EL REINO DE LA BONDAD

El reino de la bondad

Sakyong Mipham Rimpoché 

Traducción y edición: María Mercedes Márquez 

Caracas, septiembre 2008

Un mundo pacífico y estable se construye sobre la libertad mental

 y la apertura de corazón. 

El lugar dónde comenzar es con nuestra propia bondad fundamental.

Acabo de terminar de escribir un libro titulado Gobernando tu propio mundo.  Aún cuando partí de textos y enseñanzas antiguas, deseaba escribir acerca de la forma en que vivimos ahora mismo. Nos gobierna la velocidad. Los entretenimientos y el consumo han diluido nuestro sentido de decencia y dignidad. Nuestros días y nuestras noches están llenos de distracciones.  Bajo tales condiciones resulta fácil ser convencido y llegar a pensar que la vida es sólo acerca de lograr metas a corto plazo, para alcanzar satisfacciones a corto plazo, basadas en mantenerme feliz “a mi”.  Pero, cuando cada uno está guardando el último pedazo de la torta para sí mismo, nos encontramos debilitando constantemente la posibilidad de una verdadera estabilidad y felicidad.

Tratar de alcanzar felicidad sin entender “la causa” de la felicidad es como mirar a través del lado equivocado de unos binoculares, la felicidad no se vuelve más grande ni está más cerca; se vuelve más pequeña y está más lejos. Cuando estamos confundidos respecto a la fuente de la felicidad, actuamos de maneras que aportan más confusión y caos a nuestra vida.  La agresión, la codicia y el miedo desestabilizan nuestra mente, nuestro día, nuestra vida, y ultimadamente, el bienestar de todo el planeta. 

El legendario reino de Shambala surgió  a partir de la observación del Buda de que, para lograr una sociedad verdaderamente armoniosa, esta no puede estar basada en los celos, la codicia y la rabia. 

Los hermosos árboles de madera roja no surgen de sembrar las semillas de un cactus.  Si queremos un mundo productivo y pacífico, uno que genere amor y felicidad, este debe tener sus raíces en la libertad mental y la apertura de corazón que proporcionan genuina estabilidad. 

Tal estabilidad surge a partir de la certeza en la bondad fundamental, la naturaleza despierta de nuestra mente que no puede ser comprada ni vendida.

Como un cristal, la bondad fundamental posee todos los colores, sin embargo, no tiene color.  Es profunda, sin principio ni fin.  Es fantasmagórica –está más allá de las palabras, incluso más allá del pensamiento. La bondad fundamental trasciende los conceptos de bueno y malo, por eso es llamada básica.  No se tiñe ni varía de momento a momento.  Si estamos sintiéndonos deprimidos, la bondad fundamental no disminuye. Está más allá de los estados de ánimo y las manipulaciones. 

Gobernar nuestro mundo consiste en conectarse con esta profunda e inquebrantable fuerza interior, la naturaleza de todo y de todos. Pensamos en los gobernantes como seres que están muy preocupados con el territorio  pero, el gobernar comienza cuando vemos que no hay nada que poseer más que nuestra propia conciencia.

Todos nosotros ya tenemos bondad fundamental, pero no estamos seguros acerca de nuestra nobleza, nuestra inestabilidad y confusión la mantienen escondida. Tal cual desposeídos, comenzamos a apartarnos de ella tan pronto nos levantamos en la mañana buscando que el mundo nos haga felices.  Nuestros pensamientos nos arrastran de un lado a otro como argolla en la nariz, como si fuésemos vacas en un mercado hindú.  Así es como perdemos el control de nuestras vidas.  No entendemos que el origen de la felicidad está aquí en nuestra mente, sólo aguardando ser descubierto.  

El Buda es un ejemplo de un ser humano que desarrolló el potencial para gobernar su mundo.  Sentándose inmóvil y trabajando con su mente, realizó su bondad fundamental; desentrañó verdades esenciales acerca de la realidad y desarrolló técnicas para ayudar a otros a hacer lo mismo. 

Siendo que soy un budista, él es mi modelo a seguir, pero obviamente la bondad fundamental no está confinada a ninguna tradición, es la esencia de cada ser y de todo. Practicando meditación y contemplación es como nosotros purificamos nuestra mente, de la misma manera que pulimos una bola de cristal de modo que podamos realmente ver la total manifestación de su irradiación.  

Las enseñanzas Shambala nos recomiendan comenzar colocando nuestra mente en “la cuna de la gentileza amorosa.” Hacemos esto estabilizando nuestra mente en la respiración. 

A medida que observamos a nuestros pensamientos surgir y disolverse, comenzamos a darnos cuenta de su inherente insustancialidad. Al mismo tiempo, comenzamos a conectarnos con el espacio que rodea los pensamientos: la fuerte, clara y estable energía mental -que es más grande que nuestro drama mental- donde comenzamos a experimentar momentos de liberación de la discursiva agitación de “yo”. Familiarizándonos con este espacio es como nosotros establecemos la base de una genuina estabilidad.

Seguidamente practicamos el fortalecimiento de nuestra mente contemplando pensamientos que fortalezcan nuestra comprensión de la realidad. Contemplando el karma, el sufrimiento, la verdad de la impermanencia, la ausencia de identidad propia independiente y sólida, y la compasión y sabiduría que constituyen verdadera liberación, seguimos expandiendo nuestra visión.  Una vez que nuestra mente se ha familiarizado con los pensamientos que reflejan la realidad, esas verdades  se vuelven la base de nuestra vida. Viendo el paisaje de la vida claramente, creamos las condiciones para que la sabiduría y la compasión surjan naturalmente.

Practicar significa “traerlo a la experiencia”.  Las enseñanzas Shambala nos dicen, que, si traemos la visión de la práctica formal a nuestra vida diaria, crearemos condiciones para la estabilidad y la felicidad –poder personal; armonía con los demás, una fuerte energía vital y prosperidad. 

La energía que surge cuando hacemos esto es llamada lungta, “caballo de viento”.  Lung es viento y ta quiere decir caballo. Ustedes pueden ver la imagen del caballo de viento impresa sobre las banderas de oraciones que ondean en la brisa por todo el Tíbet.  Es la máxima confianza, certeza en la bondad fundamental.  Sobre su lomo, el caballo de viento lleva una joya que concede todos los deseos, la sabiduría y la compasión que necesitamos para gobernar nuestro mundo.  Con el caballo de viento, nosotros podemos llevar a cabo nuestros deseos como un guerrero haciendo carreras de caballos por las praderas.

Las enseñanzas de Shambala ofrecen toda clase de prácticas para aumentar el caballo de viento. La más efectiva yace en las actividades virtuosas, representadas en las cualidades del tigre, el león, el garuda y el dragón, místicos.

Cada vez que nosotros actuamos con discernimiento, que generamos amor y compasión, que aflojamos los aferramientos   egoístas  o  nos  relajamos   en  la   vastedad  natural  de  nuestra   mente, estamos abriéndonos paso a través del estrés y la confusión que nos mantienen atrapados en el sufrimiento y la inestabilidad.  El punto consiste en utilizar nuestras vidas mundanas para crear éxito espiritual.  El secreto del éxito estriba en continuar colocando el bienestar de los demás antes que el nuestro.

Puede que algunos consideren este enfoque poco realista, pero el gobernante sabe que abandonando el plan del “yo” es el elemento  más expedito y práctico en cualquier sistema económico o social.  La vida sabe bien cuando nos estamos moviendo hacia delante, libres de interés personal, a tono con la gloria de nuestro ser.

Una economía basada en una compasión llena de sabiduría no será autodestructiva. Tratar de crear estabilidad sin la base de estas cualidades sólo nos condenará a la perpetua fricción y continuaremos contaminando nuestro mundo con los gases del interés personal.  La joya que concede todos los deseos es el mejor control de contaminación porque provee espaciosidad a la mente y esto es lo que permite que surja en caballo de viento.

No podemos gobernar todo el mundo, pero cuando gobernamos nuestras mentes  y en consecuencia nuestro entorno, nuestra paz y poder comienzan a extenderse.  Puede que el efecto sea gradual, pero incluso un diez por ciento de esfuerzo de un pequeño número de nosotros podría iluminar al mundo más rápido de lo que pensamos. 

La virtud tiene el poder de cien mil soles. Incluso si unos de nosotros  orientamos nuestras mentes hacia la virtud tan solo diez por ciento del tiempo, pronto estaremos viviendo en un planeta iluminado por el poder de varios billones de soles. Las enseñanzas Shambala nos dicen que cuando esa luz brille, la felicidad de los seres sintientes será lograda y despuntará una nueva era dorada.  Cuando creamos las condiciones apropiadas para el éxito, el caballo de viento ¡no solo galopa, sino que vuela!

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