CORAZÓN DESPIERTO, MENTE BRILLANTE

 

Corazón despierto, mente brillante

Ven. Jamgon Kongtrul Rimpoché

Transcripción de enseñanza impartida por el Ven. Jamgon Kongtrul Rimpoché en la Universidad del Estado de New York (Albany) en 1985.

Traducción al español y edición:  María Mercedes Márquez

Caracas, 2004

Entre los principales caminos espirituales del mundo, el budismo ha continuado como una tradición viviente durante más de 2.500 años. Es probable que para muchos de ustedes ya esté claro que aún cuando haya sido fundado por el Buda Sakyamuni, ello no significa que el budismo sea simplemente una costumbre o cultura oriental.  Desde la perspectiva budista, la espiritualidad es básica y fundamental a todos los seres sin excepción. 

Cada persona tiene el inherente potencial para alcanzar la más elevada sanidad posible  -la mente completamente despierta, la mente iluminada-  y lo que es introducido a través del budismo son los métodos para reconocer y experimentar este potencial, independientemente de quiénes seamos. Siendo que el budismo hace referencia a lo que es fundamental y básicamente verdadero del mundo fenoménico y de nuestra existencia, no está confinado a un grupo de creencias o costumbres diseñadas por un grupo de personas o localidades en particular.

Hay dos maneras en las que nos podemos relacionar con nosotros mismos y con el mundo fenoménico.  Una perspectiva es la forma corriente en la que nosotros nos percibimos a nosotros mismos y al mundo fenoménico, y otra perspectiva es la que tenemos cuando conocemos las cosas como éstas realmente son fundamental y ultimadamente.

La mayoría del tiempo, nuestra relación con el mundo que nos rodea está de acuerdo no con su naturaleza básica, sino con nuestra forma de percibirlo. No experimentamos nuestra propia naturaleza básica -el potencial para el estado mental completamente despierto- sino más bien sólo lo que vemos. Como resultado de ello, tenemos enormes conflictos y dificultades en nuestras vidas. No importa qué tanto tratemos de que las cosas funcionen, siempre hay desorden e insatisfacción, siempre está faltando algo.  No importa cuánto parezca que hayamos podido lograr, aún hay más por alcanzar.

Esta insatisfacción continúa y su escala aumenta, porque lo que nosotros somos fundamentalmente y la forma en la que percibimos no se corresponden.

Cuando actuamos de acuerdo a nuestra percepción equivocada del mundo y nos aferramos a ella como si fuese verdadera, reaccionamos al caos y a la insatisfacción como si vinieran de afuera. Nos sentimos amenazados o victimizados por las situaciones externas y sentimos que debemos huir de estas causas de insatisfacción.  Nuestra confusión es secundada por el hecho de que tomamos estos problemas por ser muy reales. 

Tratamos de escapar en múltiples formas, pero en verdad nunca pensamos acerca de la posibilidad de trabajar con nosotros mismos. Podría darse otra situación si comenzáramos a trabajar con nuestra propia experiencia en lugar de hacerlo con algún punto de referencia externo.

Nuestra situación actual incluye ambos, al objeto exterior -algo a ser aprehendido por la conciencia- y la conciencia misma, la cual sostiene y se da cuenta, acepta o rechaza el objeto. Fallamos en reconocer este involucramiento dual de sujeto y objeto, fallamos en reconocer que no es simplemente lo que está allá afuera en sí mismo lo que nos está amenazando y causando nuestro caos, nuestros problemas, nuestras insatisfacciones.

Cuando comenzamos a darnos cuenta de la relación entre sujeto y objeto, también empezamos a ver que son nuestras propias proyecciones mentales las que rebotan de nuevo a nuestra mente.  Sin embargo, en lugar de reconocerlas como siendo nuestras, pensamos acerca de ellas como problemas que existen fuera de nosotros mismos y tratamos de resolverlos exteriormente.

Hemos heredado una abundancia básica y riquezas, pero a través del aferramiento habitual a la imagen que tenemos de nosotros mismos, a lo que llamamos “ego” o la forma como “yo” veo las cosas,  hemos actuado en forma contraria a quienes somos y a lo que somos.  Es por eso que experimentamos conflictos. No vemos las cosas como son, sino como somos nosotros.  Es como un niño que ha sido malcriado: el niño no comenzó siendo así, pero estuvo expuesto a toda clase de influencias que lo hicieron volverse un niño malcriado.

Constantemente estamos afirmando que “yo” estoy haciendo esto o aquello, pero la expresión básica de nuestra vida en el mundo es la de que estamos totalmente sin poder alguno porque nuestra mente que piensa y conoce, está constantemente distraída.  No tenemos verdadero conocimiento ni memoria de lo que está sucediendo.  Somos como una máquina manejada por el juego de los fenómenos externos, por el glamour de lo que vemos, y aún así, nosotros insistimos en la fijación de que “yo” lo estoy haciendo, de que “yo” estoy a cargo de cualquier situación en particular.

Cuando tenemos la apropiada atención conciente -una mente atenta y alerta- entonces nosotros realmente comenzamos a tener poder en el sentido de que comprendemos lo que está sucediendo dentro y alrededor de nosotros.  Es un asunto de estar vivos o no estar vivos.  La forma en la que llevamos nuestras vidas parece como un enorme chiste,  es como si cada uno de nosotros fuese un gran e importante líder en nombre y credenciales, pero no tuviese nada de poder y ni siquiera supiese lo que está sucediendo.

Ciertamente tenemos un gran nombre: “yo”.  “Yo” quiere que el mundo sepa de “mi”, pero es todo hablar como loro porque no hay atención vigilante, no hay sentido de estar presente o de estar realmente vivo.  Nuestra vida es gobernada, dictada por nuestros hábitos o nuestra confusión, por lo que obscurece nuestra mente y por la distracción.

A fin de cambiar la situación, el budismo introduce los hábiles métodos de la práctica de meditación.  Debemos comenzar por aprender a sentarnos con nosotros mismos y a sentirnos más cómodos con quienes somos.  El hecho de que el caos y la insatisfacción continúen, muestra que hacerle caso a nuestras percepciones habituales es algo completamente equivocado. 

“Nangpa”, la palabra tibetana para budismo significa “internalizar”, esta nos indica que debemos dirigirnos hacia nuestro interior y trabajar desde adentro de nosotros mismos.  Al hacerlo y lograr un entendimiento más claro de quiénes somos realmente, desarrollamos sentido de nuestra existencia a medida que ésta se relaciona con todo lo que nos rodea.

Si miramos afuera y tratamos de descifrar lo que hay allí basándonos en nuestras confundidas proyecciones mentales, nunca podremos reconocer quiénes somos. Lo que es fundamentalmente cierto, es que la experiencia del dolor o del placer no es tanto lo que está pasando afuera como lo que está sucediendo internamente.  Las experiencias del dolor o del placer son estados mentales.  Ya sea que experimentemos el mundo como iluminado o confundido depende de nuestro estado mental.

Otra causa de confusión es el malentendido de cómo es que las cosas se originan.  En lo que se refiere a nuestra relación con el mundo, este mundo fenoménico existe basado en un origen interdependiente.  Nada en absoluto, ni siquiera la más diminuta partícula existe por sí misma, independientemente o en forma permanente. 

No importa cuan verdadero, cuan confiable o permanente un objeto pudiese parecer, en lo que concierne a la verdadera naturaleza del mundo y de todo fenómeno, no tiene existencia real. 

Esto también se aplica a nuestra propia mente. Cuando nos relacionamos con el mundo fenoménico desde un punto de vista contrario a su verdadera naturaleza, nos creamos problemas a nosotros mismos. 

Desde la perspectiva budista, cualquier problema, cualquier insatisfacción proviene directamente de nosotros.  Debemos entender esto a fin de establecer una base saludable para nuestras vidas y llegar a ver la insatisfacción como una expresión de nuestros hábitos mentales.  Nos hemos vuelto adictos a estos patrones porque no hemos reconocido nuestros propios recursos interiores.

La práctica de meditación no significa que tenemos algo sobre lo que debemos meditar.  Empleado en esa forma significa más bien pensar, reflexionar y la meditación no tiene nada de eso, el término ha sido utilizado en forma equivocada.  Tampoco significa que algo completamente nuevo o totalmente diferente va a suceder en nuestras vidas. 

Meditación simplemente significa cultivar un hábito beneficioso y saludable que se convierte en antídoto contra los hábitos malsanos, perturbadores y destructivos que hemos desarrollado. La práctica de meditación nos permite experimentar nuestro propio pensamiento y conocimiento.

Meditación en este caso consiste en mantener  atención vigilante y a fin de poder experimentarla, debemos aplicar estos métodos una y otra vez porque cualquier hábito, beneficioso o malsano, es desarrollado por repetición.  Brevemente y resumiendo, el budismo es algo universal basado en lo que es fundamentalmente verdadero del mundo y de nosotros mismos, sin importar quiénes seamos, los problemas que pudiésemos tener, o cuáles pudiesen ser nuestros antecedentes históricos, sociales o culturales.

                   

Que nuestro sincero interés y esfuerzos

contribuyan a la felicidad y liberación de todos los seres sin excepción alguna