Trabajando con la rabia
Thubten Chodron
Traducción y edición: María Mercedes Márquez
Diciembre, 2006
Estoy muy contenta de encontrarme aquí esta noche. Primero, quisiera decirles cómo fue que se dio esta charla en este hermoso templo chino. Estando en Seattle en mayo pasado, una mujer de Tailandia me llevó a visitar varios templos budistas en la zona. Este fue uno de ellos. Habíamos planificado ir a un templo tailandés esa tarde, pero una vez que comenzamos a hablar con las dos monjas aquí, tuvimos una conversación tan interesante que, al final, no hubo tiempo para visitar el otro templo.
Como monja viviendo en occidente, no tengo la oportunidad de estar con otras monjas con frecuencia. Las dos monjas de este templo y yo sentimos una inmediata hermandad y comenzamos a hacer nuestra recitación de votos juntas. También, habiendo vivido en Asia durante muchos años, más recientemente en Hong Kong y Singapur, me siento como en casa en los templos chinos. Cuando regresé a Seattle en agosto, las monjas de este templo y yo nos encontramos nuevamente y se organizó esta charla.
También estoy muy contenta de dar una charla en un templo chino porque es muy importante para los practicantes de todas las tradiciones budistas encontrarse y entender sus tradiciones. En esta forma, no tendremos interpretaciones distorsionadas acerca de otras tradiciones y las apreciaremos.
La armonía entre todas las tradiciones budistas es extremadamente importante para la existencia del dharma. El budismo es una de las pocas religiones mundiales que nunca ha tenido una guerra librada en su nombre. Esto se debe a la amplitud de mente y a la cooperación mutua de los budistas. La forma de preservar estas actitudes es encontrándose unos con otros y aprendiendo acerca de las tradiciones de cada uno.
Es importante ver más allá de las apariencias externas del budismo en los diversos países. Por ejemplo, yo fui entrenada en el budismo tibetano, pero tomé la ordenación de bhiksuni, ordenación completa, en Taiwán.
Vivir en un monasterio chino fue un gran cambio para mí. Primero, las oraciones y las enseñanzas eran en mandarín, así que no podía entender nada. No es que siempre pudiese hacerlo en tibetano, pero al menos tenía cierta familiaridad con las oraciones comunes. También, tenía que vestir hábitos chinos, los cuales son diferentes de los tibetanos. Acostumbrada a las camisas sin mangas, de repente tenía que vestir muchas capas de ropa con mangas.
En los templos tibetanos, nos sentamos mientras recitamos las oraciones, pero los chinos cantan estando de pié. Debido a que no estaba acostumbrada a permanecer de pié durante horas, se me hinchaban mucho las piernas.
Estas diferencias externas me hicieron pensar profundamente ¿Qué es el budismo? ¿Cuál es la esencia de las enseñanzas del Buda? ¿Cuál es la esencia expresada en las diversas culturas? ¿Qué era lo que el Buda estaba realmente persiguiendo? Para contestar esas preguntas tuve que ir más allá de las apariencias culturales superficiales de la práctica budista en diferentes lugares. Al venir el dharma a occidente, nosotros también tenemos que examinar esto porque estamos aprendiendo budismo a través de una influencia asiática.
Tenemos que preguntarnos constantemente ¿Cuál es el verdadero propósito de esta ceremonia o de esta práctica? ¿Cómo practicar el budismo siendo occidentales? Su Santidad el Dalai Lama dice que, para practicar el dharma los occidentales no necesitan adoptar la cultura tibetana: “Usted puede comer “momos”, beber te tibetano y vestir trajes tibetanos, pero su nariz continúa siendo occidental.” Necesitamos buscar el significado del dharma y no confundirlo con trampas culturales y formas externas. Este reto nos enfrenta a nosotros los budistas occidentales.
Esta noche, vamos a discutir sobre la rabia y la paciencia. No hay nada “budista” acerca de este tema. De hecho, muchas de las enseñanzas del Buda no tienen nada que ver con budismo, eso es si usted piensa en el budismo como una religión, como un dogma, o un grupo de creencias a las que aferrarse por temor a no ser un buen practicante.
Viendo claramente descubrimos, que la mayor parte del budismo consiste en puro sentido común. El sentido común no es propiedad de ninguna religión. Es lucidez acerca de lo que es una forma de vida razonable y beneficiosa.
Así, cuando discutimos las técnicas que el Buda prescribió para trascender la rabia, estamos hablando de sentido común, no de nuestra doctrina religiosa. En otras palabras, miremos dentro de nuestras propias mentes y veamos cómo podemos lidiar con este volcán explosivo llamado rabia.
¿Es destructiva la rabia?
Primero, estemos de acuerdo en que la rabia es una emoción destructiva. Estoy planteando esto porque algunas personas piensan que la rabia es constructiva. Ellos dicen “Esta persona me engañó. Es correcto sentir rabia. Está bien que le haya dicho que se vaya y que lo haya puesto en su lugar, de otra manera me habría pisoteado”. En esta forma ellos tratan de justificar su rabia.
Si pensamos de esta manera, no haremos nada respecto a nuestra rabia porque pensamos que es beneficiosa. Pero miremos más a fondo y preguntémonos: ¿Soy feliz cuando tengo rabia? ¿Hay alguien aquí que sea feliz cuando están irritados, bravos o furiosos? Nadie lo es. Si nos sentimos miserables cuando estamos bravos ¿cómo puede ser positiva la rabia? Cualidades positivas traen como consecuencia felicidad, pero cuando estamos bravos, nos sentimos definitivamente infelices.
Examinando nuestra propia experiencia encontraremos que la rabia tiene muchas desventajas. Cuando estamos bravos, hacemos y decimos cosas que posteriormente lamentaremos. La rabia hace que perdamos el control de nosotros mismos, así que le hablamos cruelmente a otros e inclusive podemos llegar a herir físicamente a aquellos que amamos.
Cada uno de nosotros tenemos un historial de eventos en nuestras vidas que no nos gusta recordar porque nos avergonzamos de cómo actuamos en esas ocasiones. Algunas veces nos preguntamos por qué otros no gustan de nosotros. Pensamos que somos personas agradables. Pero si vemos a fondo cómo tratamos a otros, especialmente cuando estamos bravos, entonces queda claro por qué no confían en nosotros.
Recuerde una situación en la que haya sentido rabia. Sálgase de sus propios zapatos y véase a sí mismo desde la perspectiva de la otra persona. Vea lo que usted hizo y dijo. ¿Era entonces una persona agradable? ¿Fue usted amable? ¿Le gustaría ser su propio amigo cuando se encuentra irascible?
¿Es beneficioso dejar que salga nuestra rabia?
Muchos terapeutas incentivan a sus clientes a sentirse bravos acerca de asuntos del pasado y dejar que salga su rabia. Posteriormente, cuando los terapeutas o los clientes escuchan las enseñanzas budistas sobre las desventajas de la rabia, se preguntan si el Buda estaba a favor de reprimir la rabia. No, él no lo estaba. Reprimir o contener la rabia no nos libera de ella, sólo la oculta.
Podemos tener una sonrisa en nuestro rostro, pero si continuamos sintiendo rabia en nuestros corazones, no hemos resuelto la rabia. Eso no es practicar la paciencia, eso es ser hipócrita. Además, contener la rabia es doloroso y puede hacernos daño. Es importante ser honestos con nosotros mismos y reconocer nuestra rabia en lugar de pretender que no existe.
Sin embargo, reconocer, que estamos bravos es diferente a expresarlo verbal o físicamente. Cuando dejamos que salga nuestra rabia, corremos el riesgo de hacer miserables a otras personas. Tampoco resuelve la hostilidad ni la frustración el dejar que salga la rabia y caerle a golpes a un cojín o gritar en soledad. Eso meramente disipa la energía de la rabia por un tiempo.
Además, comenzamos a formar un hábito del gritar o dar golpes a las cosas, lo que no es nada beneficioso, pero existen alternativas para los extremos de suprimir o dejar que salga la rabia. El budismo está a favor de disolverla de modo que ya no exista más. Entonces, nuestros corazones se liberarán de hostilidad y nuestras acciones no amenazarán el bienestar de otros. Con mentes claras, podemos entonces discutir y resolver situaciones difíciles con otros.
Entrenándonos en la paciencia
¿Qué podemos hacer cuando sentimos rabia? El Buda describió una variedad de técnicas para desarrollar la paciencia. Muchas de éstas se encuentran en la “Guía para la forma de vida del bodhisattva” por el gran sabio hindú, Shantideva. El capítulo sexto es uno de los más largos en el libro, y enseña cómo evitar la rabia y cultivar la paciencia. Un comentario a este libro titulado “Significativo de contemplar”, por Geshe Kelsang Gyatso, amplía sobre los versos básicos en el texto de Shantideva.
Primero, debemos aprender las técnicas para lidiar con la rabia, luego las practicamos en nuestra meditación.
Esto construye nuestra familiaridad y confianza en estas nuevas formas de percibir las cosas. Practicando estas técnicas en un ambiente tranquilo, sentados sobre nuestro cojín de meditación, construiremos un repertorio de formas alternativas de percepción en situaciones que comúnmente nos dan rabia. Es importante entrenarnos en estas técnicas cuando no tenemos rabia. Es como aprender a conducir.
Nosotros no nos metemos en la autopista durante la primera lección de manejo porque no estamos preparados y no tenemos los conocimientos. Más bien, manejamos alrededor de un estacionamiento para familiarizarnos con el acelerador, el freno y el volante. Practicando primero en un ambiente seguro, podremos conducir el carro en situaciones más peligrosas más adelante.
De la misma manera, primero practicamos la paciencia cuando no estamos en situaciones de conflicto. Lo hacemos recordando experiencias, situaciones en las cuales explotamos en rabia, o eventos que inclusive ahora nos vuelven hostiles o nos hieren cuando los recordamos. Entonces les aplicamos las técnicas, volvemos a pasar un video mental de un evento, pero en él, tratamos de pensar de manera diferente.
Al observar la situación desde una nueva perspectiva, la rabia disminuye. Entonces, también podemos visualizarnos a nosotros mismos respondiendo a otras personas de manera diferente. Hacer esto no sólo nos ayuda a disolver daños pasados y rencores, sino que también nos familiariza con las técnicas que podemos aplicar en situaciones similares en el futuro.
Luego, cada vez que ocurra una situación en nuestras vidas y sintamos que está surgiendo la rabia, podemos seleccionar la técnica y aplicarla. Algunas veces, resulta difícil disolver nuestra rabia inclusive cuando nos encontramos en un ambiente pacífico porque nos dejamos atrapar por nuestras emociones y equivocaciones del pasado. Pero si aprendemos gradualmente a vencerlas, entonces, cuando vayamos al trabajo, al colegio, o a reuniones familiares, tendremos la oportunidad de trabajar con nuestra rabia cuando emerja. Con práctica constante, podremos inclusive prevenir que ni siquiera surja.
Sin embargo, vencer la rabia es un proceso lento y continuo. No espere que por haber escuchado una o dos cosas esta noche, mañana su rabia se habrá ido para siempre. Reaccionar con rabia es un hábito profundamente enraizado y como todos los malos hábitos, toma tiempo removerlo.
Tenemos que poner esfuerzo en desarrollar la paciencia. Además de esto, tenemos que aprender a ser pacientes con nosotros mismos. Puede que algunas veces sintamos rabia hacia nosotros mismos porque hemos perdido la compostura con otra persona. “Soy tan malo. Soy horrible.
He venido asistiendo a las enseñanzas budistas durante un mes y aún me pongo bravo. ¿Qué pasa conmigo?”
Pensar así sólo aumenta el problema. Nosotros no somos “culpables, malos, ni casos perdidos” por habernos puesto bravos, simplemente no estamos bien entrenados en la paciencia. Después de todo, la paciencia es una cualidad que sólo podemos desarrollar con práctica y con tiempo.
Además de incrementar nuestra paciencia, tolerancia y sabiduría, cualidades estas que aclaran nuestra mente, es de gran ayuda para aprender a comunicarnos claramente con otros. Hoy día, programas universitarios, de gerencia y de educación de adultos, llevan a cabo clases sobre la comunicación, entrenamientos de asertividad y resolución de conflictos. Mientras que las técnicas budistas ayudan a pacificar la rabia interna, estos cursos nos enseñan técnicas para expresarnos efectivamente.
Antídotos contra la rabia
Veamos algunos ejemplos y examinemos algunas formas de lidiar con la rabia. Recibir críticas con frecuencia estimula nuestra rabia. ¿Alguien fue criticado hoy? No me sorprendería si todos ustedes levantaran sus manos. Generalmente, recibir críticas es algo que se da con facilidad.
Nosotros tenemos que trabajar duro para obtener algunas cosas, como dinero, por ejemplo, pero la crítica llega sin ni siquiera buscarla. Cuando somos criticados, usualmente nos sentimos que somos la única persona que recibimos una descarga ¿no es así? “Hago todo lo mejor que puedo, pero mientras el gerente siempre pasa por alto otros errores, ella inevitablemente se da cuenta de los míos. Tanta gente que está pendiente de lo que hago”
Sin embargo, cuando hablamos con otros, nos damos cuenta de que casi todo el mundo se siente que le critican demasiado. No somos sólo nosotros. Nuestros problemas parecen ser mayores que los de los demás porque estamos demasiado centrados en nosotros mismos. Cuando alguien nos critica, nuestra reacción instantánea es rabia.
¿Qué es lo que estimula esta respuesta? Es nuestra concepción de la situación. La forma en que percibimos la situación. Aún cuando puede que no estemos concientes de ello, sostenemos la visión de que “Soy perfecta. Pero si cometo errores, son pequeños.
Esta persona ha distorsionado completamente la situación. Está exagerando mi único pequeño error y declarándolo a voz en cuello a todo el mundo. Está tan equivocado.”
Esta es una descripción super-simplificada de lo que está sucediendo dentro de nosotros, pero si estamos concientes, nos daremos cuenta de que nos sentimos así. Pero ¿son estas concepciones correctas? ¿Somos perfectos o casi perfectos? Obviamente no. Tome una situación en la que cometemos un error y alguien se da cuenta de ello.
Si esa persona llegara y nos dijera que nosotros tenemos una nariz en nuestro rostro, ¿nos pondríamos bravos? No. ¿Por qué no? Porque es obvio que tenemos una nariz. Está allí para que todo el mundo la vea. Alguien está meramente comentando acerca de ello. Es lo mismo con nuestras faltas y equivocaciones. Están allí, son obvias y el mundo entero puede verlas. Esa persona está simplemente comentando sobre lo que es evidente para él y para otros. ¿Por qué vamos a ponernos bravos? Si no lo hacemos cuando alguien dice que tenemos una nariz, ¿por qué sentimos rabia cuando nos dicen que nos equivocamos o que tenemos faltas?
Estaríamos mucho más relajados si aceptáramos “Sí, tienes razón. Cometí un error” o, “Sí, tengo un mal hábito”. En lugar de hacer todo un espectáculo de “Soy perfecta, cómo se le ocurre decir eso”, nosotros podemos simplemente admitirlo y disculparnos.
Decir “Lo siento” disipa la situación completamente. Sin embargo, para nosotros es tan difícil decir “Lo siento” ¿no es cierto? Sentimos que estamos perdiendo algo al disculparnos, que nos estamos volviendo menos, que no valemos la pena. Nos sentimos levemente acobardados y tememos que la otra persona vaya a tener poder sobre nosotros porque admitimos nuestra equivocación. Estos temores hacen que nos pongamos a la defensiva.
Todo esto es nuestra proyección equivocada. Poder disculparnos indica nuestra fuerza interior. Somos lo suficientemente fuertes y tenemos suficiente honestidad y confianza en nosotros mismos así que no tenemos que pretender estar libres de faltas. Podemos admitir nuestros errores. Tener faltas no nos convierte en una papelera.
Así que muchas situaciones tensas pueden minimizarse simplemente diciendo “Lo siento.” Con frecuencia, todo lo que la otra persona desea es que reconozcamos su dolor y nuestro papel en él. De igual modo, cuando otros nos piden disculpas, nosotros debemos aceptarlas. Este es el voto del bodhisattva.
Luego de que alguien nos ha pedido disculpas, si continuamos manteniendo una cara amarrada, nos atormentamos a nosotros mismos. Si tratamos de tomar represalias les hacemos daño. ¿De qué sirven cualquiera de estas actitudes? ¿Qué clase de personas somos si encontramos felicidad en la venganza haciendo miserables a otros?
Cambiemos la situación ligeramente. Esta vez, somos criticados por algo que no hemos hecho. O, cometimos un pequeño error y la otra persona nos acusa de uno bien grande. Inclusive en tales momentos, sigue sin existir una razón para ponernos bravos. Es como si alguien nos estuviera diciendo que tenemos cuernos sobre nuestras cabezas. Nosotros no tenemos cuernos. La persona que dice eso está simplemente exagerando la situación. Lo que está diciendo no está en el reino de la realidad.
Cometió un error. De igual modo, cuando alguien nos responsabiliza injustamente, no hay razón para ponerse bravo o deprimido porque lo que está diciendo está incorrecto. Claro que eso no significa que nosotros simplemente nos quedamos allí sentados pasivamente sin hacer un esfuerzo por corregir la equivocación, mientras la otra persona miente o exagera.
Cada situación tiene que ser examinada separadamente, utilizando sabiduría discriminativa. En algunos casos, es mejor dejarlo de ese tamaño y no tratar de corregirlo, ni siquiera más adelante. La otra persona puede que más tarde se de cuenta de su equivocación. Inclusive si no lo hace, pudiese comenzar una gran discusión si nosotros tratamos de explicar lo que sucedió.
Por ejemplo, si su madre está de mal humor y comienza a descargar con usted, es mejor dejar las cosas de ese tamaño. Si usted hace el intento de explicar, debido a que ya ella se encuentra irritable, bien podría ponerse aún más brava y usted estaría entonces discutiendo con su madre por hacerlo con usted. Sería una tontería corregir a cada uno de los seres cada vez que dicen algo que nos parece incorrecto. Además, a nadie le gustaría tenernos cerca. En otras situaciones, aun cuando podría ser doloroso, resulta conveniente explicar nuestras acciones y la evolución de todo el malentendido a la otra persona.
Es nuestra responsabilidad hacerlo y así contribuimos a disminuir su enojo. Es mejor discutir sobre el malentendido o el desacuerdo cuando nadie, ni nosotros ni la otra persona está en medio del calor de la rabia. Primero, cuando estamos bravos, no nos expresamos apropiadamente y esto contribuye a empeorar la situación.
Si alguien nos grita, generalmente no le hacemos mayor caso porque lo que nos están diciendo nos resulta desagradable. De igual modo, si hablamos acaloradamente a otros, ellos tampoco nos prestarán mayor atención. Así que, para comenzar, necesitamos calmarnos practicando alguna de las técnicas para pacificar la rabia.
Segundo, cuando la otra persona está brava, no escuchará lo que sea que tengamos que decirle. Nosotros no escuchamos a otros cuando estamos enojados porque estamos momentáneamente trastornados por la rabia. De igual manera, permita que la otra persona se calme y abórdela más tarde cuando su mente se encuentre más abierta.
Cuando explicamos nuestras acciones y la evolución del malentendido a la otra persona, es mucho mas efectivo hablar gentilmente en vez de antagónicamente. No tenemos nada que perder siendo humildes ofreciendo nuestra honesta explicación.
De hecho, para aquellas personas que han tomado los votos de bodhisattva, estamos en la obligación de aliviar el sufrimiento de aquellos que están bravos con nosotros. Es cruel y arrogante decir “Tu rabia es tu problema” e ignorar a alguien con quien hemos peleado. Así, recordar el ejemplo de la nariz y los cuernos es un antídoto contra la rabia.
Actuar o relajarse
Hay otra técnica que también es muy simple. Digamos que nos encontramos en una situación horrible. Si podemos remediarla, ¿por qué ponernos bravos? Podemos actuar, podemos cambiarla. Por otra parte, si no podemos alterar la situación, ¿por qué ponernos bravos? No hay nada que podamos hacer, así que estaremos mejor aceptando la situación y relajándonos.
Insistir en la rabia sólo aumenta el sufrimiento que ya está allí. Esta técnica es también recomendable para las personas que se pre-ocupan demasiado. Pregúntese a sí mismo ¿Puedo hacer algo acerca de esta situación? Si la respuesta es sí, entonces no hay necesidad de pre-ocuparse. Actúe.
Si la respuesta es no, preocuparse es inútil. Relájese y acepte la situación.
Causa y efecto
Otra técnica para contrarrestar la rabia consiste en examinar cómo fue que nos involucramos en la desagradable situación. Con frecuencia nosotros sentimos que somos víctimas inocentes de personas injustas. “Pobrecita yo. Soy inocente. Yo no hice nada y ahora esta persona tan desagradable se está aprovechando de mí.”
Esa es una mentalidad de víctima ¿no es cierto? Poniéndonos bravos hacemos de nosotros una víctima. No son otras personas las que nos hacen víctimas. Nosotros no somos víctimas de la rabia de otros. Somos víctimas de nuestra propia rabia. Otra persona puede culparnos, pero sólo nos convertimos en víctimas cuando concebimos la situación de una cierta manera y luego nos ponemos bravos a lo que hemos proyectado.
El significado de esto es muy profundo. Veamos la rabia más a fondo. “Pobrecita yo. No estaba molestando a nadie y ahora estas personas están descargando conmigo” ¿Es acertada esta interpretación de nuestra experiencia? En lugar de perder la cabeza inmediatamente y culpabilizar a la otra persona, reconozcamos que la situación ha tenido un surgimiento dependiente. Ha dependido de ambos, de la otra persona y de nosotros.
Primero, veamos lo que hemos hecho en esta vida para encontrar que otros nos traten mal. ¿Cómo fue que nos metimos en esta situación? ¿Qué fue lo que hicimos que incomodó tanto a la otra persona y lo hizo actuar en contra nuestra? Debemos ser muy honestos con nosotros mismos. Quizás no éramos del todo inocentes. Quizás estábamos tratando de manipular a la otra persona y no calló en la trampa.
Nos molestamos y entonces jugamos a estar heridos y ofendidos, pero, de hecho, fue nuestro propio comportamiento el que propició la situación. Siendo introspectivos, nos daremos cuenta de nuestras faltas y podremos corregirlas. Entonces no nos encontraremos en situaciones tan desagradables en el futuro.
Esto quiere decir que asumimos responsabilidad por estar en esa situación, independientemente de si la otra persona está haciendo un excesivo alboroto. Al darnos cuenta de nuestros errores o motivaciones equivocadas, vemos igualmente cómo es que nuestro comportamiento afecta a otras personas.
Al evitar conductas destructivas en el futuro, no activaremos a otros para que nos hagan daño. Eso con respecto a lo que hemos hecho en esta vida como para disparar todo el asunto.
Veámoslo ahora desde una perspectiva más amplia, durante el curso de muchas vidas. Esto introduce el tema del karma, las acciones intencionales. Nuestras acciones dejan huellas en nuestra conciencia. Posteriormente, estas huellas maduran e influencian nuestras experiencias. Lo que nosotros experimentamos ahora es resultado de lo que hemos hecho en vidas anteriores.
Digamos que alguien nos está golpeando. Esto significa que, en vidas anteriores, nosotros hemos hecho daño a otros. Para experimentar ese efecto ahora, hemos tenido que haber hecho algo antes. Karma, una acción y su resultado, es como un boomerang. Lo lanzamos y este regresa a nosotros. De igual modo, si tratamos a los demás de cierta manera, colocamos esa energía en el universo -y ésta regresa a nosotros posteriormente. El comprender esto nos permite aceptar la responsabilidad de la situación. No somos víctimas.
Nosotros le hemos hecho daño a muchos otros en el pasado, inclusive en esta misma vida podemos ver que no hemos sido precisamente ángeles. Hemos herido los sentimientos de otros, cuando niños, le hemos dado patadas a los perros, hemos peleado con otros niños en los parques. Ahora estamos experimentando los resultados de esas acciones.
No es nada sorprendente, simplemente, las huellas de nuestras acciones negativas están madurando. Reconociendo esto, veremos que no hay razón para ponerse bravo con la otra persona. Ella es simplemente la condición cooperativa, mientras que nosotros hemos creado la causa principal para estar en esta situación.
No malinterpreten esto y vayan a culparse por todo de manera masoquista. Es extremista pensar “Soy una persona tan horrenda. Todos pueden pegarme y tomar ventaja de mí porque yo lo merezco.” Esa perspectiva es totalmente incorrecta. Más bien, es preferible reconocer “Sí, le he hecho daño a otros en el pasado.
Ahora el resultado me está rebotando.” Si no me gusta esta experiencia, entonces debo tener cuidado con la forma en que actúo con los demás de modo que no vaya a crear la causa para encontrarme nuevamente en situaciones dolorosas como ésta.
En esta forma, aprendemos de nuestros errores. No es importante recordar la acción exacta que hicimos en vidas pasadas que trajo como consecuencia nuestro problema presente. Es suficiente con tener una sensación general de los tipos de acciones que hemos podido haber hecho en el pasado como para precipitar lo que está ocurriendo en el presente. Entonces, podemos reforzar una fuerte determinación de no incurrir en estas acciones en el futuro.
Si ustedes están interesados en aprender más acerca del karma y sus efectos, por favor lean “The Wheel of Sharp Weapons” de Dharmaraksita. Este pequeño libro explica los nexos entre nuestras presentes experiencias y nuestras pasadas acciones. También nos incentiva a abandonar la actitud egocéntrica que nos lleva a actuar negativamente. Entrenándonos en pensar de esta manera, podemos transformar situaciones desagradables en camino hacia la iluminación. ¿Cómo? Pensando en ellas de forma constructiva. Aprendemos de nuestros errores en lugar de quedar atrapados en una mentalidad de víctima.
La gentileza del enemigo
Mientras más nos entrenemos de esta manera, nos daremos cuenta con mayor claridad que, de hecho, las personas que nos hacen daño son muy gentiles. Primero, al hacernos daño nos permiten que madure nuestro karma negativo. Ahora un karma específico está terminando. Segundo, al hacernos daño, nos fuerzan a examinar nuestras acciones y tomar firmes decisiones respecto a cómo queremos actuar en el futuro.
Así, la persona que nos hace daño nos está ayudando a crecer. Es más gentil con nosotros que nuestros propios amigos. Se dice que los enemigos son más gentiles con nosotros que el mismo Buda. Eso es casi inconcebible. ¿Qué quiere decir con eso de que mi enemigo es más gentil conmigo que el mismo Buda? El Buda tiene una perfecta compasión por todos los seres. El Buda no daña ni a una mosca. ¿Cómo se explica entonces lo dicho anteriormente?
Véalo de esta manera: para llegar a ser budas, necesitamos practicar paciencia. Esa es una de las actitudes más elevadas y una práctica muy importante de los bodhisattvas. No hay forma en la que podamos llegar a ser budas si no podemos ser pacientes y tolerantes. ¿Con quién practicamos paciencia? No con los budas porque ellos no nos ponen bravos. No con nuestros amigos porque ellos son amables con nosotros.
¿Quién nos brinda la oportunidad de practicar paciencia? ¿Quién es tan gentil y nos ayuda a desarrollar la infinitamente buena cualidad de la paciencia? Solo la persona que nos hace daño. Solo nuestro enemigo. De modo que el enemigo es mucho más gentil con nosotros que el Buda. Mi maestro me hizo ver esto claramente.
En una oportunidad, yo era la subdirectora de un grupo. El director y yo no nos llevábamos nada bien. Gracias a ello es que conozco bien el capítulo sexto de Una guía para la forma de vida del bodhisattva. Durante el día, me ponía furiosa con esa persona y en la noche regresaba a mi habitación y pensaba “Lo arruiné todo de nuevo.” ¿Qué sugiere Shantideva que yo deba pensar en una situación como esta?
Finalmente, abandoné el trabajo. Me fui a Nepal y me encontré con mi maestro Zopa Rimpoché. Estábamos sentados en el porche de la casa de Rimpoche mirando los Himalayas, tan tranquilos y calmados. Luego Rimpoché me preguntó: ¿Quién es más gentil contigo, Sam o el Buda? Yo pensé: “Tiene que estar bromeando. No hay comparación. Obviamente el Buda es mucho más gentil y amoroso, pero Sam es otro caso.” Entonces le respondí “El Buda por supuesto.” Rimpoché me miró como pensando: “Todavía no has dado en el punto” y me dijo: “Sam te brindó la oportunidad de practicar paciencia. El Buda no lo hizo. No puedes practicar paciencia con el Buda, por lo tanto, Sam es mucho más gentil y amoroso contigo que el Buda.”
Yo simplemente me quedé allí boquiabierta, tratando de digerir lo que Rimpoché había dicho. Lentamente, a medida que fueron pasando los años, yo comprendí. Es interesante verse a sí mismo cambiar cuando uno se permite pensar de esta manera. De modo que esta es otra forma de pensar cuando estamos enojados: enfóquese en la gentileza del enemigo y piense en la oportunidad para practicar paciencia. Tome la mala situación como un reto para ayudarle a crecer.
Liberándonos del dolor
Otra técnica consiste en responsabilizar del daño y el dolor a nuestro pensamiento autocomplaciente, el cual es nuestro verdadero enemigo. A medida que nos vamos dando cuenta de nuestros pensamientos y acciones, de cómo ellos influencian a otros y a nosotros mismos, vemos que nuestra egocéntrica actitud causa muchos problemas.
Motivados por el egoísmo, decimos y hacemos cosas que hacen daño a otros, cosas de las que posteriormente nos avergonzamos. Casi todos los conflictos que tenemos con otros están relacionados con el egoísmo: nosotros queremos las cosas a nuestro modo, la otra persona las quiere al suyo.
Estamos convencidos de que nuestra idea es correcta, la otra persona está convencida de que la suya es correcta. Además, la actitud egoísta es uno de los mayores impedimentos para lograr alguna realización espiritual porque causa que seamos muy flojos en nuestra práctica del dharma. De modo que el verdadero enemigo que obstruye nuestra felicidad y bienestar es la actitud autocomplaciente.
Debemos estar firmemente convencidos de esto. Cuando alguien nos critica o nos traiciona o nos golpea, nos sentimos heridos y furiosos. Sentimos “¡Cómo se le ocurre a esta persona tratarme de esta manera!” Esa actitud está viendo el evento sólo desde nuestra propia perspectiva. Estamos preocupados por mi, MIS sentimientos, lo que me está sucediendo a MI. Sin embargo, esta actitud egocéntrica no es algo inherente en nosotros. Es como un ladrón en una casa. Nosotros podemos echarlo fuera una vez que reconocemos lo peligroso que es.
Estando convencidos de las desventajas de una actitud egocéntrica, podremos entonces asumir cualquier dolor que experimentemos y pasárselo a la actitud egocéntrica. En lugar de sentir “Esto es horrible. No me gusta escuchar lo que esta persona me está diciendo”, nosotros podemos pensar “¡Que bien! Todo este sufrimiento y sensaciones desagradables que estoy experimentando voy a dárselos a mi actitud egocéntrica. Ella es el verdadero enemigo. Siendo así, entonces que asuma toda la responsabilidad.” Luego podemos regocijarnos pensando “En vez de permitir que tu me hagas infeliz, voy a darte a ti, todo este sufrimiento y preocupación.”
Si practicamos esto con sinceridad, entonces cuando alguien nos critique o nos haga daño, estaremos felices. Esto no se debe a que somos masoquistas, sino a que nos hemos liberado del daño dándoselo al verdadero enemigo que es nuestro propio egoísmo. Ya no necesitamos lamentarnos más. Entonces, mientras más daño nos haga alguien, más felices estaremos.
De hecho, pensaremos: “Está bien, critícame más. Quiero que sea dañada mi actitud autocomplaciente.” Esta es una profunda técnica de entrenamiento del pensamiento. La primera vez que la escuché pensé “Esto es imposible. ¿Cómo voy a sentirme feliz cuando alguien me critique? ¿Cómo voy a poder practicar esto?
Me gustaría compartir con ustedes una historia de mi propia experiencia personal en la que practiqué en esta forma. ¡Fue estupendo! Yo me encontraba en Tíbet junto con otras cinco personas, en peregrinaje a Lhamo Lhatso, el famoso lago a 18.000 metros de altura. Como el lago queda muy retirado, fuimos a caballo.
Algo andaba mal con el caballo que una persona estaba montando, de modo que el tuvo que caminar y arriar el caballo por las riendas. Henry estaba bravo y cansado del largo viaje y la altitud. Además de eso, tenía que caminar en vez de montar. Como yo me sentía muy bien, le ofrecí mi caballo. Bueno. Henry explotó, y como sucede cuando nos ponemos bravos, recordamos todo lo que la otra persona ha hecho mal durante los últimos diez años.
¡Me nombró todas mis fallas desde años atrás, todos los problemas que el escuchó que yo le había causado a otras personas en el viñedo, todos mis errores, mis equivocaciones! Estábamos allí, en ese idílico lugar en Tíbet, en peregrinaje a un sitio sagrado y allí estaba el dándole y dándole “Tu hiciste esto y aquello entonces mucha gente se quejaba de ti.”
Por lo general soy muy sensible a las críticas y me siento herida fácilmente. De modo que determiné “Voy a darle todo este dolor a mi actitud autocomplaciente.” A medida que íbamos andando meditaba así y para mi sorpresa comencé a pensar “¡Esto es fantástico! En verdad acojo tus críticas. Voy a aprender de esto. Gracias por ayudarme a consumir mi karma negativo diciéndome mis faltas. Todo el dolor va a ir a mi egocéntrica actitud porque ese es mi verdadero enemigo.” ¡Fue algo sorprendente!
A medida que continuamos por la montaña sentí algo como “Di más. Esto es estupendo.” Finalmente, establecimos un campamento para pasar la noche y calentamos té. Mi mente estaba completamente pacífica. Pienso que esto fue la bendición del peregrinaje. Esto me probó que es posible ser feliz cuando ocurren cosas no deseadas. Yo no tuve que caer en el viejo hábito de “Pobrecita yo. Los demás no me aprecian.”
¿Es acaso naturaleza de la persona ser desagradable?
Hay todavía otra técnica para prevenir la rabia cuando alguien nos hace daño.
Nos preguntamos a nosotros mismos “¿Es naturaleza de esta persona el hacernos daño?” Si su naturaleza es dañina y ofensiva, entonces ponerse bravo con ella es inútil. Sería como ponerse bravo con el fuego porque su naturaleza es quemar. Ponerse bravo acerca de eso no tiene sentido. De igual modo, si la naturaleza de la persona no es la de hacer daño, entonces no tiene ningún propósito ponerse bravo. Su desconsiderada forma de actuar fue un derivado, no es su naturaleza. Cuando llueve, ¿nos ponemos bravos con el cielo porque las nubes de lluvia no constituyan la naturaleza del cielo?
En cierta manera, podemos decir que criticar forma parte de la naturaleza de los demás, el encontrar faltas y responsabilizar a otros. Son seres humanos atrapados en la prisión de la existencia cíclica, de modo que naturalmente sus mentes están oscurecidas por la ignorancia, la rabia y el apego. También lo están nuestras propias mentes.
Siendo esta la situación, entonces ¿por qué esperar que nosotros o los demás estemos libres de ideas equivocadas y emociones negativas? No hay razón para estar bravos con ellos porque hagan daño, de la misma manera que no hay razón para ponerse bravo con el fuego porque quema. Es simplemente la forma como son las cosas.
Por otra parte, la naturaleza más profunda de alguien que hace daño no es el hacer daño. Esa persona tiene su potencial búdico, su bondad intrínseca. Esta es su verdadera naturaleza. Su ofensivo comportamiento es como una nube de tormenta que cubre temporalmente la claridad del cielo. Ese comportamiento no es él, entonces ¿por qué hacernos la vida miserable siendo impacientes? Pensar de esta manera es extremadamente útil.
Necesitamos aplicar estas técnicas a situaciones actuales. En nuestra meditación diaria, podemos extraer de nuestra memoria las experiencias dolorosas y mirarlas bajo esta luz. Todos nosotros tenemos un reservorio de recuerdos dolorosos o rencores que aún continuamos manteniendo contra otros.
En lugar de reprimirlos, ayuda sacarlos e interpretar esas situaciones utilizando alguno de los métodos mencionados anteriormente. En esta forma, permitiremos que esos sentimientos dolorosos y el resentimiento se ventilen y finalmente aflojemos nuestro aferramiento. Si no hacemos esto podremos mantener rencores durante veinte o treinta años.
Nunca olvidamos el daño que hemos recibido y nos hacemos a nosotros mismos miserables al guardar tan cuidadosamente estos recuerdos.
Por ejemplo, durante el primer retiro de purificación que hice en la India, me di cuenta de que aún continuaba brava con mi maestra de segundo grado porque no me permitía estar en la obra de teatro de la clase. ¡Esto había sucedido más de veinte años atrás y yo aún no la había perdonado!
Los familiares son muy buenos en mantener resentimientos. Conozco una familia extendida que tiene dos casas sobre una misma propiedad. Las compraron juntas como sitios para pasar vacaciones. En una oportunidad los de una casa pelearon con los hijos y primos de la otra casa y desde entonces, no se han hablado.
Desde hace más de cuarenta años, ellos decidieron que se odiaban los unos a los otros y que no se hablarían por el resto de sus vidas. Aún hoy día las familias van allí durante las vacaciones, pero no se dirigen la palabra. Es bastante ridículo ¿no es cierto?
Veamos los resentimientos que hemos sostenido durante años: sucede un pequeño incidente –alguien que no vino a la boda o al funeral, o alguien se burló de nosotros, o nos hizo pasar una pena frente a otros- y hacemos el voto de no hablarles más o ser amable con esa persona mientras vivamos. Mantenemos esta clase de votos con tanta perfección y, sin embargo, encontramos difícil mantener los votos de no mentir o engañar.
Estamos bravos con otra persona durante años, pero ¿quién pierde aquí? ¿quién se siente miserable? Cuando mantenemos resentimientos la otra persona no se siente desgraciada. Por lo general sucede que se ha olvidado por completo del incidente. Incluso en medio de una situación más seria como por ejemplo un divorcio, puede que la otra persona se haya disculpado por lo que hizo. Pero en cada uno de los casos, nos aferramos al daño como si estuviésemos empotrados en piedra. Alguien juró por nosotros en una oportunidad, pero volver y volver sobre el mismo asunto día tras día, volvemos a revivirlo una y otra vez. Esta es una excelente forma de auto-tortura.
El mantener resentimientos no sirve a ningún propósito productivo. Tal como el cáncer mental, el resentimiento nos come vivos. Mientras nos mantengamos aferrados a nuestro resentimiento, nunca podremos perdonar a otros. Sin embargo, en muchos casos, nuestra incapacidad para perdonar a otros no les hace daño a ellos sino a nosotros.
¿Por qué nos resulta tan difícil perdonar los errores de otros? Nosotros también cometemos errores.
Mirando de cerca nuestro propio comportamiento, nos damos cuenta, que algunas veces estuvimos tomados por emociones negativas y hemos actuado de maneras de las que nos hemos arrepentido posteriormente. Queremos que otros nos entiendan y perdonen nuestros errores. ¿Por qué entonces no podemos perdonar a los demás?
Claro que podemos perdonar a alguien sin necesidad de ser ingenuos. Podemos perdonar a un alcohólico por estar tomado, pero eso no significa que esperemos que vaya a dejar de tomar inmediatamente. Podemos perdonar que alguien nos mienta, pero en el futuro, podría ser inteligente estar atentos y chequear bien sus palabras. Usted puede perdonar a una esposa por haber tenido una relación extramarital, pero no debe ignorar los problemas dentro de su matrimonio que condujeron a su esposa a buscar compañía en otro lugar.
Para tener un corazón abierto y libre necesitamos hacer una limpieza interior: tenemos que sacar afuera todos esos resentimientos, mirar de cerca el dolor, pero sin repetir y repetir el video de la lástima por nosotros mismos que tenemos en la mente. Podemos mirar todas esas situaciones desde una perspectiva fresca, empleando las diversas técnicas para disolver la rabia que han sido descritas anteriormente.
De esta manera, permitiremos que se disuelva la hostilidad que hemos llevado con nosotros durante años en nuestros corazones. Adicionalmente, estaremos ganando al familiarizarnos con las técnicas de modo que podremos recordarlas cuando ocurran incidentes similares en nuestra vida diaria.
¿Está feliz la otra persona?
Otra técnica para trabajar con la rabia consiste en preguntarnos ¿Es acaso feliz la persona que me está haciendo daño? Alguien me está gritando, quejándose de todo lo que hago. ¿Esa persona es feliz o miserable? Obviamente, miserable. Esa es la razón por la que está actuando de esa manera. De estar feliz no estaría peleando.
Todos nosotros sabemos lo que significa ser infelices. Esa es exactamente la forma en la que se siente esa persona ahora mismo. Pongámonos en sus zapatos.
Cuando estamos infelices y “dejando que todo salga por la boca” ¿cómo nos gustaría que reaccionaran los demás? Generalmente, en el fondo lo que deseamos que es nos comprendan, que nos ayuden.
Así es como se siente esa persona, entonces ¿cómo podemos ponernos bravos con ella? Ella debe ser el objeto de nuestra compasión, no de nuestra rabia. Si pensamos de esta manera, encontraremos nuestro corazón lleno de paciencia y gentileza amorosa por el otro, sea quien sea y sin importar la manera en la que actúe contra nosotros.
Nuestra actitud cambia porque en lugar de ver la situación desde nuestro propio punto de vista –lo que alguien ME está haciendo a MI- nos colocamos en los zapatos de esa otra persona, experimentamos su dolor, sentimos sus deseos de ser feliz. Viendo que en esencia ella es como nosotros, es fácil pensar ¿Cómo puedo ayudarla? Esa clase de actitud no sólo nos previene de sentirnos molestos, sino que también nos inspira a aliviar la miseria de los demás.
Varias técnicas han sido discutidas para ayudarnos a disolver nuestra rabia. Repasándolas una vez más tenemos:
1. Recuerde el ejemplo de alguien diciendo que tenemos una nariz. Podemos reconocer nuestras faltas y errores, de la misma manera en que reconocemos que tenemos una nariz sobre el rostro. No hay necesidad de ponerse bravo. Por otra parte, si alguien nos culpabiliza de algo que no hemos hecho, es como si estuviese diciendo que tenemos cuernos sobre nuestra cabeza. No hay necesidad de ponerse bravo por algo que no es cierto.
2. Preguntémonos a nosotros mismos: ¿Puedo hacer algo acerca de esto? Si podemos, entonces la rabia está fuera de lugar porque podemos mejorar la situación. Si no podemos cambiar la situación, la rabia es inútil porque nada puede hacerse.
3. Examine cómo se involucró en la situación. Esto tiene dos partes: a) ¿En qué clase de acciones incurrimos recientemente como para propiciar el descontento? Examinar esto nos ayuda a comprender por qué está enojada la otra persona. b) Reconocer que las situaciones desagradables se deben a haberle hecho daño a otros previamente en esta vida o en vidas anteriores. Viendo nuestras propias acciones destructivas como la causa principal, podemos aprender de pasados errores y tomar la resolución de actuar de mejor manera en el futuro.
4. Recordar la bondad del enemigo. Primero, nos está señalando nuestros errores de modo que podamos corregirlos y mejorar nuestro carácter. Segundo, nos brinda la oportunidad de practicar paciencia, una cualidad necesaria en nuestro desarrollo espiritual. De esta manera, el que llamamos “enemigo” es más bondadoso con nosotros que nuestro amigo e incluso que el mismo Buda.
5. Atribuirle el dolor a nuestra propia actitud egoísta al reconocerla como la fuente de todos nuestros problemas.
6. Preguntarnos: ¿Es naturaleza de la persona actuar de esta manera? De ser así, entonces no hay razón para estar bravos porque sería como ponerse bravo con el fuego porque quema. Si no es naturaleza de la persona actuar de esta manera, una vez más la rabia es poco realista porque sería como ponerse bravo con el cielo porque tiene nubes. Recordemos que la naturaleza más profunda de una persona es su naturaleza o potencial búdico, su intrínseca bondad. Esta es su verdadera naturaleza. Su ofensivo comportamiento es como una nube tormentosa y pasajera que cubre la claridad del cielo.
7. Examinar las desventajas de la rabia y de mantener resentimientos. Esto proporciona una tremenda energía para aflojar y deshacernos de emociones destructivas.
8. Reconocer, que la infelicidad y confusión de la otra persona están causando que nos haga daño. Siendo que sabemos lo que significa ser infeliz, podemos desarrollar empatía con esa persona. Así, en vez de convertirla en el objeto de nuestra rabia, se convierte en el objeto de nuestra compasión.
Que estas técnicas funcionen para nosotros o no, depende enteramente de nosotros. Tenemos que practicarlas repetidamente de manera de construir nuevos hábitos mentales y emocionales. El mantener una medicina engavetada sin tomarla no cura la enfermedad. De igual modo, simplemente escuchando las enseñanzas sin ponerlas en práctica en nuestra vida diaria, no va a disminuir la rabia. Nuestra paz mental es nuestra propia responsabilidad.
Thubten Chodron, norteamericana de nacimiento, se graduó con un B.A. en Historia, en la Universidad de California en Los Ángeles el año de 1971.
En 1975, mientras llevaba a cabo trabajos de post grado en educación y trabajaba como maestra, asistió a un curso sobre meditación impartido por el Ven. Lama Yeshe y el Ven. Lama Zopa Rimpoché.
Como resultado de esto, fue al monasterio de estos lamas en Nepal para continuar estudiando y practicando las enseñanzas. En 1977 fue ordenada como bhikshuni. Estudió y practicó el budismo en la tradición tibetana durante muchos años en la India y Nepal y posteriormente en centros en Italia y Francia. Ha enseñado budismo y meditación en diversos países europeos, en Hong Kong y Singapur.
.............................