como aburrimiento. Uno se pone a buscar cosas para llenar el hueco, sobre todo en la práctica sentada de meditación vipáshyana, cuando la sensación de que no pasa nada se transforma en aburrimiento total. Entonces es probable que uno se empiece a agitar, que es una forma de llenar el aburrimiento con actividades.
El trasfondo, en este contexto, es el aburrimiento. Hay varias clases de aburrimiento que nos son familiares: inseguridad; falta de estímulo; tedio; el hecho de que no esté sucediendo nada, etc.
En el caso de la vipáshyana, el aburrimiento que nos interesa es la sensación de estar ociosos; es un aburrimiento incondicional. Se podría decir, que la experiencia del darse cuenta que caracteriza la vipáshyana, es como una nata muy espesa que lo cubre todo: tiene cuerpo, y a la vez es líquida. Es como un desafío. Eso impide que uno se distraiga y se termine perdiendo en el espacio a medida que va aprendiendo a darse cuenta.
Cuando hablamos de perdernos en el espacio, nos referimos a tener el corazón hueco. Con el corazón hueco, la luz deslumbrante de las emociones nos empieza a irritar; no podemos agarrarnos a nada y estamos al borde del pánico. En cambio, en la vipáshyana, el darse cuenta es en cierta forma mucho más tangible que ese hueco en el corazón. Es algo muy personal que existe. Por lo general acompaña cualquier tipo de actividad y no sólo la práctica de la meditación sentada.
Por ejemplo, durante el tiempo que ustedes han estado sentados escuchándome hablar, han ido desarrollando o adoptando cierta actitud. Por un lado, dirigen su atención hacia el conferenciante. Y por otro, como saben que no están solos conmigo y que hay otra gente bajo la tienda de campaña, también tienen la sensación de estar sentados en medio de este espacio o dentro de él, es como si estuvieran bajo el océano, por decirlo así. Y el darse cuenta les permite relacionarse con esa experiencia concreta, que es algo tangible, real y vivencial.
Cuando el darse cuenta tiene que ver con esa clase de experiencia, se llama conocimiento intuitivo. A veces también se habla de luz o de luminosidad, pero estos términos no se refieren a algo fluorescente, sino a la sensación de claridad que hay en esa vivencia. Cuando uno siente que hay algo fundamental que lo abarca todo, entonces sólo existe aquello, lo otro, y uno se olvida por completo de esto, de yo.
Es posible que en un primer momento esto haya intentado luchar, haya querido pelear con aquello, con eso que todo lo abarca, pero por más que luche, llega el momento en que ese entorno omnipresente lo invade todo y uno se empieza a asfixiar. Poco a poco, esa asfixia sutil se va transformando en aburrimiento; sólo entonces puede uno entregarse totalmente a ese entorno omnipresente que caracteriza la experiencia de vipáshyana.
Lo que hemos estado describiendo no es más que la primera etapa de la vipáshyana. Quisiera reiterar que no estamos hablando de posibilidades hipotéticas, sino de algo que uno puede realmente vivenciar y sentir. De hecho, la vida está llena de oportunidades para experimentar la vipáshyana. Ocurren todo el tiempo; lo que sucede es que uno nunca las ha reconocido como tales, y tal vez ni siquiera las ha percibido.
Preguntas y respuestas
Pregunta: En la meditación se dan experiencias de cierta apertura, y a mí me parece que esta apertura es diferente del aburrimiento. Parece que interrumpe el aburrimiento. Es más entretenida. Es como lo contrario del aburrimiento.
Rimpoché: Al principio, cuando uno tiene las primeras experiencias de esa índole, obviamente las encuentra más entretenidas porque le dan la sensación de algo novedoso, pero si las incorpora a su práctica, la novedad no tarda en desgastarse, sobre todo en este caso, y da lugar a un aburrimiento muy potente que lo cubre todo.
Cuando uno va a una sauna, al principio le gusta, y además le agrada la idea de estar allí con todo lo que representa; uno disfruta de la sensación de limpiarse los poros, de relajarse los músculos, etc. Pero si alguien le pusiera un candado a la puerta de la sauna, y uno se encontrará atrapado, empezaría a encontrarla opresiva. Sentiría miedo y aburrimiento al mismo tiempo.
Pregunta: Usted dijo que la sensación de asfixia se convierte en aburrimiento y que luego el aburrimiento evoluciona hacia cierta forma de apertura. Tengo la impresión de que el aburrimiento es una respuesta visceral al miedo de perderse a uno mismo, de perder el yo. No sé si esta manera de percibirlo es correcta
Rimpoché: Estoy de acuerdo. El aburrimiento es la atmósfera. Mientras dura el aburrimiento uno deja de estar consciente de esto y en cambio está consciente de la atmósfera, y eso genera aburrimiento. Aquí se produce un giro muy interesante, que normalmente no ocurre en la vida diaria.
Pregunta: En vez de sentir directamente el miedo de que el yo desaparezca, lo proyecto hacia fuera, hacia la situación.
Rimpoché: Así es, exactamente. Ésa es la experiencia del darse cuenta.
Pregunta: Cuando uno está meditando y de repente escucha un ruido –alguien que tose, por ejemplo-, a veces uno se encuentra tan susceptible que llega a saltar. La sensación se amplifica y se vuelve tremendamente física, casi eléctrica. ¿Sería eso un ejemplo de apertura?
Rimpoché: Ahí hay algo un poquito sospechoso. Aunque es posible abrirse y volverse susceptible a la vez, si uno no tiene conciencia de la textura o la consistencia de la atmósfera, entonces estará en la Luna en lugar de estar practicando shámata-vipáshyana. Es absolutamente indispensable palpar el aspecto denso y húmedo de la atmósfera, por llamarlo de alguna manera.
Pregunta: Usted nos acaba de pedir que tengamos conciencia de la consistencia y textura de la atmósfera. ¿Cómo difiere esto de estar conscientes del telón de fondo en la representación teatral?
Rimpoché: En realidad es lo mismo. En el teatro, uno no solamente percibe el escenario, sino que previamente ha generado su propia textura y la ha proyectado hacia la sala, y el escenario pasa a ser un punto sobresaliente. De no ser por esa atmósfera, uno no se tomaría la molestia de ir al teatro, se quedaría en casa viendo televisión o iría al cine. Hay una diferencia entre ver una película y asistir a una obra de teatro. La película ya se ha hecho y lo que uno está viendo es el resultado, a diferencia de una obra de teatro, que se produce sobre la marcha.
Es cierto que los actores siguen un guion preestablecido, pero de algún modo uno también participa en la representación. Desde luego, algo podría fallar, como que algún actor se cayera del escenario y se rompiera el cuello. Eso no se podría esperar del cine. Y todo eso es parte de la textura, de la atmósfera.
Pregunta: El aburrimiento que se produce en la vipáshyana ¿es diferente del aburrimiento irritante que se siente cuando uno comienza a practicar la meditación?
Rimpoché: Bueno, creo que es una mezcla de ambos. Hay distintos tipos de aburrimiento, evidentemente. El aburrimiento de la irritación aún tiene el punto de referencia de esto, mientras que el aburrimiento que se da en la vipáshyana lo invade todo. Es como tener gripe.
Pregunta: Uno tiene que estar más dispuesto a vivir a fondo el aburrimiento.
Rimpoché: De eso se trata, precisamente.
Pregunta: Yo pensaba que el aburrimiento que se produce en la meditación era una incapacidad de aceptar la vacuidad, una incapacidad de relacionarse con el espacio porque el espacio es vacío. Pero ahora me parece estar oyendo que el aburrimiento surge porque uno está en relación con un espacio lleno, un espacio que está impregnado de cierta atmósfera.
Rimpoché: Ambas cosas vienen a ser lo mismo, en realidad.
Pregunta: No entiendo muy bien por qué. Tomemos el aburrimiento que se siente porque el espacio está lleno, que es como tener gripe, en cierto modo. Me parece que en ese caso es el entorno el que está lleno de uno.
Rimpoché: Y eso es vacuidad.
Pregunta: ¿De qué manera?
Rimpoché: Mire. Cuando hablamos del vacío, no nos estamos refiriendo a la nada misma.
Pregunta: ¿Ese vacío no es algo que carece de sentido?
Rimpoché: No, ni siquiera. El vacío que estamos describiendo tiene consistencia o textura de vacuidad, que es lo mismo que decir que está lleno.
Pregunta: ¿Tiene que ver con el aspecto de receptividad? ¿El término vacío aquí se refiere al hecho de que hay algo que puede contener esa atmósfera?
Rimpoché: No es únicamente una cuestión de receptividad. Está la receptividad, pero está también el recipiente que contiene.
Pregunta: ¿Sería como los bordes? ¿Cómo el recipiente mismo que contiene lo que está dentro de él?
Rimpoché: Sí, y el recipiente se vuelve idéntico al contenido. Por ejemplo, un vaso lleno de agua es el súmmum de la vacuidad. Es más: es una vacuidad indestructible.
Pregunta: ¿Indestructible porque, independientemente de que tenga o no tenga agua, contiene espacio?
Rimpoché: No. Ya contiene agua; no hay que darle más vueltas. Mientras que, si estuviera desocupado, se podría llenar con otra cosa.
Pregunta: De manera que tomar conciencia del agua sería como tomar conciencia del espacio.
Rimpoché: No creo. Sería tomar conciencia de la existencia del vaso lleno de agua en vez de percibir solamente algún aspecto parcial. Si uno se queda en los aspectos, tendrá problemas; el límite entre los aspectos será problemático. Si uno reconoce que el contenido no es nada, entonces el límite se convierte en un problema. Uno empieza a obsesionarse con el límite.
Pregunta: Así que debe reconocer todo el conjunto.
Rimpoché: Sí, eso es lo que propone la vipáshyana.
Pregunta: Me gustaría que fuera un poco más específico con respecto a ese límite. ¿A qué se refiere? ¿Ese límite es el horizonte dentro del entorno? ¿O es la conciencia de uno mismo?
Rimpoché: Es la fantasía de poder escabullirse del aburrimiento. Uno tiene la impresión de que se encuentra frente a algo que puede manejar.
Pregunta: Estamos entonces en la primera fase de la vipáshyana y marcar el límite sería establecer la fortaleza del ego.
Rimpoché: Correcto
Pregunta: Uno todavía quiere…
Rimpoché: Uno todavía quiere escaparse.
Pregunta: Y todavía quiere contenerlo.
Rimpoché: Sí. Es como creer que si uno conoce el plan maestro de la meditación entonces ya no le hará falta meditar. Sabe lo que se supone que le espera más adelante, de modo que puede ir preparándose de antemano para no tener que sufrir demasiadas molestias.
Pregunta: Otro truco del mismo estilo consistiría tal vez en contentarse con nombrar la experiencia o volver a algo más conocido –por ejemplo, a un enfoque más de tipo Shámata- con el propósito de controlar la experiencia.
Rimpoché: Sí, así como cualquier otro truco que se le pueda ocurrir. Por ejemplo, ponerse a pensar en las dificultades de la vida. Hay millones de maneras de evadirse.
Pregunta: ¿Significa eso que en una experiencia más avanzada de vipáshyana habría que romper el vaso, deshacer los límites?
Rimpoché: No hace falta romper el vaso. Se disuelve. No hay lucha. El vaso se vuelve agua.
Pregunta: Si es así, entonces me parece que el término vacuidad es muy engañoso. Sería mucho mejor usar la palabra opuesta: plenitud.
Rimpoché: Para mucha gente, el término plenitud significa seguridad; por ejemplo, uno podría decir que plenitud es lo contrario de hambre. Por eso me parece que la mejor palabra para expresar la plenitud es vacuidad.
Pregunta: Cuando usted ha hablado de la neurosis, ha dicho algo a propósito de un suicidio auto existente. Me pregunto, ¿no será que todo –todas las neurosis y todo el ser de una persona- gira siempre en torno a la cuestión fundamental de la propia existencia?
Rimpoché: Sin duda alguna.
Pregunta: Todo lo que hago y todo lo que pienso es un intento por encontrar una solución a esa cuestión.
Rimpoché: Por supuesto.
Pregunta: Y la neurosis ¿es el ego que se termina asfixiando con su propia confusión?
Rimpoché: No muere del todo. Primero prolonga el dolor y luego genera aún más dolor. Ésa es la parte aterradora. Detenerse por completo, volverse nada, no es muy fácil. Incluso después de suicidarse, uno debe cerciorarse de que está muerto. Y luego viene un nuevo tiro de gracia para asegurarse de que uno murió. El suicidio no acaba nunca. Se vuelve muy complicado.