La ausencia de base
Pema Chodron
Traducción y edición: María Mercedes Márquez
Caracas, 2007
La práctica diaria consiste simplemente en desarrollar una completa aceptación y apertura hacia todas las situaciones, emociones y hacia todas las personas, experimentando todo completamente sin ningún tipo de reservas mentales y bloqueos, de manera que uno no se aparte ni se centralice en sí mismo.
Dilgo Khyentse Rimpoche
En cierta oportunidad, el Buda reunió a sus discípulos en un sitio llamado el Pico del Águila. Aquí, el Buda presentó unas enseñanzas revolucionarias –enseñanzas sobre la dimensión totalmente abierta y sin base de ninguna naturaleza de nuestro ser- conocidas tradicionalmente como Shunyata, también como la bodhichitta incondicional y finalmente, también como la prajnaparamita.
El Buda ya había estado enseñando sobre la ausencia de puntos de referencia o la ausencia de base durante algún tiempo. Muchos de sus discípulos allí en el Pico del Águila, poseían una profunda realización de la impermanencia y de la ausencia de ego, de la verdad de que nada –incluyéndonos a nosotros mismos- es sólido o predecible. Ellos entendían el sufrimiento que se deriva del aferramiento y la fijación. Habían aprendido esto del mismo Buda, habían experimentado su profundidad en meditación.
Pero el Buda sabía que nuestra tendencia a buscar una base sólida está profundamente enraizada. El ego puede utilizar cualquier cosa para mantener la ilusión de seguridad, incluso la creencia en la insustancialidad y el cambio. De modo que el Buda hizo algo sorpresivo. Con las enseñanzas de la prajnaparamita, tiró completamente de la alfombra bajo los pies de sus discípulos, llevándolos aún más lejos hacia la ausencia de base.
El Buda comunicó a la audiencia que, cualquier cosa en la que creyesen debería ser abandonada, que, permanecer sobre cualquier descripción de la realidad, era una trampa. Para su audiencia, no eran noticias muy cómodas de escuchar.
Esto me recuerda la historia de Krishnamurti, quien había sido criado y educado para ser un avatar por los teosofistas. Sus mayores continuamente decían a los demás estudiantes que, cuando un avatar se manifestase totalmente, sus enseñanzas serían electrificantes y revolucionarias, que sacudirían las mismísimas bases de sus creencias. Esto resultó ser cierto, pero no mucho en la forma que lo habían imaginado.
Cuando Krishnamurti finalmente se convirtió en el superior de la Orden de la Estrella, convocó a toda la sociedad y oficialmente la disolvió diciendo que era dañina porque les proporcionaba demasiados fundamentos.
Para los discípulos del Buda, la experiencia en el Pico del Águila fue algo como eso. Barrió completamente sus existentes concepciones acerca de la naturaleza de la realidad. El principal mensaje del Buda ese día fue que aferrarse a cualquier cosa bloquea la sabiduría. Cualquier clase de conclusiones a las que lleguemos, deben ser liberadas.
La única forma de entender completamente las enseñanzas de la bodhichitta, la única forma de practicarlas totalmente consiste en permanecer en la apertura incondicional de la prajnaparamita, cortando pacientemente a través de todas nuestras tendencias de aferrarnos a algo.
Durante esta enseñanza, conocida como El Sutra del Corazón, de hecho, el Buda no dijo ni una palabra. Se sumergió en un estado de profunda meditación y permitió que Avalokitéshvara, el bodhisattva de la compasión, hablara. Este valiente guerrero, también conocido como Kuan-yin, expresó su experiencia de la prajnaparamita en nombre del Buda.
Su interiorización no tenía una base intelectual, sino que provenía de su propia práctica. El pudo ver claramente que todo es vacuidad. Luego, uno de los principales discípulos del Buda, un monje llamado Shariputra, comenzó a hacerle preguntas a Avalokiteshvara.
Este es un punto importante, pues aún cuando estaba enseñando un gran bodhisattva y el Buda estaba claramente a cargo, el profundo significado emergió sólo a través del cuestionamiento. Nada fue asumido de manera complaciente, nada fue creído ciegamente.
Shariputra constituye un modelo a seguir para todos nosotros como estudiantes. El no estaba dispuesto a aceptar lo que escuchaba, el quería saber por sí mismo lo que era cierto. De modo que preguntó a Avalokiteshvara “¿Cómo aplico la prajnaparamita en todos los pensamientos, palabras y acciones de mi vida? ¿Cuál es la clave del entrenamiento en esta práctica? ¿Qué perspectiva tomo?
Avalokiteshvara contestó con la más famosa de todas las paradojas budistas: “La forma es vacío, el vacío también es forma. El vacío no es otra cosa que forma, forma no es otra cosa que vacío.” Cuando yo escuché esto por primera vez, no tenía la menor idea de qué estaba hablando.
Mi mente se quedó totalmente en neutro. Su explicación, como la misma prajnaparamita, es inexplicable por sí misma, indescriptible, inconcebible. La forma es aquello que simplemente es antes de que nosotros proyectemos nuestras creencias sobre ella. La prajnaparamita representa una percepción completamente fresca, una mente completamente libre de cadenas donde cualquier cosa es posible.
Prajna es la expresión no filtrada del oído abierto, del ojo abierto, de la mente abierta que se encuentra en cada ser humano. Thich Nhat Hanh traduce la palabra como “entendimiento”. Es un proceso que fluye, no algo definitivo y concreto que puede ser medido o resumido. Esta prajnaparamita que no es posible expresar de una u otra manera, es nuestra experiencia humana.
No es particularmente vista como un pacífico estado mental o como uno perturbado. Es un estado de inteligencia básica que es abierta, cuestionadora e imparcial.
Ya sea que se presente como curiosidad, como confusión, como shock, o como relajación, eso no es realmente el asunto. Nos entrenamos cuando somos atrapados fuera de base y cuando nuestra vida está suspendida en el aire.
Nos entrenamos, como solía decir Trungpa Rimpoche, en “no tener miedo de ser un tonto”. Cultivamos una simple y directa relación con nuestro ser, sin filosofar, sin moralizar, sin juzgar. Cualquier cosa que surja en nuestra mente es trabajable.
De modo que cuando Avalokitéshvara dice “La forma es vacío”, está haciendo referencia a esta simple y directa relación con la inmediatez de la experiencia, al contacto directo con la sangre, el sudor y las flores, con el amor y también con el odio. Primero borramos nuestras ideas preconcebidas y luego nosotros tenemos incluso que abandonar nuestra creencia, de que debemos ver las cosas sin ideas preconcebidas.
Continuamos quitándonos nuestra propia alfombra bajo los pies. Cuando percibimos la forma como vacío, sin barreras o velos, entendemos la perfección de las cosas tal como son. Uno puede volverse adicto a esta experiencia. Nos puede proporcionar una sensación de liberación de lo dudosas de nuestras emociones y de las ilusiones que pudiésemos mantener suspendidas por encima el desorden de nuestras vidas.
Pero “el vacío también es forma” voltea las mesas patas para arriba. La vacuidad se manifiesta continuamente como guerra y paz, como aflicción, como nacimiento, vejez, enfermedad y muerte, así también como alegría. Somos retados a permanecer en contacto con la palpitante cualidad de estar vivos.
Por eso, es que nos entrenamos en las prácticas de la bodhichitta relativa de las cuatro cualidades ilimitadas y el tonglen. Estas nos ayudan a involucrarnos total y completamente en la intensa, vívida cualidad de la vida con una mente abierta, libre de nubes. Las cosas, son tan malas y tan buenas como parecen. No hay necesidad de agregar nada extra.
Imaginemos un diálogo con el Buda. El nos pregunta: ¿Cómo percibes la realidad? Nosotros contestamos honestamente y decimos: “Yo la percibo como sólida y separada de mí”. El dice: “No, mira más a fondo”.
Así que nos vamos y meditamos y contemplamos sinceramente esta pregunta. Regresamos donde el Buda y decimos: “Ahora sé la respuesta. La respuesta es que todo es vacío, no sólido”. El Buda dice: “No. Mira más a fondo”. Nosotros decimos: “Bueno eso es imposible. Es de una u otra manera: vacío o no vacío ¿no es cierto? El Buda dice: “No”.
Si se tratara de nuestro jefe, quizás no nos importaría tanto, pero se trata del Buda, de modo que pensamos: “Quizás yo tenga que lidiar con esto durante un tiempo e ir más allá con la irritación que estoy sintiendo al no obtener ninguna satisfacción”.
De modo que meditamos y contemplamos esta pregunta, la discutimos con nuestros amigos. La próxima vez que vemos al Buda decimos: “Pienso que puedo contestar su pregunta. Todo es de ambas maneras, vacío y no vacío simultáneamente”.
El Buda dice: “No”. Créanme. Estamos sintiéndonos muy fuera de base y eso significa atolondrados. Es muy incómodo no poder tener una base bajo los pies, pero aquí, el proceso es de desenmascararnos: aún cuando nos sentimos irritados y ansiosos, nos estamos acercando a poder ver la verdadera, libre de fijación naturaleza de la mente.
Ya que todo lo que podemos obtener del Buda es un “no”, nos vamos a casa y pasamos el siguiente año tratando de responder este acertijo. Es como un koan Zen. Eventualmente regresamos y decimos: “Muy bien. Existe sólo otra respuesta posible. La naturaleza de la realidad es que ni existe ni no existe. No es ni forma ni vacío.”
Y nos sentimos estupendamente. Es una hermosa respuesta fundamentada. Pero el Buda dice: “No, esa es una comprensión muy limitada.” Quizás llegado este momento, su “no” es tal shock para nosotros que experimentamos la mente totalmente abierta de la prajnaparamita, la mente que está satisfecha con no tener ningún lugar donde sustentarse.
Luego de que Avalokitéshvara le dijese a Shariputra que “la forma es vacío; el vacío también es forma”, fue incluso aún más lejos señalando que no existe nada a qué aferrarse, ni siquiera las enseñanzas de Buda: ni las tres marcas de la existencia, ni el sufrimiento, ni el fin del sufrimiento, ni prisión, ni liberación.
La historia cuenta que muchos de los discípulos estaban tan atónitos por estas enseñanzas que tuvieron ataques cardíacos. Un maestro tibetano sugirió que a lo mejor lo que sucedió fue que algunos sencillamente se pararon y se marcharon fuera de la reunión.
Tal como los teosofistas con Krishnamurti, ellos no querían escuchar esto. Tal como sucede con nosotros. No nos gusta que pongan en duda nuestras creencias fundamentales. Es algo demasiado amenazador.
Ahora bien, si estas enseñanzas hubiesen procedido solamente de Avalokitéshvara, los discípulos hubiesen podido tratar de entender sus temores racionalmente. “Este es tan sólo un guerrero en el camino, no muy diferente de nosotros. Es muy sabio y compasivo, por supuesto, pero se ha sabido de haberse equivocado.” Pero el Buda estaba sentado allí mismo en profunda meditación, claramente satisfecho con la presentación acerca de cómo permanecer en la prajnaparamita. No había salida para este dilema.
Luego, inspirado por el cuestionamiento de Shariputra, Avalokitéshvara continuó. El enseñó que cuando lleguemos a entender que no hay un logro final, no respuesta definitiva o sitio de parada, cuando nuestra mente esté libre de emociones conflictivas y de la creencia de separatividad, entonces no tendremos ningún temor.
Cuando escuché esto hace ya muchos años, antes de tener ningún interés en un camino espiritual, una lucecita se apagó: definitivamente, yo quería saber más acerca de “no tener miedo.”
Esta instrucción acerca de la prajnaparamita es una enseñanza sobre la ausencia de miedo hasta el punto de que dejamos de luchar contra la incertidumbre y la ambigüedad, hasta el punto de disolver nuestro miedo.
El sinónimo para la total ausencia de miedo es la completa iluminación: una interacción de mente abierta y todo corazón con nuestro mundo. Mientras tanto, nos entrenamos pacientemente moviéndonos en esa dirección. Aprendiendo a cómo relajarnos con la ausencia de base o fundamento, gradualmente nos conectamos con la mente que no sabe de temor.
Luego Avalokitéshvara proclamó la clave de la prajnaparamita, la esencia de la experiencia de quitar la alfombra bajo nuestros pies, la esencia de la mente abierta libre de temor; esta vino en forma de mantra: OM GATE GATE PARAGATE PARASAMGATE BODHI SOHA.
De la misma manera en que una semilla contiene el árbol, este mantra contiene la enseñanza completa del permanecer en la prajnaparamita, permanecer en el estado libre de temor.
Trungpa Rimpoche la traduce como: “¡Om, el que ha ido, ido, más allá, que ha ido más allá completamente, despierto, así sea!” Esta es la descripción de un proceso, de un viaje, del estar siempre andando más y más lejos. También podríamos decir, “¡OM, sin base, sin base, aún más sin base, incluso más allá de la ausencia de base, completamente despierto, que así sea!”
No importa dónde estemos en el camino del bodhisattva, que estemos apenas comenzando o que hayamos practicado durante años, siempre estamos yendo más lejos en la ausencia de base. La iluminación no es el final de nada. La iluminación, el estar completamente despiertos, es tan sólo el comienzo de entrar completamente en no sabemos qué.
Cuando el gran bodhisattva finalizó su enseñanza, el Buda salió de su meditación y exclamó: “¡Bien, bien! Lo expresaste perfectamente Avalokitéshvara.” Y aquellos en la audiencia que habían permanecido o que no habían fallecido de un ataque cardíaco se regocijaron. Se regocijaron al escuchar esta enseñanza acerca de ir más allá del miedo.
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Que nuestra sincera motivación y esfuerzos contribuyan a la liberación de todos los seres sin excepción.