Shantideva II

El camino del compasivo

Curso inspirado en enseñanzas de Pema Chodron

Traducción, edición y Comentarios: María Mercedes Márquez

Caracas, 2012

La práctica de la confesión es una excelente forma de ir más allá de la culpa y el auto-engaño. Esta reposa sobre la perspectiva de que la neurosis, aun cuando se siente monolítica o inmutable, es esencialmente transitoria e insubstancial. Es simplemente una energía muy fuerte que equivocadamente hemos identificado como el sólido y permanente “yo”.   La confesión, así como el hacer ofrendas y postraciones, nos ayuda a aflojar y abandonar esta versión solidificada de quién somos.

Cuando hacemos algo que deseamos no haber hecho, no permanecemos indiferentes; lo reconocemos con lo que Dzigar Kongtrul Rimpoché llama “Una tristeza positiva”. En vez de condenarnos a nosotros mismos, podemos conectarnos con la ternura abierta de corazón de lamentarlo. Así, los hábitos de la culpa y el auto-engaño tienen oportunidad de desdibujarse.  Este es el punto esencial de la práctica de la confesión.

2.27

Para los perfectos budas y bodhisattvas

En todas las direcciones donde puedan residir,

Ante ellos, los soberanos de la gran compasión

Junto mis palmas orando así:

2.28

En esta y en todas mis otras vidas

Vagando en la rueda sin principio

Ciegamente he propiciado la maldad

Incitando a otros a hacer lo mismo.

2.29

He tenido placer en tal maldad

Engañado y comandado por mi ignorancia.

Ahora veo el daño en ello, y en mi corazón

Oh grandes protectores, lo declaro.

En estos versos, Shantideva introduce la práctica tradicional tibetana de “Los cuatro poderes de la confesión”, cuatro métodos para dejar a un lado los actos neuróticos. Estos son: (1) Reconocimiento de las acciones equivocadas con una “positiva tristeza”.  (2) Confiar en la sabiduría primordial, (3) Aplicar acciones que lo remedien y (4) Resolver hacer lo mejor que podamos para no seguir incurriendo en los mismos errores.

El verso 27 presenta “la confianza” en la sabiduría primordial. En presencia de la sabiduría imparcial y  sin juicio de los soberanos de la gran compasión, Shantideva declara, en los versos 28 y 29 que ha causado daño. 

Con honestidad y confianza en su propia bondad fundamental, reconoce que ha equivocado el camino. Este reconocimiento sanador es el poder del reconocimiento con tristeza positiva.  Cuando dice “Ciegamente he propiciado la maldad incitando a otros a hacer lo mismo”, el aplica el tipo de reflexión personal compasiva que trae liberación. 

Como Dzigar Kongtrul Rimpoché dice, “Podemos admitir ante nosotros mismos que hemos hecho daño como producto de nuestra ignorancia, sin necesariamente quedar atrapados en historias acerca de “lo malo que soy yo”.

El tercero de los cuatro poderes es llamado “la acción curativa” o “el poder opuesto”.  Habiendo reconocido las desafortunadas cosas que hacemos, estas acciones nos permiten resolver el pasado, liberándonos así para ir más allá de la culpa y la represión. 

Los ejemplos de la acción curativa van desde las prácticas clásicas hasta las contemporáneas. El maestro Vietnamita Thich Nhat Hanh, por ejemplo, trabajó con un veterano norteamericano de la guerra de Vietnam quien no podía desprenderse de su abrumadora culpabilidad por haber matado a civiles inocentes.  Para él, la acción sanadora consistía en regresar a Vietnam y pasar tiempo ayudando a la gente necesitada. 

En la misma forma, si nosotros hemos matado animales en el pasado, quizás ahora podríamos protegerlos.

Otro método es el de “la revisión o el repaso de la vida”.  Al menos una vez al año, me imagino que estoy a punto de morir. Miro hacia atrás tan sinceramente como me es posible a lo que ha sido toda mi vida, y le presto total atención a las cosas que hubiera deseado nunca hubiesen ocurrido.

Reconociendo estos errores honestamente, pero sin recriminación, trato de regocijarme en la sabiduría innata que me permite ver de manera tan valiente, y siento compasión por la gran frecuencia con que lo eché todo a perder.  Luego puedo ir más adelante.

El futuro es totalmente abierto y lo que yo haga con eso depende de mí.  La acción curativa de Shantideva es la declaración “En mi corazón, Oh grandes protectores, lo declaro”. Al expresar abiertamente cuánto lo lamenta, el lleva a cabo la sanación, la acción curativa.   

El cuarto poder, “la resolución”, está en el último verso de este capítulo en el verso 65.  Shantideva promete hacer lo mejor que pueda para no repetir los mismos errores e ir más adelante sin el peso innecesario de la culpa. Estos cuatro poderes de confesión generan una relación mucho más abierta de corazón con el mundo.  Podemos transformar el lamentar que hemos sido básicamente malos y desear nunca haberlo sido, entendiendo que somos esencialmente buenos y que no deseamos continuar tapándolo.

2.30

Que cualquier cosa que yo haya hecho contra Las Tres Joyas

En contra de mis padres, maestros y los otros

A través de la fuerza de mis obscuraciones

Con las facilidades del cuerpo, la palabra y la mente

2.31

Toda la maldad, que yo, pecador, he cometido

La falta que se aferra a mí a través de muchas acciones dañinas

Todas las cosas terribles que he causado

Abiertamente lo declaro a ustedes, maestros del mundo.

Esta traducción “Yo, un pecador” puede ser engañosa. El budismo hace hincapié en ir más allá de toda identidad: bueno, malo, o en medio.  Básicamente, con los métodos correctos para trabajar con nuestras mentes y la disposición de utilizarlos, todos tenemos la habilidad para darle la vuelta a cualquier cosa. Podemos ir más allá de las sólidas opiniones y prejuicios que causan que actuemos equivocadamente; podemos descubrir nuestra apertura y bondad fundamental. 

En los versos 30 y 31, Shantideva declara todo lo que lo aleja de vivir una vida compasiva, sin ninguna sensación de culpabilidad o de ser malo.  Una forma positiva de ver palabras como “pecado” y “pecador” es que estas atraen nuestra atención y nos recuerdan que este no es un tema a ser tomado ligeramente. 

Yo prefiero evitar palabras que están cargadas culturalmente, de modo que no llenemos las enseñanzas budistas con proyecciones engañosas.  Trungpa Rimpoché por ejemplo, traducía la palabra tibetana dikpa como “crímenes neuróticos” en lugar de “pecado”, escogiendo una interpretación psicológica en vez de una ética. Las palabras que nos identifican como seres fundamentalmente estropeados no parecen ayudar, sin ellas, es más probable que nos sintamos inspirados a conectarnos con nuestra fortaleza y bondad inherentes.

2.32

Antes de que mi maldad sea erradicada

Puede ser que mi muerte llegue a mí.

De modo que, pueda ser liberado, sea lo que venga,

Yo te ruego, otórgame rápido tu protección.

2.33

Al gratuito Señor de La Muerte no podemos predecir

Y con las tareas de la vida hechas o aún por hacer, no podemos permanecer.

Y ya sea que estemos enfermos o sanos, no podemos confiar

Nuestras vidas, nuestras pasajeras, momentáneas vidas.

2.34

Y debemos morir abandonándolo todo.

Pero yo, desprovisto de entendimiento

He, por el bien de amigo y enemigo por igual

Provocado y llevado a cabo tantas acciones malvadas.

2.35

Mis enemigos a la larga dejarán de serlo;

Mis amigos, y yo mismo

Dejaremos de estar;

Y todo está de igual modo destinado a la destrucción.

En los versos 32 hasta el 46, Shantideva introduce la impermanencia y la muerte.  Su intención es la de de señalar la necesidad de la auto-reflexión antes de que sea demasiado tarde.  Cualquiera de nosotros podría morir repentinamente.  Esto produce una fuerte motivación por revisar nuestras vidas con una actitud de auto-perdón.  Entonces podremos morir sin arrepentimientos.

En el verso 32, Shantideva dice: “otórgame tu protección”  y en otras liturgias budistas leemos “otórgame tus bendiciones”. ¿Pero de quién estamos solicitando ayuda y bendiciones? ¿Cómo podemos entender esto de manera no-dualista?  Trungpa Rimpoché explicó que no se trata tanto de la noción de alguien protegiéndonos o dándonos sus bendiciones; que es más una actitud de “así sea”.  ¡Que pueda ser protegido y bendecido por la inspiración de la mente de sabiduría.  ¡Que así sea!

El verso 34 discute un tema provocativo: tiempo después de que nuestros amigos y enemigos se hayan ido, nosotros aun llevaremos las huellas de nuestras reacciones positivas y negativas. Nuestros patrones habituales permanecen en su lugar durante mucho tiempo después de que los objetos de nuestros apegos y aversiones cesen. 

El problema no son nuestros amigos y enemigos per se, el problema es la forma en que nos relacionamos con ellos, o con cualquier circunstancia externa.

¿Cuáles hábitos estamos fortaleciendo cuando nos enredamos en nuestros apegos y aversiones?  ¿Cómo vamos a experimentar el mundo dentro de un mes, un año o cinco años?  ¿Seremos incluso más iracundos, más apegados y temerosos, o habrá ocurrido algún cambio?  Esto depende enteramente de las tendencias que reforzamos hoy. Shantideva nos dice que es fútil apegarnos a aquellos que, como nosotros, viven vidas pasajeras.

2.36

Todo lo que poseo y utilizo

Es como la etérea visión de un sueño.

Se esfuma en los reinos del recuerdo

Y esfumándose, no volverá a ser visto jamás.

2.37

Incluso en el breve curso de esta presente vida

Tantos amigos y enemigos se han marchado

Debido a quiénes, los daños que he hecho

Permanecen aun insoportables ante mí.

2.38

El pensamiento nunca vino a mi mente

De que yo también soy una breve y pasajera cosa.

Y así, a través del odio, la lujuria y la ignorancia,

He sido la causa de mucha maldad.

2.39

Nunca vacilante, día y noche

Mi vida está pasando, pasando.

Y nada que pase podrá ser recuperado

¿Y qué si no mi muerte podrá ser mi destino?

El verso 36 evoca la insubstancial cualidad de nuestras vidas.  Es la primera referencia de Shantideva a la ilusoria naturaleza, como un sueño, de la realidad.

Cada vez que nos sintamos quedándonos enganchados, el simple hecho de recordar estas palabras puede ser un poderoso apoyo.  Ellas pueden ayudarnos a cortar a través del enredo y orientarnos hacia una perspectiva más amplia. 

Estos versos apuntan a la esencial ausencia de base o fundamento de nuestra experiencia.  Si estamos tratando de ignorar la verdad de la muerte, podríamos encontrarnos en la clase de pánico que Shantideva describe.  Cualquier grado de atención a nuestra experiencia nos convencerá fácilmente de que la vida está pasando, está pasando.  En mi propia experiencia, envejecer es una buena motivación para no desperdiciar esta preciada vida humana.

2.40

Allí estaré, postrado sobre mi lecho

Y a mi alrededor, aquellos que conozco y amo

Pero yo sólo seré el que sentirá

El corte del hilo de la vida.

2.41

Y cuando la vanguardia del Señor de La Muerte me haya atrapado

¿De qué ayuda serán para mí mis familiares y amigos?

Ya que sólo la bondad acumulada en la vida me ayudará:

A esto,  ¡ay de mi! es a lo que he hecho caso omiso.

Morimos solos.  Amigos, familia, o abundancia material no pueden hacer nada para cambiar este simple hecho. Cuando mis hijos eran adolescentes, cuenta Pema Chodron, los llevé a conocer al XVI Karmapa.  Como ellos no eran budistas, le pedí a Su Santidad les dijera algo que no requiriera ninguna comprensión del dharma y sin dudarlo, les dijo: “Ustedes van a morir, y cuando lo hagan, se llevarán consigo nada más que su estado mental.” 

En el verso 41 Shantideva reitera esto y después habla gráficamente acerca de los horrores de la muerte.

2.42

¡Oh Protectores!  Habiéndole prestado tan poca atención

Difícilmente he adivinado horrores tales como este

Y todo por esta breve y pasajera existencia

He acumulado tanta maldad para mí mismo.

2.43

El día que lo lleven al cadalso

Donde su cuerpo será rasgado y masacrado

El hombre cambia, transfigurado en su temor

Su boca está seca, sus ojos comienzan por su frente.

2.44

¿Si eso es así, entonces cómo será mi miseria

Cuando abatido, a mi lado con temor

Vea yo al desalmado, al mensajero de la Muerte?

¿Quien derriba sobre mí su fatal mirada?

 

2.45

¿Quién puede salvarme, quién puede ahora protegerme

De este terror, de este miedo aterrador?

Y luego s registraré las cuatro direcciones

Buscando ayuda, con ojos llenos de pánico.

2.46

En ninguna parte ayuda o refugio será encontrado.

Y hundido bajo el peso del sufrimiento,

Desnudo, indefenso, desprotegido

¿Qué debo hacer entonces cuando esto me ocurra.

Shantideva utiliza dos técnicas tradicionales de enseñanzas. Una proclama la belleza y los beneficios de conectarse con la bodhichitta. La otra, emplea tácticas de miedo para sacudirnos, liberarnos de nuestros hábitos neuróticos, y nos asustan para que despertemos. Este último estilo no funciona muy bien en occidente, pues, sin confianza en nuestra propia bondad fundamental, su mensaje es malinterpretado con facilidad. 

El punto consiste en entender, que todo lo que hacemos tiene consecuencias, y éstas no siempre serán placenteras.  Cada día, estamos fortaleciendo o debilitando patrones negativos.  Pero como Trungpa Rimpoché dijo una vez, “karma no es castigo. Son las consecuencias en las que estamos temporalmente atorados. Podemos revertirlo siguiendo el camino.”

Mientras que es cierto que la mente puede ser aterradora, también presenta una oportunidad para la iluminación.  Esto depende de lo que cultivemos durante nuestras vidas.  En la preparación para la muerte, es de grandísima ayuda cultivar familiaridad con la bodhichitta y la apertura incondicional de nuestra mente.

En el entrenamiento sobre bodhichitta, aprendemos a utilizar cualquier dolor o temor que experimentamos para abrir nuestros corazones al sufrimiento de otros seres.  De este modo, nuestra miseria  personal no nos cierra; más bien se convierte en un paso hacia una perspectiva mucho más grande. Entrenándonos de esta manera durante la vida, la muerte despertará la compasión.  Incluso la incomodidad del dolor físico, las dificultades para respirar, o el temor automáticamente despertarán bodhichitta.

La mejor preparación para morir consiste en reconocer la naturaleza de la mente.  Viendo morir a otros he observado que la muerte puede ser un gran apoyo para despertar.  Todo está cediendo de manera natural: nuestro cuerpo está cediendo, nuestra forma de percibir la realidad está cediendo, todo a lo que nos aferrábamos se está disolviendo.  El aflojar y dejar atrás que cultivamos durante nuestra vida se está dando de manera natural; esto es lo que queríamos, y ahora está ocurriendo por sí sólo.  

Para aquellos que pasan sus vidas aprendiendo a relajarse en la ausencia de base, la muerte es liberadora.  Pero si vivimos nuestras vidas tratando de aferrarnos a esta breve y pasajera existencia, vamos a tener miedo, mucho miedo cuando estemos muriendo. La muerte es la máxima desconocida que siempre estamos evitando; es la máxima ausencia de base de la que tratamos de escapar.  Pero si aprendemos a relajarnos en la incertidumbre y la inseguridad, entonces la muerte es un apoyo para la dicha.

Si pasamos nuestras vidas buscando ayuda externa –a través de vernos bien, de las terapias, las adicciones, etc.- cuando estemos muriendo también buscaremos algo sólido a qué aferrarnos.

Cuando nos encontramos buscando ayuda, con ojos llenos de pánico, descubriremos demasiado tarde que esta respuesta habitual no nos va a ayudar. 

Este es el aleccionador mensaje de Shantideva.  Tenemos que preguntarnos a nosotros mismos: “¿En qué busco refugio? ¿Dónde busco refugiarme? 

Cuando me siento asustado, infeliz, o sólo, ¿en qué busco refugio yo personalmente?  Shantideva deduce que buscar refugio en los inconcebibles, inatrapables, mente y corazón de la bodhichitta, dará sus buenos frutos en el momento de nuestras muertes.

2.47

De modo que de ahora en adelante voy por refugio

En los budas, guardianes de los seres vagabundos,

Quienes trabajan por el bien de todo lo que vive

Esos poderosos que dispersan cada uno de los temores.

 

2.48

En el dharma que reside en sus corazones

Que dispersan todos los terrores del samsara

Y en la multitud de bodhisattvas

De igual modo perfectamente tomaré refugio.

 

Si tomamos refugio en la misma mente despierta –valiente e ilimitada- en lugar de hacerlo en una base aparentemente sólida, ella dispersará cada uno de los temores en el momento en que más la necesitemos.

2.49

Agarrado por el temor, a mi lado con terror

A Samantabhadra me entregaré

Y a Manjushri, el gentil y melodioso

Me entregaré completamente.

2.50

A Él, cuyas amorosas acciones son permanentes

Oh mi guardián, Avalokita,

Mi llanto brota de las profundidades de la miseria

“¡Protégeme ahora, al pecador que soy!”

2.51

Ahora, al noble Akashagarbha,

Y a Kshitigarbha, desde mi corazón los llamo.

Y a todos los protectores, grandes, compasivos,

A ellos voy buscando refugio.

2.52

Y a Vajrapani, quien sostiene el diamante

Cuya mera visión aplastará

Todos los peligros como la fatal corte de Yama,

A Él, en efecto, vuelo por seguridad. 

2.53

Tus palabras anteriormente he transgredido

Pero ahora por todas partes veo estos terrores.

Ante ti en efecto vengo por ayuda

Y te imploro, sálvame rápidamente de este miedo.

En el verso 53, Shantideva infiere que, cuando él no entendía la forma como trabajan causa y efecto, el continuaba fortaleciendo propensiones negativas.  Ahora, sin embargo, comprende que él es el que está creando las causas de sus futuras alegrías o tristezas.  Por lo tanto, está inspirado a seguir el ejemplo de los maestros bodhisattvas mencionados aquí, y a poner en práctica sus enseñanzas.  De esta manera, ellos siempre estarán con él, protegiéndolo del miedo.

2.54

Porque si, alarmado por corrientes enfermedades

Actúo de acuerdo a las palabras del médico

¿Qué necesidad hay de hablar cuando soy contantemente llevado hacia abajo

Por la lujuria y todos los otros cientos de tormentos?

2.55

Y si, por sólo uno de estos

Los que viven en el mundo son todos empujados hacia abajo,

Y si ningún otro remedio existe

Ninguna otra cura es encontrada en otra parte

2.56

Que las palabras del omnisciente sanador

Desentrañando cada enfermedad y sufrimiento

El pensamiento de volver hacia él oídos sordos

Es locura delirante, horrible y despreciable.

La analogía aquí es una muy conocida en las enseñanzas budistas: nosotros sufrimos de todas las enfermedades; el Buda es un médico y maestro en el diagnóstico; y las enseñanzas son medicina.  A fin de que pueda funcionar la medicina, tenemos que tomarla como fue prescrita; no podemos simplemente leer las prescripciones. Para poder curarnos, tenemos que actuar de acuerdo a las palabras del doctor.  Cuando la gente descubre que ellos mismos o un ser querido tiene una terrible enfermedad, se sienten inspirados a hacer todo lo que puedan para encontrar una cura.  Esto ayuda no sólo a la persona enferma, sino a todos los otros que sufren del mismo mal.  En este caso, sin embargo, todos tenemos la misma enfermedad. 

Mientras que una como el SIDA o el cáncer puede afectar a millones de seres, la enfermedad de la ignorancia y la auto-absorción nos afecta a todos.  El recibir un remedio sanador del omnisciente sanador y ni siquiera probarlo –ni siquiera durante uno o dos años- no es tan sólo una locura, es una locura delirante, horrible y despreciable.

2.57

Si junto a un pequeño y ordinario acantilado

Necesito ver mi camino con especial cuidado,

¿Qué necesidad hay de hablar de la inmensa grieta

Que se hunde hacia abajo, sin alcanzar a comprender su profundidad inalcanzable?

 

Esta inmensa grieta hace referencia a la mentalidad samsárica siempre buscando comodidad y tratando de evitar dolor.  Shantideva pregunta  ¿por qué, si prestamos tanta atención al caminar por un pequeño y ordinario acantilado, no somos al menos así de cuidadosos respecto a los peligros de la grieta del samsara? 

Durante incontable cantidad de vidas hemos estado cayendo en la grieta.  Seamos inteligentes finalmente y no volvamos a caer en ella de nuevo.  Y si lo hacemos una que otra vez, sostengámonos a nosotros mismos y levantémonos de nuevo.  Ese es el mensaje.

 

2.58

“Al menos hoy, no moriré”

¡Cuán arrebatado al arrullarme con palabras como estas!

Mi disolución y la hora de mi muerte

Llegarán a mí inevitablemente

 

2.59

¿Entonces por qué estoy tan asustado?

¿Qué escape hay para mí allí?

La muerte, mi muerte llegará sin duda alguna

¿Entonces, cómo puedo relajarme en la negligente facilidad?

Ya sea que practiquemos o no, la muerte llegará, ¿Entonces, cómo puedo relajarme en la negligente facilidad? 

De hecho, podemos relajarnos si aplicamos regularmente los cuatro poderes de la confesión.  Al revisar lo que ha ocurrido antes y traer todo a la luz, podremos relajarnos y abandonar los aferramientos a la hora de la muerte. 

Habiendo mirado el pasado y el presente con honestidad, podemos morir con una consciencia clara.

2.60

¿De las experiencias de la vida, de todas las estaciones pasadas,

Qué queda para mi, qué permanece?

Al aferrarme a lo que ya, aquí no está,

Los preceptos de mi maestro he desobedecido.

Aun cuando esencialmente no podemos de aferrarnos a nada, el apego permanece siendo uno de nuestros hábitos más fuertes. 

Tan inútil como pueda ser, dedicamos mucha de nuestra energía a desear aquello que es elusivo e impermanente.  En este momento presente, no hay nada que queda del pasado más que recuerdos. Nuestra nostalgia por los buenos tiempos, nuestro temor de los malos: eso es todo lo que realmente ha quedado. 

En vez de quedar atrapados nuevamente por la nostalgia y el miedo, podemos simplemente reconocer estas tendencias y cuestionar la inteligencia de continuar haciéndonos daño por andar tras asuntos pasajeros.

2.61

Este  período de vida y todo lo que contiene

Mis familiares y amigos todos serán abandonados

Debo dejarlos, seguir adelante solo

¿Qué territorios existen como para diferenciar amigo de enemigo?

¿Cuál es nuestro criterio para diferenciar amigo de enemigo?  Un amigo puede ser causa de trastornos emocionales y hábitos negativos, mientras que uno llamado “enemigo” puede ser de gran provecho para nosotros.  Sucede con frecuencia que cuando alguien nos hace daño es que nos damos cuenta y entendemos las cosas.  Con frecuencia las enseñanzas penetran cuando todo se derrumba.  “Amigo” y “Enemigo” son conceptos comunes; pero es difícil decir quién va a ayudar o dañar el proceso de despertar.

2.62

¿Y por lo tanto, cómo puedo asegurarme

De librarme de la maldad, única causa del pesar?

Esto debería ser mi único interés

Mi único pensamiento de día y de noche.

2.63

Por lo tanto, todas las faltas en las que he incurrido

Cegado en la oscuridad de la ignorancia:

Las acciones, malvadas por su naturaleza

O las faltas de romper los votos

 

2.64

Dándome cuenta del sufrimiento que me aguarda

Junto mis palmas y me postro indefinidamente

Y todos mis actos malvados ahora confesaré

Directamente en presencia de los budas.

 

2.65

Les ruego a ustedes, guías y guardianes del mundo

Tomarme tal como soy, un ser pecador.

Y todas estas acciones, tan malvadas como son

Prometo nunca más volver a hacerlas.

Shantideva termina con un sumario de los cuatro poderes de la confesión y un voto apasionado de librarse a sí mismo de las causas de sufrimiento.  

Es extremadamente difícil resistirse a la seducción de los hábitos, incluso sabiendo cuán insatisfactorios van a ser a fin de cuentas. Persistimos en los mismos viejos patrones, los que ilógicamente mantienen fuera la promesa de la satisfacción.  Para librarnos del inevitable sufrimiento, es crucial reconocer en el momento mismo, cuán repetidamente quedamos atrapados. 

Dzigar Kongrul Rimpoché llama  este proceso “desarrollar un descorazonamiento del samsara”.  Trungpa Rimpoché se refiere a eso como “sentir nauseas del samsara”: nausea de la tendencia a actuar a partir de impulsos poco inteligentes, una y otra vez.

Esta es una práctica difícil para los occidentales.  Tendemos a ver nuestros conflictos no como prueba de nuestra humanidad sino como nuestro poco valor personal.  Los cuatro poderes de confesión, sin embargo, hacen énfasis en una inteligencia pragmática.  Encaramos los hechos de manera compasiva y apelamos a nuestro potencial para promover nuestros mejores intereses.

Estar conscientes del sufrimiento que nos aguarda provee una fuerte motivación para resistir las urgencias dañinas.  De modo que en presencia de los guías y guardianes del mundo, Shantideva no deja nada pendiente.  Confiando en la inspiración de la mente despierta, presenta una versión de sus previas acciones y dice

Tómenme tal como soy. Habiendo admitido totalmente acciones pasadas y presentes, aspira de todo corazón no volver a dejarse engañar nunca más por las falsas promesas de las adicciones y respuestas impulsivas. Haciendo borrón y cuenta nueva, Shantideva crea la oportunidad para que emerja su innata sanidad.

Trascendiendo la duda

El compromiso

El tercer capítulo de El Camino del Bodhisattva  es el capítulo final sobre la preparación de la base para la bodhichitta.  Aquí Shantideva concluye su presentación de las siete clases de ofrendas con la última de las cuatro prácticas: 1.) Regocijarse;  2.) Solicitar a los maestros que impartan el dharma; 3.) Pedirles que permanezcan con nosotros y 4.) Dedicar el mérito.

Regocijarse en la buena fortuna de otros es una práctica que puede ayudarnos cuando nos sentimos emocionalmente trancados e imposibilitados de conectarnos con los demás.  El regocijarse genera buena voluntad. 

La próxima vez que salga al mundo, usted pudiese intentar esta práctica: dirigiendo su atención hacia la gente –en sus carros, los que caminan por la calle, los que hablan por sus celulares- simplemente desee que sean felices y que estén bien. 

Aun sin conocer nada acerca de ellos, pueden volverse muy reales al verlos a cada uno de ellos personalmente y regocijarse en las comodidades y alegrías que se les presentan.  Cada uno de nosotros tiene este suave lugar interiormente: capacidad para el amor y la ternura, pero si no lo incentivamos, podemos volvernos  tercos permaneciendo amargados.

Tengo un amigo quien, cuando comienza a sentirse deprimido y retraído, se va al parque más cercano a hacer esta práctica por todos los que pasan por ahí.  El encuentra que esto lo saca de la depresión antes de que sea demasiado tarde.  El punto clave está en salir de la casa, en lugar de entregarse a la seducción de la melancolía.

Cuando usted comienza la práctica de regocijarse en la buena fortuna de otros, puede esperar encontrar dentro de usted su punto suave –así como también su competitividad y envidia. Sentarse en un banco en el parque sintiendo calidez hacia seres extraños es algo relativamente fácil de hacer; pero cuando la buena fortuna llega a aquellos que conocemos mejor, especialmente a aquellos que no nos gustan, esto puede proporcionarnos una mirada más cercana a nuestros celos. 

Este ha sido ciertamente mi caso en particular.  Hasta que comencé a practicar el regocijarme, yo no tenía conciencia de cuánta envidia tenía en mí.  Recuerdo escuchar que el libro de una colega se había convertido rápidamente en un best seller y me sentí apenada cuando me di cuenta de que mi primera reacción era el resentimiento.  De igual modo, cuando practico la generosidad, veo con mayor precisión que antes, lo que dejo de dar y por practicar la paciencia, mi rabia es más dura de negar.  Para alguien en el camino espiritual, ver todo esto puede ser lamentable.

¿Quién habría pensado que la práctica de regocijarse sería una plataforma para ver nuestra neurosis?  Nuestra respuesta común es la de sentir que hemos cometido un error; pero para bodhisattvas de aspiración, este no es el caso, porque nuestra intención es la de despertar de modo que podamos ayudar a otros a hacer lo mismo. 

Nos regocijamos tanto en ver dónde  estamos atascados como en nuestra amorosa compasión.  Esta es la única forma de que emerja la verdadera compasión.  Esta es nuestra oportunidad para entender contra qué están los demás.  Igual que nosotros, ellos aspiran a ser abiertos, sólo para encontrarse cerrados; igual que nosotros, ellos tienen la capacidad para la alegría, y debido a la ignorancia la bloquean.  Por su bien y el nuestro, podemos abandonar las argumentaciones y permanecer presentes con un corazón abierto, y podemos regocijarnos de que estemos incluso interesados en tan fresca alternativa.

3.1

Con alegría celebro

La virtud que libera a todos los seres

De los sufrimientos de todos los estados de pérdida

Y ubica a aquellos que se consumen en el reino de la bienaventuranza.

Para introducir la práctica de regocijarse, Shantideva expresa su alegría de que los seres puedan moverse de los reinos inferiores a los superiores.  De acuerdo a la tradición, los seres en el samsara nacen en seis reinos diferentes.  Los tres reinos inferiores son los estados de pérdida a que se refiere en el verso 1.  Ellos están caracterizados por un sufrimiento tan intenso que, aun cuando es como un sueño e impermanente, parece eterno y sin posibilidad de escape.  Los reinos de la bienaventuranza hacen referencia a los tres estados más elevados, incluyendo al reino humano.  Aquí uno tiene menos sufrimiento y por lo tanto una mayor oportunidad de liberarse del samsara.

El que nosotros creamos que estos reinos existen como lugares o simplemente como estados psicológicos, no es el punto. De cualquier manera, es nuestro estado mental lo que determina si vivimos en la miseria o la bienaventuranza. Afortunadamente, tenemos una habilidad innata para liberarnos de la confusión.  Es precisamente ésta siempre-presente posibilidad de liberación en la que Shantideva se regocija aquí.

Pudiésemos preguntarnos acerca de esta virtud que nos permite movernos de un mayor a un menor sufrimiento. De acuerdo con las enseñanzas budistas, este giro ocurre una vez que entendemos cómo funciona el karma.  Cuando nosotros aceptamos totalmente que las acciones de nuestro cuerpo, de nuestra palabra y nuestra mente, tienen consecuencias placenteras o desagradables, nos sentimos motivados a actuar, hablar y pensar de manera que nos beneficie en vez de hacernos daño.

Yo tengo un amigo budista que está internado en la prisión de San Quintín en California.  Un día estaba siendo provocado por un guardia, pero no le respondió. Los otros hombres vieron esto y le preguntaron cómo se mantuvo tan tranquilo.  El les dijo que si ponía más bravo al guardia, eso quizás le haría irse a su casa y caerle a golpes a sus hijos. Esta es la clase de comprensión virtuosa y comprensiva a la que Shantideva se refiere en su estrofa de apertura.

 

3.2

Y me regocijo en la virtud que crea la causa

Para alcanzar el estado iluminado.

Y celebro la liberación de la rueda del dolor

 obtenida por los seres sintientes.

 

3.3

Y en la budeidad de los protectores me deleito

Y en las etapas de los herederos de los budas.

Shantideva se regocija en la posibilidad de alcanzar el estado iluminado.  En el verso 2, esto hace referencia a los arhats y a su experiencia de liberación personal.  ¡Qué alegría,  que los seres puedan liberarse de la rueda del dolor. 

La liberación es posible y nosotros tenemos ejemplos para probarlo.  Si ellos pueden hacerlo, nosotros también. Él se regocija en los arhats y en nuestro propio potencial iluminado. 

En el verso 3, se deleita en la completa budeidad de los protectores, así como en la iluminación parcial de los bodhisattvas. ¡Cuán maravilloso es que ellos logren liberación por el beneficio propio y el beneficio de otros!

3.4

La intención, océano de gran beneficio

Que busca ubicar a todos los seres en el estado de la bienaventuranza

Y cada acción por el beneficio de todos:

Tal es mi deleite y toda mi alegría.

El océano de gran beneficio hace referencia a la aspiración de la bodhichitta.  Una vez que la intención de despertar por el beneficio de otros se convierte en nuestro principio guía, ni siquiera los desequilibrios emocionales nos harán desviarnos. 

Las personas que están claras acerca de su compromiso se vuelven como montañas, permaneciendo estables incluso cuando el clima se torna salvaje. Es importante mantener esto en mente, y no pensar que no podemos ir más adelante hasta que la tormenta haya cedido por completo.

Shantideva se regocija en aquellos que anhelan ubicar a todos los seres en el estado de bienaventuranza y en aquellos de nosotros que apenas atisbamos tan expansiva aspiración y nos comprometemos a entrenar nuestras mentes.

De igual modo, se regocija en aquellos activamente involucrados en aliviar sufrimiento por el beneficio de todos.  Ahora bien, la referencia a todos los seres  pudiese sonar irracionalmente vasta, pero realmente es sólo una forma de ver el mundo para ver si hay alguien que detestemos, alguien a quien tememos o hacia quien no podemos dejar de sentir resentimiento. 

El incluir a todos los seres seriamente, reta nuestra tendencia habitual a escoger quién nos gusta y quién no nos gusta; quién queremos que triunfe y quién deseamos que fracase.  Esos viejos hábitos son duros de erradicar.  De modo que, mientras mantenemos la intención de beneficiar a todos los seres sin excepción, tomamos esto paso a paso.

Leí una serie de artículos acerca de una mujer cuya práctica principal consistía en dejar de odiar a los líderes políticos.  Hacia el día treinta y cinco, ella reportó “no estar haciéndolo muy bien pero no dándose por vencida.”  Ese es definitivamente el espíritu de bodhisattva.  Permitir bastante tiempo para que el cambio ocurra, de modo que usted no se descorazone simplemente porque el proceso se está dando lentamente.  La práctica de regocijarse trasciende los celos y la competitividad.  Esto es llevado a cabo elevando la conciencia sin preferencias de aquellas mismas cualidades que deseamos negar.

3.5

Y así junto mis manos y ruego

A los budas que residen en cada esquina:

¡Enciendan ahora la lámpara del Dharma

Por aquellos que andan a tientas, confundidos,

En la oscuridad del sufrimiento!

Aquí Shantideva presenta la quinta de las siete ofrendas: la práctica de solicitar a los maestros que clarifiquen nuestro entendimiento del dharma.  Solicitar a los sabios que iluminen nuestra confusión trasciende las “ideas equívocas”, tales como creer que la gente es básicamente mala o que el karma es un castigo impuesto sobre nosotros por fuerzas externas.

3.6

Junto mis manos, implorando a los iluminados

Quienes desean ir más allá de las cadenas del sufrimiento:

¡No nos dejen en nuestra ignorancia

Permanezcan entre nosotros durante innumerables años!

En el verso 6, Shatideva introduce la secta práctica: pedir a los maestros que permanezcan con nosotros y que no residan permanentemente en nirvana.  Sin estos ejemplos de sabiduría nos resulta difícil conectarnos con nuestro propio potencial.  La sabiduría y la compasión son siempre accesibles a nosotros.

Sin embargo, sin algún ejemplo de lo que es posible, raramente nos conectamos con nuestra fortaleza interior.  Con frecuencia los grandes maestros nos aportan destellos sobre la expansividad de nuestra mente.  Si ellos permanecen con nosotros, tenemos ejemplos vivientes para recordarnos de nuestra sabiduría.  En esta forma la tradición dice que esta práctica trasciende el temor de permanecer para siempre en la ignorancia y la confusión.

3.7

¡Y a través de estas acciones ahora completadas

A través de toda la virtud que he acumulado

Que todo el dolor de cada ser viviente

Sea sagradamente erradicado y destruido!

Aquí Shantideva presenta la práctica final: la práctica de dedicar nuestro mérito.  Esta práctica trasciende la auto-absorción o el ensimismamiento egoísta.  En lugar de acaparar nuestra buena fortuna, la repartimos toda –a seres específicos o a los seres vivientes en todas partes.  Hacemos esto con la aspiración de que su dolor sea sagradamente erradicado y destruido.

La palabra mérito es problemática para algunos budistas occidentales.  Decir que el involucrarnos en acciones virtuosas hará que todo vaya suavecito para nosotros en el futuro, simplemente no es así de convincente para algunos de nosotros.  Puede que algunos encuentren la visión ulterior de Trungpa Rimpoché más accesible.  El dice que acumular mérito depende de desprendernos de un todo de nuestra sensación de posesividad. Esto no puede hacerse como si estuviésemos haciendo un arreglo de negocios, no podemos hacerlo con ese tipo de mentalidad; no se trata de poner dinero en una cuenta de ahorro para cuando llegue la hora de su retiro. 

El mérito sólo puede ser acumulado si nos desprendemos de un todo de nuestra sensación de posesividad.  Desde este punto de vista, compartir el mérito significa rendirnos por completo con una total apertura, con la actitud de permitir que suceda lo que suceda: si es mejor para mi tener placer, que yo tenga placer; si es mejor tener dolor, que tenga dolor. Nosotros no estamos coleccionando nada para que el ego se aferre a eso; es justo lo contrario.

En los versos 8, 9 y 10, el mérito es dedicado con intensiones específicas.  Primero, Shantideva dedica su mérito a los enfermos.  Por ejemplo, si alguien que usted ama, está enfermo y sufriendo mucho, usted está dispuesto a dar todo aquello que atesora, con la aspiración de que se beneficie de su sacrificio.  Usted puede expresar esta intención en palabras similares a  las de Shantideva.

3.8

Por quienes aquejados de problemas en el mundo

Hasta que cada enfermedad esté curada

Que pueda convertirme para ellos

En médico, enfermera, en medicina misma.

 

3.9

Dejando caer lluvia de alimento y bebida

Pueda yo dispersar las enfermedades de la sed y el hambre

Y en las eras marcadas por la hambruna y la precariedad

Que yo mismo aparezca como bebida y alimento.

En el verso 8, Shantideva proporciona tres ejemplos de cómo un bodhisattva pudiese manifestarse: como un médico, una enfermera y como la propia medicina.  Su aspiración no es solo la de ayudar a los que están físicamente enfermos, sino también ayudar a los que sufren de las enfermedades de la codicia, de la agresión y la ignorancia.  De modo que anhela ayudar con cosas materiales tales como medicina, alimento y bebida, y aportar beneficio  al más profundo nivel de nutrimento espiritual.  El principal punto está en no abstenerse por temor a terminar sin nada para usted.

3.10

Para los seres sintientes, pobres y destituidos

Pueda yo convertirme en tesoro de abundancia

Y colocar ante ellos cerca de su alcance

Una variada fuente de todo aquello que pudiesen necesitar.

Aquí, Shantideva dedica su mérito a los pobres y destituidos, de nuevo, tanto a nivel material como espiritual.  Un bodhisattva puede manifestarse como un tesoro, como un refugio, una enfermera, o como cualquier cosa que alivie nuestro dolor y abra nuestros ojos a una perspectiva más amplia. 

En la historia del gran maestro budista hindú Naropa, Tilopa, su maestro se le apareció en la forma de un perro carcomido por gusanos.  Experimentando disgusto, Naropa trató de saltar por encima de la pobre criatura y salir corriendo.  Inmediatamente el perro se convirtió en Tilopa, quien le dijo: “Si tienes aversión hacia los seres sintientes, ¿cómo esperas poder despertar jamás de la mente samsárica? 

Cualquier cosa que despierte nuestra compasión o sabiduría sirve como un bodhisattva.

3.11

Mi cuerpo, entonces, y todos mis bienes cercanos,

Y todos mis méritos ganados y a ser ganados,

Los doy todos sin retener nada

Para propiciar el beneficio de los seres.

Esta es la instrucción de Shatideva para desarrollar una mente refrescantemente generosa: una mente con el poder de trascender el apego y el “Yo quiero, yo necesito” o el “yoísmo”.  Es lo más cerca que podemos llegar a estar de dar todo lo que sea “yo” o “mío”.  El camino a la iluminación involucra despojarse, no acumular. 

Es un continuo proceso de apertura y rendición, como desprender capa tras capa de ropa, hasta que estamos completamente desnudos con nada que esconder.  Pero no podemos simplemente pretender, haciendo un gran show del desnudarnos, luego ponernos todo encima de nuevo cuando nadie nos está viendo.  Nuestra rendición tiene que ser genuina.

Luego de entrenarse con Tilopa durante muchos años, Naropa comenzó a enseñar a sus propios estudiantes. El más famoso de estos fue el maestro tibetano conocido como Marpa el traductor.  Marpa, quien había ido a estudiar con Naropa en la India, tenía una gran cantidad de oro para ofrendarlo a su maestro como regalo de despedida. 

Cuando estaba por regresar a su hogar, le ofrendó esto ceremoniosamente, pero Naropa pudo ver que Marpa estaba guardando algo para el viaje y  le pidió a Marpa que le diera todo el oro diciendo: “¿Acaso crees que puedes comprar mi enseñanza con tu autoengaño?  A regañadientes, Marpa le entregó todo su polvo de oro y luego Naropa lo lanzó al aire. 

Este fue un momento de shock y de incredulidad para Marpa, pero también un momento de gran apertura.  Finalmente, se convirtió en un recipiente completamente vacío y pudo recibir las bendiciones de Naropa sin ninguna reserva.  Hasta que pudo desprenderse de todo, la importancia que se daba a sí mismo bloqueaba su camino. En este verso, Shantideva hace el voto de entregar o rendir las tres bases principales de la sensación de la importancia de sí mismo: el apego a las posesiones, al cuerpo y al mérito. 

La palabra tibetana para apego es shempa.  Dzigar Kongrul lo describe como “la carga” detrás de las emociones: la carga detrás de “Me gusta”, “No me gusta”, la carga detrás de la propia sensación de importancia personal.

Shempa es la sensación de quedar “enganchado”, se trata de una atadura no verbal o cerramiento a todo nivel (mental, emocional, físico).  Suponga que usted está hablando con alguien y de repente ve que aprieta la mandíbula o que la persona se pone rígida y le tuerce los ojos.  Lo que usted está viendo es una manifestación de shempa: la forma como se manifiesta un bloqueo interior, la forma más sutil de aversión o de atracción. 

Podemos ver esto en cada uno de nosotros: más importante aún; podemos “sentir” esta carga en nosotros. Las posesiones evocan shempa todo el tiempo: tememos perderlas, romperlas, o no tener suficiente.  Es algo que no tiene que ver con las cosas en sí mismas. 

Es la carga que está por detrás de desearlas o de tener miedo de perderlas.  Quedar enganchados de esta manera es algo completamente irracional, es como si los objetos de nuestro deseo pudiesen brindarnos seguridad y felicidad permanente.  Sin embargo, shempa  sucede.  Es la pegajosa sensación que surge cuando queremos que las cosas vayan a nuestro modo.

Nuestros cuerpos también provocan shempa.  Esto se manifiesta de diversas maneras.

Es la sensación de ansiedad que es disparada por nuestra salud, nuestra apariencia, por nuestro deseo de evitar el dolor físico.  Personalmente, a pesar de mi sincera aspiración de aliviar el sufrimiento de otros, mi disposición algunas veces se derrumba ante la más mínima molestia.

Este verano, por ejemplo, dudé de ayudar a un pájaro atrapado en un rosal, por temor a pincharme con las espinas. Este cuerpo es un recipiente, es nuestro barco para llegar a alcanzar la iluminación.  Pero si pasamos todo nuestro tiempo pintando la cubierta, nunca dejaremos el puerto y perderemos esta breve oportunidad.

Más aún, nuestro cuerpo, como todo lo demás, es impermanente, y está sujeto a la decadencia y la muerte. Quizás ya es hora de verlo por lo que es y dejar de alimentar más shempa en nosotros.

De acuerdo a Patrul Rimpoché, la cosa más fácil es renunciar a nuestras posesiones, y sabemos bien cuán difícil puede ser eso. Renunciar al apego a nuestro cuerpo, es aún más retador; sin embargo, lo más difícil es renunciar a nuestro mérito. ¿Puede usted imaginarse dejando a un lado voluntariamente a toda su buena fortuna?  ¿Podría ser capaz de renunciar a sus buenas cualidades, circunstancias placenteras, comodidades y prestigio de modo que otros pudiesen ser felices?

Ustedes pudiesen pensar que la sensación de shempa disparada por nuestro mérito sería más fácil de dejar atrás que el apego a nuestros cuerpos o posesiones. Los practicantes budistas pretenden hacerlo todo el tiempo, pero renunciar al apego que tenemos al mérito significa despojarnos al más profundo y difícil nivel; incluso nuestro aferramiento a la seguridad y la ilusión de certeza desaparecerían, pero renunciar al mérito es equivalente a despojarse de todo.  Es lo máximo para liberarse por completo de shempa.

3.12

El Nirvana es alcanzado gracias a darlo todo

Nirvana, el objetivo de mis esfuerzos

Por lo tanto todo debe ser abandonado

Y es mejor dárselo todo a otros.

Con estas palabras, Shantideva resume la esencia del verso anterior: si liberarnos es lo que deseamos, vamos a necesitar renunciar a todo. No quedarse apegado a algo por ahí para un día lluvioso.  Este es probablemente el mensaje más difícil de escuchar para cualquiera de nosotros.

3.13

A este cuerpo he renunciado

Para servir el placer de todos los seres viviente.

Dejen que lo maten, le peguen y lo descuarticen

Y le hagan lo que sea que deseen.

 

3.14

Y aún cuando lo tratasen como a un juguete

O hacer de él el motivo de toda burla

Mi cuerpo ha sido entregado a ellos

No hay necesidad ahora de hacer gran cosa con él.

Cuando leí estos versos por primera vez, me sentí consternada. Yo no quería considerar ir tan lejos como esto, ni tampoco me parecía algo muy apropiado de hacer.

Desde una perspectiva Occidental, esta recomendación parece alimentar justo la tendencia a vanagloriarnos que tanto prevalece en nuestra cultura.  Pero sabiendo que la intención de Shantideva es siempre la de apoyarnos e incentivarnos, dejé pasar mi aversión inicial y descubrí la sabiduría de sus palabras. 

Me di cuenta de que esto era el enfoque de los luchadores por los derechos civiles. A fin de beneficiar no sólo a los Afroamericanos sino también a sus opresores, ellos estaban dispuestos a ofrecer sus cuerpos y sentimientos. Por  un bien mayor, se involucraron en situaciones muy peligrosas. Ser “el motivo de toda burla” era lo de menos; ellos sabían que serían apaleados, insultados y quizás asesinados.  Este es un ejemplo de la sabiduría y el coraje del bodhisattva.  Sin embargo, estas eran simples personas ordinarias –personas comunes que había dado a luz a un corazón bodi.

Estos versos describen lo que muchos bodhisattvas famosos estaban dispuestos a atravesar; gente como Nelson Mandela, la Madre Teresa, Aung San Suu Kyi y Gandhi.  También describe la valentía de innumerables héroes y heroínas anónimos.

3.15

Y así, dejen que los seres me hagan

Lo que sea que no les cause daño.

Cada vez que perciban mi presencia

Que esto no falle en traerles beneficios.

Cuando alguien nos golpea o se burla de nosotros, ellos no están exactamente fortaleciendo patrones saludables.  Desde el punto de vista de un bodhisattva, ellos se están haciendo más daño a sí mismos que a nosotros. Por lo tanto, Shantideva dice que los seres sintientes pueden hacerle cualquier cosa, siempre y cuando eso no resulte en daño para sí mismos.

Hay una historia de un monje tibetano quien lloró al recordar cómo los chinos lo habían torturado en prisión.  Sus oyentes, por supuesto, asumieron que la razón de sus lágrimas era el recuerdo de su trauma personal. Sin embargo, él no estaba llorando por sí mismo; estaba llorando por los chinos, quienes, como resultado de su crueldad, cosecharían tan intenso sufrimiento en el futuro. Si pudiésemos mantener esta perspectiva a largo plazo, no sería tan difícil desear que nuestros opresores dejen de crear su propio sufrimiento.  Toma algo de tiempo cultivar este enfoque, pero si trabajamos con él, sembraremos semillas de felicidad para todos los involucrados.

3.16

Si aquellos que me ven mantienen

Un pensamiento de rabia o de devoción

Que estos estados provean la causa

Donde su bien y sus deseos se realicen.

 

3.17

Todos aquellos que me desprecian en mi cara

O me hacen cualquier otra maldad

Incluso si me culpan o calumnian

¡Que ellos alcancen la fortuna de la iluminación!

Todos los pensamientos y acciones de otros hacia mí, incluyendo los negativos, pueden crear una conexión positiva entre nosotros, una que nos reportará beneficios a ambos, tanto ahora como en el futuro.

A medida que leía este último verso, dice Pema Chodron, pensaba en la audiencia de Shantideva en Nalanda.  A estas alturas probablemente tenía a los monjes en la palma de su mano, pero originalmente lo que ellos buscaban era humillarlo. 

Aquí, él les está diciendo directamente “Sea cual sea su intención original, que ella constituya la causa para que usted pueda alcanzar la iluminación.”  Esta es una forma de perdón en el mero sitio.  Más allá del perdón, Shantideva está de hecho deseándoles bien – la iluminación, el mayor de los bienes.

 

3.18

Que yo pueda ser un guardia para aquellos que están sin protección

Una guía para aquellos que viajan en el camino.

Para los que desean atravesar el agua

Que pueda ser yo un bote, una plataforma, un puente.

3.19

Que pueda yo ser una isla para aquellos que quieren tocar tierra

Y una lámpara para los que anhelan una luz;

Para los que necesitan un lugar dónde descansar, una cama,

Y para aquellos que necesitan un sirviente, que pueda ser yo su esclavo.

 

3.20

Que pueda ser yo la joya que concede todos los deseos, la vasija de la plenitud

Una palabra de poder y la suprema curación.

Que pueda ser yo el árbol de los milagros

Y para cada ser viviente, la vaca de la abundancia.

En los versos 18 hasta el 20, Shantideva lleva su intención aún más lejos.   Aspira poder beneficiar a los seres sintientes en cualquier forma que funcione.

De hecho, uno nunca sabe cuándo un bodhisattva pudiese manifestarse en nuestras vidas.  Cuando los Mormones se establecieron originalmente en el estado de Uta en los Estados Unidos, sus primeras cosechas estaban siendo devastadas por la langosta.

Habiendo rogado por ayuda, miles de gaviotas aparecieron y engulleron todas las langostas: bodhisattvas-gaviotas vinieron al rescate de la gente que estaba a punto de morir de hambre.

La imagen de una isla representa un lugar seguro para descansar.  Podemos aportarle esto a un amigo que está deprimido y en necesidad de apoyo y empuje.

Para elevar el espíritu de alguien, podríamos invitarlo a tomarse un café o acompañarlo en una caminata.  En estas formas tan sencillas, nos volvemos como islas donde la gente puede relajarse y encontrar fortaleza para seguir adelante.

Convertirse en un sirviente significa hacer lo que sea que ayude.  En Gampo Abbey, parte de nuestro entrenamiento monástico consiste en aprender a servir a otros sin arrogancia ni quejas. La joya que concede todos los deseos y el vaso de la abundancia son ejemplos de proveer cualquier cosa que se necesite, sin mayor esfuerzo y en abundancia. 

Los catorce versos restantes son conocidos como “el voto del bodhisattva”.  Generaciones enteras de bodhisattvas han repetido estas palabras diariamente a fin de mantener su intención de ayudar a otros.

3.21

Como la tierra y los elementos presentes en todo

Permaneciendo como permanece la vida misma

Por infinita multitud de seres vivientes

Pueda ser yo su base de sustento.

3.22

Así que para cada cosa viviente

Tan distantes como los límites del espacio

Que pueda yo proporcionar su sustento y alimento

Hasta que ellos rompan las cadenas del sufrimiento.

Sin dudarlos, Shantideva asume el compromiso de emprender el camino del bodhisattva.  Comienza con la aspiración de proveer estabilidad y sustento para todos los seres hasta que alcancen la iluminación.  Los dos versos siguientes constituyen el corazón del voto del bodhisattva.  Al repetirlos tres veces, nosotros podemos renovar nuestro compromiso en cualquier momento.  En esencia, estamos haciendo el voto de permanecer en permanente entrenamiento para el trabajo.

3.23

Así como todos los budas del pasado

Abrazaron la actitud de la mente iluminada

Y en los preceptos de los bodhisattvas

Paso a paso se entrenaron

3.24

De la misma manera, para beneficio de los seres,

Yo también tendré esta actitud mental

Y en esos preceptos, paso a paso

Permaneceré y me entrenaré.

Las palabras paso a paso son importantes aquí.  Incluso los totalmente despiertos se entrenaron paso a paso, y nosotros seguimos su ejemplo.  Como este voto puede ser roto por una palabra dura o un destello de rabia, seremos obviamente sabios en ser pacientes con nosotros mismos y renunciar a la esperanza de siempre hacerlo bien. Podemos renovar nuestra intención de permanecer abierto nuevamente una y otra vez.  Cada mañana antes de salir de la cama, recito estos dos versos tres veces y después comienzo mi día.

Hay tres enfoques respecto a la forma de trabajar con el voto de bodhisattva. Nuestro compromiso puede hacerse con la actitud de un rey o una reina, con la de un conductor de ferry, o con la de un pastor.  Estas imágenes representan formas en las que podemos seguir adelante de manera realista, paso a paso, dadas nuestras capacidades actuales. 

A nivel de un rey o una reina, trabajamos primero en nosotros mismos.  Aún cuando nuestra intención específica es la de beneficiar a otros, sabemos que esto es sólo posible si nosotros mismos despertamos.  Cualquiera que trabaje en las profesiones de ayuda a otras personas sabe cuán fácil es perder la paciencia  o sentir aversión.  Pronto se vuelve obvio que no podemos hacer el trabajo de beneficiar a otros hasta tanto no pongamos nuestro reino en un buen orden de trabajo.

El siguiente nivel es la aspiración del conductor del ferry.  Aquí nos encontramos a nosotros mismos en el mismo bote con todos los demás seres sintientes, cruzando juntos el agua.  La analogía tiene un sentido de “iguales a mí”.  Igual que yo, todos los seres se experimentan a sí mismos como el personaje central en el drama de la vida.  Igual que yo, ellos están esclavizados por los apegos y las aversiones, las esperanzas y los temores. 

Nadie quiere experimentar dolor físico ni emocional, igual que nosotros.  Todos queremos sentirnos a salvo, seguros y libres de temores. Con esto como base de nuestro entrenamiento de bodhisattvas, vamos más allá de nuestra versión egoísta y centralizada en nosotros mismos y traemos a otros a nuestras vidas.  Cuando nuestra propia depresión o resentimiento surgen, se convierte en un escalón para comprender la oscuridad sentida por otros. Si tenemos insomnio, un dolor de muelas, una quemadura, o cáncer, en lugar de hacer un retiro a nuestro pequeño mundito, esto se convierte en la base para la empatía y la gentileza amorosa. 

Este enfoque también trabaja cuando las cosas van muy bien.  Cuando nos sentimos relajados y felices, podemos recordar que otros disfrutan también de estos estados mentales.

Ellos también quieren sentirse cómodos y en casa con ellos mismos y su mundo.  Que todos podamos ser felices y  sentirnos relajados; y que todos experimentemos la claridad y frescura de nuestras mentes.

La siguiente imagen, la del pastor, representa lo que generalmente pensamos que es una “verdadera” compasión. Así como los pastores colocan el bienestar de sus ovejas antes que el suyo propio, nosotros aspiramos a poner a otros antes que a nosotros mismos. Así es como la mayoría de nosotros piensa que deberíamos trabajar con nuestro compromiso de bodhisattva, pero en verdad, no muchos de nosotros, siente que puede hacerlo. 

Claro, todos hemos estado en situaciones en las que espontáneamente hemos puesto a otros primero: le hemos dado nuestro asiento en el metro a una persona mayor, o hemos pasado toda la noche despiertos con un amigo en problemas.  Los padres lo hacen todo el tiempo; ellos incluso corren en medio del tráfico para salvar a sus hijos.

Pero sostener esto como nuestro único modelo, sería definitivamente engañoso.  En su lugar, podemos proseguir en cualquiera de estos tres niveles: el de un rey o una reina, como el conductor de un ferry o como un pastor. Para despertar la bodhichitta, comenzamos dónde estamos y seguimos paso a paso.

3.25

Que este purísimo e inmaculado estado mental

Pueda ser abrazado y constantemente incrementado

Los prudentes que lo han cultivado

Deben tenerlo en alto con palabras tales como estas:

3.26

“Hoy, mi vida ha dado fruto

Este estado humano ha sido ahora  bien asumido

Hoy tomo mi nacimiento en la descendencia del Buda

Y me he convertido en hijo del Buda.”

Habiendo recitado los dos versos claves del voto, luego Shantideva se regocija. Desde este punto de vista, una vez que establecemos el compromiso y comenzamos a practicar el entrenamiento mental, ya somos bodhisattvas.  Esta es una forma muy estimulante de ver nuestro camino espiritual.  En algunas escuelas de pensamiento, esto no ocurre hasta algún momento en un futuro distante; pero Shantideva dice que habiendo hecho el voto, ya somos hijos y descendientes del Buda. Lo que es más, tenemos este libro como nuestra guía de entrenamiento.

3.27

“Entonces, en todas las formas emprenderé

Actividades que correspondan a tal rango.

Y no incurriré en ningún acto

Ni comprometeré a este alto e inmaculado linaje.”

Shantideva alegremente proclama su intención de actuar en formas tales acordes a un bodhisattva. Esta clase de confianza no se quiebra cada vez que tropezamos o nos caemos.  Cuando decimos que no haremos nada que comprometa este alto e inmaculado linaje, lo decimos sabiendo que no siempre tendremos éxito. 

Sin embargo, nuestra aspiración de despertar la bodhichitta es muy fuerte.  Sin tratar de estar a la altura de algún ideal irrealista, aspiramos movernos en dirección a una mayor sanidad. No queremos desaprovechar este precioso nacimiento humano fortaleciendo hábitos negativos que debilitan nuestra capacidad de iluminación.

3.28

“Porque soy como un ciego que ha encontrado

Una joya preciosa entre un montón de basura.

De igual modo, como si por una extraña casualidad

La mente iluminada ha venido a nacer en mi.”

Justo en medio de nuestras más sucias emociones, encontramos esta joya preciosa; allí, en medio de la confusión y la reactividad, encontramos la joya de la bodhichitta. Las emociones más negativas pueden servir de base para la compasión.  Cuando estamos enfurecidos con algún “enemigo”, por ejemplo, podríamos adquirir esa negatividad y desear que todos queden libres de agresión, incluyendo nuestro enemigo.  No importa lo que surja, siempre podemos encontrar el punto suave del corazón bodhi.

En los versos 29 hasta el 33, Shantideva proporciona ocho analogías adicionales para la bodhichitta: 1) un elixir que acaba no sólo con la muerte, sino más importante, con el pensamiento dualista 2) el tesoro inagotable de la no-dualidad, la consciencia no-conceptual que cura de la pobreza de la ignorancia;

3) una medicina que cura nuestras obscuraciones más básicas de la percepción dualista y las emociones negativas; 4) un árbol que concede todos nuestras aspiraciones espirituales; 5) un puente universal para pasar a salvo por encima de los reinos inferiores; 6) la luna llena de la compasión; 7) el sol, cuya luz ilumina la oscuridad; 8) y la mejor de las mantequillas, representando la riqueza de nuestra mente iluminada.

3.29

“Este es el llamamiento de la inmortalidad

Que acaba con el Señor de La Muerte, el que masacra a los seres,

La rica e  infalible mina del tesoro

Para curar la pobreza de los vagabundos.

3.30

“Es el remedio soberano

Que perfectamente subyuga todas las enfermedades

Es el árbol de los deseos concediendo alivio

En aquellos que vagan confundidos por las vías de la existencia.

3.31

“Es el vehículo universal que salva

A todos los seres que vagan de los estados de pérdida

La luna creciente de la mente iluminada

Que alivia las penas nacidas de las aflicciones.

3.32

“Es un glorioso sol que disipa completamente

La oscuridad y la ignorancia de los seres que vagan

La cremosa mantequilla, rica y completa

Toda extraída de la leche de la sagrada Enseñanza.”

Con los siguientes versos, Shantideva concluye este capítulo sobre establecer el compromiso de alcanzar iluminación a fin de ayudar a todos los seres a hacer lo mismo.

3.33

“¡Seres vivientes! Caminantes sobre las vías de la vida

Quienes desean probar las riquezas del compromiso

Aquí ante ustedes está la suprema bienaventuranza

¡Aquí, Oh perennes vagabundos, está su realización!

Puedo imaginarme a Shantideva levantándose de su asiento con entusiasmo diciendo: “Vengan, vengan. Por favor no cierren sus oídos a lo que estoy diciendo.  Esta es su oportunidad. ¡Por favor aprovéchenla! Nuestra realización están tan cerca, tan próxima; podemos despertar bodhichitta con cada pensamiento nuestro, palabra y acción.  Tenemos una riqueza de instrucciones, mucho más de lo que jamás vamos a llegar a utilizar, para encontrar esta suprema bienaventuranza que está justo frente a nuestras narices.

3.34

“Y así, bajo la mirada de todos los protectores

Le hago un llamado a cada ser viviente, llamándolos hacia la budeidad

¡Y hasta que ese estado haya sido alcanzado, para toda dicha terrena

Que los dioses y semi-dioses, y todo el resto, se regocijen!

En esta última línea, Shantideva nos exhorta a realizar nuestro derecho por nacimiento. Hasta entonces, nos desea toda dicha terrena; todas las circunstancias que nos pudiesen ayudar  y que necesitamos para relajarnos y disfrutar de nuestro camino hacia la iluminación.