KTCZoom 12.
Karma
Curso inspirado en extractos del libro The future is open
de Chogyam Trungpa Rimpoché
Traducción, edición y Comentarios: María Mercedes Márquez
Sábado 3 de octubre de 2020
¡Grabar!
¡Tashi Delek para todos!
Me da mucho gusto que estemos aquí reunidos en torno al dharma.
Su interés en aprender meditación es fuente de inspiración y un estímulo verdaderamente energizante, por lo que, una vez más les agradezco su presencia.
C. Estamos aproximándonos al final del texto sobre el karma que hemos venido estudiando, y, siendo así, me gustaría preparar el siguiente curso en base a sus preferencias o necesidades, es decir, que sean ustedes quienes propongan el tema. Pueden hacerlo ahora mismo, o, a lo largo de esta sesión; como quieran, solo tienen que levantar la mano.
1.
La enseñanza del día de hoy la hemos titulado Karma y Meditación, y, es probable, que algunas personas se hayan preguntado, qué tiene que ver karma con meditación, o cuál es la relación entre ambas.
Cuando buscamos entender claramente lo que significa karma dentro del contexto budista, es necesario tener en cuenta lo siguiente. Para comenzar, cuando decimos “karma”, nos estamos refiriendo a un “proceso” permanente e interminable; también, a una “continuidad psicológica” de impulsos, emociones y procesos mentales subconscientes, que se llevan a cabo permanentemente; que se nutren de sí mismos todo el tiempo y se desarrollan más allá constantemente una y otra vez, y a menos que exista una forma de “dejar de alimentar la mente subconsciente”, es decir de “dejar de nutrir la neurosis”, no habrá forma de prevenir las situaciones kármicas.
La meditación nos brinda la posibilidad de romper la cadena de acumulaciones kármicas. De allí que karma y meditación estén tan relacionadas.
Cuando comenzamos a practicar meditación estamos orientados hacia el logro de un propósito, pero con el tiempo, a medida que vamos creciendo y desarrollándonos como practicantes, nuestra forma de abordar la meditación va cambiando.
Esta se va haciendo cada vez más simple. Nos relacionamos con la técnica sin sugerir nada más y estamos ahí con ella. Cuando nos relacionamos con las situaciones de manera muy simple y sin distorsión, surge una sensación de libertad y también de alegría; comenzamos a liberarnos. El entorno en el que nos encontramos, el mundo, se vuelve más trabajable y menos amenazador. Por otra parte, la simplicidad de las situaciones de la vida, se tornan cada vez más obvias, y, debido a esto, experimentamos una sensación de liberación. La disciplina se vuelve parte natural de la energía en lugar de sentirla como una limitación a nuestras acciones.
C. Al buscar identificarnos con la experiencia que está planteando el lama, podemos ver que, cuando practicamos, poco a poco comenzamos a experimentarlo; se va desdibujando la separación que inicialmente establecimos entre “la disciplina o técnica” por un lado y “yo” por otro. Con la práctica nos volvemos “uno”; nos convertimos en “técnica viviente”.
Y, cuando comenzamos a darnos cuenta de que las técnicas no son una gracia salvadora, sino que, el domar nuestra naturaleza básica y familiarizarnos con todo nuestro ser provee un estado de tranquilidad, sigue diciendo Trungpa Rimpoché, la agresión inicial comienza a convertirse en un estado de ser no-violento. Cuando este estado se desarrolla, nos impacientamos menos, luchamos menos y entonces podemos comenzar a relacionarnos con este mismo “ahora”.
Algunas enseñanzas tántricas hablan acerca del “cuarto momento”, de un estado de “ahora” que trasciende el pasado, el presente y también el futuro, dice Trungpa Rimpoché. En esa experiencia, “ahora” no es ni siquiera un punto de referencia, sino más bien, ausencia de punto de referencia. Estamos simplemente “aquí”.
Podemos darnos el lujo de ser abiertos, podemos olvidar la amenaza -que creíamos presente. No tenemos por qué repetir el pasado a través de nuestros recuerdos o proyecciones de futuro. Simplemente podemos ser abiertos y directos. En este punto, por un momento, el que está en meditación no siembra semillas kármicas.
Sin embargo, el impulso no se hace esperar y aparece nuevamente para sembrar más semillas; pero después, hay otro momento donde dejamos de hacerlo. Hay una brecha que boicotea a la fuerza kármica.
Luego regresa nuevamente la fuerza kármica.
Ambos, la fuerza de no sembrarlas y la fuerza kármica regresan una y otra vez, de modo que estamos sembrando y cosechando semillas todo el tiempo, pero a medida que comenzamos a ver este “ahora”, vamos sembrando cada vez menos y menos semillas kármicas. Esa brecha se vuelve cada vez más evidente y sucede cada vez con más frecuencia; hay más y más espacio.
C. Esto me ha parecido una explicación muy gráfica de lo que sucede en la mente. Si alguien desea hacer una pregunta o quiere que volvamos a leer algún párrafo, puede levantar la mano.
Este pudiese ser un buen momento para llevar a cabo una sesión de meditación teniendo en mente lo que acabamos de escuchar.
Instrucciones y sesión de meditación de 30 minutos.
Sonar el cuenco al inicio y al final
2.
Algunas personas pudiesen pensar que en ese “ahora” no hay pensamientos discursivos, pero Trungpa Rimpoché nos aclara que no es así. Lo que sucede es que, como les hemos brindado más espacio, mucho espacio donde funcionar tanto a los pensamientos discursivos como a cualquier clase de pensamientos emocionales que hubiésemos podido tener, ellos ya no tienen que andar luchando por defender su territorio.
“Ahora” es un estado mental libre de lucha. Esta surge de la sensación de que nos falta algo, de que necesitamos algo más en la vida. Cuando ya no falta nada y los pensamientos discursivos no tienen por qué luchar; cuando no hay situaciones agobiantes por las que enfrascarnos en mayores conflictos, hay menos referencia al pasado y al futuro y, entonces, los pensamientos discursivos tienen menos repercusiones.
En ese preciso momento no hay siembra de semillas de karma; en ese preciso momento no hay recuerdos involucrados. En el estado de “ahora” no estamos rememorando nuestros recuerdos como parte de un caso histórico, pero, por supuesto, allí está presente una inteligencia relacionada con lo que está sucediendo.
Con frecuencia, la idea de guardar algún recuerdo es que uno graba algo de manera deliberada y lo pone a un lado como posible reforzamiento para el futuro, pero en términos de “ahora”, no está sucediendo tal cosa, porque ya no estamos siendo amenazados. No tenemos que crear espacio. El espacio ya está ahí, de modo que no tenemos necesidad de crearlo. El espacio no es producto de nada.
Es un asunto de apertura a la situación del espacio.
El espacio ya está ahí.
Y, como ya está ahí y nunca fue creado, la experiencia del espacio existe por sí misma y se perpetua a sí misma.
3.
En el espacio de “ahora” no hay sensación de ser separados, no hay sensación de dualidad. En el preciso momento de “ahora”, no hay ignorancia.
C. Solo con esto, vean cuán poderoso es ese momento. ¡No hay sensación de ser separados, no hay sensación de dualidad, no hay ignorancia!
En el ahora de la brecha, la espacialidad se torna inteligente. Esa es la siguiente etapa. Cuando ya no hay más siembra de semillas, en ese momento, la espacialidad se vuelve no solo ausencia de semillas, sino que se vuelve inteligente y funcional. La compasión, la comunicación y la gentileza, todas, surgen de esa apertura. Cuando nos damos cuenta de que ya no necesitamos ser tan agresivos ni andar listos para luchar, podemos darnos el lujo de simplemente “ser”.
C. Y podemos sentirlo, palparlo, verlas presentes. Algo ha cambiado en nosotros al abandonar la agresión y abrirnos a la experiencia del momento, al estar y ser en el “ahora”.
Si alguien desea intervenir puede levantar la mano.
4.
Existe la tendencia a pensar, que, si el ego disminuye, esto conducirá a una disminución en la creatividad, pero cuando el ego disminuye, la creatividad continua pero ahora como “sabiduría”, explica Trungpa Rimpoché. La analogía tántrica de la práctica de la alquimia de cambiar el plomo en oro demuestra la continuidad de la creatividad; la creatividad samsárica transmuta en una creatividad que, si bien no es aun totalmente búdica, va en esa dirección, se está desarrollando como tal, de modo que la creatividad sigue estando allí.
C. Cuando apareció la palabra “creatividad”, me di cuenta, que mi mente la había asociado principalmente con creatividad “artística” como si esta fuese la única aplicación del termino, y pensé, que eso mismo le pudiese suceder a otras personas. Por eso quisiera aclarar que, cuando hablamos de “creatividad” en este contexto budista, lo estamos haciendo en la forma más amplia posible, la cual implica su aplicación a todo lo que hace el ser humano, porque sea lo que sea implica un proceso creativo.
En otras palabras, sigue diciendo Rimpoché, creatividad o energía, como queramos llamarle, es una situación que existe por sí misma, no depende de nada en particular, no depende de ningún punto de referencia, por lo que, desde esta perspectiva, la creatividad y la confianza están relacionadas. Cuando usted se encuentra en medio de una situación malsana, en una situación típicamente samsárica, la confianza tiene que ser confirmada todo el tiempo. ¿No es cierto? Entonces eso deja de ser confianza.
De modo que, “confianza”, desde la perspectiva máxima de la que estamos hablando, es una clase de confianza que no necesita ser confirmada. Podríamos decir que la verdadera confianza consiste en confiar en la sanidad básica, pero aquí, ni siquiera hablaríamos de confiar, se trata más bien de “ser sanidad básica” la cual se vuelve creatividad.
En este caso, el aspecto creativo es “compasión”. Compasión, desde la perspectiva budista no quiere decir que lamentamos lo que le está sucediendo a alguien, o, que nos hace sentir bien el poder ayudar o salvar a otro ser. No. Esa es una actitud que conduce a alimentar el ego. “Yo estoy en mejor forma física que esa persona y ayudarlo me hace sentir bien, que puedo ser útil”. No.
La genuina compasión es bastante diferente. Se trata de extender nuestra calidez humana fundamental. Debido a que ya no tenemos ningún territorio que controlar o al que aferrarnos, nuestras actividades se tornan simultáneamente generosas y libres.
Por otra parte, dice Rimpoché, no tratamos de convertir a la gente a nuestra doctrina o enseñanzas. La verdadera compasión solo puede nacer si no tratamos de convertir a nadie y si no tenemos territorialidad. “Yo me siento muy bien porque practico esta técnica. Yo creo en esto. Deberías probarlo para sentirte como yo”. Grave error. La compasión más bien dice “Yo estoy aquí para servirte.” Eso es bastante diferente de la idea popular de ser caritativo, de ser de ayuda.
Más allá de eso, no solo deja usted de sembrar semillas kármicas, sino que también está quemando la raíz o la causa de las semillas. La está extinguiendo. Esto se debe a que, en ese punto, su estado de ser no contiene ignorancia, no hay confusión ni eso de no saber quién es usted, lo que es, dónde está, etc. De modo que el camino se vuelve muy directo, sólido y serio. Al mismo tiempo, está lleno de alegría y sentido de humor. Hay espacio para una tremenda expansión. Usted no tiene por qué cerrarse, usted puede expandirse y, de hecho, el expandirse se convierte en la disciplina.
C. Desde su propia experiencia ¿qué ha querido decir Rimpoché con “el expandirse se convierte en disciplina”?
¿Alguien puede responder esto?
Permanentemente y, hasta alcanzar el estado de buda, el practicante lleva adelante y manifiesta su determinación de expandir su mente para beneficio de todos. Eso, y decir desarrollar su espiritualidad son lo mismo. Esto lo hace de muchas maneras, pero a todas ellas lo que las mueve es la compasión. Expandir su comprensión de cómo son las cosas, expandir su comprensión de sí mismo, de sus comportamientos, de sus limitaciones. Expandir también su apertura y gentileza hacia los demás, la amplitud de miras respecto a lo que sucede, expandir sus conocimientos de causa y efecto, acerca del morir y la muerte. Expandir su sensación de gratitud hacia todos los seres, estar ahí para ellos.
Esto y mucho más es lo que buscamos permanentemente de manera consciente. De otro modo, lo que hacemos es dejar que las circunstancias nos lleven y nos traigan, nos diluimos en ellas sin prestar mayor atención a lo que estamos haciendo y sus consecuencias, y así pasan los días y las noches y en algún momento tendremos que morir. Entonces será muy tarde para preguntarnos ¿qué fue lo que hice con esta preciada existencia humana? ¿En qué la utilicé? ¿Para qué sirvió? ¿Qué beneficios proporcionó?
Si alguien desea intervenir puede levantar la mano
Dedicación del mérito
¡Dejar de grabar!