Chitta quiere decir “mente” y también “corazón” o “actitud”. Bodhi significa “despierto” “iluminado”, o “completamente abierto”. Algunas veces el corazón y la mente completamente abiertos de bodhichitta son llamados el punto suave, un lugar tan vulnerable y tierno como una herida abierta. En parte, es equiparado con nuestra habilidad para amar. Inclusive la gente más cruel tiene este punto suave. Inclusive los animales mas viciosos aman a sus crías. Tal y como decía Trungpa Rimpoche, “Todo el mundo ama algo, inclusive si son solo tortillas”.
Aquellos que se entrenan de corazón en despertar bodhichitta relativa y bodhichitta incondicional, son llamados “bodhisattvas” o “guerreros”. Guerreros, no en el sentido de que matan y hacen daño, sino guerreros de la no-agresión quienes visten el llanto del mundo. Estos son hombres y mujeres dispuestos a entrenarse en medio del fuego.
Entrenarse en medio del fuego puede significar que los guerreros-bodhisattvas enfrentan situaciones retadoras a fin de aliviar el sufrimiento. También hace referencia a su disposición de cortar a través de la reactividad personal y el auto-engaño, y, a su dedicación por develar la energía básica, no-distorsionada, de la bodhichitta.
Quienquiera que seamos, nosotros podemos entrenarnos como guerreros. Las prácticas de meditación, de bondad amorosa y compasión, de alegría y ecuanimidad, son nuestras herramientas.
Muchos de nosotros prefieren prácticas que no vayan a causar incomodidad, pero el entrenamiento de bodhichitta no funciona de esa manera.
El guerrero acepta aquello que nunca vamos a poder saber: que es lo siguiente que va nos va a suceder. Nosotros podremos tratar de controlar lo incontrolable buscando seguridad y situaciones que sean predecibles, esperando siempre estar seguros y sentirnos confortables. Pero la verdad es que nosotros nunca podemos evitar la incertidumbre.
Este no saber forma parte de la aventura y también es lo que nos asusta. El punto central del entrenamiento del guerrero no es cómo podemos evitar el miedo y la incertidumbre, sino cómo es que nos relacionamos con la incomodidad, cómo es que practicamos con la dificultad, con nuestras emociones, con los encuentros impredecibles de un día común y corriente.