Nunca es demasiado tarde
Pema Chodron
Traducción y edición: María Mercedes Márquez
Caracas, 2000
Lo que hace de ” maitri” una forma tan diferente de abordar el asunto, es que nosotros no estamos tratando de resolver un problema, no estamos luchando por hacer que el dolor desaparezca o por volvernos mejores personas. De hecho, estamos renunciando al control totalmente y permitiendo que las ideas y los conceptos se desbaraten.
Recibo muchas cartas de “la peor persona en el mundo”. Algunas veces esta peor persona está envejeciendo y siente que ha desperdiciado su vida. Algunas veces ella es una adolescente suicida clamando por ayuda.
La gente que se impone a sí misma momentos tan difíciles provienen de todas las edades, formas y colores y lo que tienen en común es que no sienten bondad amorosa hacia ellos mismos.
Hace poco estuve hablando con un hombre a quien conozco desde hace mucho tiempo. Siempre lo he considerado como una persona tímida, de buen corazón, quien pasa más tiempo que la mayoría, ayudando a los demás.
Ese día el se encontraba completamente abatido y sientiéndose como un caso sin esperanza. Intentando ser graciosa le pregunté “Bueno, ¿ no crees que en alguna parte de este planeta puede haber alguien peor que tú ? y el me respondió con una honestidad que rompía el corazón “No. Si realmente quieres saber como me siento en verdad, no creo que haya alguien tan malo como yo”.
Eso me hizo pensar acerca de una comiquita que vi en un oportunidad. Dos mujeres están paradas detrás de su puerta cerrada mirando hacia afuera por la ventana a un mounstruo que estaba parado delante la puerta de su casa. Una de las señoras decía “Cálmate Edna. Si, es un insecto monstruoso, pero puede que sea un gigantesco insecto espantoso necesitando ayuda”.
Los momentos más difíciles para la mayoría de nosotros son los que nosotros nos causamos a nosotros mismos.
Sin embargo, nunca es demasiado tarde o demasiado temprano para practicar la bondad amorosa. Es como si tuviésemos una enfermedad terminal pero aún tuviéramos que vivir durante algún tiempo. No sabiendo cuánto tiempo nos queda, pudiésemos comenzar a pensar que es importante reconciliarnos y volvernos amigos de nosotros mismos y de los demás durante las horas, meses, o años de que disponemos.
Se dice que no podemos lograr la iluminación, ni, por supuesto, sentirnos contentos y alegres, sin haber visto quiénes somos y lo que hacemos, sin haber visto nuestros patrones y nuestros hábitos.
Esto es llamado maitri, desarrollar amorosa bondad y una amistad incondicional con nosotros mismos.
Algunas veces la gente confunde este proceso con mejoramiento personal o la construcción de sí mismos. Podemos quedar tan atrapados en ser buenos con nosotros mismos que no prestamos nada de atención al impacto que estamos teniendo en otros. Pudiésemos creer erróneamente que maitri es una forma de encontrar felicidad duradera tal y como los avisos publicitarios muy seductoramente prometen, que nosotros pudiésemos sentirnos muy bien durante el resto de nuestras vidas.
Pero no es que nosotros nos damos palmadas en la espalda y nos decimos “Tu eres la mejor” o “No te preocupes querida, todo va a estar muy bien”. Por el contrario, se trata de un proceso a través del cual el auto-engaño se expone en una forma tan acertada y compasiva, que ya no existe máscara alguna detrás de la que podamos escondernos.
Lo que hace de maitri una forma tan diferente de abordar todo el asunto es que nosotros no estamos tratando de resolver un problema. Nosotros no estamos luchando por que desaparezca el dolor o por volvernos una mejor persona. De hecho, estamos renunciando totalmente al control y permitiendo que los conceptos e ideas se desbaraten.
Esto comienza con el darnos cuenta de que sea lo que fuere que ocurriere, no es ni el principio ni el fin, es simplemente el mismo tipo de experiencia humana normal que ha venido sucediendo a cada persona desde el comienzo del tiempo.
Pensamientos, emociones, estados anímicos y recuerdos vienen y se van, y el aquí y ahora básico está siempre presente. Nunca es demasiado tarde para que cualquiera de nosotros vea su propia mente. Nosotros siempre podemos sentarnos y permitir espacio para que surja cualquier cosa.
Algunas veces tenemos una experiencia muy fuerte de nosotros mismos. Algunas veces tratamos de escondernos. Algunas veces tenemos una experiencia sorprendente de nosotros mismos. Con frecuencia nos dejamos llevar. Sin juzgar, sin caer en me gusta o no me gusta, nosotros siempre podemos estimularnos a estar simplemente aquí una y otra y otra vez.
Lo doloroso es que cuando caemos en la crítica y la descalificación, nosotros estamos practicando crítica y descalificación. Cuando caemos en la rudeza, estamos practicando rudeza. Mientras más lo hacemos, más fuertes se vuelven estas cualidades. Que triste es que nos volvamos tan expertos en causarnos daño a nosotros mismos y a otros.
El truco entonces es el de practicar la gentileza y aflojar la tendencia. Nosotros podemos aprender a enfrentarnos a lo que sea que surgiese con curiosidad y sin necesidad de hacer de ello una gran cosa. En lugar de luchar contra la fuerza de la confusión, nosotros podríamos encontrarla y relajarnos.
Cuando hacemos eso, gradualmente descubrimos que la claridad siempre está allí. En medio del peor escenario de la peor persona en el mundo, en medio de todo el pesado diálogo con nosotros mismos, siempre hay espacio abierto.
Nosotros cargamos todo el tiempo una imagen de nosotros mismos, una imagen que tenemos en nuestra mente. Una forma de describirlo ésto es “mente pequeña”. También puede ser descrito como sem. En Tibetano existen varias palabras para mente, pero dos de ellas que son particularmente útiles de conocer son sem y rikpa.
Sem es lo que nosotros experimentamos como pensamientos discursivos, un riachuelo de parloteo que siempre está reenforzando una imagen de nosotros mismos. Rikpa literalmente quiere decir “inteligencia” o “claridad”.
Detrás de toda la planificación y la pre-ocupación, detrás de todo el desear y esperar, seleccionar y escoger, aquí siempre está la no-fabricada sabiduría de la mente de rikpa. Cada vez que nosotros dejamos de hablarnos a nosotros mismos, rikpa está contínuamente aquí.
En Nepal, los perros ladran durante toda la noche. Cada veinte minutos más o menos, todos ellos se callan al mismo tiempo y entonces se da una experiencia de inmenso alivio y quietud. Luego todos comienzan a ladrar nuevamente.
La pequeña mente de sem puede sentirse como eso. Cuando comenzamos a meditar es como si los perros nunca dejaran de ladrar. Después de un rato, se dan esos espacios. Los pensamientos discursivos son más bien como perros salvajes que necesitan ser domesticados.
En vez de pegarles o de arrojarles piedras, los domesticamos con compasión. Una y otra vez los vemos con la precisión y la gentileza que les permite a ellos ir calmándose poco a poco. Algunas veces se siente como si hubiera mucho espacio con tan sólo unos pocos ladridos por aquí y por allá.
Claro que el ruido continuará. Nosotros no estamos tratando de librarnos de esos perros. Pero una vez que hemos establecido contacto con la espacialidad de rikpa, eso comienza a permearlo todo. Una vez que hemos tenido tan sólo un destello de espacialidad, si practicamos con maitri, continuará expandiéndose.
Se expande en nuestro resentimiento. Se expande en nuestro temor. Se expande en nuestros conceptos y opiniones acerca de las cosas y en lo que nosotros creemos que somos. Algunas veces hasta pudiésemos tener la sensación de que la vida es como un sueño.
Cuando yo tenía alrededor de diez años, mi mejor amiga comenzó a tener pesadillas: ella estaría corriendo en un gran edificio oscuro perseguida por unos monstruos horribles. Llegaría a la puerta, lucharía por abrirla, y tan pronto como la cerraba detrás de ella, escucharía que la puerta se abría y los monstruos se acercaban rápidamente hacia ella. Finalmente, se despertaría llorando y gritando por ayuda.
Un día estábamos sentadas en la cocina hablando acerca de sus pesadillas. Cuando le pregunté cómo lucían los monstruos me dijo que no lo sabía porque ella siempre estaba corriendo huyendo de ellos. Después que le hice esa pregunta, ella comenzó a preguntarse acerca de los monstruos.
Se preguntaba si alguno de ellos eran como brujas y si tenían cuchillos. Así que la próxima vez que ocurrió la pesadilla, tan pronto como los demonios comenzaron a perseguirla, ella se detuvo y se volteó hacia ellos. Le tomó mucho valor y su corazón latía con gran fuerza, pero ella colocó su espalda contra la pared y los miró de frente. Todos se quedaron parados frente a ella y comenzaron a brincar arriba y abajo pero ninguno se le acercó.
Eran cinco en total, cada uno de ellos parecía algo como un animal. Uno de ellos era un gran oso, pero en lugar de garras tenía largas uñas rojas. Otro tenía cuatro ojos. Otro tenía una herida en su cuello. Al ella mirar con más detenimiento parecían cada vez menos monstruos y más bien como dibujos de dos dimensiones en un libro de comiquitas. Luego, poco a poco comenzaron a disolverse. Después se despertó y ese fue el final de sus pesadillas.
Hay una enseñanza sobre los tres tipos de despertar: despertar del sueño en el dormir común, despertar al morir, del sueño de la vida y despertar a la total iluminación, desde el sueño del auto-engaño.
Estas enseñanzas nos dicen que cuando morimos experimentamos la muerte como despertando de un largo sueño. Recuerdo que cuando escuché estas enseñanzas me acordé de las pesadillas de mi amiga. Me impresionó allí mismo que si todo ésto es realmente un sueño, bien puedo pasarlo tratando de ver qué es lo que me asusta en lugar de salir corriendo. No siempre lo he encontrado fácil de hacer, pero en el proceso he aprendido mucho acerca de maitri.
Nuestros demonios personales surgen en muchas formas. Los experimentamos como vergüenza, como celos, como abandono, como rabia. Ellos son cualquier cosa que nos haga sentir tan incómodos que huímos de ellos contínuamente.
Nosotros logramos el gran escape: actuamos, decimos algo, tiramos una puerta, le pegamos a alguien, o le tiramos un pote como una forma de no enfrentar lo que está sucediendo en nuestros corazones. O nos alejamos de los sentimientos y en cierta forma amortiguamos el dolor. Podemos pasar toda nuestra vida escapando de los monstruos de nuestra mente. En todo el mundo, la gente está tan tomada por huír que se olvidan de aprovechar la belleza a su alrededor. Nos acostumbramos tanto a correr que nos privamos de nuestra propia alegría.
Soñé una vez que estaba preparándole una casa a Khandro Rimpoché. Me encontraba andando de un lado a otro limpiando la casa y cocinando. De pronto su carro llegó y allí estaba ella junto con su asistente. Al ir a recibirlas y darles la bienvenida, Rimpoché se sonrió y me preguntó “¿Viste salir el sol esta mañana?” y yo le respondí “No Rimpoché, no lo hice. Yo estaba demasiado ocupada como para ver el sol”. Ella se rió y dijo “Demasiado ocupada como para vivir la vida!”.
Algunas veces parece que nosotros preferimos la oscuridad y la velocidad. Podemos protestar y quejarnos y arrugar la frente durante mil años. Pero en medio de la amargura y del resentimiento, nosotros tenemos un destello de la posibilidad de maitri. Escuchamos llorar a un niño o percibimos el olor de un pan que alguien está horneando. Sentimos la frescura del aire o vemos los primeros brotes de primavera. A pesar de nosotros mismos somos llevados hacia afuera por la belleza en nuestro propio patio trasero.
La forma de disolver nuestra resistencia a la vida es enfrentándola cara a cara. Cuando sentimos resentimiento porque la habitación es muy calurosa, nosotros podríamos enfrentar el calor y sentir sus características.
Cuando sentimos resentimiento porque la habitación está muy fría, nosotros podríamos enfrentar el frío y sentir sus características. Cuando deseamos quejarnos acerca de la lluvia, podríamos en lugar de ello, sentir sus características. Cuando nos pre-ocupamos porque el viento está batiendo nuestras ventanas, podríamos enfrentarnos al viento y escuchar sus sonidos.
Cortar nuestras expectativas de una cura o solución es un regalo que podemos darnos a nosotros mismos. No hay cura para el frio ni para el calor. Ellos seguirán estando siempre. Después de que hayamos muerto, el viento y la lluvia continuarán. Como las mareas del mar, como el día y la noche -esta es la naturaleza de las cosas.
Poder darse cuenta, apreciar, verlo más de cerca, poder abrir nuestras mentes -esto es el corazón de maitri.
Cuando los rios y el aire están contaminados, cuando las familias y las naciones están en guerra, cuando los indigentes sin rumbo llenan las autopistas, estos son todos señales de una era oscura. Otra es que la gente se envenene con las dudas y se vuelvan cobardes. Practicar la bondad amorosa hacia nosotros mismos parece ser una buena forma de comenzar iluminando la oscuridad de tiempos difíciles.
Estar pre-ocupados con nuestra auto-imagen es como ser sordos y ciegos. Es como pararse en medio de un vasto campo de flores silvestres con un gorro negro sobre nuestras cabezas. Es como llegar al encuentro de un arbol lleno de pájaros que cantan mientras nosotros llevamos tapados los oídos.
Hay tanto resentimiento y tanta resistencia a la vida. En todas las naciones, es como una plaga que está fuera de control y está envenenando la atmósfera del mundo. En este punto podría ser sabio preguntarse acerca de estas cosas y comenzar a cojerle gusto a la amorosa bondad.
------------------