19. KTCZoom.

Budismo, mente y meditación

Martes 27 de junio de 2023

Traducción, edición y Comentarios: María Mercedes Márquez 

¡Tashi Delek, bienvenidos todos!

Las Cuatro Contemplaciones que orientan la mente hacia la liberación

 Primero, esta preciada existencia humana, tan favorable para la práctica del dharma, es difícil de obtener y se pierde fácilmente. En este momento debo hacer de esto algo significativo.

Segundo, el mundo y todos sus habitantes son impermanentes. En particular, la vida de cada ser es como una burbuja de agua. Es incierto cuándo moriré y me convertiré en cadáver. Como es sólo el dharma lo que me asistirá en ese momento, debo practicar ahora con diligencia.

Tercero, al morir no hay liberación y el karma sigue su rumbo. Como soy yo quien crea su propio karma, debo por lo tanto abandonar toda acción perjudicial y dedicar siempre mi tiempo a las acciones beneficiosas. Con esto en mente, debo observar a diario el flujo de mi mente.

Cuarto, tal y como un festín antes de que el verdugo me conduzca a mi muerte, la familia, los amigos, los placeres y las posesiones del samsara me causan continuos tormentos a través de los tres sufrimientos, Debo eliminar todo apego y esforzarme por lograr la iluminación.

1.

Primera sesión de meditación

C. -Estamos aquí, porque queremos aprender meditación y, para que eso sea posible, debemos comenzar por “ubicarnos” física y mentalmente en el momento presente”.

-El cuerpo y la mente deben trabajar en equipo, por lo que es necesario dejar todo atrás: los asuntos familiares, las situaciones domésticas, los problemas laborales, las diligencias pendientes y también el celular. No hay necesidad de traer nada de eso a la meditación. Por el contrario, no serían más que obstáculos a lo que estamos tratando de cultivar.

-También debemos abandonar futuras expectativas que hayamos podido imaginar sobre el resultado de la práctica. Dejar atrás toda fantasía, toda especulación; esos planes, ilusiones y preocupaciones, porque distancian la mente de la posibilidad de estar ubicados aquí en el momento presente.

-Mantengamos en todo momento la consciencia de que el único lugar donde está pasando nuestra vida es “aquí” donde estamos “ahora” y, siendo así, nos llenamos de determinación para hacer todo lo posible por estar “presentes” en cada momento. Nos regocijarnos de la experiencia de estar vivos. ¡Celebramos la vida!   

-Recordemos que “estar en meditación” es sinónimo de mantener una mente “enfocada”, “despierta”, “atenta”, y “consciente”. Que tener los ojos entornados no es una invitación a la ensoñación. De modo que, sentados sobre el cojín con las piernas cruzadas y un pie delante del otro, colocamos las manos hacia abajo sobre las rodillas, empujamos el torso un poco hacia atrás y enderezamos la columna.

-Estamos dispuestos a llevar a cabo una breve sesión de meditación shámata, teniendo como principal motivación no solo nuestro propio beneficio personal sino el de todos los seres sin excepción.

-Retraemos la barbilla, pegamos suavemente la lengua del paladar, y mantenemos los ojos ligeramente entornados .

-Ahora, estando sentados cómodamente, con la columna recta, con naturalidad, centramos la atención en cada inspiración y cada expiración. El foco en la respiración debe ser relajado permitiéndonos simplemente estar aquí con la respiración sin modificarla. La atención está en el aire en el preciso momento en que está entrando y saliendo por la nariz.

-Si nos damos cuenta de que nos hemos distraído con algún pensamiento que ha surgido o con cualquier otra cosa que no sea la respiración, dejamos eso de lado y volvemos a centrar la atención en la respiración.

-Mantenemos la atención cómodamente enfocada en la respiración y la mente neutral, es decir, sin preferir esto o aquello; simplemente estando aquí, tranquila. Si encontramos pesado el foco en la respiración, lo relajamos para que se sienta bien, para que esté a gusto con la respiración.

-Hacemos el esfuerzo por mantener una mente ecuánime, que no juzgue ni se perturbe ante la presencia de estímulos externos o internos; una mente que esté bien en ella misma.

Trataremos de estar física y mentalmente en cada “aquí” y cada “ahora” del momento presente, haciendo lo posible para que el cuerpo y la mente trabajen en equipo.

20 minutos de shámata

Participación con preguntas o comentarios sobre la práctica  

2.

Reorientar la mente hacia el dharma

C. No quisiera comenzar las enseñanzas de hoy sin hacer referencia al tema del miedo que discutimos en la sesión pasada, porque este toca un punto fundamental en la experiencia de todos, y en la sesión presencial que tuvimos el sábado aquí en el centro budista, se suscitó una discusión interesante que quisiera compartir con ustedes.

Sentimos miedo por muchas y diferentes razones ¿no es cierto? Como comentó uno de los asistentes, cuando estamos frente a una situación amenazadora donde por ejemplo está en peligro la vida, el instinto básico de supervivencia despierta mecanismos naturales para defendernos. En ese caso, podemos decir que el miedo es saludable porque nos lleva a reaccionar rápidamente, a buscar la salida al conflicto o, a la situación que estamos viviendo.  

Sin embargo, fíjense que también sentimos otras clases de miedo y estos obedecen más bien a nuestros propios “condicionamientos psicológicos”, es decir, que dependen de la forma como cada uno de nosotros, como “personas”, como “yos”, como “fulana o fulano de tal”, como “egos”, nos relacionamos con los demás y con el entorno, partiendo de esa serie de ideas preconcebidas, de conceptos y comportamientos equivocados que hemos venido incorporando a nuestra mente a lo largo de nuestra vida y que ha “perfilado” nuestra forma de ser y de actuar.

Recuerdo que también alguien habló del miedo a perder a sus padres y otro del miedo a perder su mente.  

Participación

C. Por mi parte, un buen rato después de haber concluido la sesión pasada, me encontré preguntándome a mi misma a qué le tengo miedo -porque no es una tendencia presente en mi, nunca he sido miedosa y adicionalmente, cuando llegué al encuentro con el budismo y escuché por primera vez el término “guerrero espiritual”, eso me gustó mucho e inmediatamente me identifiqué con eso: con ser una “guerrera espiritual”.

Volviendo al tema, pude identificar que a lo que más temo es a “llegar a tener miedo”, y, siendo así, hago todo lo que esté a mi alcance por no dejarme atrapar por semejante negatividad. Y no sólo eso, sino que también pude ver la extraordinaria forma en la que la práctica shámata -la que acabamos de hacer- ha contribuido de manera determinante a desmantelar ese temor y lo sigue haciendo. Me explico con un ejemplo.

Durante el curso de mi vida logré ahorrar algo de dinero pensando en guardarlo precisamente para cubrir los gastos que ocasiona la vejez y no tener que molestar a mis hijos con mis gastos personales, achaques y enfermedades, pero de un tiempo para acá, y motivado principalmente por la inflación, he podido ver cómo la cuenta ha ido bajando y bajando y sigue haciéndolo.

Recuerdo que hace como un mes en un momento dado me atrapó el pensamiento de visualizar un futuro sin nada de dinero y por unos momentos sentí destellos de miedo, pero ¿qué hice al darme cuenta de lo que estaba sucediendo? inmediatamente, y gracias precisamente a la observación de lo que sucede en la mente, “no queriendo sufrir” y no teniendo la tendencia a “consentirme emociones negativas”, inmediatamente “reorienté la mente hacia la práctica del dharma”, hacia la práctica shámata específicamente, y centré la atención en la respiración. Eso fue más que suficiente para liberarme en pocos minutos.

Reorientar la mente hacia la práctica del dharma”. Este es uno de los antídotos más efectivos contra el surgimiento de cualquier tendencia negativa en nuestra mente. Recordar las instrucciones que hemos escuchado, aplicar los antídotos.

Hoy estamos retomando el recitar Las Cuatro Contemplaciones que orientan la mente hacia la liberación, cuatro pensamientos a tener presentes de manera permanente porque en el momento menos pensado podemos hacer uso de ellos como recordatorios, liberar la mente de negatividades y, por el contrario, centrarla en actitudes positivas y acciones virtuosas.

No es sano aceptar pasivamente las emociones negativas que experimentamos porque ellas contribuyen de manera determinante a generar los sufrimientos, recordemos siempre que como humanos, estamos dotados de una calidad de mente que nos distingue del resto de los seres vivientes.

Esta mente es una verdadera maravilla, tiene la capacidad de pensar, de experimentar el mundo que la rodea, de darse cuenta de lo que sucede dentro de la propia mente, de tener sentimientos, de crear, inventar, de mejorar y también de dañar al mundo y a otros seres vivientes.

3. El temor a la vida

C. No les he comentado que, cuando estaba desarrollando las enseñanzas para esta noche, en un momento dado le di a un comando que literalmente “desapareció” de la computadora todo lo que había venido escribiendo. No logré encontrarlo en ninguna parte y tuve que comenzar desde cero. Así que me perdonan si en algún momento repito algo que ya vimos la semana pasada.

Volviendo al tema del miedo, recordé algo que dijo hace muchos años uno de los principales discípulos de Trungpa Rimpoché; dijo que es lógico que sintamos miedo, porque no sabiendo de dónde venimos ni para dónde vamos, es natural que vivamos en este estado intermedio acompañados de un subyacente temor a la vida porque su naturaleza impredecible y salvaje nos impide controlarla y dominarla por completo, aunque a veces tengamos la pretensión de afirmar que “tenemos todo bajo control”.  

Esto genera inseguridad. Somos inseguros, porque pensamos que no vamos a poder sobrevivir a menos que tengamos un firme control sobre la vida, pero esta forma de abordar las cosas es francamente irrealista.

C. Tenemos necesariamente que comenzar por entender, que la vida es impredecible y salvaje como ha dicho anteriormente el lama, que es cambiante, impermanente, no es algo estático, por el contrario, instante a instante todo cambia, aunque no podamos apreciarlo con nuestra visión ordinaria.

Todas estas características obedecen a que, para que algo, por muy pequeño o insignificante llegue a manifestarse, se requiere de la cooperación de infinita cantidad de causas y condiciones que se juntan para que finalmente algo llegue a suceder. 

Mientras sigamos atrapados en este juego inútil de pretender tener el control de la vida, nunca sabremos cómo abrazarla y celebrarla, que es lo único que hay que hacer. Todo lo demás, todo lo que creemos que es “real”, es simplemente una elaboración mental, dice el lama, y, mientras no tengamos esa comprensión seguiremos viviendo en el “mundo muerto de los conceptos o ideas”, y la consecuencia será que “moriremos sin haber vivido”. Miremos a nuestro alrededor con eso en mente y podremos ver esto en las interacciones y relaciones que observamos a diario.

Participación

Para el Buda, aferrarse a cualquier concepto o idea es una distracción de vivir en el presente. La carga de la que hablaba el Buda, la carga mental, es la carga o el peso de nuestros conceptos o ideas. Ahora bien, ¿qué sucedería si nosotros simplemente abandonásemos esa carga ahora mismo? Experimentaríamos una increíble sensación de alivio.

Esto es usualmente llamado “liberación”, y, de hecho, es una buena propuesta. Es lo que llamamos  una situación de “ganar ganar”, porque al final no perdemos nada salvo miseria, sufrimiento, codicia, odio, y confusión, ego, mezquindad, egoísmo, ignorancia, dolor, desdicha, ansiedad, miedo, inseguridad..., y la lista continúa.

¿Entonces por qué oponemos tanta resistencia?, pregunta el lama.

¿Qué nos lo está impidiendo?

¿Qué piensan ustedes?

Participación

C. Aquí, precisamente es donde entra en juego lo que hemos escuchado a los lamas decir tantas veces: para que sea posible una genuina práctica del dharma, para que podamos ver rápidamente la efectividad del planteamiento del Buda, es necesario estar plenamente convencidos de que la forma en la que forma convencional de enfocar la vida, la manera en la que hemos venido viviendo nuestras vidas no conduce a la felicidad ni a la liberación que todos estamos buscando.

Es necesario desarrollar un sincero y profundo descontento con lo que llamamos el “samsara”, precisamente, esta forma común y corriente de ver y vivir la vida.

Es necesario hacer un giro radical y reorientar la mente en otra dirección, hacia la propia mente, en una dirección confiable, saludable, liberadora inspirándonos en las enseñanzas que escuchamos que están cargadas de sabiduría.

Mientras sigamos el jueguito que nos plantea el consumismo desatado, el egoísmo, la codicia y la mezquindad que mantienen a gran parte de la población del planeta pasando y muriendo de hambre, mientras sigamos durmiendo tranquilazos en nuestras cómodas camas sin pensar en los que están allá afuera tendidos sobre un cartón bajo un árbol y un techito, mientras siga nuestra existencia centrada en nosotros mismos, será poco lo que podremos cambiar.

Es necesario abrir la mente y el corazón a la existencia de los millones de seres sintientes que pueblan el espacio. Es necesario entender de una vez por todas que la vida no se trata de sino de todos.

Participación   

4. Libertad

¿Entonces, cómo podemos realizar esta increíble e inexplicable libertad interior que todos estamos buscando?

Esta es una pregunta difícil de responder porque esta verdad no es como cualquier otra, estamos hablando de una libertad no condicionada por nada, que no se sustenta solamente en la comprensión intelectual, sino que exige de nosotros que lleguemos a tener la experiencia propia de eso que hemos aprendido, que logremos “realizar” las enseñanzas.  

Cuando hablamos de “libertad incondicional” esto quiere decir que ya no existe ningún fundamento de desdicha en nuestra consciencia. Esto no es simplemente una idea, es algo que todos podemos vislumbrar; es este firme e inquebrantable “equilibrio” en el mundo iluminado de la alegría, la bienaventuranza y el amor, sin importar qué se esté desplegando en nuestra vida.

La vida humana es, un permanente juego de buenas y malas circunstancias; constituye una interminable serie de historias: éxitos-pérdidas, encuentros-desencuentros, nacimiento-muerte, tener buena salud-estar enfermo, tener una abundancia de esplendor o gloria o no tener ninguno.

Pero realmente no importa qué sea lo que esté sucediendo en ese escenario tan ilusorio -la vida- porque nuestra mente queda completamente arraigada en ese fundamento de eterna y no-cambiante libertad.

Cada uno de nosotros tiene acceso a ese mundo iluminado en cualquier momento, pero primero tenemos que saber cómo abrir nuestros corazones y penetrar en ese extraño y trascendente estado mental donde no deseamos nada donde no queremos nada excepto libertad eterna.

C. ¿Pueden ver lo que sucede en la mente?

¿Pueden ver por qué no importa lo que esté sucediendo en la vida cuando las circunstancias se viven como lo que son, circunstancias pasajeras, cambiantes, e impermanentes?

¿Cuándo la mente puede ver la verdadera naturaleza de las cosas?

Participación 

 

 

5.

Segunda sesión de meditación.  -Comenzamos por “ubicarnos” física y mentalmente en el momento presente”. Todo ha quedado atrás. Lo único que existe es este momento presente. Aquí y ahora.

-Recordemos que “estar en meditación” es sinónimo de mantener una mente “enfocada”, “despierta”, “atenta”, y “consciente”. Que tener los ojos entornados no es una invitación a la ensoñación. De modo que, sentados sobre el cojín con las piernas cruzadas y un pie delante del otro, colocamos las manos hacia abajo sobre las rodillas, empujamos el torso un poco hacia atrás y enderezamos la columna.

-Estamos dispuestos a llevar a cabo una breve sesión de meditación shámata, teniendo como principal motivación no solo nuestro propio beneficio personal sino el de todos los seres sin excepción.

-Retraemos la barbilla, pegamos suavemente la lengua del paladar, y mantenemos los ojos ligeramente entornados .

-Ahora, estando sentados cómodamente, con la columna recta, con naturalidad, centramos la atención en cada inspiración y cada expiración. El foco en la respiración debe ser relajado permitiéndonos simplemente estar aquí con la respiración sin modificarla. La atención está en el aire en el preciso momento en que está entrando y saliendo por la nariz.

-Si nos damos cuenta de que nos hemos distraído con algún pensamiento que ha surgido o con cualquier otra cosa que no sea la respiración, dejamos eso de lado y volvemos a centrar la atención en la respiración.

-Mantenemos la atención cómodamente enfocada en la respiración y la mente neutral, es decir, sin preferir esto o aquello; simplemente estando aquí, tranquila. Si encontramos pesado el foco en la respiración, lo relajamos para que se sienta bien, para que esté a gusto con la respiración.

-Hacemos el esfuerzo por mantener una mente ecuánime, que no juzgue ni se perturbe ante la presencia de estímulos externos o internos; una mente que esté bien en ella misma.

Trataremos de estar física y mentalmente en cada “aquí” y cada “ahora” del momento presente, haciendo lo posible para que el cuerpo y la mente trabajen en equipo.

20 minutos de shámata

Participación con preguntas o comentarios sobre la práctica    

 

 

6. La religiosidad

 C. Antes de seguir adelante, me gustaría que tocásemos el tema de la religiosidad, porque este es un término que puede que no se haya entendido de manera correcta y se maneja con demasiada ligereza aun cuando es muy profundo y su comprensión es determinante en la evolución espiritual del practicante. Sin embargo, para que nuestra discusión sea más efectiva vamos a comenzar por escuchar lo que cada uno de nosotros entiende por religiosidad. Estoy segura de que este intercambio de ideas nos ayudará a profundizar nuestra comprensión.

¿Se consideran ustedes seres religiosos?

¿Se ven ustedes a sí mismos como personas religiosas?

Participación 

 

Hace muchos años, cuando ya llevaba cierto tiempo relacionándome con Khempo Rimpoché, con otros lamas y las enseñanzas y las prácticas budistas, recuerdo que se enfatizaba el hecho de que el budismo no es una religión. No entendía bien lo que esto significaba, pero con el tiempo pude ir viendo con más claridad la orientación científica de la búsqueda emprendida por el Buda, el énfasis que pone en la experiencia personal y también la ausencia de dogma de fe.

Pude ver una nueva forma de religiosidad que no tiene que ver con actos públicos, ni rituales, ni festividades, sino más bien con los más simples actos de la vida cotidiana.

A medida que practicaba, podía palpar como se iba transformando mi forma de vivir la vida; todo iba cobrando una importancia que antes no veía; me daba cuenta de que, cada acto, cuando va acompañado de atención y consciencia en beneficio de todos los seres sin excepción alguna, es, en sí mismo, un camino a la trascendencia, y, sin duda, podemos decir que, aun cuando el budismo no es una religión como el resto de las religiones occidentales porque no hay un dogma de fe, el practicante budista es un ser tremendamente religioso, porque todo, absolutamente todo en su vida está motivado por la más profunda religiosidad y vive su vida centrado en eso momento a momento. 

El simple hecho de respirar, caminar, comer, dormir, estudiar, hablar, lo que fuera que hiciera cobraba una importancia inusitada cada vez que, estando allí en eso, en el momento en que se daba, se desplegaba su trascendencia. En la vida del practicante, todo deja de ser común y corriente para convertirse en pasos hacia la iluminación. 

Si aún no podemos vivir con esa devoción cada día, comienza ahora diciendo el lama, algunas veces es posible encontrar un momento a lo largo del día donde poner todo a un lado. Ponemos a un lado nuestras actividades mentales, los resentimientos y el orgullo, así como todas las historias que la mente está fabricando contantemente. 

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