MANTENERSE FIEL A UNA NAVE

Mantenerse fiel a una nave

Pema Chödron

Traducción y edición: María Mercedes Márquez

Caracas, 2003

Al viajar por el mundo y conocer a tantas personas de tan diferentes tradiciones y también sin ninguna, he descubierto, que, para poder profundizar, tiene que haber cierta clase de sincero compromiso con la verdad, querer descubrir, desear averiguar qué es ngedon o el auténtico significado. 

Por lo tanto, si queremos  escuchar el dharma, podemos hacerlo desde perspectivas muy diferentes, pero sólo llegamos a comprometernos cuando encontramos un modo en especial que suena de manera convincente en nuestro corazón y decidimos seguirlo.  En ese momento nos conectamos con ese linaje en particular, con ese receptáculo de sabiduría. 

Cada tradición espiritual, creencia filosófica, religión o grupo de La Nueva Era, conlleva y explora un tipo de sabiduría en especial.  Lo importante es mantenerse fiel a una nave por así decirlo, sea la que sea, porque si no, tan pronto como empiece a doler, la abandonaremos y buscaremos otra.

Recientemente me pidieron que tomara parte en un programa de fin de semana en una especie de supermercado espiritual de La Nueva Era.  Era como un centro comercial en el que se ofrecían alrededor de setenta materias diferentes. Pude constatarlo al llegar para dar mi primera charla. Había un afiche tan grande como la cartelera de anuncios de una escuela que decía: Bondad Fundamental: Habitación 606; Rolfing: Habitación 609; Viaje Astral: Habitación 666; etcétera. 

Yo era una de las numerosas cosas que se ofrecían.  Las personas con las que uno se cruzaba en el estacionamiento o durante el almuerzo preguntaban: ¿Qué cursillo escoges este fin de semana?  Fue muy interesante porque hacía mucho que no me encontraba con algo parecido. 

Hubo un tiempo en que yo hacía lo mismo.  Para que no siguiera haciéndolo, Rimpoché tuvo que decirme que esta clase de “compras” siempre significan intentar hallar seguridad, desear sentirnos bien, pero cuando uno se mantiene

fiel a una nave, sea la que sea, empieza realmente el viaje del guerrero. Así que esto es lo que recomendaría.  Lo digo especialmente porque como quizá hayan notado, hay un cierto eclecticismo en mis referencias y en las cosas que me inspiran y quizá ello dé la falsa impresión de que uno podría ir un fin de semana a aprender la Danza del Sol, el otro con Thich Nhat Hanh y al siguiente quizá a un taller de Krishnamurti, pero en el fondo no parece funcionar de ese modo. 

Es mejor mantenerse fiel a una cosa y dejar que lo cambie a uno en  profundidad. Cuando nos hemos conectado realmente con su esencia y estamos en el viaje, cualquier cosa nos habla y nos educa.  Ya no nos sentimos chovinistas, pero sabemos cuál es el vehículo que realmente funciona para nosotros.

El modo en que Trungpa Rimpoché enseñaba a sus estudiantes era una combinación de los linajes kagyu y nyigma del budismo tibetano.  Cuando llegó por primera vez a Norteamérica y empezó a enseñar, realmente le gustó lo que halló.  Descubrió que sus estudiantes no sabían nada.  Los comparó con una manada de potros salvajes o un criadero de perros lleno de juguetones cachorros.

Eran jóvenes abiertos, llenos de energía, ingenuos, la mayoría de los cuales había “abandonado los estudios”, con largas melenas y barbas, sin camisas ni zapatos.  Aquello le gustó porque eran un terreno fértil. 

En Inglaterra, donde se había encontrado por primera vez con estudiantes occidentales, la gente atraída por el budismo eran budistas estudiosos incapaces de captar el dharma porque no podían dejar de aferrarse a sus ideas preconcebidas de cómo encajarlo en sus nociones académicas.  Aquél era su obstáculo, que él, estoy segura, disfrutó intentando vencer.

En Norteamérica el obstáculo era el materialismo espiritual.  

Al comienzo dio muchas conferencias referentes a ese tema, en los primeros capítulos de su libro titulado Más allá del materialismo espiritual lo trata abiertamente.  Incluso diría que durante cuatro o cinco años prácticamente la única enseñanza que Rimpoché impartió, de numerosas y diferentes formas y bajo distintos títulos fue: <Deja de ir de compras por todas partes, céntrate y profundiza en un corpus de verdad>.

Recalcó que sus estudiantes debían poner fin a su afición de juguetear con la espiritualidad para intentar sentirse bien, para “ubicarse” o sentirse “espirituales”. 

Enseñó que esta continua afición de ir en busca de cosas espirituales era simplemente otra forma de materialismo, de intentar sentirse cómodo, seguro, mientras que, si nos manteníamos fieles a una única nave y empezábamos realmente a trabajar en nosotros mismos, eso nos cambiaría en profundidad. Descubriríamos todos nuestros dragones y estaríamos continuamente obligados a saltar del nido. Sería un gran rito de iniciación que originaría una enorme sabiduría, una gran sinceridad y un genuino crecimiento y desarrollo espiritual.  Aprovecharíamos nuestra vida.

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Que nuestra sincera motivación y esfuerzos

contribuyan al beneficio de todos los seres sin excepción alguna.