Karma
Material didáctico elaborado en base a enseñanzas del
Ven. Khempo Karthar Rimpoché
Traducción y edición: María Mercedes Márquez
Caracas, 2006
Cuando hablamos de condiciones kármicas, estamos tomando en consideración tres tiempos: pasado, presente y futuro. La acumulación de acciones de cuerpo, palabra y mente en el pasado, constituyen la causa pasada. Cuando diversas tendencias habituales de la mente se intensifican en el presente, nos vemos forzados a ponerlas en acción a través de la palabra y el cuerpo. Estas constituyen causas kármicas para el futuro pues determinaran un resultado en el futuro.
Cada individuo es específicamente responsable de su propia causa kármica, sea esta del pasado o del futuro, virtuosa o malsana. La causa –tanto virtuosa como no virtuosa- determina el resultado y consta de dos aspectos: 1º la intención, es decir, la actitud mental y 2º la acción, entendiendo por acción, la expresión de la intensión, es decir, la manifestación de la actitud mental a través de la palabra y del cuerpo.
Esto significa que ninguna causa kármica acumulada por un individuo desaparece o deja de tener su repercusión, a menos que el individuo haya purificado esa causa antes de que madure o resulte en un efecto. El resultado de la causa kármica es por lo tanto inevitable e intransferible, pero por otra parte, no es permanente ni indestructible.
En el caso de nuestra experiencia de la vida, por lo que podemos ver y por lo que sabemos, nos damos cuenta de que las vidas de los seres están marcadas por todo tipo de disparidades, por todo tipo de diferencias, diferencias en cuanto a mayor o menor felicidad, en cuanto a mayor o menor presencia de comodidades materiales, etc., todos lo sabemos.
Estas incontables diferencias o disparidades básicas se deben a la diversidad de causas, a la diversidad de acumulaciones kármicas, a las diversas y diferentes acciones edificantes y no-edificantes de cuerpo, palabra y mente.
De modo que las diferentes experiencias que los seres experimentan se deben a muy diversas acciones teñidas de virtud o no-virtud ya sea de cuerpo, palabra o mente.
Son perecederas porque no son indestructibles como las causas virtuosas. En las causas virtuosas, la virtud esta teñida por todo tipo de tendencias habituales; es virtuosa, pero como esta teñida, es perecedera. Estas causas virtuosas resultan en algo bueno como la felicidad, el bienestar, la alegría, etc., pero su resultado no es permanente, es decir, que durante un determinado período de tiempo uno disfruta de ese resultado y luego, de acuerdo a las circunstancias, se produce su agotamiento porque el karma no es permanente.
En el caso contrario, causas no-virtuosas perecederas, resultan en alguna experiencia de sufrimiento o incomodidad durante determinado número de vidas o determinados períodos de tiempo, porque el efecto se agota, es decir que dura, en tanto dure la causa. Así es como el karma está sujeto a la extinción, al agotamiento.
La raíz del karma, lo que causa el karma o lo que induce el karma, es la ignorancia, entendiendo por ignorancia dentro de este contexto, que ignorando nuestra naturaleza básica, nos aferramos egoístamente a la idea o a la creencia de que existimos tal y como cada uno de nosotros se ve a sí mismo, cuando en realidad todas esas realidades conceptuales carecen de naturaleza esencial y son simplemente un conjunto de tendencias y eventos.
Cuando decimos que la naturaleza de la mente carece de existencia o que la naturaleza de la mente carece de existencia inherente, eso no significa que la actividad pensante de la mente, los pensamientos, no existan. Ahora bien, cuando un pensamiento surge, hay pensamiento. ¿De dónde surge este pensamiento? ¿De dónde ha venido este pensamiento?
Esa es la naturaleza de la mente. No puede ser especulada, no puede ser conceptualizada, es por ello que, aunque se produzca la actividad mental, los pensamientos carecen igualmente de existencia inherente.
Nuestra confusión básica fundamental consiste en creer que el pensamiento es real, pero esa creencia es tan sólo producto del aferramiento a creer igualmente que el “yo” es algo real aún cuando no sea otra cosa que un concepto al cual nos aferramos. Ahora mismo, desde el punto de vista de la ignorancia este pensamiento es real. Desde el punto de vista de esta realidad puramente conceptual es que funcionamos en la vida y no desde el punto de vista de la naturaleza esencial de la mente. En tanto uno mantenga la realidad de la existencia real de un “yo” o “ego”, mantendremos la confusión. Cada una de nuestras experiencias son tan reales como nuestro “yo” conceptual o ideado, las cuales, a su vez, son perpetuadas por esa realidad tan confusa y distorsionada.
Todos nosotros -sin excepción- tenemos el potencial para experimentar una mente despierta, una mente iluminada o lo que es igual, tenemos el potencial para experimentar una mente libre de confusiones. Sin embargo, por una parte no lo reconocemos y por otra, creemos en la existencia de un “yo” que carece de existencia propia. Obviamente, esto es ignorancia, pues es dar por cierto algo que carece de existencia, y dejar de reconocer lo que realmente constituye nuestro potencial inherente.
Debido al aferramiento egoísta, a la tendencia a aferrarse a la noción de la existencia verdadera e independiente del “yo”, nuestra confusión se extiende aún más hasta crear la noción de “mío”. Al perpetuarse subsecuentemente las tendencias al aferramiento egoísta, se desea lo que es favorable al “yo” y a lo “mío” y se rechaza aquello que no se encuentra favorable.
No sólo hemos creado una entidad sólida, sino que también le hemos creado un territorio, y al sentir la necesidad de protegerla de las cosas desagradables que suceden y atribuirle las favorables, se produce lo que conocemos como aversión. Esta es otra actividad de la tendencia egoísta del aferramiento: la aversión hacia aquello que es ajeno al “yo” y a lo “mío”.
Estas tendencias habituales o patrones conflictivos de la mente son la causa del sufrimiento y se les conoce como “la verdad de la causa del sufrimiento.” En tibetano, el término para “la verdad de la causa del sufrimiento” es kum yum, lo que significa: “fuente de todo” en el sentido de que en tanto estén presentes los tres venenos, está presente la causa de todo sufrimiento. Posteriormente, la verdad de la causa del sufrimiento resulta en la verdad de la experiencia del sufrimiento.
A estos patrones de la mente: la ignorancia, el apego y la aversión, se les denomina los tres venenos. Se les llama venenos porque producen sufrimiento, producen conflictos.
En nuestra vida, en la vida de los seres en general, se da la experiencia de constante sufrimiento y conflicto. Sin importar la forma confusa en la que tratamos de librarnos de ellos, vemos que estamos constantemente sujetos a su presencia.
Así, esta experiencia de conflicto y sufrimiento constante deja perpleja nuestra mente acerca de ¿cómo fue? ¿Por qué experimentamos estos tipos de conflictos? ¿Por qué experimentamos estos sufrimientos? ¿Cuál será la razón? Estamos perplejos y buscamos razones externas acerca del por qué estamos pasando por todo tipo de sufrimientos y experiencias conflictivas, pero la causa de ello es la historia previa de la presencia de los tres venenos, la acumulación de estos patrones negativos.
Resumiendo, en tanto no nos libremos de estas causas, en tanto continuemos incurriendo en alimentar estos patrones negativos, estaremos perpetuándolos constantemente y no nos seremos libres nunca de la presencia del sufrimiento.
Es así como seguimos posteriormente elaborando aún más tendencias mentales habituales por lo que hablamos en términos de seis patrones habituales de la mente. Un patrón es el de la avaricia, la mezquindad, el cual es proyectado o instigado por el apego; el patrón de los celos se relaciona con el patrón de la aversión o la agresividad y el patrón del orgullo se produce y se relaciona con la ignorancia.
Si nos liberamos de los tres venenos, nos liberaremos igualmente de los otros patrones mentales negativos. Es como cuando uno le quita la raíz a un árbol o lo tala y posteriormente las ramas caen automáticamente. Debido al apego experimentamos aversión y la aversión es la causa de la agresión. Por ejemplo, si ha sido cortado un árbol y usted pasa por allí, a usted puede que no le importe. Pero si ha sido cortado un árbol dentro de su propiedad y ha caído, al verlo, usted tendrá la noción de que es “su árbol.“ Debido a eso se da la agresividad.
El término en tibetano se refiere a todo eso: aversión, agresión, odio, rabia, básicamente se refiere a todo lo que daña a otros, hace referencia a cualquier cosa que provenga del deseo de dañar a otros. Finalmente, cuando uno ha reconocido o realizado la naturaleza incondicionada de la mente, entonces en ese momento nuestra mente se encuentra liberada de todo condicionamiento conceptual, sea este un condicionamiento virtuoso o no-virtuoso.
Una vez que la mente se ha liberado de los diversos condicionamientos conceptuales, se manifiesta la verdadera naturaleza o sabiduría incondicionada de la mente. Como ejemplo podríamos decir que la ignorancia del dormir influencia el soñar, y así tenemos un dormir influenciado por el sueño. En el sueño tenemos algunas experiencias de felicidad, de infelicidad o lo que sean. El contexto del sueño es real mientras se está experimentando el sueño. Sin embargo, al momento de despertar, tanto el sueño agradable como el desagradable pierden dejan de existir.
Tanto la felicidad como el sufrimiento son experiencias de la mente. En cuanto a la felicidad en general, es posible que alguien que tenga todas las facilidades materiales sea feliz al mismo tiempo, o que alguien que carece de posesiones materiales y comodidades también se encuentre sufriendo y sea infeliz.
Puede también haber otros que no tienen facilidades materiales y carecen de todo confort material y sin embargo están totalmente libres de insatisfacción y constantemente experimentan felicidad mental. Tenemos los ejemplos de muchos grandes maestros tales como Milarepa. De modo que si tratamos de ir más lejos o de ver con más profundidad, cuando hablamos de felicidad o infelicidad, nos referimos a la causa de felicidad o a la causa de infelicidad o sea a la causa de sufrimiento.
Eso es básicamente lo que es la felicidad o la infelicidad. Si hay más o mayores patrones conflictivos de la mente habrá más causas de infelicidad. Así, a mayor tranquilidad de la mente, a mayor claridad de la mente, mayor causa de felicidad.
Esto es importante debido a que el concepto de felicidad e infelicidad en el budismo es bastante diferente al concepto convencional de felicidad o infelicidad. Una determinada experiencia de la vida que aparentemente no nos trae dolor y no nos causa sufrimiento, puede ser considerada normalmente como felicidad al momento de ser vivida.
Sin embargo, ésta puede ser una fuerte causa de sufrimiento e infelicidad. A nivel superficial es felicidad, pero de hecho es infelicidad porque producirá sufrimiento. Ha surgido de la confusión y producirá sufrimiento. Otra forma de decirlo para poder verlo más profundamente o más allá de su realidad aparente sería que, debido a sus consecuencias, esa acción posteriormente va a ser considerada como una acción no-virtuosa.
En la misma forma, el involucrarse en determinadas acciones que pudieran implicar dificultades, penurias y cosas así, podría ser visto como felicidad debido a que para algunos son causas de felicidad.
Respecto al karma, tenemos que existe lo que podemos llamar la completa virtud o acción completamente pura, la completa no-virtud o acción impura, y finalmente la mixta.
Pura y completa implica que la intención era genuinamente la de por ejemplo, ayudar a otros. La acción proviene de esto, de que uno ha logrado poner en marcha la intención y no sólo fue capaz de realizar una acción beneficiosa que va a tener un efecto en otros, sino que los otros se beneficiarán de la acción. Esa es una acción completamente pura o virtuosa.
Luego tenemos lo opuesto, donde la intención es la de causar daño, querer causar sufrimiento en otros. Esa es la intención genuina en nosotros y también somos capaces de generar la acción dañina y así continúa y tiene éxito. La acción se realiza con éxito porque tiene además un efecto dañino, causando daño y sufrimiento. Aquí tenemos una acción completamente impura no-beneficiosa.
Finalmente, la acción mixta es aquella donde la intención es pura, por ejemplo, querer ayudar, pero debido a la falta de sabiduría y al no haber aplicado los medios apropiados, de hecho la acción hace daño. Esa no era la intención inicial, pero somos responsables del daño que causó.
En esta forma, la acción por la intención es virtuosa y por la acción es no-virtuosa. También es posible lo contrario, es decir que uno puede tener muy malas intenciones y desear dañar a alguien, pero de hecho la acción que llevamos a cabo lo beneficia y aunque no era esa la intención ni la idea que teníamos, uno realizó una acción que benefició a otros.
Así, cuando hay una acción pura o completamente virtuosa, el resultado trae una mayor felicidad o una mayor virtud, y cuando se trata de una acción impura, resulta en mayor sufrimiento. Cuando es mixta, el efecto no es tan fuerte en ninguna de las dos direcciones.
Gran número de nuestras acciones son mixtas debido a que nuestra bondad potencial nos inspira a realizar algo virtuoso, pero, sin embargo, debido a la influencia de nuestras tendencias egoístas, nuestras acciones son distorsionadas en el sentido de que carecemos de la sabiduría apropiada y no tenemos mayor conciencia de las consecuencias de nuestras acciones.
Para ilustrar esto, si viéramos un perro famélico, muy hambriento, y nos sintiéramos conmovidos, genuinamente interesados y deseáramos hacer algo para satisfacer el hambre del perro cuando igualmente podríamos sentirnos indiferentes al respecto, nuestro interés es verdaderamente compasivo, pero en medio de nuestra ignorancia tomamos un pez que estaba vivo para alimentar al
perro. Hay compasión, hay deseo de beneficiar a alguien, pero a expensas de mayor daño.
O también, pudiese suceder que un niño está llorando, está fuera de sí, está muy molesto y no queremos que continúe sintiéndose de esa manera, así que le proporcionamos una cuerda de pescar y una carnada y le indicamos cómo pescar buscando que se libere de su tristeza, de su llanto, de su malestar, pero lo hacemos a expensas de que muchos peces van a morir y en esa forma hacemos un pequeño beneficio pero ocasionamos un enorme daño.
Una mala intención es considerada peor que una mala acción porque es muy difícil que surja una acción virtuosa a partir de una intención dañina, de una mente que está ocupada por una intención negativa, eso sería muy difícil, casi accidental. Por otra parte, de una intención genuinamente buena, sería muy difícil que surgiera una acción dañina seria, es decir, que cualquier acción dañina que surgiese vendría a ser por falta de un mayor conocimiento o accidentalmente.
En el caso de una acción mixta, cuando experimentamos la acción, ésta puede ser mixta, pero cuando experimentamos los resultados o consecuencias de la acción, éstos no son experimentados en forma mixta sino que experimentamos lo que es más fuerte primero, es decir que si la intención virtuosa es más fuerte, entonces se manifestarán los resultados de la acción virtuosa.
El resultado no se producirá como si se mezclara la leche con agua, sino que ambos vendrán por separado. Por ejemplo, en una intención mixta donde uno desea ayudar y desea dañar, si la intención de ayudar es mayor, ese resultado vendrá primero y si la intención de dañar es la más fuerte, será ese el resultado que aparecerá primero, es decir que el resultado no aparecerá en forma mixta.
La mente en sí sola, cae en todo tipo de intenciones negativas sin necesariamente actuarlas a través de la palabra o el cuerpo. Tales actividades de la mente son por ejemplo la experiencia de un determinado patrón mental como la rabia, la cual no se llega a expresar por medio de la palabra ni del cuerpo, pero al experimentar internamente una determinada rabia, eso constituye una causa-acción negativa o no-virtuosa de la mente.
Por otra parte, cuando hablamos de causa-acción de la palabra o del cuerpo, obviamente damos por sentado que la mente está involucrada. En esta forma vemos que la actividad mental es causa de virtud (y por lo tanto es causa de mayor felicidad) o causa de no-virtud (y por ello de mayor sufrimiento). Así, la mente sola, la actitud mental sola, puede producir el resultado de una mayor felicidad o de un mayor sufrimiento.
Es difícil poder calificar una acción virtuosa con exactitud pues todo depende de la intención de la persona. Tomemos el caso de un monje bonzo que se suicida ante las tropas norteamericanas como protesta a la guerra de Vietnam.
Si la intención era sólo la de por medio del sacrificio de su vida ponerle fin a la guerra, que eso llevara a una toma de conciencia, que fuese un hecho importante en el logro de la paz, protegería la vida de miles de seres que de otra forma serían destruidas.
Si con esa intención se da la vida, genuinamente para el beneficio de otros, aunque en apariencia pudiese parecer una acción-no-virtuosa (por acabar con su vida), sería una acción virtuosa aunque en apariencia no lo sea o no logre los resultados esperados. Pero, si la intención brota de la rabia, del odio, del resentimiento, aunque en apariencia sea una acción virtuosa, no será una acción virtuosa.
Por otra parte, tomando el caso de los pilotos kamikaze japoneses durante la guerra y sus suicidios altamente honorables, altamente respetados, o de cualquier otra persona que piensa que con su muerte va a causar un beneficio, aquí, la virtud y la no-virtud están basadas principalmente en condicionamientos de carácter cultural y no en el conocimiento de cómo es que funciona la verdad de la virtud en el sentido de que realmente causa felicidad y tampoco de la no-virtud que realmente ocasiona sufrimiento. No está basada en esta verdad sino en la creencia de que va a tener este o aquel resultado.
Así, la persona que toma su vida, primeramente al tomar la propia vida -independientemente de cuál sea la creencia que está por detrás de este hecho- no se podría ser más ignorante que aquel que acaba con su propia vida. Esta acción influenciará a otros a perpetuar la ignorancia y por eso, al caer en el pensamiento feliz de creer que se trata de un acto heroico, no sólo se ha hecho un enorme daño a sí mismo realizando lo más grave que se podría hacer jamás, sino que también se ha ocasionado un enorme daño a otros ya que alegrarse de una mala acción –aún creyendo que es buena- es tan perjudicial y dañino como llevar a cabo la acción uno mismo. Si alguien es feliz de que otro esté muerto, si es feliz de que otro se suicide, es lo mismo que decir que uno sería igualmente feliz de haberle dado muerte.
Debido básicamente a la ignorancia donde uno de los aspectos de la misma es el orgullo, hay infinidad de casos de tales acciones provenientes de la ignorancia, de la confusión.
Por ejemplo, en el caso de alguien que está en la guerra y sabe que haciendo tal o cual cosa, que si llega hasta ese punto morirá, la persona lo sabe y sin embargo sigue adelante pensando que está bien, que si lo matan en tal o cual circunstancia entonces será famoso, considerado y reconocido como alguien de mucho valor y gallardía.
Pero a sabiendas, se han dejado matar y así ha causado un enorme daño a sí mismo y a los otros también al permitir que lo mataran. Nos podríamos preguntar ¿Cómo va a disfrutar de la fama si ya se ha ido? Quién estará allí para mencionarlo, para decir: “oh sí, ese era yo”. Aún en un sentido muy mundano no hay nadie que viva su fama, aún dentro de un contexto mundano uno se pregunta cuán inteligente es eso.
En la India ha existido una costumbre que aún no está totalmente extinguida, la cual consiste en que cuando el esposo muere, la esposa tiene que arrojarse a la pira funeraria, tiene que realizar un acto llamado sati. Hay varias circunstancias alrededor de esto, pero esencialmente una de las creencias más fuertes que se desarrolló en torno a este acto fue la de que si la mujer saltaba a la pira funeraria, sería considerada como una esposa increíblemente dedicada y fiel. Pero ¿cómo servía esto en la expresión de fidelidad y dedicación?
Había también otros incidentes en ciertas situaciones en las que cuando la mujer no saltaba al fuego, era empujada porque si no lo hacía, era una deshonra para la familia debido a que constituiría una expresión de falta de fidelidad y de dedicación. Así, en estos casos, el que alguien tome su vida o apoyar a que alguien lo haga es considerado virtud y lo opuesto es considerado como básicamente no-virtuoso o por lo menos embarazoso y como una desgracia.
Otra pequeña aclaratoria: cuando una acción determinada contiene cierta virtud y cierto grado de no-virtud, aquí estamos hablando de una acción mixta. En el caso de una acción mixta, cuando experimentamos la acción, ésta puede ser mixta, pero cuando experimentamos sus consecuencias o resultados, experimentamos lo que es más fuerte o predominante primero. Si la intención virtuosa es más fuerte, entonces se manifestarán los resultados de la acción virtuosa.
En general, en relación a causa y su efecto, éste no madura en forma evolutiva sino que la acción más fuerte madurará y por lo tanto se manifestará primero. Así, en este caso también, si la intención es más fuerte, ese resultado se producirá primero, el resultado no se producirá como si se mezclara leche con agua, sino que ambos vendrán por separado.
Por ejemplo, en una intención mixta donde se desea ayudar o hacer daño, si la intención de ayudar es mayor, ese resultado vendrá primero y si la intención de hacer daño es la más fuerte, entonces ese será el resultado que aparecerá primero, es decir: el resultado no aparecerá en forma mixta.
A continuación, una aclaratoria relacionada con la causa-acción del cuerpo. La mente en sí sola cae en todo tipo de intenciones negativas sin necesariamente llegar a ejecutarlas a través del cuerpo y la palabra. Tales actividades de la mente son por ejemplo, la experiencia de un determinado patrón mental. Caer en él, experimentar por ejemplo una determinada rabia que no es expresada ni a través del cuerpo ni de la palabra, constituye una causa-acción no-virtuosa de la mente solamente, por no estar involucrados ni el cuerpo ni la palabra.
Así vemos como la actividad mental puede ser causa virtuosa, y, por lo tanto es causa de mayor felicidad, o causa no-virtuosa resultando en mayor sufrimiento. La mente sola puede producir el resultado de una mayor felicidad o de un mayor sufrimiento. Cuando hablamos de la causa-acción del cuerpo y de la palabra, obviamente estas han sido precedidas por una intención mental, es decir, damos por sentado que la mente está involucrada.
Una causa no-virtuosa puede ser purificada y también se puede evitar que llegue a manifestarse, es decir que están los remedios para cierta enfermedad, pero también existen medidas preventivas para evitar llegar a enfermarse. Desde el contexto de las enseñanzas budistas, cuanto más se cultiva por ejemplo la tranquilidad o la estabilidad de la mente, mayor benevolencia o calma de mente habrá.
Así, cuanto más se desarrollen estas cualidades, debido a la aplicación de estos antídotos, las emociones se auto-liberarán sin tener que darles rienda suelta ni tener que reprimirlas. Es por ello que siempre se hace énfasis en la importancia de la práctica de la meditación, del entrenamiento de la mente. Cuando la situación es conveniente, es decir, cuando se está más calmado, entonces se cultiva ese desarrollo.
Nuestro enfoque común, cotidiano, es muy irreal y en consecuencia poco práctico porque es algo como -hablando simplemente- es algo como pretender comenzar a aprender a luchar una vez que el enemigo ya nos ha invadido. Por eso es esencial practicar el entrenamiento de la mente o domar la mente, cuando haya una situación conveniente. Este es el enfoque, el enfoque preventivo.
En circunstancias donde uno no ha experimentado la plena evolución de la emoción negativa, habrá momentos en que uno esté todavía influenciado por ella, por ejemplo la rabia.
Uno se dejó llevar por la rabia, uno la expresó, pero afortunadamente uno no se encuentra en ese estado todo el tiempo, entonces, desde la perspectiva del Dharma, cuando recuperamos la temperatura normal, lo más sensato es reconocer lo dañino de la rabia, que es algo destructivo tanto para nosotros como para otros en el presente y en el futuro.
Adicionalmente implica que en presencia de la rabia hay ausencia de felicidad. Es dañina en cualquier forma. Esto no es una creencia, se trata de nuestra experiencia como seres sintientes. Entendiendo todo esto, nos volcamos en una actitud de compromiso, de disciplina, de estar atentos, conscientes, ya que debido a nuestros patrones habituales, siempre existe la tendencia a repetir ese tipo de cosas.
Allí radica la importancia de reafirmar constantemente el compromiso, de que en el futuro no vamos a permitirnos caer en ese tipo de situación nuevamente, reafirmar la importancia de mantenernos atentos y conscientes.
Desde un punto de vista más avanzado, en la práctica budista se habla de ver la naturaleza de la rabia, tratar de ver la naturaleza de la emoción. Esto significa, ver que en esencia se trata de un pensamiento y que hemos sostenido tanto y de tantas formas el pensamiento, que éste se ha convertido en una realidad para nosotros.
De ese modo, si uno es capaz -no desde el punto de vista conceptual sino a nivel experimental- de ver la naturaleza del pensamiento de rabia -el cual constituye la emoción negativa- entonces tal vez pueda experimentar su naturaleza no-substancial, no-referencial, que la naturaleza de esa determinada emoción, carece de existencia propia.
Como la intención virtuosa, una vez traducida en acción virtuosa del cuerpo, la palabra o la mente, está teñida por la confusión de nuestra realidad conceptual o realidad egoísta, el resultado de esa acción virtuosa teñida en lo que se refiere a la experiencia, produce el nacimiento en los tres reinos superiores de existencia o los tres estados psicológicos superiores.
Debido a que las intenciones no-virtuosas producen acciones no-virtuosas del cuerpo y la palabra, tales causas producen como resultado el nacimiento en los tres reinos inferiores de existencia o estados psicológicos muy oscuros.
Es así como el nacimiento en niveles elevados de existencia se debe a las acciones virtuosas. En esta forma, de acuerdo a la verdad de la causa, una vez que están presentes estos patrones mentales, dependiendo de cuál de ellos es el predominante en cuanto a la mente, es inminente el resultado del sufrimiento o de los diferentes niveles de estados psicológicos de existencia. La realidad que los seres sintientes experimentan consiste o está contenida dentro de los seis reinos de existencia los cuales no son creados por alguien e impuestos sobre nosotros.
No son otra cosa que el resultado de nuestros propios actos, lo que significa que nosotros mismos hemos acumulado la causa que resulta en tal experiencia. Nosotros creamos nuestra visión, nosotros creamos nuestra propia experiencia.
Mientras no nos hayamos liberado completamente de estos patrones mentales, de estos condicionamientos mentales, cualquiera de estos ámbitos de existencia se convierte en nuestra realidad. Una vez que hemos experimentado nuestro nacimiento, o que experimentamos la visión creada por nosotros mismos dentro de los seis reinos de existencia, experimentamos tres tipos de sufrimientos o dolor:
1° El sufrimiento fundamental implica, que mientras tengamos la confusión básica de nuestra egoísta y equivocada visión y consecuente apego al ego, existirá una base para el sufrimiento. En tanto continuemos cayendo en perpetuar los diversos venenos o practicar las diversas tendencias habituales de la mente, es inevitable que continuemos experimentando la confusión y el sufrimiento.
2° El sufrimiento del sufrimiento implica, que mientras tengamos ese problema fundamental, experimentaremos un constante estado de turbulencias mentales, lo cual resultará en las diversas situaciones conflictivas de incomodidad, daño, dolor, y otras que nos resultan muy familiares, significando que vivimos de un sufrimiento en otro.
3° El sufrimiento del cambio se refiere a que aún cuando a veces tengamos una experiencia temporal de comodidad y felicidad, debido a la naturaleza superficial de esa comodidad, de ese tipo de felicidad, ésta cambiará.
Cuando cambian, cuando se agotan la felicidad y la comodidad, cuando desaparecen, entonces el sufrimiento es aún mayor, es el sufrimiento de la pérdida de esa felicidad. En esta forma, la pérdida de esta felicidad ocasiona más sufrimiento que el sufrimiento de no haberla tenido. Debido a nuestra relación con ese tipo de felicidad, debido a la naturaleza superficial de esa felicidad, ésta es causa de mayor sufrimiento porque aún cuando es felicidad en apariencia, cambia a un mayor sufrimiento.
De esta manera, mientras continuemos estando sujetos a condicionamientos mentales, sujetos a las diversas tendencias habituales de la mente, estaremos sujetos al nacimiento en cualquiera de los reinos de existencia lo cual a su vez está sujeto a sufrimiento.
Las diversas tendencias de la mente caen básicamente dentro de los seis diferentes patrones mentales, por eso es que no hay otro tipo de tendencias habituales en las que caer además de estas seis, no hay por ejemplo, un séptimo reino. Es la verdad de la causa y efecto. Como no hay un séptimo patrón mental predominante, no hay un séptimo reino de existencia.
Sin embargo, hay diferencias entre la causa virtuosa y la causa no virtuosa. Hay un mayor grado de virtud o un menor grado de virtud y hay también un grado mediocre de virtud. Así, el nivel mayor o menor del reino de existencia en el que uno caiga depende del grado de causa virtuosa. Igualmente, lo bajo del nivel en el que uno nace, depende del grado de no virtud acumulada.
Así pues, nuestra experiencia de la vida consiste principalmente en un enorme sufrimiento y confusión. La causa jamás desaparece ni se pierde y definitivamente va a madurar hacia algún resultado.
Experimentamos nuestra vida dentro de esta existencia cíclica, con las tendencias egoístas, con los diversos condicionamientos y confusiones. Otros pueden influenciar, pero nuestra liberación depende principalmente de nosotros mismos.
A fin de liberarnos de todos los patrones kármicos y para experimentar la total liberación del sufrimiento, nuestras acciones deben llevarse a cabo en dirección a una libertad cada vez mayor del aferramiento egoísta o del tinte del aferramiento egoísta.
Entonces la actitud es que mientras se realizan estas mismas acciones virtuosas, -cualquiera que sea la acción virtuosa que uno pueda realizar- la intención apropiada o necesaria sería el hacerlas para o por el beneficio de todos los seres, es decir, poder extender el beneficio dirigiéndolo hacia el logro del completo despertar de todos los seres. Debido a que la motivación se dirige hacia el beneficio de todos los seres sin excepción, tal motivación hace que las acciones virtuosas tengan una virtud y un beneficio inagotables.
Por otra parte, debido a la intención dirigida al perfecto despertar de todos los seres, esta virtud también influye en la experiencia de un beneficio final, absoluto, no sólo temporal, sino cada vez mayor a medida que cultivamos más y más el estado de no aferramiento al ego.
Así, el grado de beneficio que alcanzamos a través de las acciones virtuosas no está determinado por la diversidad de las acciones en las que incurrimos, sino por el tipo de motivación y el grado de la motivación que precede a la acción.
Preguntas y respuestas
P: Quisiera saber si los seres en los reinos superiores e inferiores saben que nosotros existimos.
Rimpoché: El que podamos ver otras formas de vida, conocer otras formas de vida, depende hasta cierto punto de las condiciones de nuestro nacimiento. La experiencia del nacimiento depende del vehículo de los padres, el cual, debido a sus componentes físicos, oscurece o le impide a uno ver o tener la experiencia de conocer otras formas de nacimiento. Esto es así en el nacimiento por medio de la matriz.
Pero si uno es concebido por medio de una forma de nacimiento menos sujeta a una forma física, a una forma material, aún así, se experimenta sufrimiento, felicidad, etc., aunque se es menos dependiente de una materialidad física como por ejemplo en el caso de un cuerpo de luz, el cual se encuentra en una forma mucho menos sólida, circunstancia en la que se tiene una mayor oportunidad para percibir otras formas de nacimiento.
Pero aún así, sería difícil, debido a que cuando hablamos de los seres en los reinos de existencia, ellos están completamente tomados por sus propias tendencias y patrones habituales, están ocupados y absortos en su propia experiencia de sufrimiento, y sería muy difícil que, en medio de esto, percibieran otras formas de vida o reinos de existencia.
Por otra parte, alguien que esté plenamente iluminado, liberado de condicionamientos y patrones habituales, obviamente conocería todas las formas de vida porque vería los sufrimientos y experiencias de todos los diferentes seres en todos los diversos reinos de existencia.
P: Yo también me planteo la existencia de los seis reinos como estados mentales. Hay momentos en los que me siento como en el infierno y no se si en lo concreto uno lo materialice o que determinadas formas se deban a la predominancia de uno de esos reinos, pero creo que cada uno de ellos está presente en nosotros.
Rimpoché: Estos seis reinos de existencia son estados mentales en cuanto a lo que se refiere a las causas, es decir que, en tanto uno tenga los seis patrones, podrá experimentar el nacimiento en cualquiera de estos reinos de existencia. De modo que, en lo que se refiere a la causa, todos nosotros tenemos suficiente causa para nacer en cualquiera de los reinos.
Dependerá del patrón que hayamos acumulado más ó de cuál sea el más fuerte, pero nosotros como seres humanos, literalmente, no experimentaremos ninguno de los otros reinos de existencia mientras estemos experimentando el nacimiento y la vida de un ser humano.
No importa cuán grande sea nuestra experiencia de felicidad, esta es la máxima felicidad a experimentar como ser humano, como felicidad humana, pero no es tal vez ni la centésima parte de la felicidad que se experimenta en el reino de los dioses.
Al mismo tiempo, sin importar el grado de sufrimiento o de dolor que experimentemos, nuestras máximas experiencias de dolor y sufrimiento no serán probablemente ni la centésima parte del que se experimenta en un reino inferior.
Pero, al estar atrapados en nuestro contexto de realidad conceptual o realidad de las creencias o ideas, en la realidad conceptual de nuestra mente condicionada, no podemos concebir nada (ni felicidad ni sufrimiento) que esté por encima o por debajo del contexto de nuestras creencias, no podemos tener la noción de ninguna felicidad o dolor que esté por encima o por debajo de nuestro marco de referencia.
P: Si experimentamos un estado de animalidad como por ejemplo el de sentirse como un lobo rabioso, ¿significaría eso que uno tiene algo que le viene de una vida pasada o qué es lo que significa?
Rimpoché: La forma en la que opera nuestra confusión consiste en que no sabiendo cómo es la experiencia de un lobo, tendemos a especular que tenemos la experiencia de un lobo sin saber cómo se siente un lobo. A veces cuando alguien se conduce de determinada manera, tenemos la tendencia a decir que esa persona ha actuado como tal animal, o como tal persona, pero de esa manera estamos hablando sólo en términos de apariencia.
Sin embargo, no se puede igualar la apariencia con la experiencia a menos que uno haya tenido realmente la experiencia.
Tenemos gran variedad de experiencias emocionales conflictivas debido a la presencia de una gran diversidad de patrones emocionales. Eso significa que la expresión seguramente se debe más a la intensidad del patrón, que al haber tenido la experiencia de ese determinado animal o por haber sido ese animal.
P: ¿Quién fue el creador de todas estas cosas negativas, ponzoñosas, que inspiran temor y de las que todos huimos? Si la mente del hombre es tan amplia ¿no está en nosotros mismos controlar, destruir ese reino infernal? La otra pregunta sería: ¿Qué concepción tiene el Venerable Lama del advenimiento profético de un redentor que traiga paz y evolución espiritual a la humanidad?
Rimpoché: Hemos venido hablando acerca de la verdad de causa y efecto, de lo que produce felicidad e infelicidad en la vida de los seres y de lo que produce completa liberación del sufrimiento y la confusión, o de una felicidad teñida de sufrimiento. De acuerdo al enfoque y la comprensión budista, por medio de causa y efecto se explica que uno es responsable de los resultados de las buenas acciones en las que uno mismo ha incurrido y que, de igual modo, somos responsables de los resultados de las acciones negativas, dañinas o malsanas que hemos venido acumulando.
Como las experiencias ocurren debido a la verdad de causa y efecto, de acuerdo a las enseñanzas budistas, nosotros no vemos la necesidad de creer que alguien sea el creador de las experiencias y la realidad, cuando sabemos por qué tenemos las experiencias y también tenemos cierta idea de lo que causa estas experiencias.
Simplemente no hay una creencia en la ausencia de la verdad de causa y efecto. En el caso de las personas que están involucradas en la realización de cosas muy destructivas y dañinas, ellas mismas se hacen daño, nadie crea el daño para ellas. De igual modo, ellas son también responsables de las consecuencias del daño. Por otra parte, las personas que realizan acciones beneficiosas, son ellas las que las hacen, nadie las crea para ellas. Es todo muy obvio.
La causa del sufrimiento y los conflictos en nuestra vida obedecen a que no reconocemos la naturaleza esencial de nuestra mente, no porque no la tengamos, sino porque no la reconocemos. Una forma muy simple de explicarlo es la siguiente: bajo la almohada uno tiene un gran trozo de oro; uno es materialmente pobre, y no sabiendo que ese gran peñón que tenemos bajo la almohada es oro, uno sigue siendo pobre aunque de hecho es rico debido al peñón de oro bajo la almohada, aunque uno no lo reconozca. Es algo así de simple.
P: ¿Cuál es la concepción budista respecto a la forma en que el mundo se dirige a una auto-destrucción? ¿Hasta dónde llegará esto y qué podría hacerse, qué medidas podrían tomarse al respecto?
Rimpoché: El ir cada vez más hacia abajo y volverse cada vez más degenerado, o el subir cada vez más y ser cada vez más realizado, es algo de carácter individual. Las tendencias de las personas se van haciendo más intensas, más complejas. La indulgencia se hace mayor y determina un estado mental más degradado y un mayor sufrimiento y en esta forma se degenera. Ciertos individuos están involucrados en actividades beneficiosas y aún en medio de un ambiente degenerado su experiencia va a ser de desarrollo y evolución debido a la verdad de causa y efecto.
En las enseñanzas budistas hablamos también en términos de una “virtud colectiva” y de una “ausencia de virtud colectiva”. Hay individuos comprometidos con condiciones similares, involucrados en acciones similares, es decir, que caen en los diversos patrones de la mente de manera similar. Cuanto mayor sea el número de personas dedicadas solamente a seguir sus patrones habituales o tendencias, mayores serán las influencias de unas sobre otras y las consecuencias colectivas de esto.
Por ello hay una degeneración colectiva. Esto no se debe a alguna fuerza o cosa que la ocasiona, sino a la ausencia de virtud colectiva o a la ausencia colectiva de acciones beneficiosas, a que todos están cada vez más involucrados realizando actividades destructivas, dañinas y malsanas.
En esa forma, como hay una tendencia a ser colectivamente cada vez peores y degenerar, o por el contrario a ser colectivamente cada vez mejores - siempre refiriéndonos a un conjunto de individuos- hablamos de eones o períodos en donde las cosas degeneran o las cosas mejoran no debido a ninguna fuerza en particular, sino a las acciones colectivas malsanas o dañinas o a las acciones colectivas beneficiosas emprendidas por los individuos.
Siendo un eón, un lapso de tiempo muy largo, de incalculable número de años, incalculable número de vidas, es muy largo y difícil de calcular. Cuando hay una mayoría de personas involucradas en acciones beneficiosas, esa degeneración comienza a desaparecer. Es tan simple como que cierto número de personas se reúne y deciden hacer cosas que son destructivas y dañinas, y cuanto más daño hacen, tanto peor es, mayor destrucción y mayor daño hay. Lo inverso también sucede: cuando un número de personas se reúne teniendo intenciones virtuosas o beneficiosas, expresan sus ideas beneficiosas, comienzan a llevarlas a cabo y continúan haciéndolas, van recolectando una mayor acumulación de virtud.
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Que nuestra sincera motivación y esfuerzos
contribuyan a erradicar los sufrimientos en todos los seres sintientes
sin excepción alguna.