La práctica de Chenrezig
Khempo Karthar Rimpoché
Traducción del tibetano al inglés: Ngodrup Burkhar
Traducción al español y edición: María Mercedes Márquez
Noviembre, 2000
Chenrezig (Avalokiteshvara en sánscrito), la compasión de todos los budas unidos en una forma. Cada uno de los símbolos y ornamentos denota diferentes aspectos de su perfecta iluminación. La bendición de Chenrezig es invocada a través del rey de los mantras:
OM MANI PADME HUM
Tomar refugio
Al realizar cualquiera de las prácticas budistas en la tradición tibetana, el tomar refugio como primer paso, y luego, generar la motivación y la aspiración apropiadas, son algo sumamente importante.
Es así como en la práctica de Chenrezig, comenzamos con la toma del refugio, a medida que transcurre la lectura de la liturgia, se lleva a cabo la toma de refugio y también se está generando la actitud apropiada.
Según las palabras del texto, tomamos refugio en las Tres Joyas preciosas: en el Buda como ser completamente despierto o sabiduría despierta, fuente de toda inspiración.
Seguidamente en el Dharma como el camino que recorremos a través de las enseñanzas, y en la Sangha, constituida por los grandes maestros, la comunidad de lamas, y los demás practicantes.
Tomamos refugio en las tres joyas hasta alcanzar la perfecta iluminación con la aspiración de que las acumulaciones meritorias de la toma del refugio, de la práctica de la generosidad y de cualquier otra acción virtuosa, puedan conducirnos al estado de la perfecta iluminación para así poder ayudar a todos los seres a establecerse en ese mismo estado iluminado. Eso sería entonces la toma de refugio y la generación de la motivación apropiada.
La oración del refugio se repite tres veces
Visualización
Después de haber tomado refugio y de haber generado la motivación apropiada, uno se relaciona con la práctica de Chenrezig en sí.
Esto es conocido como la etapa del desarrollo de la meditación por medio de la visualización, la cual se va llevando a cabo a medida que discurre la liturgia. La visualización consiste básicamente en visualizar a Chenrezig tal como es, situado encima de la coronilla de nuestra propia cabeza y de la de todos los seres. Si aún no podemos lograr la visualización, al menos debemos tener la actitud de que esa es nuestra aspiración, teniendo siempre presente que Chenrezig es en esencia, la forma en la que es representada la manifestación de la compasión de todos los budas y bodhisattvas.
Como se puede observar, la forma de Chenrezig es de color blanco. Antes de continuar con la visualización es importante entender que en la misma forma en que es ilimitado el espacio, también es ilimitado el número de seres sintientes. Pues bien, comenzamos por visualizar sobre nuestra propia cabeza y también sobre la cabeza de cada uno de los seres, sin excepción, un loto plenamente abierto con miles de pétalos. Sobre el loto hay un disco (acostado) en forma de luna llena. Tenemos entonces el loto, luego el disco de la luna llena y en el centro de éste, aparece la blanca sílaba-semilla HRI
El loto simboliza la benevolencia, la bondad amorosa presente en el deseo de querer beneficiar a todos los seres sin excepción alguna. El disco de la luna llena completamente circular simboliza la ilimitada compasión hacia todos los seres sintientes. Ilimitada compasión hacia todos, sin discriminación, en el sentido de que alcanza tanto a aquellos que podríamos llamar en un nivel relativo “amigos”, como a los que podemos llamar “enemigos”. Hacer el voto de generar la bondad amorosa y la compasión por todos los seres sin discriminación alguna es la actitud de la mente iluminada o bodhichitta. La bodhichitta está simbolizada por la sílaba-semilla HRI.
A medida que se va desarrollando la bodhichitta, el practicante experimenta las diferentes etapas del bodhisattva en su camino hacia la mente plenamente iluminada.
Sobre el loto, un asiento de luna (acostada). El asiento de luna simboliza la compasión.
Sobre el asiento de luna, la sílaba-semilla HRI de color blanco (que también puede verse en el texto mismo), simboliza la bodhichitta o la actitud iluminada.
Es a través de la práctica de la benevolencia y de la compasión que podemos propiciar el nacimiento de la bodhichitta.
De esta sílaba HRI, emanan hacia arriba innumerables rayos luminosos, muchos rayos de diferentes colores, predominantemente blanco, simbolizando infinidad de ofrendas que hacemos a todos los budas, bodhisattvas, y otros seres iluminados en las diez direcciones. Otros rayos emanan hacia abajo dirigiéndose hacia todos los seres que pueblan el espacio infinito, llevando beneficio y bienestar a todos sin excepción.
Luego, todos los rayos retornan y se disuelven en la letra HRI gracias a nuestra disposición de querer hacer ofrendas a los iluminados por el beneficio de todos los seres.
En el mismo instante en que los rayos retornan a la sílaba-semilla HRI, ésta se transforma en Chenrezig, de brillante color blanco, pura luminosidad. Aun cuando hay una apariencia, ésta no tiene substancialidad alguna, ninguna solidez, es como transparente, pura luminosidad. Esto es muy importante de tener en cuenta.
Con un rostro hacia el frente, Chenrezig vela sobre todos los seres con mirada compasiva y dulce sonrisa. Su mirada llena de gracia y sus ojos constantemente abiertos dirigiendo permanentemente una mirada suave y grácil, lo que significa que no hay un momento en el que Chenrezig no esté amparando a los seres.
Tiene cuatro brazos simbolizando los cuatro inconmensurables o las cuatro virtudes ilimitadas:
1) La ilimitada benevolencia, el constante interés que abarca la totalidad de los seres; 2) La compasión ilimitada, es decir, el sincero deseo de poder liberar a los seres de todo sufrimiento, a todos sin excepción;
3) La dicha, el gozo ilimitado como la madre cuya mayor felicidad reside en la felicidad de sus hijos y aún más allá;
4)La ecuanimidad ilimitada, la cual consiste en no diferenciar entre seres cercanos y lejanos, conocidos y desconocidos, queridos o no queridos, etc., sino más bien la experiencia de la imparcialidad hacia todo y hacia todos. Estos son los llamados los cuatro inconmensurables o las cuatro virtudes ilimitadas.
Las manos del primer par están unidas al frente sosteniendo la joya que concede todos los deseos. Esto significa que en esencia Chenrezig es un ser completamente iluminado, un Buda en esencia, inseparable de esta esencia búdica, tal y como el sol y sus rayos son inseparables.
Las manos del otro par de brazos sostienen, la derecha: un mala de cristal simbolizando que Chenrezig, el bodhisattva compasivo, está constantemente involucrado en liberar del sufrimiento a los seres, uno a uno, todo el tiempo, sin parar, como cuando se pasan las cuentas del “mala” constante e interminablemente. La mano izquierda sostiene un loto blanco abierto simbolizando que cualquier forma que adopte Chenrezig, independientemente de cuál esta sea, nunca se contamina o mancha por decirlo de alguna manera, con los defectos o vicisitudes de la existencia mundana.
Chenrezig podría aparecer como una mujer o como un hombre, quizás como un animal o como un niño o un anciano, como sea mejor y más apropiado para poder ayudar a los seres. Sin embargo, nunca es susceptible a la confusión, ni a la contaminación de la existencia samsárica tal como el loto que, aun creciendo en medio del lodo del estanque, cuando aparece lo hace libre de toda mancha.
Sobre su hombro izquierdo vemos la piel de una gacela, simbolizando que todas sus actividades son realizadas a través de la vía pacífica.
Está sentado en posición de loto completo. Los dos pies en esta posición simbolizan la indestructibilidad de la acción compasiva de Chenrezig en el sentido de que nunca se separa de la mente iluminada, su mente es “una” con la iluminación.
Reclinado en el círculo completo de una luna que forma su espaldar simbolizando esto que Chenrezig beneficia a todos los seres todo el tiempo: lo hace en el presente, lo hizo en el pasado y continuará haciéndolo en el futuro, y que no se conoce que haya cometido alguna vez una equivocación. Sus formas adornadas con ropajes de sedas de muchos colores y ornamentos tales como una corona de joyas, zarcillos, collares y pulseras, simbolizan la riqueza de los métodos de las diversas actividades que realiza para beneficiar a los seres.
Sobre la coronilla de su cabeza está el Buda Amitaba, Buda de la luz infinita, la fuente de donde emana Chenrezig, adornado en la forma tradicional con el manto de tres piezas.
El Chenrezig que hemos visualizado sobre la corona de la cabeza de cada ser, no es tan sólo Chenrezig sino realmente la manifestación de todos los iluminados objetos del Refugio (Buda, Dharma y Sangha). Sin embargo, esta visualización de Chenrezig no debemos hacerla como si lo visualizáramos sobre una tela o un papel como si fuese una pintura en forma unidimensional. Tampoco lo visualizaremos como una estatua en forma sólida y substancial. Lo visualizaremos como forma luminosa, luminosa en esencia y que, en un momento dado, la forma en sí pudiese desvanecerse quedando pura luminosidad. Este tipo de visualización.
Cuando alguien ha experimentado la perfecta budeidad en los diferentes niveles o formas, se manifiesta para beneficiar a los seres en una manera más densa -por decirlo de alguna manera- a fin de que nosotros podamos percibirlo y entenderlo. Esta forma es llamada nirmanakaya (por ejemplo: Su Santidad El Dalai Lama, Su Santidad El Karmapa). Otra forma -en este caso más sutil- en la que los bodhisattvas avanzados se pueden relacionar con la perfecta budeidad, es a través de la manifestación llamada samboghakaya. Y la más sutil de todas, es llamada dharmakaya.
El siguiente paso consiste en elevar una sincera y devota súplica a Chenrezig, visualizándolo encima de la coronilla de nuestra cabeza y de la de todos los seres. La sencilla plegaria que aparece en la página 8 del texto, por lo general se repite tres veces cuando se hace la práctica en grupo, pero en privado, podemos repetirla tantas veces como lo deseemos hasta llegar a sentirla profundamente en nuestro corazón.
La Oración o la Ofrenda de Las Siete Ramas
1)Las postraciones. Visualizamos que hacemos postraciones ante Chenrezig y todos los Budas y Bodhisattvas y en esa forma, nuestro cuerpo se convierte en miles y miles de emanaciones de nosotros mismos postrándose a su vez ante Chenrezig, ofrendando nuestro cuerpo, palabra y mente.
2) Las ofrendas. Estas son de dos tipos: reales (incienso, flores, velas, etc.) e imaginarias, haciendo siempre hincapié en que lo importante no es lo que ofrendamos sino nuestra motivación al hacerlo. Gracias a nuestra mente, podemos imaginar las ofrendas más puras, raras y espectaculares, y ofrendarlas de corazón por el beneficio de todos los seres.
3) El arrepentimiento, la confesión. Renunciar conscientemente a continuar alimentando nuestras cualidades no-virtuosas, lamentar profundamente las faltas o errores en los que hemos incurrido.
A lo largo de esta vida, a través de nuestro cuerpo, de nuestra palabra y de nuestra mente hemos incurrido en toda clase de acciones no-beneficiosas o malsanas. Algunas las hemos realizado intencionalmente, deliberadamente, otras inconscientemente, sin darnos cuenta de ello, de hecho, debido a nuestra ignorancia, probablemente no hay ningún momento en que no estemos haciendo algo dañino tanto para nosotros como para los demás.
Si miramos hacia nuestro interior con sinceridad, nos sentimos incómodos cuando vemos que de cierta manera estamos constantemente jugando a ser buenos, pero nos damos cuenta de que, de igual modo, constantemente estamos haciendo o diciendo algo que no es del todo beneficioso, o que estamos pensando o planificando algo que no es beneficioso o que, directa o indirectamente, no es beneficioso.
En presencia del bodhisattva de la compasión que ha hecho el voto de liberar del sufrimiento a todos los seres, reconocemos que hemos incurrido en constantes pensamientos de apego y aversión. Reconocemos igualmente todas las negatividades que hemos acumulado desde tiempos pasados y todas las que acumularemos en tiempos futuros hasta que estemos iluminados, es decir la totalidad de la acumulación de las impurezas, de las faltas y errores cometidos por nosotros y por todos los seres en todos los tiempos: pasado, presente y futuro y en las que hemos incurrido por medio del cuerpo, de la palabra, y de la mente.
4) El regocijo. Nos alegramos ante las buenas acciones de todos los seres. Alguien le dijo algo amable a otra persona, alguien le dio comida a alguien, o le tendió la mano a alguien, alguien le mostró la dirección a otro, cualquier acción virtuosa o plena, realizada por seres ordinarios y también las acciones virtuosas realizadas por aquellos seres dedicados por entero a su desarrollo espiritual, los arhats, los bodhisattvas de la primera etapa hasta la décima, por toda acción realizada por ellos y por supuesto por las de los budas. Nos regocijamos por todas estas bondades y acciones plenas de virtud.
5) La solicitud hecha a todos los budas de hacer girar la rueda del dharma, es decir, de continuar transmitiendo las enseñanzas de una u otra manera para ayudar a todos los seres a liberarse. Aquellos seres que tienen la oportunidad de solicitar a los budas y bodhisattvas que enseñen el dharma, acumulan méritos inconmensurables.
Cuando el dharma es escuchado, aprendido y practicado, aunque sea por una sola persona, esta persona podría ser liberada del sufrimiento en vidas futuras, y por medio del estudio y la práctica del dharma, cuando llegue finalmente a la iluminación, podrá a su vez ser de gran beneficio para incontable número de seres, gracias en parte a la solicitud original hecha a los budas y bodhisattvas de poner a girar la rueda del dharma.
6) La petición a los budas, bodhisattvas y otros seres iluminados de no pasar al nirvana hasta tanto no se hayan liberado del sufrimiento todos los seres.
Hay muchas historias acerca de Rimpochés muy realizados quienes vieron aproximarse el momento de su muerte y ante la insistente solicitud de sus discípulos de permanecer entre ellos y continuar enseñándoles el dharma, les decían cosas como: “En tal o cual momento me voy a ir, así que comiencen a cuidarse y a ocuparse de sí mismos”. Y al decirles el momento preciso de su partida, viendo la insistencia de los discípulos de permanecer entre ellos, el Rimpoché les decía: “Está bien, voy a permanecer entre ustedes tres años más” y a partir de entonces, se veía mejorar y mejorar la salud del Rimpoché hasta restablecerse del todo y continuar con las enseñanzas.
7) La dedicación del mérito. Esta es la ofrenda de cualquier mérito que se haya podido acumular a través de la realización de los seis anteriores.
La totalidad del mérito la dedicamos al beneficio de todos los seres de manera que puedan experimentar el bienestar, la paz y la armonía interior y exteriormente, y para que todos los seres puedan ser liberados en perfecto estado de iluminación.
Seguidamente, en la página 16 encontramos una oración, una súplica, donde nos relacionamos con Chenrezig como nuestro maestro o gurú: el que enseña el camino que conduce a la iluminación; también nos relacionamos con Chenrezig como nuestro Yidam. Chenrezig es nuestro Yidam, es decir que reconocemos que todas sus grandes cualidades constituyen nuestra fuente de inspiración.
Continuamos reconociendo la suprema nobleza y perfección de Chenrezig, el que protege a todos los seres del sufrimiento gracias a su benevolencia y compasión infinitas. Le rogamos a Chenrezig bendecir a todos los seres a fin de que todos, sin excepción, puedan alcanzar el omnisciente estado de la budeidad.
En la página 19 elevamos una súplica a Chenrezig por todos los seres que padecen en cada uno de los seis reinos de existencia.
Según las enseñanzas del Buda, “acción” es cualquier cosa que uno piense, diga o haga. “Causa” es la emoción o intención que motiva una acción. “Resultado” es la experiencia que surge de una acción y su intención.
Los resultados se experimentan a veces antes de la próxima vida y puedan ser experimentados también mucho más adelante. Las acciones se consideran acumulativas y cada una de ellas lleva su particular acumulación de vida en vida.
Esta acumulación constituye la base para la existencia cíclica, lo que conocemos como “samsara”, el cual persiste hasta que terminamos de experimentar todas las consecuencias de nuestras acciones y dejamos de generar otras nuevas consecuencias.
Los seis patrones habituales determinantes
Los seis patrones habituales que determinan nuestro nacimiento en uno de los seis reinos de existencia son:
1. La ira.
2. La avaricia. Cierta forma de aferramiento donde deseamos acumular cada vez más, dejando por lo tanto de extender la generosidad hacia otros y utilizando todo para beneficio personal. Aferrarse, apegarse con codicia.
3. La estupidez.
4. El deseo.
5. Los celos.
6. El orgullo.
Cuando uno nace en alguno de los seis reinos, es sólo cuestión de los propios patrones kármicos o del tipo de patrones habituales. Al nacer, uno tiene todos los seis patrones, pero el reino particular en el que uno nace está determinado por el patrón que, entre los seis, tiene el mayor grado de influencia, el más pesado, el más intensamente acumulado, el más fuerte. Así, si el patrón de la agresividad, de la cólera, es el más fuerte, uno nace en el correspondiente reino y además con los otros patrones habituales.
Liberarse de la existencia cíclica es estar libre de estos patrones de pensamiento. Para ello, la práctica indicada es la práctica del dharma. Sólo la práctica del dharma realiza la purificación de estos patrones. Lo mejor que podemos hacer es desarraigar todos estos patrones de nuestro sistema por así decirlo, o por lo menos, que se lleva a cabo una disminución de estos patrones por medio de nuestra práctica. Ese es el propósito de la práctica y la razón de su necesidad.
En tibetano existe una palabra que significa tanto rabia como odio porque cuando se habla acerca de una sola de ellas por separado, no estamos transmitiendo a profundidad su verdadero significado, por eso se utiliza una misma palabra para ambas al mismo tiempo. En esta forma el significado se transmite más completo.
Así vemos una vez más como es que a través de los patrones de la rabia y del odio, los estados psicológicos de mayor privación, los seres están totalmente inmersos en la negatividad generando karma maligno.
Cuando una chispa de fuego cae sobre nuestro cuerpo y nos quemamos, o cuando sentimos un frío intenso, nos quejamos porque estamos experimentando un cierto tipo de sufrimiento. Pero tratemos de imaginarnos lo que pudiese significar continuar indefinidamente experimentando algún tipo de esos sufrimientos sin parar durante incontable número de años.
Por medio de la acumulación generada por la práctica del patrón de la rabia, experimentamos la mayor forma de privación o carencia: el nacimiento infernal, es decir, la experiencia del estado psicológico del ser infernal. Expresamos la aspiración de que sean liberados todos los seres condenados a tales sufrimientos producto de sus propias acumulaciones, y luego se dice el mantra.
Debido particularmente a la avaricia, a la codicia, experimentamos una forma de nacimiento o estado psicológico en el llamado reino de los pretas o espíritus hambrientos. Si tenemos muchas acumulaciones a través del patrón de la avaricia o de la codicia, sin importar si creemos o no en esa experiencia, o cuánto no deseemos vivirla, debido a la innegable verdad de la ley de causa y efecto, tendremos que experimentarla. Teniendo todo esto en mente, elevamos una sincera aspiración por la liberación de todos los seres que viven este sufrimiento y se dice el mantra.
A causa de las acumulaciones producto de patrones habituales basados en la ignorancia, se experimenta el estado de máxima ignorancia o estupidez, se renace en el llamado reino Animal donde hay miedo, ignorancia, estupidez, falta de perspectiva, distorsión en las percepciones y se incurre una y otra vez en alimentar patrones dañinos.
Contemplemos simplemente la vida de algunos animales, tomemos por ejemplo la vida de los pájaros. Los hemos visto comiendo semillas, temerosos, viendo hacia un lado y hacia otro por temor a que alguien los atrape, eso es sufrimiento. O con miedo de que las personas los maten por diversión, para comérselos, por su piel o por sus plumas. Eso es sufrimiento.
La mayoría de los animales pasan frío y no pueden decirlo o no pueden conseguir cobijo, otros no logran conseguir comida. Sean domésticos o salvajes, están en constante sufrimiento, son llevados donde no quieren ir, siendo alimentados con lo que no quieren comer y deben hacerlo porque el hambre es muy fuerte y así se podría continuar hablando de innumerables sufrimientos. Se emite la sincera aspiración de que todos estos seres puedan ser liberados de tanto sufrimiento. Luego se dice el mantra.
Debido a la fuerza de los apegos, a la fuerza del deseo, renacemos en el reino Humano el cual está caracterizado por los sufrimientos de la presencia de una mente discursiva y un constante estado de insatisfacción. De igual modo, expresamos nuestra sincera aspiración por la liberación de todos los seres inmersos en estos sufrimientos y después se dice el mantra.
Los celos conducen al renacimiento en el reino de los Asuras, también llamados semi dioses celosos, y a consecuencia de ello, experimentar el estado psicológico del constante conflicto debido a los celos. Siempre inmersos en batallas físico-mentales, siempre peleando caen una y otra vez en alimentar incesantemente el mismo patrón destructivo de los celos. Imploramos a Chenrezig libere de tanto sufrimiento a todos estos seres y se dice el mantra.
Hay seres que, debido a patrones habituales en general y predominantemente debido al patrón del orgullo, experimentan sufrimiento al nacer en el reino de la existencia, en el reino de la transitoriedad y del cambio. Estos seres nacen en el llamado reino de los dioses.
Mientras que debido a la acumulación de un sin número de acciones virtuosas vemos que experimentan el nacimiento en medio de un entorno donde están presentes el confort, el lujo, todo tipo de placeres y bienestar material, aun así, en medio de esas aparentes libertades, se encuentran totalmente atrapados por la fijación que tienen en esa comodidad, en ese tipo de vida, y cada vez que aparece el factor cambio, experimentan caídas dolorosas que implican grandes sufrimientos. Elevamos nuestra sincera aspiración por la liberación de todos los seres que experimentan este tipo de sufrimiento y decimos el mantra.
Habiendo orado en esta forma, sinceramente y con toda concentración, y debido al poder y la virtud de las acumulaciones virtuosas, innumerables rayos emanan de Chenrezig en todas las direcciones. Todo mundo externo se convierte en un paraíso de joyas, todo el universo se convierte en un campo perfectamente iluminado, en un campo búdico donde no hay limitación de ninguna especie, donde no hay vicisitudes.
Todos los seres del mundo fenoménico se convierten en Chenrezig, todo sonido se convierte en el perfecto sonido de su mantra, todo pensamiento se transforma en el constante juego de la mente perfectamente iluminada. Como dice la liturgia: todo conocimiento, sonido y apariencias se vuelven inseparables del vacío.
Esta etapa en particular es la que llamamos la etapa de la Visión Sagrada. A medida que entramos más y más en la práctica vajrayana, comenzamos a darnos cuenta de que es algo muy importante. Es muy importante también para experimentar la Visión Sagrada, es decir, el que uno sea capaz de ver las cosas desde el punto de vista iluminado. Para obtener esta visión uno tiene que entrenarse para poder llegar a ver. Corrientemente nosotros no vemos las cosas como son sino como somos nosotros.
Manteniendo esa comprensión, uno recita el mantra de Chenrezig. Mientras se recita el mantra, eso es lo que se hace, se mantiene la visión sagrada.
Om mani padme hum
El mantra con sus seis sílabas es el antídoto contra los seis patrones emocionales habituales, las seis sílabas son también la esencia de las seis perfecciones, así, cuando se repite el mantra, se puede tener la sincera aspiración de que, a través de la recitación del mantra, tanto uno mismo como el resto de los seres, podamos librarnos de los seis patrones emocionales habituales, fuente de tanto sufrimiento.
El mantra de las seis sílabas es el antídoto contra los seis patrones neuróticos y por eso las seis sílabas son tanto “causa” como “resultado” en términos de liberación de esos patrones. “Causa” en el sentido de que construye los “resultados” para librarnos de esos patrones. Cuando lo hacemos, experimentamos lo opuesto, lo cual es la esencia del mantra, de este mantra en particular.
Las vibraciones de la sílaba OM remueven el orgullo; de la sílaba MA, los celos; de la sílaba NI, el deseo egoísta; de la sílaba PE, la ignorancia, de ME, la codicia y la avaricia y finalmente de la sílaba HUM, el odio y la ira tanto en nosotros como en todos los seres. Entonamos el mantra, centrados en el sincero deseo de que, por la virtud de la recitación del mantra, puedan todos los seres experimentar las seis perfecciones.
Después de finalizar la recitación del mantra, hay un momento que es llamado la etapa de la disolución. Así como hay una etapa de visualización, hay una etapa de disolución de la visualización. Aquí de nuevo estamos involucrados en el proceso de entrenamiento de la mente. El Chenrezig que hemos visualizado sobre el tope de nuestra cabeza se disuelve, nosotros mismos como Chenrezig, nos disolvemos hacia el Chenrezig sobre nuestra cabeza.
El Chenrezig que está arriba se disuelve de la cabeza hacia abajo y de los pies hacia arriba, se va disolviendo hacia la letra HRI. La sílaba HRI se disuelve de abajo hacia arriba como desintegrándose hasta llegar al último punto final y eso también se disuelve. Permanecemos ahí. Sin punto de referencia. Nos permitimos aproximarnos a la experiencia de la vacuidad. Dejamos que nuestra mente repose en su propia esencia.
Seguidamente, la visión que prevalece es la de que todos los seres son lo mismo que Chenrezig, todo sonido, lo mismo que el sonido de su mantra y todo lo que surge en la mente es el gran campo de la sabiduría búdica. Este es el enfoque, la visión.
Ahora tenemos la dedicación, la cual consiste básicamente en la aspiración de que gracias a esta práctica y por medio de otras acumulaciones virtuosas, pueda uno alcanzar el estado de Chenrezig y conducir igualmente a todos los seres a este estado iluminado. Que podamos todos renacer en el reino de la bienaventuranza.
En la página 33 encontramos la oración del bodhisattva que se explica por sí misma y que básicamente dice: “Que el altruismo supremo, el altruismo absoluto, la actitud iluminada, la perfecta bodhichitta pueda nacer en el corazón de cada ser sintiente. Que pueda surgir allí donde aún no ha surgido, que no la destruyan aquellos que la conocen, que pueda crecer y florecer.
..................