Neurosis exaltada
Pema Chodron
Traducción y edición: María Mercedes Márquez
Caracas, 2007
El “secreto” de la vida que todos estamos buscando es simplemente esto: poder desarrollar a través de la práctica sentada y la práctica en la vida diaria, la fortaleza y la valentía para regresar a aquello de lo que hemos estado escondiéndonos toda la vida: permanecer en la experiencia corporal del momento presente, incluso si se trata de la sensación de ser humillado, de fracaso, de abandono, de injusticia.
Charlotte Joao Beck
Cuando hablamos acerca de permanecer en la prajnaparamita, en la bodhichitta incondicional, ¿qué estamos exigiendo de nosotros mismos? Hemos sido incentivados a permanecer abiertos al momento presente que no tiene ningún asidero; a una directa y desarmada participación con nuestra experiencia.
Ciertamente no se nos pide que confiemos que todo va a estar muy bien. Movernos en la dirección de no aferrarnos a nada es algo atrevido. Inicialmente no lo experimentaremos como una forma de ser estupenda, vivificante, magnífica. ¿Cuántos de nosotros nos sentimos listos para interrumpir nuestros patrones habituales, nuestras casi instintivas formas de buscar sentirnos cómodos?
Podríamos asumir que mientras nos entrenamos en bodhichitta, nuestros patrones habituales comenzarán a desbaratarse. Que día tras día, mes tras mes, tendremos la mente más abierta, más flexible, que tendremos más de “guerreros”, pero lo que de hecho sucede con la práctica continua, es que nuestros patrones se intensifican.
En el budismo vajrayana esto es llamado “neurosis exaltada”. No es algo que hacemos a propósito, simplemente sucede. Percibimos el olor de la ausencia de base, y a pesar de nuestros deseos de permanecer estables, abiertos y flexibles, nos aferramos duramente en formas muy habituales.
Esta ha sido la experiencia de todo aquel que ha incursionado alguna vez en el camino a la iluminación. Todos esos sonrientes seres iluminados que usted ve en las fotografías o en persona, tuvieron que atravesar por el proceso de toparse con sus propias neurosis totalmente exaltadas, con sus propios métodos de buscar una base.
Cuando comenzamos a interrumpir nuestras formas corrientes de llamarnos de diferentes maneras y de darnos palmaditas en la espalda, estamos haciendo algo muy valiente. Poco a poco nos encaminamos hacia el estado de apertura, pero, no nos engañemos, estamos moviéndonos hacia un lugar sin pasamanos, sin piso, sin asideros mentales. Puede que a esto se le llame liberación, pero durante largo tiempo se siente como inseguridad.
Permítanme darles unos cuantos ejemplos de neurosis exaltada que de hecho se desarrolla debido a que practicamos.
Uno consiste en desarrollar un nuevo guión de autocrítica basado en ideales espirituales. Utilizamos la práctica para reforzar una mentalidad de pobreza: el entrenamiento del guerrero se convierte en otra forma más de sentir que nosotros nunca hemos dado la talla. Si nos entrenamos para volvernos un “buen” guerrero o para escapar de ser una “mala” persona, entonces nuestra forma de pensar permanecerá igualmente polarizada, tan atrapada como antes, en lo bueno y lo malo.
Utilizaremos el entrenamiento contra nosotros mismos, tratando de saltar sobre algunos asuntos que estamos evadiendo de modo de lograr cierta noción idealizada de que todo está bien. No estoy queriendo decir que esto es inusual. Bienvenidos a la raza humana. Pero debido a nuestro entrenamiento podemos comenzar a ver claramente lo que hacemos y empezar a practicar una compasiva investigación de nuestro propio proceso. ¿Qué es lo que nos está sucediendo psicológicamente? ¿Nos sentimos inadecuados? ¿Seguimos creyendo en nuestros viejos dramas?
También está el escenario opuesto. Utilizamos nuestro entrenamiento para sentirnos superiores, para incrementar nuestra sensación de ser especiales. Somos valientes al hacer este entrenamiento; estamos volteando nuestras vidas completamente; nos sentimos orgullosos de hacer algo tan extraño en este mundo. Utilizamos la práctica y las enseñanzas para construir la imagen de nosotros mismos e incrementar nuestro orgullo y arrogancia.
Otra neurosis que puede ser exaltada es la negación. Deseamos rendir nuestro equipaje innecesario, pero en el proceso, utilizamos las mismas enseñanzas para distanciarnos de lo caótico, de la inestable cualidad de nuestras vidas. En el intento de negar el hecho de que nuestro compañero es alcohólico o que somos adictos a la marihuana o que estamos involucrados en otra relación abusiva, tratamos seriamente de relajarnos en una espaciosa y abierta calidez de corazón, tratamos de utilizar nuestro entrenamiento espiritual para evitar la nauseabunda sensación en nuestras entrañas.
El punto es que traeremos a la práctica de la bodhichitta nuestras formas habituales de pegar los pedazos de nosotros, incluso al entrenamiento de dejar de hacerlo. Si deseamos algo de interiorización y reflexión respecto a nuestros patrones habituales, podemos mirar y tratar de ver cómo nos estamos relacionando con nuestra práctica, con las enseñanzas y con nuestro maestro.
¿Esperamos resolver nuestras necesidades de la misma manera que lo hacemos en cualquier relación neurótica? ¿Estamos utilizando la espiritualidad para desviarnos de lo que nos asusta? Es fácil no ver que aún estamos buscando piso de la misma manera que en los viejos tiempos.
A medida que tentativamente salimos fuera del capullo, estamos destinados a sentir temor y aferrarnos a lo que nos resulta familiar. Sin una continua paciencia y gentileza hacia este inevitable proceso, nunca confiaremos en que es sabio y compasivo relajarse en el estado carente de ego. Tenemos que desarrollar gradualmente la confianza de que el aflojar o abandonar es algo liberador. Continuamente nos entrenamos en maitri. Toma tiempo desarrollar entusiasmo hacia la forma como verdaderamente se siente al permanecer abiertos.
Un primer paso consiste en entender que una sensación de temor o incomodidad psicológica puede ser justo el indicativo de que los viejos hábitos se están liberando, que estamos acercándonos al estado natural de apertura. Trungpa Rimpoche dijo que los guerreros en proceso de despertar se encontrarían a sí mismos en constante estado de ansiedad.
Personalmente, he encontrado que esto es cierto. Sin embargo, luego de un tiempo me di cuenta de que, ya que eso no iba a desaparecer, quizás sería conveniente llegar a conocer esa sensación más a fondo. Cuando nuestra actitud hacia el temor se vuelve más receptiva e inquisitiva, se da un cambio fundamental. En vez de pasar la vida tensos todo el tiempo como si estuviésemos en la silla del dentista, aprendemos que podemos conectarnos con la frescura del momento y allí relajarnos.
La práctica consiste en una investigación compasiva de nuestros estados de ánimo, de nuestras emociones, de nuestros pensamientos. Aplicar la práctica la investigación compasiva a nuestras reacciones y estrategias es fundamental para el proceso de despertar.
Somos incentivados a volvernos curiosos acerca de la neurosis que está a punto de instaurarse cuando nuestros mecanismos para lidiar con las circunstancias comienzan a desbaratarse. Así es como llegamos al lugar donde dejamos de creer en nuestros mitos personales, el lugar donde no siempre estamos divididos contra nosotros, siempre oponiendo resistencia a nuestra propia energía. Así es como aprendemos a permanecer en la prajnaparamita.
Esta es una práctica constante. Desde el momento en que comenzamos este entrenamiento de bodhisattva hasta que llegamos a confiar plenamente en la libertad de nuestra mente incondicionada e imparcial, nos estamos rindiendo momento a momento a lo que sea que esté sucediendo en este mismo instante de tiempo.
Con precisión y gentileza, entregamos nuestras queridísimas formas de vernos a nosotros mismos y a los demás, nuestras queridísimas formas de mantener todo el asunto andando, nuestras queridísimas formas de bloquear la bodhichitta. Hacemos esto una y otra vez durante muchos años retadores e inspiradores, y en el proceso desarrollamos un apetito por la ausencia de base.
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Que nuestra sincera motivación y esfuerzos contribuyan a liberar a todos los seres de cualquier forma de sufrimiento.