El Amigo Espiritual

El Amigo Espiritual

Pema Chodron

Traducción y edición: María Mercedes Márquez

Caracas, 2007

Los guerreros en entrenamiento necesitan de alguien que los guíe –un maestro guerrero, un profesor, un amigo espiritual-  alguien que conozca bien el territorio y pueda ayudarlos a encontrar su camino.  Hay diferentes niveles en la relación maestro-discípulo. Para algunas personas, leer un libro o escuchar a un maestro específico es suficiente.  Otros pudiesen querer ser discípulos de ese maestro y solicitar su guía de vez en cuando. Esta clase de relación es valiosa para muchos. 

Es muy raro que inicialmente los estudiantes se sientan listos para un compromiso más incondicional con un maestro, trabajando estrechamente sobre dónde están engañándose o tienen dudas. No muchos de nosotros tenemos tal nivel de confianza en otra persona, esa tremenda disposición de ser vistos sin máscaras.

De hecho, somos sabios al no apresurarnos a establecer esa clase de relación sin antes desarrollar gentileza y compasión por nosotros mismos y tener la confianza de que este maestro en particular es completamente confiable. Estos son los prerrequisitos para emprender un nivel de compromiso más profundo con un amigo espiritual. 

En 1974 cuando le pregunté a Trungpa Rimpoché si podía ser su discípula, yo no estaba lista para empezar una relación incondicional, pero por primera vez en mi vida había conocido a una persona sin reservas de ninguna naturaleza, una persona cuya mente nunca se dejaba arrastrar por nada.  Me di cuenta de que, con su guía, esto también sería posible para mí. 

Me sentí atraída hacia él porque no podía manipularlo, él sabía cómo cortar con los jueguitos de las personas. Experimenté ese proceso como amenazador, pero de una manera muy refrescante. Aun así, me tomó años desarrollar suficiente confianza y compasión personal como para rendirme a la relación por completo. Toma tiempo acercarse a alguien que es tan peligroso para el ego.

La relación con un maestro evoluciona hacia un lugar de amor y confianza incondicionales o no lo hace.  Debemos tener confianza en el proceso.  En cualquier caso, la relación con un maestro nos incentiva a tener confianza en nuestra sabiduría básica.  Nos enseña a ser constantes con nosotros mismos.

En la tradición del guerrero se dice que allí, ambos, entre el maestro y el discípulo puede darse el encuentro de sus mentes.  El papel del maestro consiste en ayudar al estudiante a darse cuenta de que su mente despierta y la del maestro son lo mismo.  En determinado momento se da un importante cambio de obediencia. 

En vez de siempre identificarnos con nuestra neurosis, comenzamos a tener confianza en nuestra gentileza e  inteligencia básica. Este es un cambio significativo.  Es imposible ir más lejos con un maestro sin desarrollar esta confianza básica en nosotros mismos. 

Sin embargo, una vez que estamos listos para entrar en una relación incondicional, esta nos enseña cómo ser constantes con cada situación.  Entrar en este nivel de compromiso con una persona nos prepara para permanecer abiertos no sólo hacia el maestro sino también a toda nuestra experiencia. 

El maestro es un ser humano completamente maduro, no un ideal espiritual.  En esta relación, así como en cualquier otra, experimentaremos cosas o situaciones que nos gustan y que no nos gustan. Puede que nos encontremos a nosotros mismos sumergidos justo en medio del caos y la inseguridad. Esta relación nos mostrará si nuestro corazón es lo suficientemente grande como para darle la bienvenida a todos los matices de la vida –no sólo aquellos que aprobamos.

En la medida en que seamos capaces de mantenernos constantes con nuestro amigo espiritual, en esta medida podremos mantenernos constantes con el mundo tal cual es, con toda su violencia y ternura, con su mezquindad y momentos de valentía.  Nos encontramos a nosotros mismos abriéndonos de una manera que nunca pensamos fuese posible. 

El entrenamiento del bodhisattva nos incentiva a involucrarnos apasionadamente con la vida, sin ver ninguna emoción o acción como poco digna de nuestro amor y compasión, sin ver a ninguna persona o situación como inaceptable. 

Por lo tanto, este camino requiere disciplina y también necesita una guía.  La pregunta es qué tanta guía estamos nosotros listos a aceptar. En ausencia de una cantidad específica de reglas estrechas y restrictivas, nosotros necesitamos alguien que nos muestre cuándo estamos fuera del camino, alguien a quien vamos a escuchar.      

Sea lo que sea que hagamos, el maestro es extraordinariamente adaptable y leal al proceso de nuestro despertar.  Este maestro guerrero sirve de espejo que nos muestra nuestra mente con una precisión que resulta embarazosa.  Mientras más confianza tenemos en nosotros mismos y en el maestro, más permitiremos que este efecto de espejo suceda.  Poco a poco nos movemos en la dirección de permitir que cada persona que conocemos sea nuestro maestro. Nos encontramos más capaces de entender el slogan del entrenamiento de la mente que dice: “Sé gentil con todos”.

Sin embargo, no pensamos acerca del maestro como alguien que tiene toda la sabiduría y nosotros ninguna.  En esa clase de escenario hay demasiada esperanza y temor involucrados.  Si yo hubiese recibido la recomendación de nunca cuestionar a mis maestros, no habría permanecido mucho tiempo como estudiante.  Siempre fui incentivada a utilizar mi inteligencia crítica y expresar mis inquietudes sin ningún temor.  De hecho, me recomendaron cuestionar la autoridad y las reglas.

Es importante comprender que las mentes del maestro y del estudiante se encuentran no a través del proceso de que el maestro esté siempre en lo correcto o lo contrario, sino en la ambigüedad entre esos dos enfoques, en la capacidad para contener la incertidumbre y la paradoja.  De otra manera, nuestra adulación inevitablemente termina en desilusión. 

Brincamos cuando el maestro no encaja con nuestras ideas preconcebidas.  No nos gustan sus ideas políticas o el hecho de que ella coma carne, tome alcohol o fume cigarrillos.   Nos salimos de allí porque no nos gusta un cambio en la política organizacional o porque nos sentimos poco apreciados o rechazados. 

Esperaremos por un período de luna de miel, dotando a la relación con todos nuestros anhelos de ser amados de una manera ideal sin desórdenes ni revoltijos. Luego, inevitablemente, nuestras expectativas son decepcionadas y surgen asuntos emocionales no resueltos. Nos sentimos usados, traicionados, desilusionados. No queremos sentir estos dolorosos sentimientos y nos marchamos.

El punto fundamental siempre consiste en cómo trabajamos con nuestras mentes.  Una vez que nos sentimos a gusto con nuestros sólidos puntos de vista de justificación o culpabilización, nuestras mentes se vuelven muy pequeñas. El cerrarnos en cualquier forma causa que aumente el sufrimiento.  Nuestros sólidos puntos de vista pudiesen tomar la forma de “el maestro es perfecto y no puede hacer ningún mal” o “el maestro es un charlatán y nunca se puede confiar en él”. 

Ambas son expresiones de congelamiento de la mente.  Nos encanta hablar acerca de una mente vasta, abierta, completamente clara y espaciosa.  Pero ¿podemos nosotros permanecer en la apertura que se presenta cuando se derrumba el fondo de nuestro sueño?  

Incluso si en verdad llegamos a abandonar a un maestro, si podemos mantenernos con el dolo y la decepción sin justificarlos ni condenarlos, ese maestro nos enseñó bien. Practicar bajo tales condiciones pudiese ser el mejor ejemplo del slogan “Si puedes practicar incluso cuando estás distraído, entonces has sido bien entrenado”. 

Al trabajar con un amigo espiritual aprendemos a amar de una manera abierta –a amar y ser amado incondicionalmente. No estamos acostumbrados a este tipo de amor.  Es lo que todos queremos pero que todos tenemos dificultad en dar.  En mi caso, aprendí cómo amar y ser amado observando a mi maestro.  Cuando veía cuan incondicionalmente  amaba a otras personas, comencé a tener la confianza de que yo también podía amarle.  Pude ver por mí misma lo que significa nunca renunciar a alguien.

Algo relacionado con eso sucedió y me afectó profundamente.  Joe, uno de los discípulos mayores de Trungpa Rimpoche, estaba atravesando por profundas dificultades emocionales causando problemas a todos.  Rimpoche parecía ignorar las quejas de los otros estudiantes acerca del agresivo comportamiento de Joe.  Sin embargo, cuando Joe  perdió el control hacia una mujer maliciosamente y le dio una bofetada, Rimpoche le gritó: “¡Fuera! ¡Te quiero fuera de aquí ahora mismo! ¡No quiero volver a ver tu rostro nunca más! Joe se marchó en shock. 

Los otros estudiantes rodearon a Rimpoche diciéndole: “Estamos tan contentos de que se haya liberado de Joe.  Ayer hizo ese asunto terrible y algo espantoso esta mañana. Muchas gracias por botarlo.” Rimpoche se levantó con firmeza y dijo: “Ustedes no entienden –Joe y yo somos los mejores amigos.”   Personalmente pienso que Trungpa Rimpoche se habría parado frente a un tren en marcha de haber pensado que de esa manera lo ayudaría a despertar. 

Este compromiso incondicional con nosotros mismos y los otros es lo que se conoce como amor ilimitado.  El amor del maestro hacia el estudiante se manifiesta como compasión.  El amor del estudiante hacia el maestro es la devoción.  Esta mutua calidez, esta conexión de corazón, permite el encuentro de las dos mentes.  Es este tipo de amor que doma a los seres indomables y ayuda a los bodhisattvas en entrenamiento a ir más allá de su terreno particular.  La relación con nuestro amigo espiritual nos inspira a dar un paso adelante sin temor alguno y comenzar a explorar el mundo fenoménico.

----------------