1.KTCZoom
Budismo, mente y meditación
Curso inspirado en enseñanzas de Khempo Karthar Rimpoché, Anam Thubten, Chogyam Trungpa Rimpoché y la Upasika Kee Nanayón.
Martes 7 de febrero de 2023
Traducción, edición y Comentarios: María Mercedes Márquez
¡Tashi Delek, para todos! ¡Bienvenidos!
Me da mucho gusto verlos por aquí.
En el Buda, en el dharma y en la noble sangha
Voy por refugio hasta alcanzar la iluminación
Que, a través de esta práctica, de la generosidad y de otras acciones
Pueda realizar el buda para beneficio de todos.
1.
Palabras iniciales
C. Sabemos que no todos aprendemos de la misma manera. Unas personas se sienten atraídas por los rituales y las prácticas meditativas cantadas, otras más bien por las enseñanzas, la contemplación y la reflexión; en esto influye mucho nuestra propia estructura psicológica, así como también los condicionamientos que hemos adquirido en el hogar, el colegio o en la universidad, pero sea cual sea nuestra forma de aproximarnos a la palabra del Buda, todo es igualmente importante.
También es igualmente importante estar conscientes de nuestra propia tendencia para enfatizar el fortalecimiento de la opuesta; es decir, si uno se da cuenta de cuánto le gustan las prácticas de meditación cantadas, hay que tratar de profundizar en eso, buscar saber qué es lo que nos gusta de ellas, por qué nos atraen más que el estudio y la reflexión, y si el caso es el contrario, también tratar de averiguar el por qué de esta tendencia, pero en ambos casos, tratar de lograr un equilibrio entre ambas actividades y, recordar en todo momento, que la práctica budista tiene que ver con conocer la propia mente.
Es igualmente importante recordar que el mismo Buda comenzó enfatizando la importancia de “escuchar”, estableciéndolo como primer paso en el camino. Nos sentamos con una disposición de apertura y una atención enfocada en lo que estamos escuchando, tratando de entender el significado del discurso; luego “contemplamos” lo escuchado y lo discutimos en grupo.
En nuestras casas “reflexionamos” en ello, escribimos nuestras anotaciones y a partir de allí, tratamos de implementar en nuestra vida cotidiana lo que hemos aprendido. Es muy beneficioso incorporar el hábito de escribir nuestras reflexiones; esas anotaciones son reflejo de nuestro estado mental del momento y marcan pasos importantes en el desarrollo de la comprensión de las enseñanzas. Si, posteriormente desean compartirlas, estas serán bienvenidas.
Tradicionalmente, en las escuelas monásticas tibetanas se practica la técnica del “debate”, que requiere de un entrenamiento muy preciso que ayuda al practicante a profundizar en su comprensión del tema y también a expresarse con soltura en sus propias palabras.
Aquí en occidente tenemos la discusión, el intercambio de idea, de planteamientos o puntos de vista. Esto es muy importante, así que les invito y les agradezco su activa y entusiasta participación. Siendo que la etapa inicial de “escuchar” tiene especial importancia en la tradición budista, cada cierto tiempo se hará un alto para que levanten la mano quienes deseen hacer preguntas o comentarios y de ese modo se evitan interrupciones a la lectura del texto.
2.
La meditación
Cuando el budismo llegó a occidente -hace ya muchos años- lo hizo acompañado de la imagen del Buda Sakyamuni sentado en meditación -tal y como podemos verlo en todas sus representaciones. A partir de esa imagen simbólica y, de manera equivocada, la meditación se ha venido asociando a diversos términos que lejos de acercarnos a la “esencia” de lo que este símbolo significa, han contribuido a malinterpretar la “razón de ser” de la meditación que enseñó el Buda.
Comencemos con el término “tranquilidad”. Debido a la postura del Buda, la meditación está asociada a la tranquilidad en una forma tan estrecha, que es algo natural que la gran mayoría de la gente de por sentado que “ese” es el objetivo de la meditación. Siendo así, son muchas las personas que se aproximan llenos de ansiedad y preocupaciones buscando precisamente eso: alivio, tranquilidad, reposo, dejar de pensar tanto y poder experimentar una sensación de bienestar general.
Quizás ustedes mismos lo hayan pensado -y es muy comprensible. Por eso me parece importante que, los que están aquí por primera vez sepan que “ese no es el propósito” de la meditación, que “esa no es la razón” por la que nos sentamos en meditación, y, que los que ya tienen tiempo practicando nunca lo olviden.
El verdadero propósito de la meditación consiste en poder llegar a “conocer la propia mente”. Saber cómo funciona, por qué o cómo llegó a ser cómo es; aprender a transformarla, a deshacernos de las tendencias negativas que sabemos que están presentes; conocer si es posible llegar a ver las cosas con más claridad; cómo hacer para librarnos de esos aspectos de nuestras personalidades que nos limitan y son causas de sufrimientos; cómo hacer para desarrollar mayor claridad y poder ver las cosas tal cual son, abandonar las fantasías y los autoengaños, cómo desarrollar sabiduría y compasión, son sólo algunos de los beneficios de la meditación.
Este es el verdadero propósito de la meditación que enseñó el Buda hace más de 2500 años y que ha llegado a popularizarse en occidente como “mindfulness”, esta disciplina meditativa a a través de la cual desarrollamos tres facultades ya presentes en cada uno de nosotros:
1) una atención particularmente enfocada
2) presencia consciente permanentemente
3) habilidad de discernimiento.
Para el diseño de estas sesiones nos hemos inspirado en enseñanzas de diversos maestros budistas tibetanos como Khempo Karthar Rimpoché, antiguo abad del monasterio del Karmapa en norteamérica, quien también fundó este centro en 1981 y fue mi perfecto maestro; de los lamas tibetanos Anam Thubten y Chogyam Trungpa Rimpoché y también en la destacada maestra tailandesa, la Upasika Kee Nanayon. Muy probablemente también de otros cuyas enseñanzas ya están tan integradas a mi mente, que no logro separarlas como para dar con su origen.
Para comenzar, la Upasika Kee Nanayón nos dice que entrenar la mente a estar tranquila requiere de mucha circunspección porque básicamente ella es ingobernable y tiende a ser contraria. No va a ser fácil que esté bajo la supervisión de la atención consciente y el discernimiento, así que debemos “desarrollar el conocimiento” que la va a mantener bajo control de manera apropiada. Para lograr que la mente permanezca bajo el control de una atención consciente y del discernimiento, debemos comenzar por “hacer un alto y mirarla”, “hacer un alto y conocerla”, estando en meditación.
La forma en la que la mente está estructurada y cómo puede ser palpada son cosas difíciles de entender para nosotros porque a la mente le gusta andar por ahí según sus propias fabricaciones mentales. Si queremos sentirla y conocerla a través de ella misma, tenemos que someterla a mucho entrenamiento.
Aprender a supervisarla, a lograr tenerla bajo el control de la atención consciente y del discernimiento, toma tiempo, y tenemos que utilizar nuestros poderes de observación y evaluación. Si NO nos mantenemos observando y evaluando nuestra mente como parte de nuestra práctica permanente, la mente pronto se desviará y comenzará a vagar dondequiera que sus preocupaciones la lleven.
Ella simplemente sale a buscar problemas, e, independientemente de si nos gustan las cosas o nos desagradan nos aferramos a ellas y las convertimos en sufrimiento y estrés. Fíjense que los ojos, los oídos, y las otras “puertas” de los sentidos, son “puentes” que cruza la mente en el momento en que vemos cosas, en que escuchamos sonidos o nos damos cuenta de otros contactos sensoriales.
C. Personalmente creo, y es producto de mi propia experiencia, que la mejor forma de comenzar el día es haciendo una buena sesión de shámata. Con esto establecemos el fundamento de nuestra disciplina, y, al salir de allí, aprovechando la experiencia, podemos llevarnos con nosotros los niveles de atención y de consciencia que hemos desarrollado.
Pero ¡cuidado! tenemos la tendencia acelerar nuestro paso tan pronto se termina la práctica, convencidos de que debemos retomar la compulsión de la vida a la que estamos acostumbrados. Entonces se acelera el ritmo cardíaco y también nuestra respiración, y terminamos sumergiéndonos en un torbellino de cosas “permitiendo y consintiendo que éstas condicionen nuestra forma de vivir” cuando debe ser todo lo contrario.
Pero eso no tiene por qué ser así. Nosotros tenemos el poder de hacer que las cosas cambien para bien, pero es necesario que generemos una firme determinación de, no sólo “aprender meditación” sino de “incorporar a nuestra vida” lo que vamos aprendiendo. De otro modo no tendría mayor sentido estar aquí.
Es cuestión de sentido común. Si, por ejemplo, lo que buscamos es tranquilidad mental, si no conocemos nuestra propia mente, si no sabemos cómo funciona, si no podemos ver con claridad la forma en que pensamos y actuamos y a qué se debe que lo hagamos de ese modo, no vamos a poder tranquilizarla. Así que hay que comenzar por conocer la mente, por saber cómo funciona, y la mejor manera es a través de la meditación.
Tranquilidad, quietud, reposo, relajación, todas estas son “consecuencias” de la aplicación de la técnica; son “efectos secundarios” de la práctica de la meditación pero no el objetivo primordial que, como hemos dicho, es conocer la mente.
Es posible llegar a ver las cosas tal cual son y dejar de verlas como las vemos o interpretamos nosotros, liberarnos de toda clase de limitaciones y sufrimientos temporales, y ultimadamente, alcanzar nuestra completa realización como seres humanos convirtiéndonos en perfectos budas. Es decir: “despertar” espiritualmente al desarrollar el potencial innato que tenemos como seres humanos.
3.
Instrucciones y práctica inicial de meditación
Sentémonos entonces tranquilos y relajados, con la disposición de mantener el cuerpo en la postura apropiada para llevar a cabo una breve sesión de práctica. Comenzamos por cruzar las piernas si estamos sobre un cojín, con un pie delante del otro, y buscamos que ambas rodillas reposen sobre el piso.
Si estamos sobre una silla, nos sentaremos de modo que los pies puedan reposar firmemente sobre el piso y hacemos que esto nos ayude a mantener la espalda recta.
Enderezamos los brazos y colocamos las manos sobre los muslos con las palmas hacia abajo cerca de las rodillas. Ellas descansan ahí, relajadas, tranquilas, lo mismo que los brazos y los hombros.
Ahora, empujamos levemente la barbilla hacia atrás. Pegamos la lengua al paladar, suavemente, sin presión y palpamos que la punta de la lengua toque el borde interno de la dentadura superior. Generalmente se recomienda mantener los ojos ligeramente entornados, pero, si lo prefieren, pueden hacer la práctica con los ojos cerrados.
Finalmente, visualizamos como si nos estuviesen estirando con una soga por el tope de la coronilla y de ese modo, estiramos y enderezamos un poco más la columna.
Trataremos de que cuerpo y mente trabajen en equipo, queremos que ambos estén en lo mismo, queremos debilitar progresivamente el hábito de la dispersión, donde el cuerpo está haciendo algo y la mente está en otra parte totalmente desentendida de lo que está haciendo el cuerpo que la acompaña.
Para ayudarnos a lograrlo, mantenemos la firme resolución de dejar atrás las inquietudes que arrastramos del pasado y los planes sobre el futuro; la vida cotidiana queda atrás junto con los asuntos laborales, las relaciones familiares, las diligencias pendientes, los problemas o dificultades.., todo debe quedar atrás.
Ahora estamos aquí; no necesitamos traerlos a la práctica. La vida, nuestra vida, está sucediendo sólo “aquí” donde estamos “ahora”.
De modo que queremos mantenernos aquí, sentados, quietos, y también asentar la mente centrando la atención en la respiración; si lo hacemos, podremos ver la forma en que cambia la respiración en un momento dado dependiendo de nuestros pensamientos y estados emocionales, y, no sólo eso, a medida que nos vamos familiarizando con estas variaciones, encontramos que anclar la mente en la respiración es una tremenda fuerza sanadora.
Si sentimos ansiedad, por ejemplo, en lugar de tensar el cuerpo y constreñir la respiración como hemos venido haciéndolo, podemos “deliveradamente” enfocar la mente en la respiración hasta que se torne lenta y constante y mantenerla así.
Y, si en medio de nuestra vida diaria vuelve a darse un episodio de ansiedad, con sólo recordar la técnica de colocar la atención en la respiración podemos superarla al hacer que la respiración se torne lenta y constante.
También nos alejamos del celular siendo conscientes de lo mucho que nos distancia del momento presente si lo mantenemos cerca aunque esté apagado. Tenemos que hacer todo lo posible por sentarnos sobre el cojín o en la silla acompañados de la sensación de estar aquí, ahora, libres de toda clase de “peso”, ya sea físico, psicológico, emocional o creativo; de todos esos “pendientes”, de los mensajes, de las diligencias, de las relaciones familiares, de los proyectos, de los antojos, etc.
Dedicaremos unos minutos de nuestro tiempo a la meditación y lo haremos con la fuerte disposición de aprender a mantener la mente enfocada como entrenamiento necesario en el camino a la liberación de toda clase de sufrimiento, para propiciar la evolución interior y el despertar.
Los iré guiando para facilitar el proceso:
-La mente enfoca su atención en la forma normal de respirar; la mente está allí en la inspiración y la expiración. Sin forzarlas, respirando normalmente.
-Tenemos una disposición de apertura, de que, suceda lo que suceda en la mente o a nuestro alrededor, mantendremos la atención de la mente centrada en la respiración y nada más; eso es todo lo que nos interesa. No hay nada más que hacer con la mente salvo dejarla tranquila, centrada, atenta al aire que entra y el aire que sale por la nariz; siendo “uno” con el aire que entra y sale por la nariz.
-Si en algún momento surge la consciencia de que la mente está entretenida con otra cosa que no sea la respiración, tranquilamente, al darnos cuenta, regresamos de vuelta la atención de la mente a la respiración.
Práctica de 20 minutos
Participación
4.
El budismo
Cuando estaba preparando algunas de las sesiones para este año, contemplaba el paso del tiempo; cómo es que todo cambia, cómo todo evoluciona de una manera u otra, se transforma, desaparece en una forma para presentarse en otra. ¡Es un espectáculo fascinante donde la interconexión de todos los elementos revela la grandeza de su perfección!
En cuanto al budismo, me quedó claro que lo que en occidente conocemos como “budismo”, es para mí un “organismo vivo” que se desarrolla en cada individuo [huésped], de manera diferente. Es influenciado por éste y por su entorno y tiene la asombrosa y extraordinaria capacidad de adaptarse perfectamente a su época, aún cuando haya nacido hace más de 2500 años de nuestra era.
Es igualmente, puro sentido común y esto es lo que hace posible para todos, sin distinciones, independientemente de nuestras creencias religiosas, políticas, raza, sexo y nacionalidad, que podamos vivir una vida más sana, de manera más inteligente, más relajada y también más compasiva; poder ser más inteligentes, asertivos y productivos y estar así en mayor capacidad de ayudar a otros.
Las cosas cambian, nosotros cambiamos y tenemos la capacidad de dirigir este cambio hacia el crecimiento y el desarrollo espiritual. Personalmente creo, que el que estén aquí es una muy sabia decisión y una vez más la celebro sinceramente; ella responde a un llamado de la propia interioridad que clama por una visión más clara de las cosas, por una forma más sana de vivir.
Porque de eso se trata, de transformar nuestras mentes de forma tal que podamos vivir la vida desde una perspectiva más acertada y saludable para todos, cada vez más en sintonía con lo que es, con la forma como son las cosas, pero, para que esto sea posible, es necesario que comencemos por vernos a nosotros mismos.
Formando parte integral del planeta, no podemos continuar mirando hacia otro lado como si no pasara nada; es necesario que abandonemos la indiferencia y la indolencia causadas por nuestro excesivo egocentrismo. El mundo entero clama por el desarrollo de nuestra sensibilidad humana para que podamos ver las cosas como realmente son y poder resolverlas de manera apropiada. Eso hace el budismo en nosotros siempre y cuando sigamos estos tres caminos: el de escuchar y estudiar las enseñanzas, dedicar tiempo a las prácticas meditativas y finalmente, aplicar, momento a momento a nuestra vida diaria lo que hemos aprendido.
La combinación de estas tres actividades, nos ayudan a desarrollar nuestro propio potencial de modo que podamos llegar a ver, como lo hemos dicho anteriormente, “la mejor versión de nosotros mismos” y con eso, estar en posibilidad de ayudar a muchos otros seres de maneras muy diversas.
Sólo tenemos que vernos aquí para darnos cuenta del momento que estamos viviendo y de lo acertada de nuestra decisión de buscar las enseñanzas y aprender meditación. Hablo de “practicar meditación” porque, independientemente de si ustedes tienen tiempo practicando o si están recién llegados, hay que practicar, porque practicando es como llevamos lo que aprendemos a una completa realización.
Estamos aquí, apenas comenzando a salir de una pandemia, en medio de una guerra que está afectando la economía global agrandando aún más la brecha entre ricos y pobres; a diario enfrentamos desastres naturales producto del cambio climático causado por nuestros propios errores y aún así, seguimos contaminando los océanos de maneras difíciles de concebir, consumiendo de manera desproporcionada y desperdiciando comida que podría salvar la vida a otros.
Vamos por ahí pretendiendo ignorar los gravísimos problemas raciales presentes en todas las culturas porque quizás no nos tocan directamente; nos hacemos la vista gorda ante las constantes migraciones de millones de desplazados que arriesgan sus vidas en busca de situaciones más justas y favorables porque “eso está sucediendo muy lejos de aquí”; vemos las noticias sobre los insólitos niveles de violencia doméstica pero nuestro corazón no responde porque “eso no tiene que ver conmigo” ni tampoco la discriminación de género ni la moderna esclavitud, para nombrar sólo algunos.
Simplemente, no debemos seguir posponiendo nuestra propia evolución. No sólo la necesitamos nosotros mismos sino todos en el planeta porque ya sabemos que, de una u otra manera, lo que pensamos, decimos y hacemos repercute en el planeta porque nos afectamos unos a otros de distintas maneras.
Participación
Dedicación del mérito
Que todos los seres puedan tener felicidad y las causas de la felicidad
Que todos puedan alejarse del sufrimiento y de las causas del sufrimiento
Que nunca se separen de la felicidad que no conoce sufrimiento
Que abandonen el apego hacia unos y la aversión hacia otros
Y puedan realizar la igualdad de todo lo que vive