1.KTCZoom
Vipáshyana
Curso virtual inspirado en enseñanzas de Bokar Rimpoché
Traducción, edición y Comentarios: María Mercedes Márquez
Sábado 14 de noviembre de 2020
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¡Tashi Delek para todos!
Bienvenidos todos al inicio de las enseñanzas de Bokar Rimpoché sobre la práctica de “La Visión Superior”, conocida como “Laktong” [tibetano] y “Vipáshyana” [sánscrito].
C. Aun cuando cada práctica de meditación tiene su propia y única técnica y son diferentes unas de otras, todas tienen en común que se trata de una “metodología” de meditación. Independientemente de cuál sea la práctica, “meditación” implica mantener la mente centrada en la técnica durante la duración de la práctica, en cada uno de sus aspectos y en cada una de las etapas.
Debido a la ignorancia por una parte y al gusto por la fantasía por otra, nuestras mentes occidentales tienden a malinterpretar las experiencias que pudiesen surgir durante las sesiones o una vez concluidas, y a darles peso, forma e importancia, a lo que no son más que proyecciones de nuestras propias mentes.
Teniendo esto en cuenta, todo aquello que esté fuera de las instrucciones y enseñanzas acerca de las prácticas, debe permanecer fuera aun cuando la experiencia o experiencias nos puedan parecer importantes o significativas. De modo pues, que, como recomendación segura, confíen en las instrucciones de los lamas y mantengan estas palabras en mente.
En vista de que lo que escucharemos a continuación constituyen instrucciones valiosísimas de Bokar Rimpoché sobre la forma de abordar los pensamientos durante la meditación, la acostumbrada sesión inicial de meditación la llevaremos a cabo una vez concluido este primer punto.
1.
Cómo tratar los pensamientos en la meditación
Bokar Rimpoché comienza diciendo que los principiantes, al no saber muy bien qué es la meditación, esperan una calma perfecta, totalmente libre de pensamientos.
Tienen miedo de que aparezcan, y, cuando surgen, se desaniman ante su incapacidad para meditar.
C. Una vez que hemos escuchado esto debemos preguntarnos ¿Soy una de esas personas? ¿He recurrido a la meditación esperando que desaparezcan los pensamientos? Cuando sigo las instrucciones y comienzo la sesión, ¿siento algo de temor ante la posibilidad de que surjan pensamientos? ¿Su presencia me desanima y me conduce a la frustración?
Estos “ejercicios de honesta introspección” son indispensables. Es necesario que nos identifiquemos con lo que estamos escuchando, que lo llevemos a nuestra propia experiencia de la manera más sincera posible.
Temer a los pensamientos, enfadarse, preocuparse por su aparición o creer que la ausencia de pensamientos es algo bueno en sí mismo, sigue diciendo Bokar Rimpoché, son errores que conducen a un estado de frustración y culpabilidad inútil.
La mente de una persona que no medita, la de un principiante y la de un buen meditador, están flanqueadas de pensamientos, pero la manera de abordarlos varía considerablemente de uno a otro.
Alguien que no practica meditación es, en su relación con los pensamientos, comparable a un ciego cuyos ojos se dirigieran a una lejana autopista. El ciego es incapaz de ver si los carros pasan o no por la autopista.
De la misma manera, la persona ordinaria, aunque experimenta un vago sentimiento de incomodidad y de malestar interior, no es para nada consciente del flujo de pensamientos que, sin embargo, se produce sin interrupción.
Cuando se empieza a meditar, se descubre que los ojos son para ver, pero uno desearía que ningún carro pasara por la carretera. Aparece el primer carro y nuestra esperanza queda decepcionada. Un segundo carro, nueva decepción. Un tercer carro, nos enfadamos… etc. La cándida esperanza de una autopista vacía se ve continuamente frustrada. Uno se revuelve contra un estado de cosas inevitables.
Cuando uno piensa que la meditación es como un espacio desprovisto de pensamientos, cada pensamiento que aparece contradice con evidencia este esquema preconcebido y nos encontramos en una situación de fracaso casi permanente.
C. Con esto, se evidencia una vez más, que las ideas preconcebidas que tenemos respecto a las cosas, constituyen uno de los mayores obstáculos que enfrenta nuestra evolución como seres humanos, nuestro desarrollo espiritual, y que, al cultivar el hábito de la introspección analítica, comenzamos a ver los contenidos de nuestras mentes con más claridad.
Cuando, por el contrario, dice Bokar Rimpoché, uno ha comprendido bien en lo que consiste la meditación, ve desfilar los carros, pero sin ningún rechazo, sin haber decidido que la autopista tenía que estar vacía. No se espera la ausencia de vehículos ni se asusta uno de su presencia. Los carros pasan y se les deja pasar, no son ni malos ni buenos.
Si los pensamientos aparecen, se les deja pasar con neutralidad, sin aferrarse a ellos ni condenarlos; si no aparecen, tampoco tenemos que considerarlo un motivo de satisfacción particular. Una actitud sana ante los pensamientos da lugar a una buena meditación.
Las personas que comprenden mal la meditación creen que todos los pensamientos deben cesar, pero, de hecho, no podemos establecernos en un estado sin pensamientos.
El fruto de la meditación no es la ausencia de pensamientos, sino el hecho de que los pensamientos dejan de hacernos daño. De enemigos, los pensamientos, pasan a ser amigos.
En general, una mala meditación viene de la negligencia en las prácticas preparatorias, pero también, una vez que éstas se han realizado, viene así mismo de no haber comprendido la manera correcta de situar la mente.
Las personas ordinarias tienen la mente perpetuamente distraída, dispersa. Por otra parte, cuando uno medita, el obstáculo más grande viene de las producciones mentales sobreañadidas, de los comentarios sobre uno mismo y de las ideas preconcebidas. Por lo tanto, es necesario entender que la meditación auténtica evita tanto la distracción como las imputaciones mentales.
¿Alguna pregunta antes de comenzar la sesión de meditación?
Sesión de meditación de 25 minutos. Sonar el cuenco al inicio y al final.
2.
La Visión Superior: Lagtong [Vipáshyana]
C. En anteriores ocasiones hemos visto que, una vez que se juntan causas y condiciones, estas se manifiestan en muy diferentes formas que incluyen a los seres vivientes y a los fenómenos en general, es decir, a todo lo que sucede.
La gran cantidad de posibilidades de manifestación implica una extremada variedad de tipos de existencias, y cada una de ellas tiene características propias, dice ahora Bokar Rimpoché. Nosotros mismos, como humanos, estamos dotados de inteligencia, somos capaces de expresarnos con la ayuda de un registro de significados complejo y extenso, somos capaces de comprender y estamos provistos de un intelecto muy superior al de los animales. Tomar conciencia de esta situación existencial favorable es una legítima causa de felicidad.
Sin embargo, es necesario constatar el límite evidente: el sufrimiento. Sufrimos física y mentalmente. Muchas personas tienen una idea completamente falsa de la relación que hay entre el cuerpo y la mente; piensan que la mente no es más que una función totalmente dependiente del organismo físico. Como para ellas, sin cuerpo, no hay mente, la muerte del cuerpo físico significaría como consecuencia, el fin simultáneo de la mente.
Frente a estos puntos de vista materialistas, el conocimiento espiritual muestra que el cuerpo y la mente no están ligados por una relación indisoluble. El cuerpo es, desde luego, el producto surgido de los elementos genéticos físicos de los padres, pero la mente no viene de la mente de los padres.
La mente existe, desde tiempo sin principio y, en el campo de las existencias condicionadas como consciencia individualizada, inmaterial y sin discontinuidad. El cuerpo y la mente son esencialmente distintos.
C. Primero, la mente existe desde tiempo sin principio. Luego, dentro de las existencias condicionadas, aun cuando su naturaleza es vacuidad, aun así, tiene la posibilidad de manifestarse como consciencia individual, conserva su naturaleza inmaterial y lo hace de forma continua, sin interrupción. De allí que se le conozca también como “continuo mental”.
El sufrimiento afecta pues a nuestro cuerpo y a nuestra mente. El sufrimiento físico no es más que ocasional, provocado por la enfermedad o circunstancias pasajeras. El sufrimiento mental es un estado continuo que no nos deja ni de día ni de noche, pero del que frecuentemente somos poco conscientes ya que la fuerza de la costumbre nos hace tomarlo como normal.
C. “La fuerza de la costumbre nos hace tomar al sufrimiento como si fuese algo normal”. Esto es algo sumamente serio y a ello se debe en gran parte, el hecho de que no nos cuestionemos su existencia de manera profunda y significativa. ¿Tiene necesariamente que existir el sufrimiento? ¿Tenemos que sufrir porque sí?
¿Cómo es eso? Estas son preguntas fundamentales y si no lo hemos hecho aún, estamos a tiempo. Buscar esta clase de respuestas puede cambiar nuestras vidas.
Imaginemos a alguien que se encuentra en las mejores condiciones físicas posibles; con buena salud, satisfecho de la comida, confortablemente tumbado en su casa por la noche, dice Rimpoché. No obstante, hasta que no caiga en el sueño, su mente no está en paz. Tan pronto está repasando atentamente los acontecimientos del día o de los últimos días, como se inquieta por el futuro alimentando proyectos, esperanzas y temores. Incluso cuando duerme, su sueño se ve turbado por las impresiones inconscientes de su mente que se manifiestan en los sueños tan llenos de inquietudes como en el estado de vigilia. Por la mañana, cuando se despierta, ya le tenemos otra vez lleno de preocupaciones ante el día que empieza.
Lo que esto nos muestra es que las condiciones externas son insuficientes para asegurar la felicidad interior. Disipar el sufrimiento de la mente es de hecho mucho más importante que eliminar las causas aparentes del sufrimiento exterior.
Pero nos equivocamos de objetivo. Creyendo conseguir la felicidad nos hemos lanzado perpetuamente a la reorganización del mundo que nos rodea, pero ha sido en vano. Los bienes materiales, los objetos externos, lejos de ser capaces de librarnos del sufrimiento interior, la mayoría de las veces son la causa de que se incremente todavía más.
El verdadero medio para liberarse del sufrimiento interior es la práctica del mahamudra*, a través de la cual aparece el estado natural y auténtico de la mente. Para que esto sea posible, son necesarias dos etapas: la pacificación mental y la visión superior.
*Mahamudra.
Nuestra mente, en general, está ocupada por una producción incesante de pensamientos semejante al agua en plena ebullición. Meditar para apaciguar esta ebullición y permanecer en una situación estable, sin tensiones, es a lo que se llama pacificación mental.
En cuanto a la visión superior, esta implica el proceso de reconocimiento de la naturaleza de la mente. En cualquier caso, para la pacificación mental o para la visión superior, es primordial saber situar la mente: relajada, abierta, sin conceptualizaciones.
Si alguien desea intervenir puede levantar la mano
3.
Supongamos que alguien se dispone a ver un espectáculo cualquiera y está de pie con un pesado fardo sobre sus hombros. Puede ver bien el espectáculo, pero la carga en la espalda es una molestia demasiado grande como para permitirle estar atento a lo que ve.
Otra persona, por el contrario, dejará su fardo, se instalará cómodamente en un sillón y disfrutará sin dificultad del espectáculo que le interesa. Los dos espectadores tienen en común la posibilidad de ver el espectáculo. Pero en el primer caso la mente de la persona está sumergida en dos necesidades contradictorias: el espectáculo por una parte y la molestia de la carga sobre la espalda, por otra.
Cuando queremos meditar, si tenemos la mente tensa y no la establecemos en un estado de espaciosa relajación, nos sentiremos inclinados en dos sentidos diferentes: tensión y preocupaciones, por un lado, y el objeto de la meditación por otro.
C. Como vemos, aquí surge una vez más, esta vez de otro lama, el énfasis en establecer una sensación de espaciosidad.
En cuanto al segundo espectador que había dejado su fardo y las molestias que implicaba, se encuentra en plena disposición de ver el espectáculo. Abordando la meditación con una mente relajada y abierta podemos entregarnos plenamente y sin dificultad al objeto de la meditación, ya que nuestra mente está ocupada por un único requerimiento.
La piedra angular de toda meditación es saber situar así la mente. Se dice en un texto:
Relajación buena, meditación buena
Relajación regular, meditación regular
Relajación mala, meditación mala
¿Qué grado de relajación será la medida justa? pregunta Bokar Rimpoché. Es cierto que una exagerada relajación inclina la mente a la distracción y a la dispersión. Sin caer en ese extremo, hay que ejercitarse para encontrar un punto máximo de relajación. Abandonar toda vigilancia significaría sumergirse en la confusión; hay que mantener pues la vigilancia, pero con la menor tensión posible.
Cuando meditan, algunas personas se esfuerzan por bloquear todos los pensamientos y luchan para que sólo el objeto de meditación ocupe su mente. Otros se instalan en una especie de ausencia de consciencia, una profunda oscuridad, no inteligente. Ambas son actitudes contrarias a la meditación.
La pacificación mental requiere tanta lucidez como sea posible junto con un profundo sentimiento de libertad.
Cuando durante el día contemplamos el mar a través del agua clara, vemos las piedras y las algas del fondo. Nuestra meditación debe poseer esta misma cualidad de claridad que nos permita ser plenamente conscientes de la situación. De noche, por el contrario, la superficie del mar es una masa oscura y opaca que no deja penetrar la vista, igual que la mente embotada y opaca que, a pesar de tener una “apariencia de estabilidad”, impide de hecho la meditación.
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