Notas sobre el karma
Ven. Khempo Karthar Rimpoché
Traducción y edición: María Mercedes Márquez
Sin darnos cuenta hemos desarrollado patrones habituales de comportamiento que han llegado a tener fuerza propia. Vemos que se han hecho cargo de manera muy real y casi automática de conducir nuestra vida y, en consecuencia, controlan la dirección de nuestra existencia. Desaprovechamos oportunidades y esto también forma un patrón. El resto de la vida se nos va en vivir según patrones habituales de comportamiento que no tienen ningún sentido.
Esta pérdida de control se presenta en formas sutiles pero definitivas. Por ejemplo, no hacer lo que debemos hacer fortalece el patrón de evadir hacer las cosas y esto se convierte en un hábito. Comenzamos a evadir automáticamente cualquier cosa que consideremos ligeramente difícil o desagradable y desperdiciamos oportunidades retadoras y productivas.
El patrón fortalecido toma las decisiones por nosotros y nos debilitamos aún más. Con el tiempo, estos patrones habituales de comportamiento se fortalecen en forma creciente.
Eso es lo que llamamos karma.
Es una parte del proceso de la vida. Debido a esto, cada vez nos cuenta más trabajo lograr nuestros objetivos, nuestra realización y nuestro progreso espiritual. Hemos interiorizado hasta tal punto estos patrones malsanos que no nos resulta fácil transformarlos. Se han vuelto parte de nosotros mismos. ¿Cómo podemos deshacernos de ellos?
Podemos aprender meditación. Primero comenzamos por reconocerlos. Una vez que hemos identificado nuestros hábitos podemos restarles fuerza dejando de alimentarlos constantemente. Esto puede poner fin a nuestras excusas, permitirnos asumir la responsabilidad honesta y activa de nuestra vida y cambiar la tendencia a anhelar pasivamente un lugar perfecto, un paraíso donde la vida esté libre de inconvenientes.
Podemos aprender meditación y dar comienzo a un proceso que irá tomando ímpetu y nos dará solidez y una autenticidad, que nos ayudarán a llegar a ser más vitales, y más equilibrados. Comenzamos por romper el patrón de evadir lo que tenemos que hacer sentándonos a practicar meditación.
En las enseñanzas budistas con frecuencia encontramos los términos “samsara” y “nirvana”. Estos aluden a dos estados mentales muy específicos, no a dos lugares separados. Samsara constituye todo aquello que caracteriza una mente que no conoce su propia naturaleza y en consecuencia propicia experiencias de confusión y sufrimiento. Es un estado con el que todos estamos más que familiarizados.
Nirvana, por el contrario, representa el estado mental producto de una mente tranquila, clara, estable, donde la experiencia de la vida está caracterizada más bien por la ausencia de confusión y sufrimiento.
En el mundo fenoménico, la experiencia del sufrimiento no proviene de los fenómenos en sí. Estos no se aferran a nosotros para confundirnos. Es a través de la expectativa y la duda, del apego y la aversión, que nuestras mentes crean el samsara. No son los conceptos o los valores en sí, sino la forma como nosotros reaccionamos a ellos.
Decimos que la situación en la que vivimos hace nuestra vida difícil como si la situación fuese impuesta por el mundo que nos rodea. Nosotros simplemente estamos buscando alguien a quien culpar. Si pensamos que los problemas están fuera de nosotros y que debemos liberarnos de ellos, estamos atascados en el samsara. Este mismísimo aferramiento a la idea de un “afuera” y un “adentro” es lo que crea el samsara.
Tal y como estamos ahora, experimentamos fallas y patrones perjudiciales que no han surgido de repente. Estos surgen involuntariamente y con tal fuerza que no tenemos poder sobre ellos. Con estas confusas proyecciones creamos problemas para nosotros mismos. Vivimos apoyando nuestra propia confusa versión de que el mundo a nuestro alrededor es quien crea confusión y sufrimiento para nosotros.
Desde tiempo sin principio hemos venido construyendo, reforzando y acumulando estos hábitos en la consciencia. A fin de poder liberarnos de estos patrones habituales tenemos que comenzar por domar nuestra mente y desarrollar estabilidad mental. De allí la importancia de la meditación. Meditación significa entre otras cosas, “acostumbrarse” o “construir un hábito beneficioso”.
Sin embargo, estos pueden ir debilitándose y finalmente destruirse al acostumbrarnos a cultivar hábitos beneficiosos a través de la práctica de la meditación, y así, llegar a experimentar la naturaleza de nuestra propia mente, despertar a nuestra propia naturaleza búdica.