Shantideva I
El camino del compasivo
Curso inspirado en enseñanzas de Pema Chodron
Traducción, edición y Comentarios: María Mercedes Márquez
Caracas, 2012
C. El camino del Bodhisattva fue compuesto en India hace más de doce siglos y sin embargo permanece siendo relevante en tiempos como estos. Este texto clásico escrito en el siglo VIII por el sabio hindú Shantideva, proporciona instrucciones sorprendentemente actualizadas para personas como nosotros acerca de cómo vivir sanamente y abiertos de corazón incluso en un mundo tan conflictivo.
Es una guía esencial para pichones bodhisattvas, esos guerreros espirituales que anhelan aliviar el sufrimiento, el suyo y el de los demás. Siendo así, este texto pertenece al Mahayana, la escuela de budismo que enfatiza la compasión indiscriminada y el cultivo de una mente flexible y una imparcial sabiduría.
Pema Chodron cuenta que su propia experiencia con El Camino del Bodhisttva se dio cuando se familiarizó con las enseñanzas de Patrul Rimpoche.
Sus escritos y las increíbles historias acerca de él hicieron que llegase a respetar y amar profundamente a este hombre. El no tenía ningún sitio fijo donde vivir, no tenía posesiones y era muy espontáneo y poco convencional en su comportamiento.
Sin embargo era un maestro poderoso y muy sabio, cuya realización espiritual se manifestaba en todas las situaciones de su vida. Se relacionaba con la gente con gran compasión y gentileza, pero también con una inflexible honestidad.
Cuando Pema Chodron supo que Patrul Rimpoche había enseñado este texto cientos de veces, sintió curiosidad y pensó que si él iba de un lado a otro en Tibet enseñando a todos los que querían escucharle: ricos y pobres, nómadas y aristócratas, eruditos y personas que nunca habían estudiado las enseñanzas budistas, con toda seguridad debía contener algo muy especial.
Shantideva nació como príncipe en el siglo octavo en India y como hijo mayor, estaba destinado a heredar el trono. En un relato de la historia, la noche antes de su coronación, Shantideva tuvo un sueño en el cual Manjushri (el bodhisattva de la sabiduría) se le apareció y le dijo que renunciara a la vida mundana y buscara la verdad fundamental.
De modo que Shantideva abandonó su casa inmediatamente, renunciando al trono por el camino espiritual, de la misma manera que lo había hecho el Buda histórico. En otra versión, la noche antes de la entronización, la madre de Shantideva le dio un baño ceremonial utilizando agua hirviendo.
Cuando él le preguntó por qué estaba quemándolo intencionalmente ella respondió: “Hijo, este dolor es nada comparado con el dolor que sentirás cuando seas rey”, y esa misma noche el partió rápidamente.
Cualquiera que haya sido el catalizador, Shantideva desapareció en la India y comenzó a vivir la vida de un renunciante. Eventualmente arribó a la Universidad de Nalanda, la cual era la más grande, el monasterio más poderoso en la India para ese entonces, un lugar de gran aprendizaje, que atraía estudiantes de todas partes del mundo budista. En Nalanda fue ordenado como monje y se le confirió el nombre de Shantideva que se traduce como “Dios de Paz”.
Contrario a lo que su reputación posterior sugiere, Shantideva no era muy querido en Nalanda. Aparentemente era uno de esos estudiantes que nunca se presentaba para nada, nunca estudiaba ni llegaba a las sesiones de práctica.
Sus compañeros monjes decían que sus “tres realizaciones” eran comer, dormir y hacer sus necesidades. Finalmente, y con el fin de darle una lección, lo invitaron a que diera una charla en la universidad. Sólo a los mejores estudiantes les era concedido tal honor.
Se tenían que sentar en un trono y, por supuesto, debían tener algo que decir. Ya que Shantideva presumía de saberlo todo, los monjes pensaron que esto lo humillaría y así dejaría la universidad. Esa es una historia.
Otra versión presenta una visión de Nalanda más amigable, donde los monjes esperaban que sintiéndose humillado, eso pudiese servir para motivarlo a estudiar.
Sin embargo, como todos los seres humanos que construyen un caso en contra de alguien, probablemente obtuvieron cierta alegría de la posibilidad de burlarse de él. Se dice que trataron aún más de humillarlo haciendo un trono incluso más elevado que de costumbre, sin proveerlo de escalones para llegar a sentarse en él, pero para sorpresa de todos, Shantideva no tuvo ningún inconveniente en sentarse.
Luego le preguntó a la asamblea de monjes si deseaban enseñanzas tradicionales o algo que nunca antes habían escuchado. Cuando respondieron que querían algo que nunca antes habían escuchado, el procedió a enseñar el Bodhicharyavatara completo, o El Camino del Bodhisattva.
No sólo fueron estas enseñanzas algo muy personal, llenas de útiles consejos y relevantes para sus vidas, sino que también fueron poéticas y frescas. El contenido en sí no fue radical. En los primeros versos, Shantideva dice que todo lo que está a punto de decir se deriva del linaje del Buda.
Su tema no era original, fue la forma directa y muy contemporánea en que expresó las enseñanzas y la belleza y el poder de sus palabras que lo hicieron tan especial.
Hacia el final de su presentación, Shantideva comenzó a enseñar sobre la vacuidad, sobre el vacío: la naturaleza incondicionada, inexpresable y como un sueño, de toda experiencia. A medida que hablaba sus enseñanzas se iban volviendo cada vez más etéreas. Había cada vez menos a qué aferrarse y los monjes abrieron sus mentes más y más. Llegado ese punto, se dice que Shantideva comenzó a flotar.
Levitó hacia arriba hasta que los monjes ya no pudieron verle ni escuchar su voz. Quizás esto simplemente expresa cuán absorta estaba la audiencia. Nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos es que luego del discurso sobre la vacuidad, Shantideva desapareció. Nunca regresó a Nalanda y permaneció como yogui errante durante el resto de su vida.
El Camino del Bodhisattva está dividido en diez capítulos. Patrul Rimpoche los organizó en tres secciones principales basándose en el siguiente verso del gran maestro budista Nagarjuna:
Que la bodhichitta preciada y sublime
Surja donde aún no ha llegado a ser
Y que donde haya surgido no decline
Sino que crezca y florezca más y más.
El término sánscrito bodhichitta es traducido frencuentemente como “corazón despierto”, y hace referencia al intenso deseo de aliviar sufrimiento. A nivel relativo, bodhichitta se expresa a sí misma como anhelo. Específicamente, es un anhelo de corazón por liberarse a uno mismo del dolor de la ignorancia y los patrones habituales a fin de poder ayudar a otros a hacer lo mismo. Este anhelo de aliviar el sufrimiento de otros es el punto principal.
Comenzamos cerca de casa con el deseo de ayudar a aquellos que conocemos y queremos, pero la subyacente inspiración es global y los envuelve a todos. Bodhichitta es una suerte de “misión imposible”: el deseo de ponerle fin al sufrimiento de todos los seres, incluyendo a aquellos que nunca llegaremos a conocer, así como aquellos que detestamos.
A nivel absoluto, bodhichitta es sabiduría no dual; la vasta y sin preferencias esencia mental.
Más importante aún, esto es su mente, la suya y la mía. Pudiese parecer distante pero no lo está. De hecho, Shantideva compuso este texto para recordarse a sí mismo que podía contactar la sabiduría de su mente y ayudarla a florecer.
De acuerdo a la división en tres secciones de Patrul Rimpoche, los tres primeros capítulos de El Camino del Bodhisattva aclaran las líneas iniciales del verso de Nagarjuna---“Que la bodhichitta, preciada y sublime/Surja donde aún no ha llegado a ser”--- y se refiere a nuestro anhelo inicial de ayudar a otros. Anhelamos que esta cualidad transformativa surja en nosotros y en todos los seres, incluso en aquellos que nunca antes se involucraron en el bienestar de los demás. En los capítulos 4, 5 y 6, Shantideva describe cómo trabajar de manera acertada con la reactividad emocional y el salvajismo de nuestras mentes. Los capítulos 7, 8 y 9 iluminan la última línea del verso de Nagarjuna y contienen enseñanzas que incentivan la bodhichitta a “crecer y florecer más y más.” En el décimo y último capítulo, Shantideva con gran pasión y de todo corazón dedica el beneficio de sus enseñanzas a todos los seres sufrientes, sean quienes sean dondequiera que estén.
Shantideva comienza con una nota positiva: que podemos conectarnos con lo mejor de nosotros mismos y ayudar a otros a hacer lo mismo. Bodhichitta es sabiduría humana fundamental y esta puede erradicar los pesares del mundo. Bodhi quiere decir “despierto”, libre de esta mente ordinaria y confundida, libre de la ilusión de que estamos separados unos de otros.
1.1
Ante aquellos que andan en bienaventuranz,
En la maestría del dharma que han alcanzado, y sus herederos,
A todos los que ameritan veneración, ante ellos me postro.
De acuerdo a la tradición,
Ahora describiré brevemente el inicio a la disciplina del bodhisattva.
Estas líneas de apertura rinden homenaje a “Las Tres Joyas”: el Buda, el dharma y la sangha. En la forma estándar, el Buda histórico es visto como un ejemplo o modelo de conducta.
El dharma hace referencia a sus enseñanzas, y la sangha, a los practicantes monásticos y bodhisattvas avanzados. Sin embargo, aquí Shantideva lleva nuestra comprensión de Las Tres Joyas más a fondo.
Aquellos que andan en bienaventuranza, naturalmente incluye a los budas, pero también se refiere a nuestro propio potencial. Nosotros también podemos liberarnos de las esperanzas y temores del egocentrismo. La bienaventuranza de percibir la realidad sin estas limitaciones es nuestro derecho por naturaleza.
De modo que Shantideva no se postra ante algo fuera de sí mismo, sino ante su propia capacidad para la iluminación y venera a aquellos que han realizado lo que permanece aún como una posibilidad para nosotros.
En la maestría del dharma que han alcanzado, hace referencia no sólo a las enseñanzas orales y escritas, sino también a la verdad de la experiencia directa, a la vida en el momento mismo, sin editar, tal cual es.
Sea lo que sea que nos suceda a nosotros -bueno, malo, alegrías o tristezas- puede liberarnos del ensimismamiento egocéntrico. Si hacemos uso de estas siempre-presentes oportunidades, entonces todo lo que encontramos es dharma.
Y sus herederos, se refiere a la sangha madura con su gran sanidad y compasión, pero también incluye a los aspirantes a bodhisattvas. Todos nosotros, dispuestos a ir más allá de la importancia personal y a encontrar formas de ayudarnos unos a otros, somos considerados herederos del Buda.
Finalmente, para expresar su gratitud A todos los que ameritan veneración, el se postra ante los maestros y amigos que lo han ayudado a lo largo del camino.
Como segundo paso en este inicio tradicional, Shantideva presenta su tema y se compromete a completar su enseñanza sin impedimentos. Más aún, lo hará De acuerdo a la tradición, presentando lo que ha aprendido y entendido de El Buda, del dharma y de la sangha, y también de sus otros maestros.
No debemos sobreestimar el poder del compromiso. Hasta tanto resolvamos de manera inequívoca emprender la tarea y llevarla hasta el final, siempre hay duda y vacilación. Recordemos que Shantideva había sido invitado a dar su charla por monjes que trataban de humillarlo.
Considerando su audiencia, es posible que tuviese cierta inquietud. Por lo tanto, se llena de un coraje libre de ego que no es retado con facilidad y sigue hacia adelante.
1.2
Lo que tengo que decir ha sido dicho todo ante,
Y yo carezco de educación y de habilidad con las palabras.
Por lo tanto no he pensado que esto pudiese ser de beneficio para otros
Lo escribí tan solo para sustentar mi comprensión.
Invocando una humildad que también es tradicional, Shantideva expresa una clara comprensión del peligro de la arrogancia. Sabe que incluso si el Buda estuviese sentado frente a él, no le haría ningún bien si su mente estuviese llena de orgullo. Sin embargo, la humildad no debe ser confundida con baja auto estima.
Cuando Shantideva dice que carece de educación y de habilidad con las palabras, no está expresando ninguna complacencia. La baja auto estima tan común en occidente reposa sobre la fijación ideada de la torpeza personal.
Shantideva está comprometido a no dejarse atrapar en tan limitantes identidades. El es simplemente suficientemente humilde como para saber dónde está atorado, hasta dónde ha llegado y suficientemente inteligente como para realizar que tiene las herramientas para liberarse.
C. Este último pasaje nos anima a ser honestos con nosotros mismos y los demás y a darnos cuenta de que no perderemos nada –sino todo lo contario- al admitir que no sabemos algo; o que nos hemos equivocado; que no comprendemos, o que no tenemos mayores habilidades para algo específico.
Si miramos con claridad podemos ver que saberlo nos ubica con ventajas porque nos permite orientarnos apropiadamente en la búsqueda de soluciones a nuestra ignorancia o incapacidad. Nos permite buscar las herramientas apropiadas para liberarnos.
En la línea final de este verso, Shantideva explica que originalmente compuso esta narrativa como incentivo personal, que nunca soñó estar compartiéndolo con otros.
1.3
Que mi fe, por lo tanto, se vea fortalecida durante un rato
Y pueda yo crecer acostumbrado a esta forma virtuosa.
Pero otros que ahora escuchan mis palabras
También se beneficien de igual manera en mi fortuna.
En este tercer verso Shantideva termina la apertura tradicional propiciando confianza. Componer este texto y vivir por sus palabras le brinda gran alegría. El pensamiento de que sus reflexiones puedan ser de beneficio para otros, lo hacen aún más feliz. En este espíritu de júbilo y gratitud, Shantideva comienza su presentación principal.
1.4
¡Tan difícil de encontrar esta facilidad y riqueza
A través de la cual considerar significativo este nacimiento humano!
Si ahora fallo en convertirlo en beneficio
¿Cómo es que tal oportunidad será mía de nuevo?
Desde el punto de vista budista, el nacimiento humano es algo muy preciado. Shantideva asume que nosotros entendemos esta preciosidad, con su relativa facilidad y riqueza. El nos llama a contemplar nuestra buena situación y a no perder esta oportunidad de hacer algo significativo con nuestras vidas. Sin embargo, esta vida es una breve ventana de oportunidad que se desvanece rápidamente. Ninguno de nosotros sabe qué va a suceder.
A medida que he ido envejeciendo junto a mis compañeros(as) de la sangha, comenta Pema Chodron, he visto morir a muchos amigos o experimentar dramáticos cambios en su salud o estabilidad mental. Ahora mismo, aun cuando nuestras vidas puedan estar lejos de parecer perfectas, tenemos excelentes circunstancias. Tenemos inteligencia, la disponibilidad de maestros y enseñanzas, y, cierta inclinación al menos, hacia el estudio y la meditación.
Pero algunos de nosotros moriremos antes de que concluya el año; y durante los próximos cinco años algunos de nosotros también se van a enfermar o tendrán demasiado dolor como para concentrarse en los textos budistas y mucho menos aún vivir de acuerdo a ellos.
Más aún, muchos de nosotros estaremos cada vez más tomados o involucrados en objetivos mundanos -durante dos, diez, veinte años o el resto de nuestras vidas- y ya no tendremos la posibilidad de liberarnos de la rigidez de la absorción personal.
En el futuro, las circunstancias externas tales como las guerras o la violencia pudiesen volverse tan recurrentes que no tendremos tiempo para una honesta reflexión personal. Esto pudiese pasar fácilmente.
O, pudiésemos caer en la trampa de la excesiva comodidad. Cuando la vida se siente tan confortable, tan llena de lujo y tan acogedora, allí no hay suficiente sufrimiento como para alejarnos de todas esas seducciones mundanas. Arrullados por la complacencia, nos volvemos indiferentes al sufrimiento de otros seres. El Buda nos asegura que nuestro nacimiento humano es ideal, con justo el correcto balance de placer y dolor. El punto es no desperdiciar esta buena fortuna.
C. Aquí tenemos muchos puntos a contemplar y discutir. Si nunca hemos considerado seriamente la posibilidad de haber podido nacer diferentes a lo que somos, es decir:
- que somos sanos y hemos podido haber nacido con alguna enfermedad o limitación física o mental;
- que nacimos en el país donde nacimos y nunca hemos pensado seriamente lo que hubiese sido nuestra vida de haber nacido en el cercano oriente por ejemplo;
- que vivimos en una ciudad donde están disponibles las enseñanzas del Buda -porque si viviéramos en el interior del país, aunque tuviéramos mucho interés por ellas, no podríamos hacer nada;
- que disponemos de los medios para asistir a las sesiones de práctica y recibir enseñanzas que nos van a permitir liberarnos poco a poco de todas nuestras limitaciones y ser realmente felices.
No duden nunca sobre lo afortunados que son. Para que vean qué tanto, les cuento que cuando vino Lama Karma en marzo y fue publicado un artículo en el diario Últimas Noticias anunciando la visita, para nuestra profunda tristeza, llamaron por teléfono aproximadamente doscientas personas interesadas en asistir pero sin recursos económicos para poder hacerlo;
- y finalmente, que hemos nacido como seres humanos y no como animales. De haber sido animales, no habríamos podido estar aquí esta noche.
Por todas estas razones, es que consideramos este nacimiento humano como algo preciado, y aprovechamos que lo tenemos para trabajar nuestra mente hacia la liberación de toda clase de sufrimiento, y para estar en posibilidad de ayudar a otros a hacer lo mismo.
1.5
Así como un destello de luz en medio de la noche
En su luminosidad muestra todas las oscuras nubes escondidas
Del mismo modo raramente a través del poder del Buda
Surgen pensamientos virtuosos, breves y pasajeros en el mundo.
1.6
Contempla entonces la precariedad total de la bondad
Excepto hacia la perfecta Bodhichitta
No hay nada capaz de hacerle frente
Al grandioso y aplastante poder de la maldad.
En los versos 5 y 6, el surgimiento inicial de la bodhichitta es descrito como frágil y pasajero. Las enseñanzas Mahayana con frecuencia nos dicen que es su neurosis la que es pasajera e insustancial, como nubes en el cielo claro. Cuando estamos teniendo nuestros arranques neuróticos, los budas y bodhisattvas no nos ven como estúpidos o como casos perdidos; ellos ven nuestra confusión como meros cambios de clima, efímeros y fugaces, pasando a través de nuestra mente que parece un cielo.
Pero los versos 5 y 6 no están dados desde el punto de vista de los budas y bodhisattvas; ellos lo están desde nuestro punto de vista. Nosotros somos los que nos sentimos atrapados tras las nubes: quizás no tenemos lo que se necesita; quizás somos demasiado débiles.
Aun con el destello ocasional de la claridad del firmamento, todo parece ser demasiado difícil, demasiado doloroso. Escuchamos esta clase de conversaciones con frecuencia, saliendo de nuestras propias bocas así como de la de los demás.
En lugar de experimentar nuestros ratones morales como sólidos y permanentes, en vez de creer que definitivamente ellos son “yo”, podríamos decir: “Esto es sólo el clima. Pasará. Este no es el estado fundamental”.
Desde la perspectiva de Shantideva, estos destellos de mente bodhi –de mente que aspira a la iluminación para beneficio de todos- estos destellos tienen gran poder. Todos sabemos lo que significa que se desvanezcan las nubes, incluso brevemente, y lo que es sentir una sensación de potencial y posibilidad. Sin este destello inicial y los que se dan, nosotros nunca nos habríamos sentido inspirados a investigar el camino.
1.7
Los excelsos Budas reflexionando durante muchas eras
Han visto que esto, y solo esto salvará
A las ilimitadas multitudes
Y las conducirá fácilmente hasta la suprema felicidad.
Shantideva sabe que podemos confiar en estos destellos de bodhichitta y que reconociéndolos y nutriéndolos, estos destellos crecerán. Los que han despertado, reflexionando durante muchas eras han visto que solo este buen corazón de bodi puede evitar que nos enredemos en los mismos viejos y egoístas comportamientos.
Llegado este punto podríamos preguntarnos por qué la bodhichitta tiene tal poder. Quizás la respuesta más simple es que ella nos eleva fuera de nuestro egocentrismo y nos proporciona la oportunidad de dejar hábitos disfuncionales atrás. Más aún, todo lo que encontramos se convierte en una oportunidad para desarrollar el impactante coraje del corazón iluminado.
Cuando somos golpeados duramente, miramos hacia afuera y vemos cómo otras personas también están teniendo tiempos difíciles. Cuando nos sentimos solos o bravos o deprimidos, permitimos que estos oscuros estados de ánimo nos conecten con los sufrimientos de otros.
Compartimos la misma reactividad, el mismo aferramiento y la misma resistencia. Aspirando que todos los seres se liberen de sus sufrimientos, nos liberamos a nosotros mismos de nuestros capullos y la vida se vuelve más grande que “yo.” No importa cuán oscuras y sombrías o alegres e inspiradoras sean nuestras vidas, podemos cultivar una sensación de compartida humanidad.
Esto expande toda nuestra perspectiva. Trungpa Rimpoche solía decir: “La esencia del Mahayana consiste en pensar en grande.” Shantideva presenta esa esencia. Sus enseñanzas son una guía para vivir compasivamente y pensar en grande.
C. Esto no tiene nada que ver con el ego. Por lo tanto, tampoco tiene que ver con la modestia. Recuerdo bien a un señor que practicó muy seriamente durante los años iniciales del KTC -estamos hablando de los años 80. No sólo eso, también formaba parte de la junta directiva y representó al centro cuando vino Su Santidad el Dalai Lama.
Cada vez que le preguntaban si era budista, respondía desde una supuesta demostración de humildad, que no, que ¡cómo iba él a decir que era budista si apenas tenía unos años practicando! Yo percibía una falsedad y me preguntaba qué era entonces lo que estaba haciendo allí.
Hay que tener cuidado con la falsa modestia, con la falsa humildad. También podemos decir que hay que tener cuidado de entender bien las cosas. Si somos practicantes, más nos vale tener bien claro desde el comienzo qué nos ha traído hasta aquí; por qué nos hemos involucrado en el estudio y la práctica budista.
Sabemos bien, que la gran mayoría comienza por una motivación meramente personal, pero que con el tiempo, ésta va desarrollándose y se transforma en la motivación altruista de poder estar posibilidad de ayudar también a los demás a liberarse de sus sufrimientos. Eso es lo que nos convierte en budistas. No tiene que ver con la cantidad de años que tengamos practicando, ni cuánto sepamos, ni cuántas iniciaciones hayamos recibido, o qué cantidad de postraciones hayamos llevado a cabo. Nada de eso tiene la importancia que reúne la humildad de la sincera motivación altruista. Se puede ser humilde y pensar en grande.
1.8
Aquellos que anhelan trascender los pesares de sus vidas,
Y desaparecer el dolor y los sufrimientos de los seres,
Aquellos que desean ganar tal beatitud,
No deben voltear jamás su espalda a la bodhichitta.
Cuando Shantideva hace mención de aquellos que anhelan trascender los pesares de sus vidas, está apuntando a las enseñanzas fundamentales del budismo, las cuales hacen énfasis en ponerle fin al sufrimiento personal.
Cuando habla de desaparecer el dolor y los sufrimientos de los seres, está apuntando a la intención mahayana de liberar del sufrimiento a todos los seres sin excepción.
Claro que él no está diciendo: “Yo simplemente estaré pendiente de los demás sin importar si soy feliz o si estoy constantemente preocupado, si me odio a mí mismo y mi mal humor está fuera de control.” No hay duda de que deseamos acabar con nuestro propio sufrimiento, pero el énfasis del budismo mahayana está en esto: que deseamos acabar con nuestro sufrimiento personal para poder estar en capacidad de ayudar a otros a hacer lo mismo con el de ellos. Este es el mensaje más fuerte de Shantideva y la esencia de la bodhichitta. La mayoría de nosotros queremos compartir con otros lo que hemos entendido.
Sin embargo, al tratar de hacerlo, vemos incluso con mayor claridad el trabajo que aún necesita llevarse a cabo en nosotros mismos y llegado cierto punto, nos damos cuenta de que lo que hacemos por nosotros mismos beneficia a otros, y que lo que hacemos por otros nos beneficia a nosotros. Esto es lo que Shantideva quiere decir cuando habla acerca de aquellos que desean ganar gran felicidad nunca deben darle la espalda a la bodhichitta.
1.9
Si la bodhichitta llegase a nacer
En uno que sufre en los calabozos del samsara,
En ese instante será llamado hijo de los budas
Digno de respeto igual por hombres que por dioses.
La definición de locura de Albert Einstein, constituye una concisa explicación de la palabra sánscrita samsara: “Hacemos la misma cosa una y otra vez pensando que vamos a obtener diferentes resultados.” Shatideva describe esto como el estar atrapado en los calabozos del samsara. Sin embargo, incluso cuando nos sentimos atrapados en hábitos repetitivos, podemos sentir bondad y empatía hacia otros. Cuando se produce o nace un momentario flash de bodhichitta, en ese instante nos convertimos en hijos de los budas y dignos de respeto universal.
Este verso, de acuerdo a Dzongzar Khyentse Rimpoche, pudiese ser una crítica a la sociedad hindú. Shantideva está diciendo que no tenemos que ser de una determinada casta para experimentar la bodhichitta; que incluso aquellos considerados “intocables” son herederos de los budas. La bodhichitta no es una cierta teoría elitesca para gente sofisticada o bien educada. Es para todos.
Nunca debemos sentir que no tenemos remedio como para evocar la bodhichitta, ni tampoco tenemos por qué mirar a otros desdeñosamente y etiquetarlos como seres demasiado frívolos o arrogantes para calificar y estar a la altura. Todo ser en los calabozos del samsara es un candidato(a) para despertar un corazón compasivo.
C. Por el hecho de ser actualmente seres confundidos, que respondemos comúnmente a nuestros patrones habituales, que caemos en negatividades, que alimentamos comportamiento dañinos para nosotros y para otros, aun con todas estas limitaciones a cuestas, nosotros estamos en capacidad de experimentar una profunda bondad y empatía hacia otros,
1.10
Porque como la suprema substancia de los alquimistas,
Requiere de la forma impura del cuerpo humano
Y hace de eso el cuerpo invalorable de un buda.
Tal es la bodhichitta: ¡debemos aprovecharla firmemente!
1.11
Si los supremos líderes de todos los seres migratorios
Han visto con infinita sabiduría su invalorable valor,
Aquel que anhela abandonar nuestro nómada deambular
Deberá sostenerse bien a esta preciada bodhichitta.
1.12
Todas las demás virtudes, como el árbol del plátano,
Producen sus frutos, pero después su fuerza se agota.
Solo el maravilloso árbol de la bodhichitta
Dará sus frutos y crecerá incesantemente.
1.13
Como si atravesasen peligros protegidos por un héroe,
Incluso aquellos abrumados con fatales perversidades
Instantáneamente serán liberados por tener bodhichitta.
¿Quién entonces no va a poner su confianza en ella?
1.14
Así como por los fuegos del fin de los tiempos
Grandes faltas son totalmente consumidas por la bodhichitta.
De modo que sus beneficios son infinitos,
Tal y como el Sabio y Amoroso Señor lo explicó a Sudhana.
En esta sección Shantideva proporciona seis analogías para la bodhichitta. La primera, en el verso 10, es la alquimia. La bodhichitta puede usar cualquier cosa –un pensamiento ordinario, una acción o palabra- para ventilar nuestro ensimismamiento, la absorción en nosotros mismos.
En los versos 11 hasta el 14, las analogías son: una joya invalorable, un árbol que concede todos los deseos, un héroe, y el fuego al final del tiempo. La sexta analogía, es una clase de etcétera, la cual hace referencia a un texto budista donde son descritas muchas analogías.
Los perfectos líderes en el verso 11 son los budas y bodhisattvas. Cual experimentados capitanes de barco en busca de joyas, ellos saben del ilimitado valor de una buena joya cuando ven una. Los marinos tienen confianza en estos capitanes y los asocian con riqueza.
En su compañía, ellos pudiesen hacer sus propias fortunas y abandonar el andar deambulando como nómadas. Shantideva dice que nosotros podemos tener la misma confianza. Al igual que los marineros que confían en el conocimiento de su capitán, nosotros podemos confiar la evaluación del Buda de la preciada bodhichitta.
En el verso 12, la bodhichitta es comparada a un árbol que concede todos los deseos, que produce frutos por siempre. Como contraste, el árbol del plátano da frutos sólo una vez antes de morir. De la misma manera, el ayudar a alguien siempre es algo bueno y dará frutos de manera ilimitada.
Pero si nuestra ayuda está motivada por el anhelo de liberar totalmente de la confusión a estos seres, eso dará frutos hasta que ellos alcancen iluminación. Un simple acto de gentileza o bondad con la intención de la bodhichitta puede abrirnos a esta expansiva posibilidad.
La analogía en el verso 13 es la de un héroe, comparable a un buen amigo que nos mantiene fuera de problemas. Los peligros se refieren a la maduración de nuestras semillas kármicas negativas. Cuando utilizamos estas difíciles situaciones para abrirnos en lugar de cerrarnos, es como estar acompañados de un protector.
En el verso 14, la comparación es con un gran fuego que quema las negatividades. Por lo general caemos en nuestros hábitos negativos, actuándolos o volviéndolos en contra nuestra. En cualquiera de los casos, los fortalecemos. Los bodhisattvas practican “en medio del fuego”.
Esto significa que penetran el sufrimiento del mundo; también quiere decir que ellos permanecen estables en medio del fuego de sus propias dolorosas emociones. Ni las actúan ni las reprimen. Ellos están dispuestos a permanecer “en el mero sitio” y explorar las intangibles cualidades de la emoción y las energías que fluyen, y permitir que esa experiencia los conecte al dolor y al coraje de otros. La sexta analogía se refiere al texto budista en el cual el futuro buda, llamado Maitreya, dio otros 230 ejemplos de bodhichitta a su discípulo Sudhana.
1.15
Bodhichitta, la mente del despertar
Se dice brevemente, que tiene dos aspectos:
Primero, la aspiración, la bodhichitta de la intención
Y luego, la bodhichitta activa, el involucramiento práctico.
1.16
Deseando partir y dispuestos sobre el camino
Así es como es concebida la diferencia.
Los sabios y eruditos deben entonces entender
Esta diferencia, que es ordenada y progresiva.
Aquí, Shantideva presenta los dos aspectos de la bodhichitta relativa: la aspiración y la acción. La bodhichitta de la aspiración o intención, es como querer hacer un viaje; la bodhichitta activa es de hecho ya emprendiendo el viaje. Primero, nosotros aspiramos alcanzar iluminación y beneficiar a otros, luego hacemos lo que sea necesario para hacer que esto sea una realidad.
Para dar un ejemplo mundano: digamos que usted está atorado en aferrarse o en desear; usted sabe que usted junta y acapara; que entra en pánico cuando le quitan algo o cuando tiene que dejarlo ir. ¿Cómo trabaja usted con un apego irracional por su propio bienestar y la felicidad de otros?
Una manera sería cultivando generosidad. A nivel de la aspiración de la bodhichitta, usted pudiese mirar a su alrededor en su cuarto y buscar algo que le guste mucho. Luego, visualícese a usted mismo regalándolo. Su precioso sweater rojo; ese libro tan especial, o el chocolate que tiene guardado en esa gaveta.
Usted no tiene “literalmente” que regalarlo, sólo visualícelo. Luego, expanda la ofrenda cosa de que incluya millones de sweaters, libros o chocolates. Envíelos todos a algunas personas en particular o al universo para que cualquiera los reciba.
De esta manera, la aspiración de la bodhichitta lleva a cabo dos cosas: hace realidad nuestro deseo de disminuir el dolor del ensimismamiento egocéntrico y nuestro deseo de beneficiar a otros. Aún más, si aspiramos a que otros experimenten no sólo nuestros regalos sino también las alegrías de una mente liberada, nuestra intención se vuelve aún más vasta.
La bodhichitta de la intención, es una forma poderosa de trabajar con situaciones difíciles para las que no nos sentimos listos o no sabemos cómo manejarlas. Por ejemplo, simplemente al aspirar poder llegar a regalar algo a lo que estamos apegados, entrenamos nuestra mente temerosa en el desprendimiento. Luego, la bodhichitta de la acción –en este caso la habilidad para dar “literalmente”- sucederá en su debido momento.
Si equiparamos “dar” con “liberarse del aferramiento”, entonces nos entusiasmamos aún más por actuar, incluso si eso nos causa dolor.
1.17
Bodhichitta en la intención produce rico fruto
Para aquellos que aún vagan en el samsara.
Sin embargo, de ella no corre una incesante corriente de mérito
Ya que ésto surge sólo a partir de la bodhichitta de la acción.
1.18
Cuando, con intención irreversible
La mente abraza la bodhichitta
Dispuesta a liberar a la infinita multitud de seres,
En ese instante, y de allí en adelante
1.19
Una corriente grande y constante,
Una fuerza de mérito beneficioso
Incluso durante el sueño y la inatención,
Surge igual a la vastedad del firmamento.
La aspiración de la bodhichitta proporciona enormes beneficios. Para seres como nosotros vagando en el samsara, ella produce ricos frutos. Podemos ver por qué continúa. En el nivel de la intención, comenzamos con lo que es manejable y permitimos que nuestra comprensión evolucione. Para el momento en que podemos actuar sobre nuestra intención, hemos realizado algo profundo: hemos entendido que las acciones no-egoístas nos liberan del temor y el sufrimiento.
En los versos 18 y 19, Shantideva explica que nuestra intención de liberar a todos los seres de sufrimiento puede volverse irreversible, aportando beneficio comparable a la vastedad del firmamento.
Esto sucede cuando dejamos de dudar acerca de la sabiduría de pensar en los demás; nosotros sabemos verdaderamente que esto es la fuente de una indestructible felicidad.
Algo cambia en lo más profundo de nuestro ser, y cuando sucede, experimentamos una incesante corriente de beneficio incluso durante el sueño y la inatención. Esta es la felicidad de la ausencia de egoísmo. Es la alegría de realizar que no existe prisión alguna, que tan sólo se trata de hábitos muy fuertes, y por lo tanto, ninguna razón válida para continuar alimentándolos.
En esencia, estos hábitos son insubstanciales. Aún más, no existe ninguna sólida identidad personal ni separación entre nosotros y los demás. Hemos inventado todo eso. Esta es la realización que queremos para la infinita multitud de seres.
1.20
Este es el Tathagata en el Sutra Subahu
Quien, habiendo sido solicitado,
Con razonada demostración
Enseña a aquellos inclinados a caminos menores.
Aquí, Shantideva nos dice que el Buda impartió esta enseñanza sobre los méritos de la bodhichitta para personas inclinadas a caminos menores, aquellos buscando principalmente liberación de sus sufrimientos personales.
En este Sutra, solicitado por su discípulo Subahu, el Buda los inspiraba a dar el siguiente paso y despertar la bodhichitta.
Su razonamiento se desarrolla de la siguiente manera: los seres sintientes son innumerables como los granos de arena del Ganges. Como hay más que aquello que la mente puede concebir, el deseo de salvarlos a todos es igual de inconcebible.
Al hacer tal aspiración, nuestra mente ordinaria y confundida se estira mucho más allá de su capacidad normal; se estrecha de manera ilimitada.
Cuando expandimos nuestros anhelos personales de liberación para incluir una cantidad inconmensurable de seres, el beneficio que recibimos es igual de inconmensurable.
Resumiendo, mientras más nos conectamos con lo inconcebible, con la indescriptible vastedad de la mente, más felices seremos.
1.21
Si con bondadosa generosidad
Uno simplemente tiene el deseo de aliviar
Las mentes sufrientes de otros seres
Tal mérito no conoce límites.
1.22
No hay entonces necesidad de hablar
Del deseo de eliminar el ilimitado sufrimiento
De todos y cada uno de los seres vivientes
Aportándoles virtudes ilimitadas.
Esta es la lógica del mahayana. Si es maravilloso que el dolor de cabeza de una persona desaparezca, entonces incluso aún mejor si los dolores de cabeza de todos pudiesen ser aliviados. Claro que, cuando nuestro deseo se vuelve inmensurable, pudiese crear un dilema. Los que están en el camino del bodhisattva y toman las enseñanzas demasiado literalmente podrían decir: ¡No hay forma de eliminar los sufrimientos de todos los seres! ¿Qué vamos a hacer? ¿Vamos a enviarles a todos una aspirina?
Por otra parte, está la respuesta de Bernard Glassman Roshi, quien trabajó con los indigentes en Yonkers, New York. El dijo que sabía que no había forma de acabar con el fenómeno de tantos seres sin techo, pero que sin embargo, él dedicaría su vida a tratar de lograrlo. Esta es la aspiración de un bodhisattva.
No te inquietes acerca de los resultados; simplemente abre tu corazón de manera inconcebiblemente grande, de forma que beneficie a todos con quienes te encuentres. No te inquietes si puede o no hacerse. La intención es vasta: que el sufrimiento físico de todos sea aliviado, e incluso, hasta el punto de que todos logren iluminación.
1.23
¿Pudieron nuestros padres o nuestras madres
Haber tenido alguna vez un deseo tan generoso?
¿Acaso los mismísimos dioses, los rishis, incluso Brahma
Tienen una benevolencia semejante a esta?
1.24
Si en el pasado ellos nunca, ni siquiera en sueños
Concibieron tal beneficio para ellos mismos.
¿Cómo podrían albergar tales anhelos para beneficio de otros?
Puede que nuestros padres y madres sean muy amorosos. Pero aun cuando ellos nos criaron y quieren lo mejor para nosotros, ¿acaso pueden ellos liberarnos de nuestros patrones habituales? Más importante aún, ¿aspiran ellos a que todos los seres sin excepción también se liberen?
En el verso 23, Shantideva hace otra referencia a la religión Hindú al preguntar si incluso los rishis (los venerados sabios) o Brahma (el creador del universo hinduista) tendrían aspiración como ésta.
En estos versos, Shantideva hace referencia directamente al sistema de castas en el cual algunas personas son dignas de despertar y otros, debido a su mal karma, no lo son.
Si incluso los dioses y los rishis piensan así, ¿cómo podrían ellos desear que otros se liberasen de una mente parcializada?
1.25
Si los seres no desean su propio y genuino bienestar
¿Cómo entonces, podrán tener la intención
De semejante bien para beneficio de otros?
Este estado mental tan preciado y tan raro
Surge; verdaderamente maravilloso, nunca antes visto.
Cuando Shantideva habla acerca de aquellos que no desean su propio y genuino bienestar, se está refiriendo a la mayoría de nosotros. Trabajar con patrones habituales no es usualmente nuestra prioridad.
La mayoría de nosotros no estamos apasionados por debilitar nuestras emociones y prejuicios o despertar la bodhichitta. Este genuino bienestar no constituye nuestro foco principal. Nosotros simplemente queremos pasar el día sin mayores complicaciones, y definitivamente no queremos ser molestados por aquellos que se quejan ante nosotros.
Pero, sin la aspiración de la liberación, ¿cómo vamos a querer hacerlo por otros? Sólo podemos desearles aquello que valoramos para nosotros mismos.
Esta oportunidad de despertar la bodhichitta es tan preciada y tan rara, que para experimentar algo que nos libera de la estrechez de nuestras ideas preconcebidas y parcializadas es, como dice Shantideva, realmente maravilloso.
Más aún, no hay nadie que no pueda experimentar esto, si es que están dispuestos a tratar de hacerlo.
1.26
El viento liberador del dolor,
Esta causa de alegría para quienes vagan a través del mundo-
Esta preciosa actitud, esta joya de mente,
¿Cómo puede ser cuantificada o calculada?
¿Qué es comparable a este viento liberador del dolor? Esta excelente medicina de la bodhichitta nos libera de la egocentricidad, aportándonos alivio y un corazón amoroso. Esta causa de alegría es encontrada por aquellos que vagan a través del mundo. Incluso nosotros, pichones bodhisattvas, no diseñamos nuestras vidas para escapar del caos del mundo; nos adentramos en la espesura de las cosas y trabajamos con lo que sea que encontremos.
El samsara se convierte en nuestro terreno de aprendizaje, nuestro campo de entrenamiento, por decirlo de alguna manera. Si encontramos que constantemente estamos atrapados en el drama, temporalmente nos retiramos para trabajar en nosotros mismos. Pero nuestra pasión consiste en aliviar incluso mayores profundidades de sufrimiento y enfrentar cada vez mayores retos con ecuanimidad.
1.27
Ya que si el simple pensamiento de ser de ayuda para otros
Excede en valor la devoción de los budas,
¿Qué necesidad hay allí de hablar de hechos actuales
Que proporcionan lo que es mejor, el beneficio de los seres?
1.28
Pues los seres anhelan liberarse de la miseria,
Pero la miseria misma, siguen y persiguen.
Anhelan felicidad, pero en su ignorancia
La destruyen, tal como harían con un odiado enemigo.
Una vez más, Shantideva alaba los beneficios de un pensamiento ordinario y altruista, mientras agrega cuánto más grande es de hecho seguir adelante. Sin embargo, para ayudar a otros al nivel más significativo, primero nos ocupamos de nuestra propia confusión. Tal y como Shantideva lo señala, aun cuando anhelamos liberarnos a nosotros mismos de la miseria, es la miseria misma la que seguimos y perseguimos.
Pudiésemos asumir que hacemos cosas locas intencionalmente, pero en verdad, estas acciones no siempre son producto de nuestra voluntad. Nuestro condicionamiento es algunas veces tan profundo que hacemos daño sin siquiera darnos cuenta de ello. Anhelamos paz y hacemos las mismísimas cosas que destruyen nuestra paz mental.
Una y otra vez, sin darnos cuenta, empeoramos las cosas. Si vamos a ayudar a otros a liberarse, tenemos que trabajar de manera compasiva con nuestras propias desafortunadas tendencias. Shantideva, encontraremos, es un experto en desmantelar estos patrones repetitivos.
1.29
Pero aquellos que llenan de bienaventuranza
A todos los seres carentes de alegría.
Que disipan todo el dolor y el sufrimiento
De aquellos agobiados por la miseria
1.30
Que eliminan la oscuridad de su ignorancia,
¿Qué virtud podría igualarse a la de ellos?
¿Qué amigo podría compararse con ellos?
¿Qué mérito hay que sea similar a este?
Los versos 29 y 30 hacen referencia directa a la paramita de la generosidad, la generosidad que nos libera del estrés y el egocentrismo. De acuerdo a las enseñanzas, hay tres clases de generosidad, tres maneras de ayudar a otros al dar algo de nosotros.
La primera clase de generosidad consiste en dar bienes materiales, tales como alimento y cobijo. La segunda es “proporcionar el regalo de la ausencia de miedo”. Ayudamos a aquellos que tienen miedo. Si alguien tiene miedo a la oscuridad, les proporcionamos una linterna; si están atravesando momentos de gran temor, los confortamos; si están teniendo pesadillas, dormimos cerca de ellos. Esto puede sonar fácil, pero toma tiempo, esfuerzo y cuidado. La tercera clase de generosidad elimina la oscuridad de la ignorancia. Este es “el regalo del dharma”, y es considerado el más profundo. Aun cuando nadie puede eliminar nuestra propia ignorancia sino nosotros mismos, sin embargo, a través del ejemplo y las enseñanzas, podemos inspirar y apoyarnos unos a otros.
El inconcebible deseo de ayudar a todos los seres sintientes siempre comienza por uno mismo. Nuestra propia experiencia es la única cosa que tenemos para compartir. Aparte de eso, no podemos pretender ser más despiertos o más compasivos de lo que en efecto somos. Gran parte de nuestra realización surge a partir del honesto reconocimiento de nuestras debilidades.
La imposibilidad de medir nuestros propios estándares nos ayuda a ser humildes. Nos permite desarrollar empatía con las dificultades de otras personas y sus equivocaciones. Resumiendo, el mejor amigo es aquel que se da cuenta de nuestra tristeza y es lo suficientemente hábil como para ayudarnos a que nos ayudemos a nosotros mismos.
1.31
Si aquellos que hacen algo de bien, en gracias
Por favores alguna vez recibidos, son alabados,
¿Qué necesidad hay de hablar de bodhisattvas
De aquellos que libremente benefician al mundo?
1.32
Aquellos, quienes mofándose condescendientemente
Dan a otros, solo una vez, una sola comida
Alimentándolos por sólo medio día
Son honrados por el mundo como virtuosos.
1.33
¿Qué necesidad hay de hablar acerca de aquellos
Que constantemente imparten sobre incontables multitudes
La inigualable alegría de la bienaventurada budeidad,
La máxima realización de sus anhelos?
El verso 32 hace referencia a la costumbre hindú de formalizar la generosidad. Si una vez al día, a la semana, o al mes uno da una comida a un indigente, uno es visto como un virtuoso miembro de la sociedad. Por eso Shantideva habla de dar de manera condicionada. En este caso por la sociedad.
La mayoría de nosotros, personas que vivimos en ciudades con indigentes, hacemos esto. Ideamos un plan –como por ejemplo dar a la primera persona que nos pida- esperando que eso nos alivie nuestra sensación de culpa durante el resto del día. Claro que dar de esa manera es beneficioso, pero definitivamente podríamos ir mucho más lejos.
Cuando damos dinero a los indigentes sean hombres o mujeres, podemos aspirar a que ellos se liberen de todo su dolor. Podemos aspirar a extender nuestra propia comodidad y felicidad hacia ellos y todos los indigentes en otros lugares. Incluso algo mucho más puntual, podríamos reconocer lo mucho que tenemos en común y dar libremente sin resentimiento ni condescendencia.
Incluso en las tempranas etapas de la práctica de la bodhicitta de la aspiración, nosotros podemos incluir a todos los seres. Si impartir sobre incontables multitudes la inigualable alegría de la bienaventurada budeidad parece estar algo distante de usted, simplemente manténgalo auténtico.
Cuando nos enfermamos, por ejemplo, nosotros no pensamos acerca de las enfermedades de los demás, pero ese cambio puede suceder: cuando usted se enferma, usted puede pensar que otros están en el mismo barco. Incluso entrando a la bañera para un baño reparador puede sacarlo fuera de su egocéntrico capullo. Infinidad de personas no disponen de tal comodidad: la gente que se está helando y anhelando algo de calor, la gente que está exhausta y no tienen forma de relajarse. Nosotros podemos aspirar por todos esos seres a que se liberen de sus sufrimientos y disfruten de los placeres que nosotros disfrutamos.
Los últimos tres versos tienen que ver con el tratamiento apropiado de la bodhichitta.
1.34
Y aquellos que guardan maldad en sus mentes
Contra tales señores de generosidad, los herederos del Buda,
Permanecerán en el infierno,
El Gran Poderoso ha dicho,
Durante eras iguales a los momentos de sus maldades.
1.35
Por contraste, buenos y virtuosos pensamientos
Producirán abundantes frutos en gran medida.
Incluso en la adversidad, los bodhisattvas
Nunca sacan a relucir la maldad –sólo una creciente corriente de bondad.
1.36
A ellos, en quienes esta preciada y sagrada mente
Nace – ¡Ante ellos me postro!
Voy por refugio en esa fuente de felicidad
Que conduce a sus mismos enemigos a la perfecta bienaventuranza.
En el verso 34, tenemos la primera mención del infierno. Siendo niña, me dijeron que el infierno era el máximo castigo. Allí es a dónde eres enviado cuando mueres si eres realmente, realmente malo. Me alegra comunicarles que esta no es la visión aquí.
Para entender esta referencia desde la perspectiva budista, miramos causa y efecto y la forma en que continuamente nosotros imprimimos nuestras mentes. Nosotros sembramos las semillas de nuestros futuros infiernos o felicidades a través de la forma en que abrimos o cerramos nuestras mentes ahora mismo.
Los infiernos descritos gráficamente en muchos textos tibetanos no existen aparte de las mentes de los seres que los experimentan. Por ejemplo, en su dedicación final, Shantideva se refiere a aquellos cuyo infierno consiste en luchar y ser heridos.
La idea aquí es que cuando intencionalmente les hacemos daño a otros -particularmente a alguien dedicado a beneficiar a los demás- las consecuencias a largo plazo de nuestra crueldad serán experimentadas con circunstancias externas infernales. Es nuestra propia agresión la que nos hiere. No es que somos castigados y enviados al infierno; el infierno es la manifestación de una mente vengativa.
También es importante comprender lo que Shantideva quiere decir por aquellos que albergan la maldad en sus mentes. La palabra clave aquí es “albergan”. Albergar odio hacia cualquiera produce un marco mental de angustia.
Permanecemos en este estado infernal durante eras iguales a los momentos de nuestra maldad, en otras palabras, mientras sigamos aferrándonos a nuestro odio en lugar de aflojarlo y dejarlo ir. Pensamientos virtuosos, por otra parte, nos brindan felicidad. En vez de separarnos y hacernos sentir más segregados y temerosos, ellos nos acercan a los demás.
En el verso 35, Shantideva dice que incluso en la adversidad los bodhisattvas producen sólo bondad. Con frecuencia, en tiempos difíciles, nos asustamos y agredimos llenos de rabia o complaciéndonos en diversas adicciones, con la esperanza de escapar de nuestro dolor. Shantideva dice que los bodhisattvas permiten que el sufrimiento de la adversidad los suavice y los hagan más bondadosos, y que nosotros podemos aspirar a lo mismo.
Este camino de bodhisattva puede que tome algo de tiempo. Nuestros patrones habituales están muy arraigados.
Sin embargo, cuando tiempos difíciles nos vuelven más egoístas y distantes, podríamos ver esto como el momento de nuestra verdad. La transformación puede ocurrir justo en este doloroso lugar. En lugar de la maldad de más neurosis y dureza, la adversidad puede propiciar humildad y empatía. Al ponernos de rodillas, por decirlo de alguna manera, la adversidad puede volvernos más tiernos y más capaces de ir hacia los demás.
En el último verso, Shantideva se postra ante todos nosotros quienes estamos dispuestos a despertar la bodhichitta; y se postra ante la bodhichitta misma, la fuente de felicidad que conduce a sus mismos enemigos a la perfecta bienaventuranza. Luego, la palabras de cierre pudiesen parecer que contradicen el verso 34 con sus consecuencia infernales para aquellos que actúan agresivamente.
Pero desde el punto de vista de los despiertos, la felicidad puede llegar incluso a los que guardan maldad en sus mentes. Como resultado de nuestras compasivas intenciones, incluso nuestros “enemigos” pueden ser liberados de su egocéntrica absorción y así lograr iluminación. El saber dónde yace la raíz de la felicidad nos salva de aumentar el dolor.
Si alguien nos insulta, por ejemplo, puede que quieras devolvérselo, pero sabes que esto no beneficiará a nadie. Más bien, en el mismo momento de desear hacerlo, puedes decirte a ti mismo: “Que la rabia que estoy sintiendo hacia esta persona cause que ambos podamos liberarnos.”
Esta es la aspiración de un joven bodhisattva, uno en proceso de aprender a aflojar sus aferramientos y dejarlos pasar. Incluso si nosotros no lo sentimos genuinamente, podemos decir “Que esta aparente conexión negativa sea nuestro lazo para que ambos logremos despertar.”
Preparando la base.
La Confesión.
Me he preguntado con frecuencia cómo surgen los primeros destellos de bodhichitta. Cómo es que cualquiera de nosotros pasa de estar completa y egocéntricamente centrado en “el calabozo del samsara”, a conectarse, aunque sea tan sólo con un pequeño destello de la amorosa y vasta perspectiva de la bodhichitta.
En el capítulo 2 de El Camino del Bodhisattva, Shantideva introduce las “siete ofrendas”, siete prácticas que preparan la mente y el corazón para el despertar. Estas constituyen métodos tradicionales para acumular mérito. Shantideva comienza en el verso 1 con la práctica de hacer ofrendas.
2.1
A los budas, aquellos ya liberados,
Y a la sagrada Ley, inmaculada, suprema y rara,
Y a los herederos del Buda, océanos de buenas cualidades,
De modo que pueda lograr esta preciada actitud, hago una perfecta ofrenda.
Esta práctica consiste en tres partes: el objeto especial de la ofrenda; la intención especial, y las ofrendas especiales mismas.
El objeto especial de la ofrenda son Las Tres Joyas: los budas; el dharma, o Ley Sagrada; y la sangha, o comunidad de los herederos del Buda.
El punto aquí lo constituye la resonancia del despertar: el despertar que está aparentemente “allá afuera”, y resuena con el que está aparentemente “aquí”. Así, la veneración de cualquier ejemplo de sabiduría es un llamado a nuestra propia apertura y hace surgir lo mejor de nosotros.
La intención especial de hacer ofrendas es la de lograr la preciada actitud de la bodhichita. Hacemos esta práctica con la clara intención de despertar el corazón de la bodhichitta.
Por ejemplo, cuando nos estamos sintiendo inadecuados o con el corazón cerrado, podríamos elevarnos con el simple pero potente gesto de ofrendar mentalmente las cosas más placenteras y hermosas de nuestras vidas.
Shantideva -como pronto veremos - es un apasionado de esta práctica. De manera entusiasta, él ofrenda toda la belleza que percibe en el mundo; se ofrenda a sí mismo y ofrenda elaboradas visualizaciones de los mejores regalos imaginables.
Cuando hacemos ofrendas de valor real, el acto de hacerlo va tan en contra de nuestro habitual egoísmo, que el efecto es liberador. El dar nos permite liberarnos de esos apegos o aferramientos que incrementan nuestra vulnerabilidad y temor. De esta manera, la práctica ventila la claustrofobia de la auto-absorción, y nos acerca a la mente generosa de la bodhichitta.
Al hacer ofrendas a los budas, bodhisattvas, y a otros objetos de veneración, nos conectamos no sólo con nuestra apertura sino también con la calidez de la devoción y el amor. Al hacer ofrendas a aquellos que están sufriendo y en gran necesidad de ayuda, ganamos acceso a nuestra propia ternura y compasión. De modo que ésta aparentemente simple práctica de dar –de abrir y aflojar- puede ser profundamente transformadora.
Sea lo que sea que nos mueva más allá de nuestro ensimismamiento, siembra semillas positivas en nuestro continuo mental. Con las apropiadas causas y condiciones, estas semillas madurarán en circunstancias afortunadas. Esta buena fortuna es llamada “mérito” y se manifiesta como condiciones de apoyo externas y estados mentales. El máximo mérito proviene del conectarse con la imparcial claridad de nuestra propia mente.
C. Me parece que este último párrafo nos brinda la oportunidad de abordar el tema de la “buena suerte” o la “buena fortuna” desde la perspectiva budista.
Con demasiada frecuencia hablamos acerca de la buena suerte o la buena fortuna de alguna circunstancia o de alguien en particular. Partiendo de una causa y teniendo en consideración la ley de causa-efecto, podemos afirmar con toda claridad que las circunstancias afortunadas que vivimos son producto de nuestra propia acumulación de mérito.
El tener esto en mente, el poder verlo con claridad, nos llena de un entusiasmo sincero por involucrarnos en acciones beneficiosas que sabemos resultarán en buena suerte o buena fortuna. Claro que esto no constituye la motivación del bodhisattva.
El bodhisattva lo hace por el beneficio que sus acciones proporcionan a otros. El bodhisattva o la bodhisattva no dice “voy a hacer este bien para acumular mucho mérito para el futuro”.
Sin embargo, he escuchado que la principal motivación de muchos practicantes tibetanos es esa. Piensan mucho acerca de los sufrimientos que implicaría una vida futura muy desafortunada y tratan de acumular mucho mérito pensando que eso les proporcionará grandes beneficios a futuro.
Podemos decir que invierten a largo plazo. No hay nada de malo con esta motivación porque igualmente se involucran en hacer el bien, sólo que los resultados estarán limitados por la calidad de sus propias motivaciones.
Cuando tomamos partido con nuestra sanidad y claridad mental en lugar de con la pequeña y mezquina mentalidad del egocentrismo, ganamos mérito. Esta es una forma muy profunda y de corazón de hacernos amigos de nosotros mismos.
Trungpa Rimpoche dijo una vez “La persona que acumula mayor cantidad de mérito tiene que ser humilde y estar dispuesta a dar, en vez de estar lista a recibir.”
En este espíritu, con la intensión de acumular mérito y con el anhelo de experimentar bodhichitta, Shantideva lleva a cabo estas siete prácticas.
2.2
Ofrezco cada flor y cada fruto
Y cada tipo de medicina curativa
Y todas las cosas preciosas que pueda tener el mundo
Con todas las aguas puras que refrescan.
2.3
Cada montaña, rica y llena de joyas
Todos los dulces y solitarios bosquecillos
Los árboles del cielo, adornados a plenitud
Y ramas fuertes, repletas de sus frutos.
2.4
Las perfumadas fragancias de los reinos de dioses y hombres
Todo incienso, árboles de deseos y árboles de gemas
Todas las cosechas que crecen sin el cuidado de alguien
Y cada objeto suntuoso digno de ser ofrendado.
2.5
Lagos y mares adornados de lotos
Todos poblados de los dulces cantos de los pájaros de agua
Y hermosos a los ojos, y todas las cosas libres y salvajes
Estirándose hasta los infinitos límites del firmamento.
2.6
Los mantengo a todos frente a mi mente, y a los supremos budas
Y a sus herederos conformarán un regalo perfecto para ellos.
Oh, piensen en mi con amor, compasivos señores
Sagrados objetos de mis oraciones, acepten estas ofrendas.
2.7
Pues yo carezco de todo, destituido de mérito
No tengo otra riqueza. Pero ustedes, protectores
Ustedes cuyos pensamientos son por el beneficio de otros,
En su gran poder, acepten esto por mi bien.
Estas primeras ofrendas de las bondades de la naturaleza –frutos y flores, agua, montañas, árboles- no pueden ser “poseídos”. Estas ofrendas pudiesen ser hechas por el más pobre de todos los pobres. Podemos ofrendar el cielo, el sonido del canto de los pájaros, o el placer de ver el amanecer.
Igual que Shantideva, podemos, alegremente, hacer vastas y profundas ofrendas de todo lo que vemos, escuchamos, gustamos y olemos, y de cada objeto suntuoso del que disfrutemos.
Aprovechando esos momentos de deleite, siempre tendremos un precioso regalo a mano. Incluso si estamos viviendo en la calle –carezco de todo, destituido de mérito, y sin ninguna otra riqueza- somos ricos en regalos que no tienen precio.
Debido a que apreciamos el mundo y percibimos su disponible abundancia, podemos ofrendar esto a otros. En lugar de que cosas deseables se conviertan en objetos de la codicia, los convertimos en vehículos para la liberación utilizándolos para hacer las mejores ofrendas.
2.8
Los budas y sus hijos bodhisattvas
Me ofrezco a ellos a través de todas mis vidas
Valerosos supremos, acéptenme totalmente
Ya que con devoción seré su sirviente.
2.9
Ya que si ustedes me aceptan, seré
Un beneficio para todos, y libre de temores
Iré más allá de todos los males de mi pasado
Y de allí en adelante alejaré mi rostro de ellos.
En los versos 8 y 9, Shantideva se ofrenda a sí mismo. Su razonamiento es práctico: cualquier cosa que nos aleje de nuestro ensimismamiento, es un buen presagio. A nivel cotidiano, podemos literalmente ofrendarnos a nosotros mismos. En una reunión, por ejemplo, alguien pudiese decir, “Necesitamos alguien que pueda trabajar hasta tarde.” Cuando sentimos el familiar arrastre de la resistencia, podríamos ofrecernos a hacerlo aun cuando implica un gran paso. Una vez que tomamos la determinación de liberarnos de nuestros hábitos basados en temores, surgirán oportunidades para practicar por todas partes.
Claro, Shantideva no se está dirigiendo a compañeros de trabajo o amigos; se dirige a los budas y bodhisattvas. Sin embargo, en verdad, no estamos haciendo esto por los budas. Cuando Shantideva se ofrenda a sí mismo a aquellos que representan la sabiduría y la compasión, él es el que se va a beneficiar. Los budas no necesitan que nosotros seamos sus sirvientes.
Por otra parte, ¿quien no se regocijaría en vernos cada vez más luminosos y siendo menos posesivos y mezquinos? Hacer ofrendas nos libera del dolor del ensimismamiento egocéntrico. ¿Estamos dispuestos a ofrendar algo tan preciado como nuestro tiempo, energía y cualquier otra cosa a la que nos estemos aferrando? ¿Estamos dispuestos a aflojar hábitos de egoísmo, miedo y mente cerrada? De ser así, podemos beneficiarnos mucho de esta práctica.
2.10
Una sala de baño excelentemente fragante
Con pisos de cristal, radiantes y claros
Con hermosos pilares resplandecientes de gemas
Todos sostenidos con relucientes toldos de perlas.
2.11
Allí, a los bienaventurados budas y a sus herederos
Bañaré con muchas jarras preciosas
Llenas de agua, dulce y placentera
Todo entre hilos de canciones y melodías.
2.12
Con vestimentas de calidad sin comparación alguna
Los secaré con inigualables toallas perfumadas
Y ofreceré espléndidos y perfumados ropajes
Bien secos y de excelencia insuperable.
2.13
Con diferentes ropajes, ligeros y flexibles
Y cientos de bellísimos adornos
Rendiré homenaje al sublime Samantabhadra
Manjughosha, Lokeshvara y sus hijos.
Shantideva visualiza ofrendas magníficas y nos muestra cuán placentera puede ser esta práctica. Podemos disfrutar como un lujo estupendas fantasías y visualizar suntuosas ofrendas, no solo para nosotros, sino también para los budas, bodhisattvas y todos los seres sintientes.
En los versos 10 y 11, describe una exquisita sala de baño. En los versos 12 y 13, ofrenda excelentes vestimentas –los más suaves, las toallas más lujosas; hermosos y perfumados ropajes- todas esas cosas que deseamos tanto viendo los catálogos.
Podemos deleitarnos en nuestros sueños diurnos, y luego ¡regalarlo todo! Estos presentes son ofrendados a tres de los ocho principales bodhisattvas: Samantabhadra, Manjughosha y Lokeshvara. Samantabhadra está asociado con la generosidad infinita.
Esta es una cualidad que nosotros también poseemos: una mente de generosidad con el infinito potencial para crecer. Majughosha manifiesta la sabiduría incondicional que está disponible a todos nosotros. Lokeshvara representa la compasión. Lo veneramos sabiendo que nuestra propia compasión puede desarrollarse y expanderse.
2.14
Y con una suntuosa fragancia
Presente en un millón de mundos,
Ungiré los cuerpos de los budas
Luminosos y radiantes como oro puro y ardiente.
2.15
Colocaré ante el Buda, perfecto objeto de mi devoción
Flores como los lotos y la mandarava
Utpala y otros capullos aromáticos
Trabajados y entrelazados en hermosas guirnaldas perfumadas.
2.16
Haré ofrendas de nubes de incienso
Cuyo perfumado ambiente embelesa la mente
Y diversos alimentos y cada tipo de bebida
Todas delicias dignas de los dioses.
2.17
Haré ofrendas de preciosas lámparas
Todas perfectamente ajustadas como lotos dorados
Un lecho de pétalos de flores esparcidas
Sobre el piso, tierra regada con incienso.
Shantideva parece estar disfrutando profundamente. Ofrenda aceites fragantes con los cuales ungir los cuerpos de los budas y flores juntadas en guirnaldas como las hawaianas. Cuando ofrenda una lámpara, no es sólo una pequeña vela; es una lámpara exquisita en forma de loto dorado, sobre un lecho de pétalos de flores esparcidas sobre un piso regado con incienso.
Comenzando el verso 15, las ofrendas toman un significado especial. Tradicionalmente, se entiende que cada ofrenda contribuye a cultivar una cualidad específica. La ofrenda de flores, por ejemplo, incrementa nuestra habilidad para sentir amor y compasión; la ofrenda de incienso, en el verso 16, incrementa la capacidad para la disciplina.
Cualquier cosa que ofrendamos revela nuestras buenas cualidades inherentes. Es como remover una capa: como resultado, pudiésemos sentirnos inmersos en una gran riqueza y encontrarnos siendo menos posesivos y más generosos. De esta manera, el hacer ofrendas se dice que nos ayuda a trascender la mezquindad. Cultivar esta práctica es una manera muy directa y no-conceptual de revelar nuestra bondad fundamental.
2.18
Ofrendaré palacios inmensos y resonantes con melodías
Todo emplazado con perlas preciosas y gemas colgantes
Tesoros fulgurantes apropiados para adornar la amplitud
Del espacio.
Todo esto lo ofrendo a los amorosos bodhisattvas.
2.19
Preciosos parasoles adornados con mangos dorados
Y por todos lados con flecos enjoyados
Derechos, bien proporcionados, placenteros a la mirada
De nuevo, todo esto como ofrenda daré a los budas.
2.20
Que una multitud de otras ofrendas
Acompañadas de música dulce de escuchar
Se formen en grandes y sucesivas nubes
Para aliviar los sufrimientos de los seres vivientes.
2.21
Que lluvias de flores, cada preciada cosa
Descienda en un continuo riachuelo
Sobre las joyas del sagrado Dharma
La Triple Joya y todos en quienes descansan las ofrendas.
En el verso 18, la ofrenda de hermosos palacios resonantes con melodías simboliza crear comunidades armoniosas y elevadas. La ofrenda tradicional del parasol ceremonial en el verso 19, está asociado con la habilidad para beneficiar a los seres. En el verso 20, la ofrenda de música incrementa nuestra capacidad para comunicar el dharma, de modo que la gente pueda escuchar la dulzura de la verdad.
En el verso 21, la ofrenda es la aspiración por la continua lluvia de flores y joyas preciosas descendiendo sobre los textos sagrados, las Tres Joyas, y todo aquello que apoya nuestra práctica. Finalmente, en los versos 22 y 23, hará la más sublime ofrenda: la ofrenda de seguir el ejemplo de nuestros maestros y practicar lo que nos ha sido enseñado.
2.22
Así como Manjughosha, gentil y melodioso
Hizo ofrendas a todos los conquistadores
De la misma manera yo me postro
Ante los budas y sus hijos bodhisattvas.
2.23
Ofrendaré oraciones de todo tipo y en cualquier forma
A estos vastos océanos de buenas cualidades.
Que nubes de entonadas alabanzas
Asciendan incesantemente en su presencia.
La siguiente de las siete prácticas son las postraciones. Al ofrendar postraciones, preparamos aun más la base para que la semilla de la bodhichitta eche raíces. En el verso 24 hasta el 26, Shantideva una vez más acumula mérito ofrendándose a sí mismo.
2.24
Ante los budas del pasado, el presente, y todos en tiempos futuros
Y a la Doctrina y a la Sublime Asamblea
Con cuerpos tan numerosos como granos de polvo
Sobre la tierra me inclino y me postro.
2.25
Ante los altares y todos los soportes
De bodhichitta, yo me postro.
Ante todos los abates, quienes transmiten los votos, todos los eruditos maestros
Y todos los nobles que practican el Dharma.
2.26
Hasta que la esencia de la iluminación sea alcanzada
Voy por refugio en todos los budas.
También tomo refugio en la Doctrina
Y en toda la asamblea de bodhisattvas.
Cualquier ofrenda puede ser expandida. Por ejemplo, cuando nos visualizamos regalando nuestras preciadas pertenencias, no solo nos imaginamos un libro o un sweater; aumentamos esta ofrenda hasta hacerla infinita cuando hablamos de innumerables libros y sweaters. De igual modo, en el verso 24, Shantideva visualiza innumerables imágenes de su cuerpo haciendo postraciones.
Hay muchos beneficios en esta práctica. Primero y lo más importante, las postraciones contrarrestan la arrogancia. Trungpa Rimpoche solía decir que debido a que somos bondadosos por naturaleza, podemos someter el orgullo. No tenemos que aferrarnos a nuestros logros o buena fortuna. Podemos darnos el lujo de ser humildes y postranos ante aquellos que representan la sabiduría, aquellos valientes que trabajaron duro de modo que las enseñanzas pudiesen permanecer vivas hoy día.
Segundo, las postraciones nos conectan con nuestra propia sanidad mental. En presencia de una persona extremadamente abierta y compasiva, podemos sentir como estas cualidades se despliegan en nosotros mismos. Un objeto de veneración o persona, puede despertar la claridad y la frescura de nuestra mente. Como gesto de respeto, de amor y de gratitud ante aquellos que nos muestran nuestra bondad inherente, nos inclinamos y postramos.
Tercero, las postraciones sirven como maneras de trascender la resistencia y rendir nuestros hábitos y neurosis profundamente enraizados. Cada vez que nos postramos nos ofrendamos a nosotros mismos: nuestra confusión, nuestra incapacidad para amar, nuestra dureza y maneras egoístas.
Es como abrir nuestras manos diciendo: “Con este gesto voluntariamente reconozco cuan atascado estoy. Lo entrego todo al vasto y compasivo corazón de la bodhichitta. Hasta alcanzar la esencia de la iluminación, tomo refugio en la mente despierta.” Hacer postraciones con cualquiera de estas tres intenciones nos preparará para experimentar el corazón de la bodhichita.
Desde el verso 27 hasta el final de este capítulo, Shantideva presenta la práctica de la confesión o, como Trungpa Rimpoche la tradujo, “dejar a un lado nuestros crímenes neuróticos.” Cada vez que hacemos algo que luego deseamos no haber hecho, le damos nuestra completa y compasiva atención. En vez que esconder nuestros temores de nosotros mismos y de los demás, los declaramos abiertamente. Reconociéndolos ante nosotros mismos eliminamos el auto engaño. En ciertas circunstancias, también pudiésemos declararlos a otra persona, como testigo de nuestra sabia intención.
Para ver claramente cómo reforzamos o debilitamos patrones limitantes, tenemos que traerlos a la luz. Es como alistarse para ir a la cama en la noche: nosotros nos quitamos la ropa en la habitación estando solos, pero la presencia de otra persona eleva nuestra atención y conciencia.
El papel de otros, bien se trate de los grandes protectores o de nuestros amigos, es simplemente el de escucharnos, sin juzgarnos, sin necesidad de componernos. De esta manera, la confesión trasciende la ignorancia, o la falta de auto-reflexión.
Usted podrá preguntar, ¿acaso no es suficiente con reconocer mis equivocaciones ante mi mismo? Eso ayuda mucho, pero no es suficiente como para disolver completamente el auto-engaño. Cuando expresamos nuestras equivocaciones ante el buda o ante otro ser humano, no podemos engañarnos.
Como un acto de auto-compasión y respecto hacia nosotros mismos, utilizamos un testigo para exponernos a nosotros mismos. Así, en lugar de andar por todas partes llevando la carga de la vergüenza, nos liberamos para comenzar de nuevo. El beneficio de dejar a un lado nuestros “crímenes neuróticos” está en poder seguir adelante con culpa.
La práctica de la confesión es una excelente forma de ir más allá de la culpa y el auto-engaño. Reposa sobre la perspectiva de que la neurosis, aun cuando es cierto que puede sentirse monolítica e inmutable, es esencialmente transitoria e insubstancial. Es tan solo energía muy fuerte, que equivocadamente, nosotros identificamos como un sólido y permanente “yo”. Confesar, así como hacer ofrendas y postraciones, nos ayuda a aflojar esta versión solidificada de quién somos.
Cuando hacemos algo que deseamos no haber hecho, nosotros no permanecemos totalmente ajenos; nosotros lo reconocemos con los que Dzigar Kongtrul Rimpoche llama “una positiva tristeza”. En vez de condenarnos a nosotros mismos, podemos conectarnos con la ternura amorosa del remordimiento. Así, los hábitos del autoengaño y la culpa tienen una oportunidad de desdibujarse.
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