11. KTCZoom
Despierta a tu vida
Descubre el camino budista de la atención.
Extractos del libro Wake up to your life de Ken McLeod
Martes 23 de abril, 2024
Traducción, edición y Comentarios: María Mercedes Márquez
¡Tashi Delek para todos!
Muy buenas tardes. Me alegra encontrarnos de nuevo.
1.
Sesión inicial de meditación
C. Cada día que pasa creo más y más en el poder de la atención. La conciencia de su presencia o de su ausencia es algo que me acompaña permanentemente, y puedo darme cuenta de la forma en que esto marca una diferencia en mi calidad de vida y la de otros.
Para mi queda claro que esa expresión tan abusada de la “calidad de vida” depende enteramente de mí y tiene que ver con la calidad de conciencia que esté cultivando en el momento. Así es, la forma como experimentamos lo que llamamos “la vida” o “la realidad”, depende enteramente de nosotros.
Siendo así, queda claro que si queremos cambiar las cosas tenemos necesariamente que comenzar por nosotros y que no hay tiempo que perder, es necesario que tomemos la meditación en serio estableciendo, para comenzar, la disciplina de sentarnos en meditación al menos unos 20 minutos diarios, preferiblemente luego de levantarnos y antes de salir a trabajar.
Pero sabiendo que la vida es complicada aprovechemos esta oportunidad para llevar a cabo una breve sesión de 15 minutos de práctica shámata. No sólo pondremos la atención en la respiración, sino que, adicionalmente, trataremos de mantener en todo momento la consciencia de lo estamos haciendo, es decir, trataremos de darnos cuenta de lo que estamos haciendo momento a momento. El tipo de enfoque que tendrá nuestra atención, el que deseamos desarrollar es como un rayo láser, así de potente, de preciso.
Comenzamos por sentarnos sobre la parte delantera de la silla y colocamos las plantas de los pies sobre el piso. Ahora estiramos los brazos y colocamos las palmas de las manos hacia abajo sobre los muslos, cerca de las rodillas.
Enderezamos la columna, empujamos el torso un poco hacia atrás, retraemos la barbilla, pegamos la lengua contra el paladar y mantenemos los ojos entornados. Dejamos atrás todo recuerdo pasado y no nos involucramos con especulaciones sobre el futuro.
Emprendemos la sesión desde una mente abierta a cualquier cosa que pudiese surgir como experiencia, ya sea a nuestro alrededor o interiormente. Sabemos que cualquier cosa puede suceder; sabemos que todo cambia y cambia momento a momento. No importa. No tenemos por qué reaccionar ante eso.
Mantenemos la atención en la respiración. Si, en algún momento nos damos cuenta de que la mente se ha distraído, abandonamos la distracción y la regresamos a la respiración.
Que nuestra práctica sirva de beneficio para todos los seres sin excepción alguna.
15 minutos de práctica
2.
Continuando con algo sobre karma
En la sesión pasada, siguiendo con su breve introducción al budismo, Ken McLeod comenzó a hablar acerca del karma, y nos dejó ver cómo es que el karma y la atención están estrechamente relacionados.
Según el Buda, nos dijo, la idea básica es que karma es un “proceso” en el cual las acciones se desarrollan en experiencias de la misma manera en que una semilla se desarrolla en una planta que da fruto.
También nos enseñó que una acción se convierte en semilla kármica cuando se juntan cuatro condiciones:
1. activación 2. ejecución 3. objeto 4. compleción
Cuando estas cuatro condiciones están presentes, dijo, una acción es como una semilla plantada en la corriente de la experiencia [en el continuo mental] y, esta semilla crece afectando cómo experimentamos el mundo en cuatro formas diferentes, tanto en esta vida como en vidas futuras.
Si recuerdan el ejemplo del ladrón, el primer resultado es que lo consume la codicia, la persona siente que nunca puede tener suficiente dinero y lo que hace es reforzar un patrón mental que se intensifica cada vez que se repite.
El segundo resultado es que la gente no gusta de su compañía, no se siente cómoda cerca de él, no le tienen confianza; cuidan sus poseciones cuando él se encuentra cerca, lo evitan o no quieren interactuar con él.
El tercer resultado es que él cree que la única forma de poder sobrevivir es robando.
El cuarto resultado es que el mundo aparece ante él como un terreno baldío, como un sitio donde no hay oportunidades, riquezas ni entretenimiento, y eso refuera su patrón de querer robar.
Como vemos, la acción y los resultados experimentados refuerzan el patrón de comportamiento, por lo que la única forma de salir de ese círculo vicioso consiste en abandonar los patrones reactivos que impulsan ese comportamiento y, para eso, por supuesto, necesitamos de la “atención”.
Cuando aprendemos a pensar, hablar y actuar en atención gracias a la meditación, vemos con más y más claridad cómo las acciones refuerzan las maneras condicionadas de pensar, sentir y actuar y cómo el condicionamiento forma y moldea lo que experimentamos.
A medida que la atención se desarrolla, salimos de la existencia condicionada por los patrones y penetramos en el misterio de ser, nos dijo Ken McLeod; respondemos a las situaciones en lugar de reaccionar, y actuamos voluntariamente en vez de hacerlo de la manera habitual.
Participación
3.
Karma y renacimiento
Ahora bien, entrando a decir algo acerca del karma, tradicionalmente se dice, que los cuatro resultados del karma maduran durante el curso de vidas.
Esa visión plantea el asunto del renacimiento y preguntas tales como qué es lo que renace y cómo son llevadas las tendencias kármicas de una vida a otra.
Muchas personas sostienen que creer en el renacimiento es necesario para practicar el budismo, pero yo no estoy de acuerdo con eso, afirma Ken McLeod.
La esencia del karma es que las acciones determinan la experiencia: las acciones basadas en patrones reactivos refuerzan los patrones y conducen al sufrimiento, mientras que, acciones basadas en la atención y la presencia, desmantelan los patrones y conducen a la apertura. Cuando entendemos cómo el comportamiento afecta la experiencia, entendemos el karma.
La creencia en vidas pasadas y futuras no es la cuestión, sigue diciendo. La valoración del karma no surge a partir de la comprensión intelectual o la creencia.
Proviene de ver directamente la forma en la que los patrones y el condicionamientos operan, visión esta que llega a darse sólo a través de cultivar la atención y permitir que, estando en el momento, abiertos a la experiencia, se revele el estado de conciencia.
Participación
4.
Las tres joyas
En el budismo, comenzamos con la experiencia del sufrimiento. A diferencia de la mayoría de las religiones, la práctica budista no postula un creador o un árbitro de justicia divina. Llegamos a la práctica budista porque hay una sensación de separación, de vacío, de ausencia de presencia en la vida.
Aun cuando el budismo no plantea un creador, cuando entras a un templo budista con frecuencia encuentras estatuas del Buda Shakyamuni o de otros maestros y pudieses observar personas postrándose ante estas estatuas o el altar y preguntarte, ¿si el Buda no es un ser supremo, entonces qué es lo que está sucediendo?
Buda
Buda Shakyamuni no es un dios o un ser supremo en el sentido religioso común. Fue una persona que vivió hace aproximadamente 2500 años, quien, a través de sus propios esfuerzos llegó a entender que el sufrimiento surge de las reacciones emocionales asociadas con la sensación que tenemos de ser nosotros mismos, una sensación que nos separa del misterio de ser, dejándonos incompletos, aislados y no totalmente presentes.
C. Es decir, el sufrimiento tiene su origen en la “idea” y la “sensación” de tener una “identidad personal independiente”.
Participación
Cuando el Buda vio y entendió que la sensación de ser yo es una malinterpretación, el proceso reactivo del sufrimiento simplemente se desplomó. De allí que el Buda Shakyamuni es tenido como un maestro en lugar de un dios. Un maestro es un individuo que aporta instrucciones. El Buda Shakyamuni descubrió cómo ponerle fin al sufrimiento y dio instrucciones de cómo hacerlo.
Dharma
Las enseñanzas e instrucciones del Buda Shakyamuni son conocidas como el dharma. Mientras que el Buda es el maestro, el dharma es el camino. El término budismo no es nada afortunado, porque los ismos son usualmente utiizados para señalar una serie de creencias y no conllevan el sentido de instrucción que caracteriza al dharma. En tibetano, por ejemplo, la frase que define al dharma quiere decir “instrucciones para despertar interiormente”; no está implicado ningún grupo de creencias.
Históricamente, las enseñanzas del Buda fueron primeramente transmitidas de forma oral de maestro a discípulo. Sólo después de unos cuantos cientos de años fueron puestas en forma escrita. A través de los siglos, numerosos maestros, trabajando a partir de sus propias experiencias e interiorizaciones, han revisado, refinado y reformado las enseñanzas.
Variaciones en interpretación, énfasis en una u otra práctica y circunstancias en diferentes países hicieron surgir la gran cantidad de tradiciones y escuelas que constituyen el budismo hoy día. El dharma consiste en las enseñanzas del Buda Shakyamuni, textos canónicos escritos en fechas posteriores, y, comentarios compuestos por maestros, con todos sus textos, instrucciones orales, guías y máximas o dichos.
Aun cuando las escrituras originales, los sutras y los tantras, son muy reverenciados y estudiados cuidadosamente hoy día, el budismo ha resistido de manera consistente la tendencia de una religión común a entronizar a un grupo de enseñanzas como la única verdad.
El budismo siempre ha reconocido la experiencia y enseñanzas de maestros contemporáneos como iguales en validez a las enseñanzas registradas en las escrituras tradicionales. En cada generación, los maestros confían en sus propias experiencias para explicar cómo despertar en términos relevantes para los estudiantes frente a ellos. El dharma no es un cuerpo estático de enseñanzas. Está evolucionando constantemente y desarrollándose de acuerdo con las necesidades de los estudiantes en cada generación y cultura.
Participación
Sangha
Tradicionalmente, la sangha hace referencia a aquellos individuos que han hecho de la práctica del dharma su vida, esto es, los monjes y monjas ordenados. La tradición monástica, históricamente, ha constituido el pilar central del budismo. Los monásticos han transmitido fielmente las enseñanzas de generación en generación durante unos dos mil años.
Ahora hablando de manera más general, la sangha consiste también en todos los individuos que practican el dharma con la intención de despertar al misterio de ser.
Es una comunidad basada en un intención común, no en la dependencia mútua. Del mismo modo en que el término budismo implica creencias incorrectamente, así el término budismo incorrectamente implica creyente. Una persona que practica el dharma es, más acertadamente, un seguidor, o alguien que recorre un camino, el camino que el Buda Shakyamuni descubrió.
El camino está lejos de ser fácil, y las dificultades y retos son considerables. Los compañeros viajeros, compañeros en el camino, proveen no sólo apoyo sino también el beneficio de sus propias experiencias y comprensión.
Colectivamente, el Buda, el Dharma y la Sangha son conocidos como las Tres Joyas. Como joyas, son raras y preciosas.
Las tres joyas son profundamente reverenciadas en el budismo, pero no debido a que tengan poderes sobrenaturales o mágicos o porque seremos recompensados por reverenciarlos.
Reverenciamos al Buda Shakyamuni porque demostró que era posible salir de la confusión de la existencia reactiva ordinaria. Reverenciamos al dharma porque nos provee con un camino para abrirnos al misterio de ser. Reverenciamos la sangha porque estos individuos, a través de sus esfuerzos, han hecho posible nuestra propia práctica.
Cuando nos postramos ante el Buda, no estamos postrándonos ante un ser supremo; estamos reconociendo nuestro propio potencial para despertar a la presencia. Cuando nos postramos ante el dharma, no lo estamos haciendo ante libros sagrados; estamos reconociendo que estas enseñanzas nos proveen de un camino para salir de nuestra propia confusión. Cuando nos postramos ante la sangha, no lo estamos haciendo porque sentimos que ellos son más santos o más poderosos que nosotros; estamos simplemente reconociendo que compartimos la misma intención de seguir este camino.
Participación
5.
El refugio
La metáfora budista original para emprender el camino del despertar es el refugio. El Buda Shakyamuni enfrentó el “misterio de ser” a fin de “entender” la naturaleza del sufrimiento. En su despertar, descubrió la posibilidad de la presencia.
Cuando comenzamos nuestro propio camino de práctica, necesitamos un dirección. En el budismo, la dirección es descrita por la frase “tomar refugio en las tres joyas”.
¿A dónde vamos por paz? ¿A dónde vamos para liberarnos de sufrimiento? ¿A dónde vamos para poder comprender el misterio de la vida? Muchas personas toman refugio en el dinero, en la belleza, la fama, las relaciones o los logros. Piensan o sienten que si pueden llegar a tener suficiente dinero o lo que sea, serán felices y dejarán de sufrir. En otras palabras, buscan afuera por el fin del sufrimiento.

Dedicación del mérito
Que todos los seres puedan tener felicidad y las causas de la felicidad
Que todos puedan alejarse del sufrimiento y de las causas del sufrimiento
Que nunca se separen de la sagrada felicidad que no conoce sufrimiento
Que abandonen el apego hacia unos y la aversión hacia otros
Y puedan realizar la igualdad de todo lo que vive.